Los croatas en defensa de su idioma nacional

 

 

Studia Croatica

Año VIII, Buenos Aires, 1967, N° 24-27

 

SUMARIO

Los croatas en defensa de su idioma nacional 2

La declaración sobre la denominación y la situación actual del idioma literario croata. 17

Proyecto de resolución de un grupo de escritores servios. 19

La lengua croata. 20

El caso del padre Draganovic. 34

Testimonio de San Isidoro de Sevilla sobre la llegada de los croatas al Mediterráneo. 46

El perfil espiritual del cardenal Aloysius Stepinac. 49

Algunos problemas con que se enfrenta la cultura en la Yugoslavia socialista. 68

Una medida del gobierno francés que perjudica la resistencia del pueblo croata al comunismo y granservismo  77

El intelectual y la libertad. 90

El impresor Dobric Dobricevic (Boninus de Boninis) 94

La batalla naval de Vis de 1866. 97

DOCUMENTOS: 113

Declaraciones de los obispos de Croacia en relación con el Protocolo sobre la "Reglamentación de las relaciones" entre la Iglesia Católica y Yugoslavia comunista. 113

Declaración de la Organización Patriótica Macedonia. 117

Notas y comentarios. 118

In memoriam Ernest Pezet 118

Tito y la guerra árabe-israelí 120

Los primeros resultados de la reforma económica en la República Socialista Federativa de Yugoslavia  124

Acto de solidaridad con Vinko Nikolic. 126

Contra la complacencia diplomática. 127

Saltos de Milovan Djilas de Marx a Njegos. 128

En memoria del Dr. Rodolfo N. Luque. 131

In memoriam de tres distinguidos amigos de Croacia. 132

Prof. Leopoldo Ruzicka, premio Nobel de química, cumplió 80 años. 133

Reseña de libros. 135

Documents on German Foreign Policy 1918-1945, Volume XIII, the war Years, June 23 - December 11, 1941; Ed. Government Printing Office, Washington, 1964, pp. L - 1035. 135

John C. Campbell: American Policy toward Comunist Eastern Europe: the Choices Ahead, Minneapolis, The University of Minnesota Press, 1965, p. 136. 136

Dr. O. Dominik Mandic: Etnicka Povijest Bosne i Hercegovine (La historia étnica de Bosnia y Herzegobina), Ed. El Instituto Histórico Croata, Roma 1967, pp. XVI-554. 139

Arthur Conte, Yalta o el reparto del mundo, Madrid 1964, pp. 446 (Título original en francés: "Yalta, ou la partage du monde", trad. por Juan Francisco Torres). 141

Ernest Nolte: Die faschistischen Bewegungen (Los movimientos fascitas), Deutscher Taschenbuch Verlag, Munich 1966, pp. 306. 143

Angelo Tamborra: Imbro Tkalac e Italia. Ed. Instituto per la Storia del Risorgimento Italino (Serie II: Memorias, vol. XXIV), Roma 1966. 147

Mandicev Zbornik ("El compendio mandichiano" en homenaje al R. P. Dr. Domingo Mandic con motivo de su 75 natalicio). Ed. Studia Instituti Chroatorum Historici Romae,vol. I-II, Romae MCMLXV, p. 320. 149

Journal of Croatian Studies, V-VI, 1964-65, Annual Review of the Croatian Academy of America, Inc., Nueva York, pp. 220. 152

CIRIL A. ZEBOT: Eslovenia ayer, hoy y mañana (Slovenija vceraj, danes, jutri), Klagenfurt, Austria, 1967; edición del autor, libro escrito en esloveno, pp 172. 155

PRVISLAV WEISSENBERGER RAGANZINI: "Relaciones entre Austria-Hungría y Chile", Parte 1: año 1900; separata de los Anales de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Pontificia Universidad Católica de Chile, 1967, pp. 40. 157

BOGDAN RADITZA: "The Disunity of the Slavs", ORBIS Nº 4, vol. 10 (Instituto para la Investigación de la Política Exterior, University of Pennsylvania. 157

JOSIP TORBARINA: Raymond Kunic and Alfieri: Roman literary and artistic diversion in the late Settecento; separata del tomo 107 de Storia e Letteratura, Raccolta di studi e testi, Roma 1966, pp. 11-41. 159

GEORGE J. PRPIC: "Eastern Europe and World Communism - A selective annotated bibliography in English", Cleveland 1966, pp. (III) 147 (Ed. Institute for Soviet and East European Studies, John Carroll University). 160

DR. STANKO VUJICA: "Croatia´s struggle for independence", publicado por Croatian National Council in Exile (PO Box 152 Midtown Station, Nueva York), Nueva York, 1965, pp. 4-18. 161

 

Los croatas en defensa de su idioma nacional

Ivo Bogdan, Buenos Aires

I. El planteo del problema

Lo ocurrido en marzo de 1967 a raíz de la "Declaración sobre la denominación y la situación del idioma literario croata", firmada por 18 instituciones literarias y científicas representativas croatas, suscitó gran sorpresa entre los observadores extranjeros, sorpresa mayor que la causada un año antes con motivo de la destitución de Alejandro Rankovic, jefe de la policía política, cabeza visible del grupo chovinista granserbio que preparaba la "sukarnización" de Tito. Ya entonces se mostró que incluso en el régimen comunista, que se atribuía notables éxitos en la solución de los conflictos nacionales, crónicos dentro del estado plurinacional yugoslavo, todavía se practica en alto grado la discriminación nacional en el espíritu granserbio y en el estilo de la Yugoslavia de la preguerra y su dictadura del ejército y la dinastía serbios. Sin embargo, la referida Declaración que reivindica el derecho de los croatas a su propio idioma literario y la violenta reacción que provocó en los círculos oficiales evidenciaron que el problema es mucho más hondo y que la Yugoslavia comunista aun después de la caída de Rankovic actúa en función de Gran Serbia. Vale decir que están equivocados los observadores extranjeros que justificaban la imposición violeta del régimen comunista como un método lamentable, pero eficaz de la solución de los problemas nacionales en el conglomerado yugoslavo, heterogéneo en lo nacional y lo cultural. Pues muchos autores no comunistas presentaban al régimen comunista imperante en Yugoslavia como antípoda a los gobiernos granserbios de la preguerra, cuando la oligarquía serbia bajo el cetro dinástico mantenía abiertamente el sistema de la opresión nacional y la explotación económica. El régimen de Tito fue presentado como una necesidad histórica, como la solución de los conflictos nacionales que entre las dos guerras mundiales fueron causa de crisis permanente, en 1941 culminada con la rendición militar y la desintegración del Reino de Yugoslavia y, durante la lucha, con una sangrienta secuela de la guerra nacional y la exterminación mutua sobre los croatas y serbios.

Los que conocen bien la situación nunca pudieron aceptar una imagen tan simplista y, por lo demás, muy poco democrática de la realidad yugoslava. Los sucesos relativos a la Declaración les dieron la razón.

La dictadura, sea monárquica, sea comunista, no es ni puede ser el método adecuado para la solución de los intrincados conflictos nacionales en el convulsionado sureste europeo en general y en Yugoslavia en particular. No obstante todas las reservas, muchas veces justificadas, en cuanto a la posibilidad de las prácticas democráticas en ciertas zonas, donde los gobiernos autócratas son la expresión de la tradición local, hondamente enraizada; no obstante todas las reservas respecto al derecho a la autodeterminación nacional que, por cierto, no puede ser la panacea para todas las calamidades de esa área tan turbulenta, es evidente que los conflictos latentes entre los pueblos de un Estado típicamente plurinacional y culturalmente heterogéneo como Yugoslavia no pueden solucionarse con los métodos de un domador que usa el látigo para amansar a sus víctimas enjauladas. Mucho más se acercó a la verdad el presidente F. D. Roosevelt cuando en sus deliberaciones con sir Anthony Eden en 1943, sobre arreglo posbélico de Europa, expresó "su repetida opinión de que los croatas y serbios no tienen nada en común, por lo que es ridículo empeñarse en que dos pueblos tan antagónicos hayan de vivir bajo un solo gobierno" y que la solución del conflicto serbio-croata lo consideraba uno de los dos "muy esenciales problemas de Europa" [1]. Los Aliados occidentales en lugar de obrar en concordancia con las deducciones de Roosevelt, en la última fase de la guerra bajo la presión de Stalin, dieron crédito a las promesas de los guerrilleros comunistas yugoslavos en el sentido de que, aplicando la fórmula federalista, resolverían el problema de los conflictos nacionales en la Yugoslavia "liberada" y restaurada.

No cuadra aquí examinar si los Aliados occidentales en efecto han sido forzados avenirse a la solución comunista. Aquí nos interesa en primer lugar establecer que la fórmula comunista fue aceptada con ligereza por un sector de los observadores extranjeros y que muchos siguen perseverando en su error. Por ello, en la abundante literatura internacional sobre Yugoslavia, particularmente en torno al conflicto Stalin-Tito y sus implicaciones, en la mayoría de los casos hay grandes vacíos, incluso contradicciones.

Así se habla con ligereza del "titoísmo" como del fenómeno del "comunismo nacional", sin tomar en cuenta que Yugoslavia es un Estado plurinacional y nacional, creado y mantenido por la fuerza y contra la voluntad de la gran mayoría de sus desafortunados súbditos, pues se practica la discriminación nacional a favor de Serbia y en perjuicio de Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y nutridas minorías nacionales, como ser húngara (Voivodina) y albanesa (Kosmet)[2], y que el problema de la opresión nacional en la Yugoslavia comunista es tan agudo como el problema de las libertades individuales y políticas.

Entre las paradojas y contradicciones del tan poco conocido Sureste Europeo, en primer lugar figura el fenómeno que, como prototipo del comunismo nacional, es exhibida precisamente la dictadura comunista que difiere de las demás justamente porque practica la política de la opresión nacional y a la explotación económica en favor de un solo pueblo y en detrimento de los demás que constituyen notable mayoría. Los observadores foráneos que se ocupan de los problemas del "titoísmo" pueden valorizarlos correctamente sólo si no se olvidan que muchas de las medidas de este régimen están determinadas por los intereses encontrados entre los pueblos de Yugoslavia, de los que -cabe recordarlo- Roosevelt dijo no tener nada en común sino más bien ser antagónicos (a causa de su tradición cultural y política).

Por su composición multinacional y el empeño en mantener la supremacía de un pueblo sobre los demás, Yugoslavia puede compararse únicamente con la Unión Soviética, cuya constitución copió casi textualmente. En ambos países se practica la supremacía de un pueblo sobre los demás: rusa en la Unión Soviética y serbia en Yugoslavia. Sin embargo, hay grandes diferencias en favor de la posición de Rusia, que no es sólo la nación europea más extensa que creó su imperio más o menos en la misma época que las demás potencias coloniales europeas, pues por su potencial humano, cultural y económico posee todas las condiciones para realizar una política imperial, sino que el pueblo ruso creó su imperio en la órbita de la civilización oriental europea, de la cual Rusia es el primer portador, sucesora de Bizancio en línea directa. En cambio, Serbia, que en Yugoslavia domina sobre los demás pueblos, constituye tan sólo el cuarto de la población y del territorio, es menos desarrollada en lo cultural y económico que Croacia y Eslovenia y, según lo observó Roosevelt, subyuga territorios de pueblos culturalmente antagónicos, los formados en diferentes tradiciones políticas. Mientras Croacia y Eslovenia desde hace más de mil años se desarrollan paralelamente con los demás pueblos del Occidente europeo, Serbia pertenece, igual que Rusia, a la esfera cultural del Oriente cristiano.

Por lo tanto, cualquier clase de unitarismo yugoslavo -como lo notó Arnold J. Toynbee ya antes de la Segunda Guerra Mundial- no es otra cosa que un "audaz experimento de la química política" en cuanto consiste en reunir dentro de las mismas fronteras y bajo el mismo gobierno "poblaciones que han sido nutridas, hasta ahora, por dos civilizaciones diversas"[3].

Entre las paradojas del régimen comunista yugoslavo figura el hecho de que los comunistas por el año 20 de nuestro siglo, precisamente en el período en que se formaba Yugoslavia y recibió su nombre actual[4], asumían una actitud antiyugoslava, negando al Estado plurinacional sureslavo, gobernado por los serbios, el derecho a existir y recalcando que el deber y el derecho de los croatas, eslovenos, macedonios y montenegrinos era separarse de Serbia y crear Estados nacionales independientes.

Esa postura se ajustaba entonces a la estrategia del comunismo mundial, o sea de su dirección moscovita en vista del papel antirrevolucionario, desempeñado entonces por los gobernantes serbios. El Reino de Serbia, antes y durante la Primera Guerra Mundial, hasta el derrumbe del zarismo, fue el protegido de Rusia. Luego pasa a la tutela de la Tercera República francesa, tildada en aquel entonces por los comunistas como principal baluarte de la reacción internacional antisoviética. El engrandecimiento de Serbia mediante la incorporación de los territorios de la derrotada Austria-Hungría (Croacia, Eslovenia y Voivodina) y de Montenegro, con el apoyo de Francia y otros vencedores en la Primera Guerra Mundial, tenía como finalidad crear una potencia militar que bajo el cetro de la dinastía serbia, constituiría la piedra angular de las alianzas francesas contra la amenaza soviética y pangermana. Conforme con los criterios de Lenin y Stalin sobre la explotación de los conflictos nacionales en favor de la revolución mundial, el Partido Comunista yugoslavo con el fin de debilitar al grupo de las potencias antagónicas, trató de aprovechar la resistencia de los pueblos oprimidos de Yugoslavia insistiendo en su derecho a la autodeterminación e independencia nacional. Los comunista modificaron en parte su posición favorable a la desintegración de Yugoslavia según el criterio nacional, recién cuando mejoraron las relaciones franco-soviéticas y cuando los pueblos oprimidos de Yugoslavia -y de modo especial los croatas conducidos por Esteban Radic- organizaron la resistencia a la injerencia granserbia en forma independiente de los comunistas y con espíritu democrático.

El vuelco total de parte de los estrategas del comunismo internacional a favor de la unidad yugoslava se operó durante la Segunda Guerra Mundial, después del derrumbe de Yugoslavia precisamente después del ataque alemán contra la Unión Soviética. Aunque destacados dirigentes comunistas todavía después de la desintegración de Yugoslavia estimaban que la creación del Estado de Croacia, la integración de Macedonia a Bulgaria y del territorio Kosovo y Metohija (Kosmet) a Albania, coincidían con las aspiraciones de la población interesada, la jefatura comunista, cuyo objetivo supremo era tomar el poder y extender el imperio soviético hasta las fronteras de Italia y las costas adriáticas, se declaró en pro de la restauración de Yugoslavia. Con ello se quiso poner las simpatías de las masas serbiasy su activa participación en las guerrillas comunistas. A diferencia de los demás pueblos de Yugoslavia, los serbios han sido los únicos que lamentaban en 1941 su desintegración, pues estaban acostumbrados, bajo el impacto de la propaganda granserbia, a ver en ella el Estado serbio nacional engrandecido. Unicamente con la participación masiva de los serbios los comunistas pudieron organizar la guerra de guerrillas y luego con ayuda de los Aliados invadir a Croacia y Eslovenia, restaurar el Estado yugoslavo y extender la influencia y presión soviética hasta las fronteras de Italia.

Este cambio fundamental respecto a las relaciones entre los pueblos de Yugoslavia en favor de la concepción granserbia, los comunistas trataron de encubrirlo con la propaganda sobre la superación total de los contrastes nacionales mediante el ideal de la "fraternidad y unidad", presuntamente alcanzado a través de la forma federal del reconstituido Estado yugoslavo, de modo que el régimen comunista yugoslavo tropieza no sólo con dificultades que, igual que en el caso de otros países comunistas, se deben a la incapacidad de los comunistas para resolver los problemas económicos y sociales, sino también un fracaso rotundo en la superación de los antagonismos nacionales que en 1941 condujeron al derrumbe de Yugoslavia. Todas las promesas de la propaganda comunista de que la segunda Yugoslavia, la comunista, a diferencia de la primera, la monárquica, brindaría la libertad e igualdad nacional, no fueron cumplidas. Yugoslavia, ni después de veinte años del régimen comunista ni después de la tan propagada liberalización, no es una comunidad de pueblos libres e iguales sino un régimen dictatorial con tendencias centralistas que actúa en función de Serbia ensanchada. Sobre el particular, no cabe duda hoy, después de tantos intentos, primero, por pasar por alto los contrastes nacionales y luego por interpretarlos en la segunda fase posbélica tan sólo como la lucha entre los intereses opuestos de las regiones occidentales más industrializadas (Croacia y Eslovenia) y el territorio oriental de la esfera de influencia serbia.

Mientras el problema entero se reducía a la economía, los propagandistas del régimen podían argüir que se trataba de la fase de transición del período del desarrollo industrial y que las dificultades serían eliminadas en el marco de las reformas económicas, basadas en la autogestión, lo que brindaría la posibilidad de disponer con mayor liberalidad de los ingresos propios por parte de las repúblicas industrialmente más desarrolladas de la federación yugoslava. Incluso se trató de presentar la resonante crisis surgida a raíz de la destitución de Alejandro Rankovic, como triunfo de los partidarios de la tan propagada reforma contra las tendencias centralistas de la burocracia y hasta contra el "stalinismo", que son los sinónimos de la preponderancia granserbia. El derrocamiento de Rankovic fue presentado como la derrota definitiva del pasado granserbio, sin siquiera intentar explicar con seriedad cómo pudo ocurrir que, después de 20 años de la realizada "fraternidad y unidad", hubo de operarse una especie de golpe de Estado contra el cabecilla del grupo granserbio que dominó en el aparato estatal y partidario durante veinte años.

"La Declaración sobre la denominación y situación del idiona literario croata" de marzo de 1967, firmada por 18 instituciones culturales y científicas croatas de las más representativas, que agrupan a los escritores y filólogos, entre los que figuran destacados comunistas, como su repudio por los dirigentes comunistas, sirven para dilucidar si la jefatura comunista sigue sosteniendo la unidad estatal de Yugoslavia en su función de Serbia engrandecida, o se inclina al a transformación de Yugoslavia en una comunidad de los pueblos con los derechos iguales.

La manifestación de los escritores y científicos croatas además tiene el mérito de haber llevado del campo económico al cultural la discusión sobre las relaciones entre los pueblos de Yugoslavia, con lo que el problema quedó planteado en su verdadera dimensión, pues los pueblos aun en nuestra época de las nacionalidades son, en primer lugar, grupos culturales.

En vista del hecho de que en el mundo hispánico hay una veintena de naciones que emplean el mismo idioma literario, la lucha de los croatas por su lengua nacional como elemento fundamental de la cultura nacional se comprenderá mejor si señalamos las circunstancias específicas de un amplio sector europeo que la imponen y determinan su proceso. Por ello, a continuación nos referiremos al carácter de la lucha por el idioma en la formación de la cultura y la conciencia nacional de los croatas y otros pueblos vecinos que se desarrollaban en condiciones similares. Luego reuniremos los hechos y discusiones relacionados con la Declaración de marzo del año en curso. Por último mostraremos que se trata de la defensa de los derechos nacionales y humanos, pisoteados por el régimen comunista yugoslavo, que gusta exhibirse como el portaestandarte del nuevo humanismo y de la lucha por los derechos humanos y, por ende, nacionales y viceversa.

II. El fondo histórico

Mientras los sucesos en torno a "La Declaración sobre la denominación y la situación del idioma literario croata" conmovieron a la opinión pública en Croacia y la Yugoslavia entera y fueron definidos por uno de los colaboradores más íntimos de Tito como "la bomba política" [5], y mientras al prensa de la Europa occidental calificó esos hechos como un terremoto que sacudió los mismos cimientos del régimen y del Estado de Yugoslavia, los grandes diarios hispanoamericanos, que fielmente registran incluso acontecimientos de menor importancia, no dedicaron a la Declaración la atención debida. Ni las publicaciones que estudian en nivel científico los países europeos con regímenes comunistas percibieron el alcance de la Declaración. Ello se debe, acaso, a que, a diferencia de Europa, el idioma en las Américas no es un factor de diferenciaciones nacionales. Mientras ciertos pueblos europeos, especialmente los de Europa Centro-oriental, en su lucha por la existencia y la emancipación, a menudo tuvieron que rechazar los intentos de imposición de un idioma extranjero, que amenazaba su propia existencia, en las Américas no ocurrió tal cosa. De manera que la opinión pública suramericana, a la que los comunistas tratan de presentarse como paladines de los intereses nacionales, siguiendo el modelo cubano, no pudo apreciar, en este caso los alcances de la violenta reacción del régimen contar los intelectuales croatas que levantaron su voz en defensa del idioma nacional, ni apreciar debidamente cuán insincera es la táctica comunista del frente de "liberación nacional".

Territorios relativamente extensos de la Europa Centro-oriental fueron en el pasado y, en parte siguen siéndolo todavía, expuestos a los intentos de imposición de un idioma foráneo mediante recursos coercitivos por parte del Estado o con otros medios. La historia de esa vasta zona registra numerosos casos en que, particularmente dos grandes pueblos, el alemán y el ruso, trataron de imponer su idioma a otros pueblos. También hubo casos de igual tentativa de los húngaros, los polacos, los griegos y los serbios. Incluso puede hablarse de intentos semejantes por parte del gobierno fascista italiano. Por consiguiente, la resistencia a esos intentos en el período de los movimientos nacionales, con el interés simultáneo por la literatura popular en el espíritu del romanticismo europeo, es la característica esencial, y en varios casos principal, de los movimientos nacionales de la Europa Centro-oriental.

En el caso concreto de Croacia, que tratamos aquí, la tentativa de introducir el alemán como idioma oficial para los pueblos de la monarquía de los Habsburgo durante el reinado de José II (1780-1790) marca el primer intento sistemático en ese sentido. Simultáneamente, más como una necesidad administrativa, la República de Venecia forzaba el italiano en Dalmacia, mientras las autoridades turcas en Bosnia, junto al croata, usaban cada vez más el turco en la administración y el ejército.

En Croacia los integrantes del antiguo régimen se opusieron con éxito al intento de germanización, escuchándose tras el latín, idioma diplomático para todas las regiones de la plurinacionalidad y plurilingüe monarquía de los Habsburgo. Cuando luego los magiares, siguiendo el ejemplo de José II, al que se opusieron con éxito junto con los croatas, intentaron imponer el húngaro en todas las tierras de la corona de San Esteban -concibiéndolas como Estado nacional magiar, si bien en la Hungría de entonces los croatas, los rumanos, los eslovacos, los alemanes y otros constituían la mayoría de la población-, los croatas se opusieron primero a la magiarización recurriendo al latín y luego, siguiendo el espíritu de la época nacional, pasan a afirmar su propio idioma en la administración pública. Desde 1948 en la Dieta croata (Sabor) que hasta entonces usaba mayormente el latín, se habla exclusivamente el croata. Igualmente en la judicatura, en la administración, en la educación y, en parte, en el ejército. El gobierno de la Croacia con sede en Zagreb, usaba el croata incluso en su correspondencia oficial con el gobierno imperial de Viena y con el gobierno del Reino de Hungría, también en el período del dualismo austro-húngaro (1867-1918). El intento magiar de imponer a los croatas su idioma como oficial fue la causa principal de la guerra croata-húngara de 1848, hecho no tomado en debida consideración por los círculos liberales de la Europa de entonces, aunque ciertos prominentes estadistas como Camilo Cavour percibieron el carácter defensivo nacional y progresista de la resistencia croata, capitaneada por el ban (prorex) conde José Jelacic, entonces muy criticado.

Mientras durante el absolutismo ilustrado los croatas actuaron solidariamente con los húngaros contra la germanización, defendiendo el latín como el idioma de comunicación en la monarquía danubiana plurilingüe, en la época del romanticismo buscan apoyo entre los pueblos eslavos del imperio austríaco. Todos esos pueblos -checos, eslovacos, croatas, eslovenos, polacos de Galicia y serbios de la Hungría meridional- tuvieron que luchar contra la imposición sea del alemán, el húngaro o del italiano. Además, debido a la presión turca se desarrolla en Croacia el sentimiento de solidaridad con los pueblos eslavos balcánicos, serbios, montenegrinos y búlgaros, que luchan por su liberación.

Todos esos pueblos del grupo lingüístico eslavo se hallaban entonces en una situación difícil, obligados a empeñar grandes energías en la lucha por la existencia y la emancipación nacional. Aun los pueblos que como el checo, el polaco y el croata, tuvieron una literatura relativamente antigua y desarrollada en el idioma nacional, estuvieron en esa lucha en una posición inferior en comparación con los grandes pueblos vecinos que ejercían sobre ellos una considerable presión cultural y política. Dejando de lado el latín y luchando contra la supremacía cultural de las grandes naciones vecinas, se vieron obligados a crear a toda prisa la terminología científica y organizar sus propias instituciones culturales -academias, universidades, escuelas, museos, galerías, sociedades literarias y científicas, casas editoras- y traducir al idioma nacional las obras de los escritores universales que hasta entonces mayormente leían en su original. Todos esos pueblos, superando la literatura dialectal y distintas ortografías, tuvieron que desarrollar su idioma literaria y científico, estudiar los escritores viejos y la literatura popular, componer gramáticas y vocabularios más completos. En ese período del romanticismo europeo nace una nueva disciplina científica: la filología eslava, en la que se destacarán también estudiosos extranjeros, especialmente los profesores de las universidades alemanas y austríacas.

Aspirando al superar el sentimiento de debilidad propia y por motivos políticos nace entre los eslavos austríacos no sólo el sentimiento de solidaridad entre los pueblos del mismo grupo lingüístico eslavo, sino que se exagera la afinidad de esas lenguas y sobre todo el alcance de esa afinidad tanto en el campo lingüístico como en el étnico, cultural y político. Gran participación tuvieron en ello escritores y poetas, a quienes no se puede exigir siempre rigor científico. En virtud de los prejuicios que vinculan la raza, el idioma, la cultura y la nacionalidad se forman concepciones que cabe calificar como nacionalismo lingüístico, más aun, racismo lingüístico. En ese proceso fue decisiva la influencia de los autores alemanes en la época del romanticismo, que desarrollaron el nacionalismo lingüístico, cultural y racial[6]. Esos prejuicios, trasladados al campo político generan el movimiento paneslavista, con el subproducto del yugoslavismo y checoeslovaquismo.

Las inspiraciones, empero, de los ideólogos, especialmente de los poetas -muy activos en esa fase- fueron bien diferentes.

Mientras los pequeños pueblos eslavos, al propagar la solidaridad del grupo idiomático eslavo, se ilusionan con la idea del mundo eslavo grande y potencialmente invencible que se extiende desde las fronteras de Italia y Alemania hasta Turquía y China, otros pueblos más grandes, en primer lugar los rusos, tratan de utilizar esos sentimientos para sus propósitos expansionistas, incluso cuando algunos van en busca de las quimeras mesiánicas[7]. Con el tiempo, el paneslavismo, el checoeslovaquismo y el yugoslavismo serán el sinónimo de la idea granrusa, grancheca y granserbia, en detrimento de sus asociados en los movimientos de la solidaridad de los pueblos del grupo lingüístico eslavo, originariamente concebidos en forma idealista y casi sin excepción por escritores e historiadores precisamente de aquellos pueblos que más tarde serán víctimas de esas ilusiones y prejuicios del racismo y nacionalismo lingüístico.

Para circunscribirnos el caso de yugoslavismo, hemos de señalar que justamente en Croacia surgieron los iniciadores de la idea de solidaridad de todos los pueblos del grupo lingüístico eslavo en general como de los pueblos sureslavos en particular (búlgaros, montenegrinos, croatas, eslovenos y serbios).

Recién más tarde esa idea de la solidaridad sureslava, surgida en Croacia por motivos idealistas, incluso religiosos[8], hallará eco en Serbia, si bien en función muy distinta. Mientras que entre los croatas prevalecen las tendencias universalistas, el anhelo de afirmar los valores y las conquistas de la civilización europea -que conforme a la concepción de la época se consideran univerales y no vigentes sólo para una fracción de la humanidad- los serbios consideran la afinidad lingüística y los prejuicios inherentes como instrumento de su expansión política, de la restitución del efímero imperio medieval serbio cuyo recuerdo está en la raíz del expansionismo del Estado nacional serbio contemporáneo[9]. A los nacionalistas serbios no les molesta que su imperio medieval fuera imitación del bizantino y multinacional, pues junto a los serbios agrupaba a un crecido número de búlgaros, griegos, albaneses y rumanos.

Por ello, cuando se cita a los autores y líderes nacionales croatas en favor de yugoslavismo, tal como lo entienden y practican los serbios en Yugoslavia antes monárquica y hoy día comunista, se trata de evidente falsificación y de vil abuso. De hecho, toda la propaganda oficial de Belgrado, durante el poder monárquico (1918-1941) y el comunista, después de 1945, en favor de la unidad nacional y estatal yugoslava, en cuanto se ampara en autores y políticos croatas, es en el mejor de los casos un sistema de verdades a medias. A pesar de todo, esta propaganda oficialista se ve favorecida por el hecho de que puede invocar a los destacados representantes de la filología eslava en Alemania, Austria, Francia y Rusia. Todavía en los comienzos de estudio de los distintos idiomas y dialectos sureslavos y cuando aún no se podía hablar de literatura serbia[10], la ciencia oficial designaba a las lenguas de los croatas y de los serbios, debido a su similitud, como idioma serbio-croata y a veces como serbio, si bien no se llegó tan lejos, por lo menos en obra de carácter científico, como para hablar de literatura común croata-serbia o incluso yugoslava[11]. Por consiguiente, no hay una literatura común serbio-croata, ni un idioma literario común aunque su base lingüística es el habla popular.

Acaso sería más correcto hablar de la similitud de ciertos dialectos croatas y serbios que de los idiomas tomados en su totalidad. Sólo una parte de los croatas habla de dialecto "stokavski", afín al dialecto que usa una parte de los serbios de la zona aledaña a Belgrado, ya que en la Serbia meridional se hablan dialectos más afines al búlgaro que al croata. Además del dialecto stokavski, base de la lengua literaria, los croatas usan chakavski (el dialecto más antiguo) y kajkavski, muy diferentes del dialecto que sirve de base al presunto idioma literario serbio-croata. Especialmente el dialecto kajkavski, que se habla en Zagreb, capital de Croacia, es mucho más próximo al esloveno que a los dialectos que sirven como base lingüística al idioma literario croata. Por lo tanto, podría hablarse también de idioma croata-esloveno, que a todas luces sería muy exagerado.

En resumen, cabe establecer que existe no sólo el idioma literario croata distinto del serbio sino que también el habla popular croata, tomada en su totalidad, difiere notablemente del habla popular serbia tomada en su totalidad. Solamente existe similitud entre los dialectos serbios y croatas del grupo "stokavski".

El hecho de que precisamente los dialectos "stokavski" son la base lingüística tanto del idioma literario croata como serbio originó no sólo la tendencia aludida a sistematizar los idiomas de los serbios y los croatas como un idioma idéntico, denominado con mayor frecuencia serbio-croata que croata-serbio, sino que también dio motivo a que se intentara crear la literatura común de los serbios y los croatas.

Esos intentos de crear las bases para una literatura común croata-serbia coinciden con las reformas lingüísticas de la época del romanticismo, y con los movimientos de solidaridad de los pueblos del grupo lingüístico eslavo. Los croatas, en el marco de su movimiento nacional y en aras de la unidad nacional, adoptan como base de su lengua literaria el dialecto "stokavski". Es no sólo el habla popular de la gran parte de los croatas, sino el idioma de la mayor parte de la rica poesía épica popular. Gran importancia tuvo el hecho de que usaron esa habla los grandes escritores renacentistas croatas, cuyo centro principal era Dubrovnik[12]. Los serbios, al mismo tiempo, gracias a los esfuerzos de Vuk Stafanovic Karadzic, en lugar del lenguaje eclesiástico-eslavo, anticuado y que el pueblo no entendía, introducen el habla popular y la ortografía fonética. Entre los escritores croatas repercutió favorablemente el hecho de que Karadzic escribió un dialecto stokovski ijekavski igual que los croatas. Así en 1850 se reunieron en Viena Vuk Karadzic y varios prominentes escritores croatas que acordaron propagar el idioma literario común de los croatas y los serbios en base al dialecto stokavski ijekavski de la Herzegovina oriental y de Dubrovnik. Previamente, y en forma independiente de los serbios, los croatas habían adoptado ese dialecto -que sus más grandes escritores usaban ya en los siglos XVI y XVII- como base de su idioma literario.

Sin embargo, los serbios no respetaron el acuerdo de Viena, de modo que la literatura croata y serbia seguían desarrollándose en forma distinta e independiente, y por consiguiente también los idiomas literarios respectivos.

Los escritores croatas permanecieron fieles al menos al espíritu del acuerdo de Viena. No pudiendo renuncia a una tradición literaria plurisecular trataron de enriquecer su expresión literaria recurriendo a las obras de los clásicos croatas, que no escribieron sólo en "stokavski" sino también en otros dialectos. Esta tradición de la literatura dialectal nunca se extinguió. Incluso grandes poetas contemporáneos croatas (Domjanic, Nazor, Krleza) escribieron también en el dialecto de su región. Nadie lo considera como alejamiento de la unidad literaria, sino por el contrario la literatura dialectal se valora como el enriquecimiento de la expresión literaria croata.

Por lo tanto, el idioma literario croata en cierto sentido en el resultado de distintas influencias, una síntesis del habla popular en diferentes dialectos y de la tradición literaria.

Los serbios, en cambio, no aceptaron lo acordado en Viena sobre el uso de la modalidad "ijekavski" del dialecto "stokavski", sino que desde el principio de la reforma lingüística prevaleció allí el dialecto "ekavsko stokavski" que se habla en Belgrado y sus alrededores. Les es totalmente ajena a la tradición literaria croata, aunque hubo intentos chovinistas de proclamar a los escritores clásicos croatas de Dubrovnik como serbios. Por ello, el idioma literario serbio se desarrolló en dirección diferente que el croata. Uno de los importantes factores de la diferenciación entre el idioma literario croata y serbio fue el uso de diferentes escrituras. Mientras que los croatas usan los caracteres latinos, los serbios insisten en su variante de la escritura cirílica que usan los rusos, lo que se reflejó también en las influencias culturales. El uso de los alfabetos distintos impidió la creación del público lector común. En el mismo sentido influyó el uso de diferentes ortografías. Mientras la ortografía croata tendía a una etimología moderada, la serbia es netamente fonética.

Paralelamente entre los pueblos sureslavos, junto a los idiomas literarios serbio y croata, se desarrollaron el búlgaro y el esloveno, de modo que, admitiendo que el idioma literario croata y serbio sean dos "variantes" de un mismo idioma, al existir los idiomas esloveno y búlgaro, reconocidos científicamente como sujetos filológicos independientes, no se puede hablar del idioma sureslavo, si bien encontramos a menudo ese término en la prensa.

Es preciso subrayar aquí que los intentos posteriores de unificación del idioma croata y serbio en el espíritu de la política unitarista yugoslava, se vieron favorecidos por la acentuada propensión de los croatas a las soluciones universalistas culturales y políticas, pese a la agresividad nacionalista serbia que recurre también a los argumentos lingüísticos a favor de la idea granserbia. Así los destacados lingüistas croatas como Jagic y Maretic dificultaron la tendencia natural a la diferenciación del idioma croata del serbio. Ello contribuyeron en gran medida a que en los círculos científicos y literarios se siga sosteniendo la tesis sobre el idioma común serbio-croata o croata-serbio, no obstante las evidentes tendencias granserbias de Vuk Karadzic, padre del moderno idioma literario serbio, quien sustentaba la tesis de que todos los croatas que hablan los dialectos "stokavski" étnicamente son serbios y que casi toda poesía popular croata es parte del folklore serbio. El primer capítulo de su obra[13] en que sostiene sus teorías granserbias lleva el título característicos "Los serbios son todos y por doquier". Karadzic habla de los "serbios de tres religiones", lo que, de hecho, contrasta con la concepción hondamente enraizada de los serbios, quienes, de acuerdo a su tradición bizantina, identifican su nacionalidad con la pertenencia a la Iglesia ortodoxa serbia. Los croatas contestaron a esas tesis chovinistas y seudocientíficas insistiendo en su nombre nacional, en su idea estatal y nacional. El portavoz principal de esta resistencia fue el "Mazzini croata", Dr. Ante Starcevic, llamado el padre de la patria. Paralelamente se hacen esfuerzos por diferenciar más y más el idioma literario del serbio mediante el culto de la tradición literaria croata y el uso de la ortografía etimológica. Esos intentos aparecen como la respuesta a la presión granserbia. Parece ridículo, pero algunos serbios llegaron hasta sostener la teoría de que los croatas "robaron" su idioma literario a los serbios.

Por ello en los últimos cien años la discusión acerca del idioma es inseparable de la polémica política. Los principales abanderados de la idea nacional croata, seguidos por la mayoría del pueblo, como lo eran A. Starcevic (1823-1896), luego Esteban Radic (1871-1928) y Vladimir Macek (1879-1964)[14], en forma consecuente y sistemática subrayan la individualidad del idioma literario croata y usan la ortografía etimológica. Cuando en 1939 Croacia logró una autonomía limitada (1939-1941), su gobierno autónomo, para contrarrestar los esfuerzos unitaristas de Yugoslavia, particularmente durante la dictadura del rey Alejandro (1929-1934), dispuso el uso de la ortografía etimológica moderada en las escuelas, que empleaban, pese a la presión de la dictadura, la mayor parte de los escritores croatas. Este distanciamiento de los serbios en la esfera lingüística cobró mayor impulso durante el Estado Independiente de Croacia (1941-1945), eliminado por los comunistas cuando al término de la Segunda Guerra Mundial restauraron a Yugoslavia con el apoyo serbio y ruso.

La respuesta de "la segunda Yugoslavia" a los empeños croatas por afirmar su propio idioma literario llegó en forma del uso de la ortografía fonética en lugar de la etimología. Al mismo tiempo se insiste en muchísimos vocablos, formas, expresiones y modalidades que se usan en Serbia y son extraños al sentido lingüístico croata. En 1954 se celebró en Novi Sad, sede de Matica Srpska (Institución cultural central serbia), la reunión de los filólogos croatas y serbios. Se resolvió denominar el supuesto idioma común serbio-croata en Serbia y croata-serbio en Croacia. Como no se podía negar que existen dos idiomas literarios diferentes, se reconoció la vigencia de dos "variantes" distintas de este idioma, o sea la serbia y la croata.

No cabe duda que el acuerdo de Novi Sad, que fue presentado como un acuerdo espontáneo y libre entre los lingüistas y escritores, fue una manifestación de las tendencias unitaristas de la dictadura comunista, que buscó apoyo de los servicios en su lucha abierta contra la resistencia nacional de los croatas que anhelan su Estado nacional independiente. Los comunistas consiguieron impedir la consolidación del Estado independiente croata, proclamado en 1941, en una coyuntura internacional favorable pero tras una larga y sangrienta lucha que indudablemente tuvo el carácter de la guerra nacional entre Croacia y Serbia[15]. En 1945 la independencia de Croacia fue liquidada y restaurada Yugoslavia, desintegrada en 1941. Los nuevos gobernantes yugoslavos, con el propósito de quebrantar la resistencia croata al nuevo régimen y a la impuesta unión sureslava bajo el signo del hegemonismo serbio, llegaron hasta las matanzas colectivas de los croatas[16].

Igual que bajo el régimen dictatorial de la monarquía serbia, esta presión unitarista bajo el régimen comunista favorecía también en el ámbito lingüístico la supremacía del idioma literario serbio y su gradual imposición a los croatas. Pues ocurrió lo mismo que después del acuerdo de Viena de 1850; los serbios tampoco ahora respetaron lo convenido con los escritores croatas, con la diferencia de que en las nuevas circunstancias todo el peso del poder central con sede en Serbia tendía a afirmar la "variante" lingüística serbia en detrimento de la croata.

Esos empeños hieren hondamente a los croatas que, bajo una de las dictaduras más brutales, no podían manifestar su disgusto no sólo a causa de las estipulaciones compelidas en el sentido unitarista, sino tampoco por la transgresión sistemática de dichas estipulaciones y otros agravios y medidas contra la literatura y el idioma croata. Eso suscitó la reacción de los mismos escritores croatas que firmaron el acuerdo de Novi Sad.

Ese desagrado croata pudo manifestarse recién en los últimos tiempos cuando a causa de cierta "liberalización" del régimen fue posible oponerse no sólo a la explotación económica de Croacia en beneficio de Serbia, sino también a la presión unitarista en la esfera cultural, especialmente en lo que concierne a las interpretaciones de la historia nacional y a la imposición de la lengua serbia en la administración, la educación, comunicaciones y el ejército. Esta presión la sienten no sólo los croatas sino también los eslovenos y los macedonios, quienes tienen reconocido derecho a su propio idioma literario, pero, con todo, el serbio se impone como idioma oficial de toda la federación. Incluso los dirigentes máximo del régimen comunista censuraron abiertamente las tendencias unitaristas, propagadas por el gobierno central, por estar en franca contradicción con la doctrina oficial según la cual Yugoslavia es un Estado federal multinacional y su constitución reconoce a las "repúblicas socialistas" de Serbia, Croacia, Eslovenia, Macedonia y Montenegro el carácter de Estados nacionales.

La derrota de Alejandro Rankovic, cabeza visible del grupo granserbio que durante veinte años dominó en el Partido y en el Estado, se interpretó en Croacia como una posibilidad de la resistencia en el ámbito cultural, mucho más importante que el fomento industrial, por cuanto los pueblos en primer lugar son comunidades culturales.

Sin embargo, la destitución de Rankovic e debe no tanto al ánimo de aflojar la presión unitarista cuanto al peligro de un golpe de Estado contra Tito que preparaban los comunistas granserbios con el respaldo de la Unión Soviética. Este "putsch" debió derrocar al modo soviético no sólo a Tito sino también a los dirigentes comunistas en Croacia, Eslovenia y Macedonia. Se trataba, pues, de al lucha por el poder sin considerar los derechos nacionales de las víctimas de la política granserbia. Por eso, con la caída de Rankovic, no desapareció la preponderancia serbia. En la lucha por el poder, Tito y sus colaboradores tuvieron que buscar apoyo también de los comunistas serbios y hasta dar seguridades a Moscú de sus sentimientos amistosos hacia la Unión Soviética. En su empeño en mantener el equilibrio precario entre las fuerzas centrípetas y centrífugas en el conglomerado nacional y cultural yugoslavo, Tito sigue con las concesiones al granservismo. Hasta el intento de la reforma descentralizadora se justifica ante los círculos granserbios como la necesidad de mantener la unión del Estado multinacional aflojando la presión a los croatas y a otros pueblos de Yugoslavia, ya que de otro modo se producirían abiertos conflictos nacionales y el derrumbe del Estado como sucedió en 1941.

La opinión pública croata, inclusive destacados comunistas que por concurso de las circunstancias rigen importantes instituciones literarias y científicas, evidenciaron su disconformidad con la tácita de aflojamiento de Tito frente a los elementos granserbios. No siendo comprometidos directamente en la política, la clase intelectual está vinculada a la vida del pueblo más que los odiados políticos y percibe más fácilmente que los detentores del poder, que esta táctica de Tito paraliza la transformación de Yugoslavia, hoy Serbia engrandecida, en una comunidad de los pueblos iguales, que es uno de los postulados del a misma doctrina oficialista. La principal víctima de esta táctica contemporizadora con el propósito de preservar el régimen y el Estado, desde el principio son los croatas. Mientras a los eslovenos y los macedonios, por lo menos en teoría, se les reconoce el derecho al idioma y la cultura nacional, a los croatas, bajo el pretexto de la solidaridad con los serbios, se viene imponiendo el idioma serbio y los valores culturales que en la última línea llevan a la servización de los croatas. Las concesiones hechas al sentimiento nacional de los eslovenos, macedonios y montenegrinos, repúblicas periféricas de menor importancia, puede interpretarse como una mera táctica con el fin de concentrar todas las fuerzas para quebrar la resistencia nacional croata a la realización del meollo del problema yugoslavo y el obstáculo principal a la realización del programa granserbio. Una vez quebrada la resistencia croata, nada impedirá la realización de Gran Serbia.

Es evidente que así piensan incluso los intelectuales comunistas en Croacia. Hasta ahora los dirigentes del partido les decían que la suerte del régimen y la unión estatal yugoslava son inseparables. La desintegración del Estado yugoslavo en virtud del derecho de la autodeterminación nacional causaría no sólo el colapso del régimen comunista en Croacia sino que también provocaría sangrientas represalias contra sus beneficiarios comunistas croatas. En cambio, entre los intelectuales afiliados al Partidario Comunista, adheridos durante la guerra o por oportunismo, sin hablar de la generación joven, este argumento y el temor a las represalias pierde cada día más en su vigor persuasivo. En vista de la creciente oposición al dominio soviético en los países de la Europa Centro-oriental, la disminución de la tensión entre las democracias occidentales y los países comunistas y del espíritu ecumenista del Concilio Vaticano II, los slogans sobre la amenaza capitalista, imperialista y vaticana contra las "autoridades populares" de Yugoslavia ya no tienen asidero.

Así se produjeron agudas discrepancias entre los dirigentes políticos y los intelectuales comunistas que actúan junto con las demás gentes de letras y científicos croatas en defensa del idioma croata, prescindiendo de la táctica contemporizadora de los líderes máximos comunistas, encabezados por Tito. Ello se desprende claramente de las circunstancias en que fue concebida, redactada y publicada la Declaración sobre la denominación y los derechos del idioma literario croata, como asimismo de la violenta reacción de las autoridades comunistas.

III. La declaración y su repercusión

Las actividades en torno a la redacción, discusión y la firma de la "Declaración sobre la Denominación y la Situación del Idioma Literario Croata" finalizó a mediados de marzo de 1967. La Declaración fue destinada al Sabor de Croacia y a la Skupstina de Belgrado que entonces discutían las reformas de la Constitución, pero también a la opinión pública. Mientras los firmantes estaban despachando la Declaración, a los dos cuerpos legislativos solicitando la protección del idioma croata en el texto de la Constitución a reformar, el semanario literario y cultural de Zagreb, Telegram, publicó el 17 de marzo el texto íntegro del documento.

Luego se supo que los dirigentes comunistas, enterados "por mera casualidad" de la Declaración, pidieron de los intelectuales comunistas, muy activos en la preparación de la Declaración que impidiesen su publicación. La dirección del Telegram -también comunista, pues de otro modo no puede ser- sin embargo publicó la Declaración so pretexto de que ya estaba imprimiéndose [17]. De este modo la Declaración llegó al conocimiento de la opinión pública, a la cual también estaba destinada. Suscitó enorme interés no solamente en Croacia, sino en Serbia, resultando imposible silenciarla e impedir la discusión acerca del problema explosivo que puso al orden del día. Por eso el Comité Ejecutivo de la Liga (partido) Comunista de Croacia, junto con los miembros presentes en Zagreb del Comité Central de la Liga Comunista de Yugoslavia y los representantes de confianza de la prensa y la televisión resolvieron cómo había que reaccionar [18]. Vjesnik, diario de Zagreb y órgano principal comunista en Croacia, tuvo que publicar el texto de la Declaración en la entera página el 19 de marzo y simultáneamente un artículo de fondo, intitulado "La política y no la lingüística", junto con las "Conclusiones del Acuerdo de Novi Sad" de 1954 y la lista de sus firmantes (algunos suscribieron ambos documentos), y el texto del "Prólogo a la ortografía del idioma literario croata-serbio", elaborado conjuntamente por filólogos croatas y serbios.

Esa fue la señal y la directiva para desencadenar una amplia campaña contra la Declaración, tendiente a silenciar y descalificar a sus iniciadores y firmantes. En dicha campaña, además de numerosas instituciones y organizaciones controladas por los comunistas, la totalidad de la prensa escrita oral y televisiva inclusive, tomó parte activa el mismo dictador comunista Tito. Todo ello ha sido coordinado como preludio de las sanciones contra los promotores de la Declaración y el rechazo terminante de la propuesta para proteger por vía constitucional el nombre y la igualdad de la lengua literaria croata.

En el capítulo anterior nos referimos al fondo histórico de la Declaración. Cuadra aquí hablar de su texto y alcances. En su redacción y firma -según queda dicho- participaron activamente destacados intelectuales comunistas, quienes, evidentemente, creyeron que destituido Rankovic, todopoderoso abanderado del chovinismo granserbio, había llegado el momento para asegurar la igualdad del idioma literario croata con el serbio, favorecido hasta entonces. Destacados intelectuales croatas -entre ellos también Miroslav Krleza, el escritor comunista más brillante y miembro del Comité Central del partido en Croacia- actuaron juntamente con los escritores, estudiosos y lingüistas croatas no comunistas. Más aun, entre los miembros de las distintas instituciones que respaldaron la Declaración figuran varios serbios de Croacia, que de ese modo se solidarizaron con sus iniciadores croatas. Por consiguiente, la Declaración no es obra de los nacionalistas croatas y menos de los extremistas nacionalistas. Por el contrario, fue concebida en el riguroso marco de la legalidad y de la realidad del Estado comunista yugoslavo, lo que se refleja llamativamente en su prólogo y en el texto íntegro, tan moderado en su formulación que los nos interiorizados no podrían descubrir ningún elemento revolucionario o rebelde. El texto íntegro de la Declaración está publicado como Anexo I, pp. 27-28. Aquí nos limitaremos a su escueto análisis.

Ubicándose en el terreno de la legalidad comunista yugoslava, los que firman dicen -si bien la mayoría no lo cree- que la revolución comunista es la culminación de la lucha plurisecular de los pueblos yugoslavos por la libertad nacional y la justicia social, para sostener en la continuación que la Declaración "concuerda con los principios fundamentales del socialismo sobre el derecho del hombre a vivir libre de toda opresión" y "con el derecho de cada pueblo a la soberanía plena e igualdad ilimitada con todas las demás comunidades nacionales..." Pero ese "principio de la soberanía nacional y de la completa igualdad no está realizado en el ámbito cultural, especialmente en lo que atañe al derecho del pueblo croata a llamar su idioma con el nombre propio", no obstante su similitud con el serbio. Sucedió eso, pese a la claridad de los principios, a los acuerdos y las disposiciones legales debido a "las tendencias del estatismo, el unitarismo y el hegemonismo" y a causa de "cierta imprecisión en formulaciones". De modo que los principios claros por sí mismos "por conducto del aparato estatal y por intermedio de las comunicaciones masivas públicas" (órganos federales, Tanjug -agencia noticiosa oficial-, la radio y televisión yugoslavas en las emisiones conjuntas, por conducto de correos y telecomunicaciones, ferrocarriles, el llamado material de la literatura económica y política, de los noticieros de cine, distintos formularios administrativos, luego por conducto de la práctica idiomática en el Ejército Popular Yugoslavo, en la administración federal, la legislatura, la diplomacia y las organizaciones políticas se realiza, de hecho, incluso hoy, la imposición del "idioma estatal" de manera que el idioma literario croata se reduce a la posición desigual de un dialecto local. Más aun, "en la aplicación, el idioma serbio por la fuerza de los hechos se impone como el único idioma para los serbios y los croatas". Con ese motivo 18 instituciones literarias, culturales y científicas croatas proponen se modifique el texto constitucional, reconociéndose oficialmente cuatro idiomas oficiales en lugar de los tres actuales, a saber: el serbio, el croata (y no sólo el "serbio-croata"), el esloveno y el macedonio, y, por consiguiente, que se asegure en la práctica la igualdad al idioma literario croata con el serbio.

La Declaración por anticipado rechaza la objeción de que a causa de la "base lingüística común" entre el idioma serbio y croata no es necesario diferenciarlos por nombres distintos y en la práctica. La postergación del idioma croata contradice "el derecho de cada uno de nuestros pueblos a conservar todos los atributos de su existencia nacional y a desarrollar hasta el máximo no sólo su actividad económica sino también cultural". Entre los atributos de la vida nacional es importantísimo el derecho de los croatas a denominar su idioma con el nombre propio.

En la parte final se expresa que la Declaración está destinada a los cuerpos legislativos encargados de la reforma constitucional (Matica Hrvatska le remitió el texto), pero también "a todos nuestro público", lo que justifica su publicación pese a los empeños de la conducción comunista en impedirlo en el último momento.

Es de capital importancia para el examen de las causas por las que el régimen comunista rechazó violentamente la Declaración la reacción de los serbios. La respuesta inmediata llegó de parte de los escritores serbios en forma de proyecto de Resolución firmado por un grupo de 26 miembros de la Sociedad de Escritores de Serbia, elaborado 2 días después de haberse publicado la Declaración. Fue redactada como "La Proposición" que tenía que ser examinada por la reunión plenaria de dicha sociedad, anunciada ya para el mes de abril de 1967 en Belgrado. Esta proposición la transcribimos íntegramente en el Anexo II, según el texto publicado en Borba (2/4/1967, Belgrado). A pedido de las autoridades comunistas esta proposición no fue tema de discusión, pues sus firmantes la retiraron, excusándose de distintas maneras, unos que la firmaron por la ira contra la Declaración, otros porque estaban borrachos, etc.

Sin embargo, y a pesar del tono desafiante, es importante que en esta ocasión los escritores serbios reconocieron la competencia y la representatividad de los firmantes de la Declaración croata y lo justificado de sus demandadas, aunque como contrapartida expresan que la Declaración implica la "anulación" unilateral del Acuerdo de Novi Sad en 1954 y exigen que a la minoría serbia en Croacia sea reconocido "el derecho a estudiar en su idioma y alfabeto y según programas nacionales propios, el derecho a usar su idioma y alfabeto nacional en la comunicación con todos los órganos oficiales... en una palabra el derecho a cultivar libremente y sin trabas todos los aspectos de su cultura nacional".

En el fondo, los escritores serbios, aunque trataron de reducir el alcance de la Declaración, al reconocer la competencia de sus firmantes en materia de lengua literaria y adoptando el principio sobre el derecho de cada pueblo al idioma propio, desmintieron la campaña del régimen, que insistía sobre carácter político de la Declaración y por ende sobre la intromisión indebida de los escritores en el campo político reservado al Partido Comunista. De otra parte, insinuando que presuntamente la Declaración constituye la amenaza a los derechos de la minoría serbia en Croacia, los autores del Proyecto en su condición de nacionalistas granserbios, se hallaron en la misma línea del régimen, pues -según veremos en seguida- repitieron lo que se dijo oficialmente. Partiendo del conocido punto de vista marxista-leninista de que sólo el Partido Comunista tiene el derecho a representar los intereses del pueblo y ponderando la Declaración como un acto dirigido contra la "fraternidad y la unidad" de los serbios y los croatas, tal como las interpreta la propaganda comunista, Vjesnik en el artículo: "La política y no la lingüística" sostiene que los escritores y filólogos croatas se descalificaron por haber invadido el campo político, reservado a los comunistas. Tito igual que Stalin y otros jerarcas sostienen que ellos son los llamados, y no los escritores y filólogos, a decidir sobre los problemas culturales y literarios. En el caso concreto, los dirigentes comunistas consideran que la razón del Partido-Estado requiere que, pese a la "liberalización" y la igualdad nacional tan propagadas, debe imponerse de hecho el idioma serbio a los croatas y en general promover medidas que favorezcan la preponderancia de los serbios en su calidad de sostenedores del unitarismo. Por eso, conforme a las concepciones totalitarias, se niega el derecho a los escritores y filólogos croatas a pensar y proponer en materia de su idioma, o sea en materia de sus actividades específicas. Pero, cuando en 1954 unos pocos escritores y lingüistas croatas, bajo la presión del terror de Rankovic, accedieron a ciertas estipulaciones que, en la intención del régimen, tuvieron que llevar al unitarismo idiomático, en realidad a la imposición del idioma literario serbio, entonces, por supuesto, eran competentes. Ahora cuando esos escritores y filólogos, animados por la caída de Rankovic, señalaron que la práctica y no su Declaración, había "anulado" lo acordado por Novi Sad sobre cierta igualdad entre las "variantes" croata y serbia del supuesto idioma literario común, comunistas niegan la competencia de 18 instituciones científicas y literarias. En el mismo tiempo juzgan en los asuntos del idioma literario las sociedades de los ex guerrilleros, los comités comunales comunistas, sindicatos y otras entidades que nada tienen que ver con la literatura.

Hasta llegaron a opinar sobre el idioma literario croata los comunistas de la minoría albanesa de Kosovo Metohija aunque no entienden el croata y saben poco o nada de la literatura. Precisamente ante ellos Tito habló contra la Declaración durante su visita de esa comarca, mientras trataba de calmar a los serbios, alarmados por las demandas enérgicas de la minoría albanesa después de la eliminación de Rankovic para que se los proteja contra la presión granserbia que ejerce contra ellos la policía política comunista, dominada por los serbios desde hace más de 20 años[19].

Resultan también insostenibles las insinuaciones de los escritores serbios, coincidentes con la propaganda del régimen comunista, según los cuales los escritores y los filólogos croatas al demandar que el idioma nacional croata tenga su nombre nacional y sea igual al serbio, habían "anulado" el acuerdo de Novi Sad y que se mostraron inconsecuentes quienes firmaron primero el Acuerdo y luego la Declaración. Ahora bien, esas afirmaciones contradicen con el texto de la Declaración que dice claramente que a los croatas se les impone oficialmente el idioma literario serbio contra el espíritu de lo acordado en Novi Sad, que, por lo menos en teoría, aseguraba un equilibrio precario entre las "variantes" croata y serbia del supuesto idioma literario común. No era preciso esperar la Declaración para constatar que el Acuerdo de Novi Sad de hecho estaba muerto. Por lo tanto, dicho Acuerdo fue "anulado" por los serbios con la ayuda del régimen comunista. En consecuencia, los que antes firmaron el Acuerdo y ahora la Declaración, en realidad, siguen bregando por la igualdad del idioma croata y el serbio. Si hay que reprocharles algo, podrán hacerlo únicamente los croatas por haber sido demasiado flojos o atemorizados en 1954, pues por anticipado podían saber que los serbios no iban a acatar lo pactado sino que tratarían de imponer su hegemonía.

Por consiguiente la presencia de los que firmaron el Acuerdo y ahora la Declaración no habla en contra, sino a favor de la Declaración.

Los firmantes de la Declaración a quienes imputan motivos políticos y no lingüísticos, si pudieran, constatarían, y con justa razón, que los intereses del Partido-Estado al servicio del granservismo, es decir los motivos políticos, guían la campaña del régimen contra la Declaración, documento cuya característica principal es poner al orden del día el problema crucial de la salvaguardia de la cultura nacional croata. Por cierto, importantes problemas de la vida nacional pueden ser a la vez, aunque no necesariamente, un asunto político. Pero, en el caso presente se trata de la política stricto sensu, es decir del problema del bien nacional común, fuera y por encima de las discusiones partidarias.

En ese sentido entendieron el problema del idioma nacional los iniciadores y firmantes de la Declaración. Los intelectuales croatas, y no los gobernantes comunistas, interpretan y defienden los intereses nacionales croatas. Así lo entienden inclusive los escritores y filólogos de filiación comunista, partícipes de esa acción conjunta de los intelectuales croatas, pese a grandes diferencias ideológicas, y pese a las presiones de los aparatchiks comunistas. En realidad se trata del frente nacional, de una rebelión abierta de los intelectuales, inclusive de los comunistas, contra el monopolio político comunista practicado en detrimento de los intereses y los derechos nacionales croatas, contra la mentira oficial sobre la feliz solución de los conflictos nacionales en el conglomerado multinacional yugoslavo, lo que debería servir como el justificativo al régimen comunista tanto ante los pueblos afectados como ante la opinión pública internacional. Es sabido que inclusive los influyentes políticos del Occidente -exempli gratia sir Anthony Eden- aceptaron, al menos pro forma, la tesis de que, en vista del previo fracaso de la dinastía serbia, el régimen comunista sería más indicado en cuanto a la organización de la transacción política entre las naciones en pugna dentro del conglomerado yugoslavo.

La reacción airada del régimen se manifestó en la intensa repetición de que la Declaración constituye un ataque "contra la mayor conquista de la lucha de la liberación nacional, es decir, contra la fraternidad y la unidad de los pueblos de Yugoslavia". El tono a toda la campaña desatada lo imprimió el dictador Tito quien, según afirman, estima que su obra principal es el restablecimiento de Yugoslavia y su misión histórica sería su conservación. En Kosmet varias veces se refirió a la Declaración recalcando que el Partido Comunista "no permitirá que se atentase contra la mayor conquista de la lucha de liberación nacional y de la revolución socialista la fraternidad y la unidad de los pueblos de Yugoslavia...". Aludiendo a la Declaración, la calificó como "el poder por la espalda" por parte de los que "trabajaron subrepticiamente y de sopetón golpearon por la espalda". La vincula con los individuos que "de modo refinado y a veces en secreto atacan incluso a la Liga Comunista, manifestando que presuntamente la Liga (Partido) Comunista es una cosa perimida y que política perdió la batalla" [20].

Esta exasperación por haberse pasado por alto el Partido Comunista por los intelectuales es motivo permanente de quienes critican la Declaración entre los dirigentes comunistas. No puede ser de otra manera mientras Tito -ex sargento austro-húngaro, obrero metalúrgico, revolucionario profesional, líder talentoso de la guerrilla y hábil funcionario partidista del tipo Stalin-, en su papel de árbitro para los problemas lingüísticos no vaciló a dar clase a los escritores y filólogos -miembros de las respectivas Academias, profesiones universitarios y autores de prestigio internacional-, afirmando que, pese a todo, "el Acuerdo de Novi Sad es la mejor solución que pudo lograrse, ya que, en efecto, no hay diferencias en esa materia". Un día antes, hablando en una fábrica esgrimió como el argumento irrebatible contra la Declaración, que a los obreros y campesinos "no les importa si una palabra se pronuncia de una u otra manera" [21].

La invocación por parte de la propaganda oficial y los escritores serbios del derecho de la minoría serbia en Croacia (el 14% de la población según las estadísticas oficiales, sin duda favorables a los serbios) a su propio idioma y alfabeto (caracteres cirílicos rusos), aunque si existiera el peligro de la discriminación (lo que no es el caso) constituye un ejemplo clásico de la inversión de los términos. Según esta lógica ni en la "república socialista de Croacia", que en teoría tiene el carácter de un Estado nacional, los croatas tendrían derecho al uso de su propio idioma literario para no incomodar a los integrantes de la minoría étnica serbia, relativamente pequeña. Por otra parte, según esta misma lógica granserbia, los croatas, si no quieren ser tildados de chovinistas, no deben reivindicar el derecho de igualdad a su lengua en el uso de la administración central en un Estado plurinacional, donde por su número equivalen casi a los serbios, quienes quieren imponer su idioma en la administración pública y en todos los medios de comunicación no sólo a los croatas sino también a los eslovenos, montenegrinos y macedonios, sin mencionar a las minorías húngara y albanesa. El mismo Tito al oponerse a la Declaración en realidad se declara en favor de la imposición de idioma literario serbio a los croatas con total exclusión de su multisecular tradición literaria, parte constitutiva de la cultura nacional croata y, por concurso de las circunstancias, el factor esencial de la diferenciación nacional entre los serbios y los croatas.

En lo que se refiere a los derechos de la minoría serbia de Croacia a su propio idioma y alfabeto, por los que tanto bregan los comunistas, nunca le fueron negados en Croacia en circunstancias normales. Durante Austria-Hungría bajo el gobierno autónomo de Croacia la minoría serbia gozaba de todos los derechos en la educación y la cultura. Los ortodoxos disponían de sus escuelas religiosas y usaban el alfabeto cirílico sin obstáculo alguno. De hecho, la minoría serbia en Croacia era considerada como "un pueblo estatal" igual como el croata, caso único en la era moderna de los Estados nacionales, en los que normalmente domina el pueblo que da su impronta nacional al Estado respectivo [22].

Después del presente análisis no es difícil entender porque lo que propuso la Declaración respecto de la modificación constitucional fue de plano rechazado. Cuesta creer que alguien entre los iniciadores y firmantes de dicha Declaración esperara la aceptación de sus propuestas. Es más probable que perseguían ejercer presión sobre los dirigentes del Partido Comunista en Croacia, que previamente participaron en la oposición al centralismo económico para que procedan de igual modo, al caer Rankovic, en el campo cultural. Por ahora cabe registrar violentas reacciones por parte de los dirigentes comunistas de Croacia y una serie de represalias. Sin embargo, tras el aluvión de protestas organizadas por el régimen, se infiere que los dirigentes comunistas croatas se hallan en una situación embarazosa.

Por una parte, ante el público croata mostraron no tener coraje para defender los derechos nacionales ante las embestidas del granservismo ni tras el derrocamiento de Rankovic. En lugar de ellos, los intelectuales croatas tuvieron que asumir la defensa de la cultura nacional desafiando a la jefatura comunista, que se arroga el monopolio de las acciones políticas y el control de la vida nacional en su totalidad. Los intelectuales comunistas que tomaron parte en la redacción y la firma de la Declaración fueron censurados y castigados por "falta de vigilancia", "la desviación nacionalista" y sobre todo por la actitud hostil hacia la dirección comunista[23].

Su papel quisieron asumirlo "los representantes autotitulados del pueblo croata" [24].

En otras palabras, los intelectuales croatas, inclusive los comunistas, estiman que el Partido Comunista de Croacia no defiende los intereses nacionales. Así fue dicho claramente en la reunión del Comité Urbano partidario de Zagreb por uno de sus miembros: "Considero que con la Declaración se quiso decir que la Liga (Partido) Comunista en la solución de determinados problemas y en la cuestión nacional se hallaba en el segundo plano, es decir que no libra esa lucha y que habría que encontrar nuevos hombres, nuevas fuerzas que llevarán esa lucha a buen fin" [25]. Vladimir Bakaric, presidente del Comité Ejecutivo del Partido Comunista de Croacia fue más lejos. En la sesión del Comité Central reconoció abiertamente que "en conexión con el problema nacional, incluso entre nuestros comunistas, se creó la atmósfera de que es revolucionario precisamente aquel que más critica a la dirección (comunista)" [26].

Los dirigentes comunistas, igual que en otras oportunidades al referirse a los conflictos nacionales, sostienen que la lucha por el éxito del socialismo lleva automáticamente a la solución deseada, por cuanto "los intereses de todos los trabajadores son idénticos". Empero, los intelectuales comunistas de Croacia llegaron a la conclusión que la imposición de la dictadura comunista no trajo la igualdad de los derechos entre los croatas y serbios. Por eso respaldaron la Declaración y perseveran en su posición a pesar de la monstruosa campaña de intimidación, desencadenada por el régimen. Lo reconoció el mismo Bakaric, cuando dijo que habían firmado la declaración unos ochenta intelectuales comunistas, que "no son enemigos del socialismo. Todo lo contrario. Y es imposible convencerle de que siguen un camino equivocado".

El máximo exponente del régimen en Croacia no sabe explicar la rebeldía de los intelectuales de otra manera, sino insinuando, que se trata de los desplazados, accesibles a las insidias del extranjero.

Tras una exposición sobre las supuestas causas del surgimiento del problema nacional, tratando de no ahondar el abismo entre la opinión pública croata y la dirección comunista, reconoce que él mismo tuvo que luchar contra el centralismo económico.

Pero actualmente "abrazaron el nacionalismo otros y justamente los que en la presente etapa revolucionaria no encontraron su lugar, con quienes no encontrarmos un lenguaje común...". En este asunto "se entrometió también el extranjero" (alusión a los exiliados) y "mucho se entrometen varios servicios de espionaje" [27].

En continuación, Bakaric exigió un severo castigo de los iniciadores. En crítica del nacionalismo no se limitó sólo a la Declaración, sino a otros casos de rebelión intelectual. No excluye, más bien espera otros casos similares. No obstante, reconoce que la campaña contra la Declaración "se extendió en demasía". Se declara contrario a las medidas administrativas, vale decir, la intervención de la policía política, pero exige castigos por parte de los órganos partidarios[28].

En efecto, varios destacados intelectuales comunistas fueron excluidos del Partido y otros amonestados. (En Belgrado ninguno de los firmantes de la "Proposición" fue excluido del Partido). Cuantos firmaron la Declaración fueron despojados de los cargos directivos partidarios y administrativos. M. Krleza, el más prominentes escritos comunista, renunció como miembro del Comité Central de la Liga Comunista de Croacia.

Los dirigentes comunistas no se atreven a negar la existencia de problemas pendientes en lo concerniente a la igualdad nacional, incluyendo el problema del idioma croata. Con ello refirmaron lo que sostiene la Declaración. Únicamente se reservan el derecho de resolver ellos esos problemas con métodos socialistas. Escritores y lingüistas deberían dejarles a ellos esos problemas, aunque admiten que entre ellos y la opinión pública no hay "un lenguaje común" cuando se trata de derechos nacionales.

Mientras los dirigentes comunistas se esfuerzan por tapar las brechas en Croacia, donde crece la oposición a la preponderancia serbia en el Partido-Estado, de otra parte se ven obligados a defenderse ante los serbios, denunciando la defensa de los pueblos de Yugoslavia", que los serbios entienden como la aceptación fraternal de su hegemonía por los demás pueblos del Estado multinacional de Yugoslavia.

Esa subordinación al granservismo es fiel reflejo de la realidad yugoslava, no importa si lo admiten o no los comunistas. Ellos subieron al poder debido únicamente a la situación anormal causada por el sometimiento de varios pueblos a Serbia al crearse el nuevo Estado sureslavo en virtud de los contratos de paz de 1919. La resistencia de los pueblos oprimidos llevó ineludiblemente al derrumbe del Reino de Yugoslavia en la Segunda Guerra Mundial y la subsiguiente guerra nacional entre serbios y croatas con secuelas desastrosas para ambos pueblos. Así se dieron las condiciones propias para la acción comunista, especialmente para un entendimiento sobre los comunistas y granserbios, hasta entonces severamente criticados por los comunistas. Desintegrada Yugoslavia, los serbios hasta entonces el pueblo privilegiado, se encontraron sin el poder en un país bajo la ocupación alemana y búlgara. Las masas imbuidas con el espíritu granserbio, se convirtieron en un elemento resentido y hasta desesperado, acondicionado sicológicamente para aceptar liderazgos de los comunistas que prometían la restauración de Yugoslavia con ayuda de Rusia y el castigo despiadado de todos los opositores a ese Estado. Unicamente en esa forma los comunistas pudieron realizar su revolución. Pero ello implicaba traición de los pueblos, incluidos por la fuerza en la Yugoslavia, es decir de la gran mayoría de la población. Los comunistas lograron su revolución, pero se convirtieron en instrumento y presos del granservismo. Las bases de su poder se hallan todavía en Serbia. Los serbios son los únicos posibles guardianes de la compelida unidad estatal que los comunistas de modo hipócrita tratan de justificar con la especial fraternidad de los pueblos yugoslavos en contradicción con la realidad y hasta con los puntos de vista del internacionalismo comunista. No hay razón valedera para una fraternidad especial entre los pueblos yugoslavos que no podrían abarcar también a otros pueblos. Insistir en "la fraternidad y la unidad" como "el logro máximo" de los guerrilleros durante la última guerra mundial es incompatible con la doctrina comunista y con la voluntad de los pueblos que resisten a la impuesta unión con Serbia. Sólo a través de los laberintos dialécticos puede, en cierto modo, ajustarse a la concepción comunista que una dudosa "fraternidad y unidad" y no revolución comunista sería la conquista principal y máxima no sólo en tiempos de guerra sino para siempre.

El dictador comunista yugoslavo, hablando contra la declaración a los "activistas" del partido de Kosmet, dio prueba cabal de la duplicidad e inconsistencia en el manejo del slogan sobre la famosa "fraternidad de los pueblos de Yugoslavia", cuando dijo:

"Entre nosotros, los comunistas, no debe haber aquello: Yo soy serbio, tú eres shipter (albanés), o tú eres montenegrino y cosas por estilo. Ante todo, vosotros sois comunistas"[29].

Es decir, entre los comunistas los intereses nacionales tienen que ser subordinados a la razón del Estado-Partido, dominado por los serbios.

Pero eso significa desconocer opinión e intereses de gran mayoría no comunista. En el caso concreto de Kosmet se trata del conflicto entre los serbios, que consideran a Kosmet como la "vieja Serbia", y los albaneses de Kosmet que son la grande mayoría de la población. Además, viven en masas compactas junto a las fronteras de Albania, su Estado nacional, y con razón no pueden entender en nombre de qué "fraternidad" los albaneses del Kosmet deberían estar sometidos a Serbia en lugar de incorporarse al Estado nacional albanés Los albaneces no integraron el grupo lingüístico eslavo y para ellos no valen siquiera los argumentos de una "fraternidad" peculiar en el sentido de la propaganda paneslavista, tal como se la impone a los croatas y serbios que pertenecen al grupo lingüístico eslavo. Además, los albaneses de Kosmet son en su mayoría musulmanes, de modo que la religión no los une sino separa de la Serbia y Rusia ortodoxas. En cambio, los albaneses saben muy bien que, siendo musulmanes, para los serbios son "enemigos hereditarios", ex sostenedores del dominio turco. Por esos motivos los actuales gobernantes comunistas en Albania prefieren ser satélites de la lejana China que de Rusia, protectora tradicional de Serbia.

De ahí la necesidad de que Titon recuerda a los comunistas de Kosmet, tanto a los serbios como a los albaneses, que en primer lugar son comunistas y luego serbios o albaneses.

Pero, siendo Albania uno de los Estados con el régimen comunista ¿cómo convencer aun a los comunistas de Kosmet, que ellos, aun en condición de los activistas del partido, deben aceptar la tesis granserbia, que su lugar está en Serbia y no en el vecino Estado nacional de los albaneses?

Es evidente, que en este caso concreto, tan pregonada "fraternidad", aun invocando al internacionalismo marxista -en interpretación del viejo dictador, bastante desmedrado- no es otra cosa que un tosco simulacro del granservismo.

No cabe duda, Bakaric, Tripalo y otros dirigentes comunistas de Croacia saben perfectamente bien que son, igual como Tito, presos del granservismo desde el momento en que se aliaron con él con el propósito de realizar la revolución comunista, entonces imposible lograr sin participación masiva de los intereses vitales del pueblo al que pertenecen.

Es su condición de los comunistas, puede servirles de algún consuelo el hecho de haber obrado entonces de acuerdo a la línea del activismo dialéctico, es decir, para conseguir desde su punto de vista, el bien supremo, la revolución comunista, entonces imposible lograr sin participación masiva de los serbios. Para complacer a los serbios se hicieron cómplices de la liquidación del Estado nacional croata, surgido en 1941, y de las matanzas colectivas de los patriotas croatas de 1945. De este modo consiguieron imponerse como gobernantes en la segunda Yugoslavia, pero dominada por los serbios, igual como la primera (1918-1941), a pesar de la fachada "socialista" y federalista del restituido Estado yugoslavo.

Más cerca de la realidad nacional croata que Tito, los dirigentes comunistas de Croacia, apremiados por los intelectuales comunistas, firmantes de la Declaración, no objetan de ser malos comunistas sino de haber pecado por apresurados. Por una parte habrían favorecido al granservismo de Rankovic y de otra el resurgimiento del nacionalismo croata, no sólo antiyugoslavo sino también anticomunista prooccidental.

El punto débil de la autodefensa de los dirigentes comunistas de Croacia, presos del granservismo, desde el punto de vista de los intelectuales comunistas ha sido y sigue siéndolo su impotencia en afrontar el conflicto de dos lealtades -comunista y patriótica- provocado con su alianza con granservismo. Al plantear el problema alistándose con los no comunistas en la defensa de los valores nacionales, los intelectuales comunistas de Croacia han dejado malparada a la conducción partidaria y puesto al orden del día el problema de la solución del conflicto de dos fidelidades: a la patria y a la revolución comunista.

 

La declaración sobre la denominación y la situación actual del idioma literario croata

La lucha plurisecular de los pueblos yugoeslavos por la libertad nacional y la justicia social culminó con la transformación revolucionaria en el período 1941-1945. Las conquistas de la lucha de la liberación nacional y de la revolución socialista hicieron posible que todos los pueblos y las nacionalidades en Yugoeslavia iniciaran una nueva fase de su vida histórica. Ateniéndose a los principios fundamentales del socialismo concernientes al derecho de cada hombre a vivir libre de toda opresión y al derecho de cada pueblo a la soberanía total y a la igualdad absoluta con las demás comunidades nacionales, los eslovenos, los croatas, los servios, los montenegrinos y los macedonios han formado su unión federal, constituida por seis repúblicas socialistas, como garantía de su igualdad recíproca, de la fraternidad mutua y de la cooperación socialista.

El principio de la soberanía nacional y de la igualdad absoluta comprende asimismo el derecho de cada pueblo a conservar todos los atributos de su existencia nacional y de desarrollar al máximo no sólo su actividad económica sino también cultural. Entre esos atributos juega papel decisivo el propio nombre nacional del idioma que usa el pueblo croata, por cuanto es el derecho inalienable de cada pueblo a llamar su idioma con su propio nombre, no importa si se trata de un fenómeno filológico que como una peculiar variante idiomática o en su totalidad pertenece también a algún otro pueblo.

El acuerdo de Novi Sad reconoció que la base lingüística de los idiomas literarios servio y croata es común sin negar la verdad histórica, histórico-cultural, nacional y política en cuanto al derecho de cada pueblo a usar su propio idioma como medio de vida nacional y cultural. Estas conquistas fueron conformadas también por los textos constitucionales y por el programa de la Liga de los Comunistas, guía política de nuestros pueblos en lucha revolucionaria.

Si bien los principios fundamentales son claros, imprecisiones en sus formulaciones han hecho posible que en la práctica se los eluda, deforme y transgreda dentro de las desviaciones más amplias en nuestra vida económica y cultural. Es sabido en qué circunstancias reaparecieron en nuestro país las tendencias estatistas, unitaristas y de hegemonía, y con ellas la concepción de la necesidad de un "idioma estatal". En la práctica ese papel fue asignado al idioma literario servio a causa de su dominante influencia en el centro administrativo de nuestra comunidad estatal. Pese a las decisiones tomadas en el Octavo Congreso, en la IV y V sesión plenaria del Comité Central de la Liga de los Comunistas de Yugoeslavia que han subrayado la importancia, particularmente en nuestros días, de los principios socialistas relativos a la igualdad de nuestros pueblos y, por lo tanto, de sus idiomas en el aparato administrativo y los medios de comunicación pública y masiva (periódicos federales, la agencia noticiosa TANJUG, radio y televisión, en las emisiones conjuntas, en Correos y Telecomunicaciones, en los ferrocarriles, en la literatura política y económica, en los noticieros cinematográficos y distintos formularios administrativos), luego en el idioma que se emplea en el Ejército Popular Yugoeslavo, en la administración federal, en la legislación, en la diplomacia y en las organizaciones políticas, se impone efectivamente incluso hoy día "el idioma estatal", de modo que el idioma literario croata queda relegado y reducido a la categoría desigual de un dialecto local.

En primer lugar las iniciativas importantes de la reforma económica y social, derivadas de los rasgos esenciales de la autogestión, propia de nuestra sociedad socialista, nos obligan, en el ámbito de nuestra actividad lingüística, literaria, científica y cultural en general, a emprender todo lo indispensable para que en forma inmediata se realicen y apliquen todos los principios expuestos de nuestro sistema socialista.

En ese sentido las instituciones y organizaciones culturales y científicas croatas infrascriptas consideran que es imprescindible:

1) Mediante el texto constitucional establecer la igualdad de derechos de los cuatro idiomas literarios: el esloveno, el croata, el servio y el macedonio.

A tal propósito es preciso modificar el texto del artículo 181 de la Constitución de la República socialista Federativa de Yugoeslavia que debería rezar así:

"Las leyes federales y otros documentos de los órganos federales se publicarán, en cuanto al texto original, en los cuatro idiomas literarios de los pueblos de Yugoeslavia: el servio, el croata, el esloveno, el macedonio. En las comunicaciones oficiales los órganos de la federación se atendrán obligatoriamente a los principios de la igualdad de todos los idiomas de los pueblos de Yugoeslavia".

También deben asegurarse en forma adecuada los derechos al respectivo idioma de las minorías étnicas en Yugoeslavia.

La actual disposición constitucional sobre "el idioma servio-croata o croata-servio" con su imprecisión hace posible que en la práctica esos dos nombres paralelos sean entendidos como sinónimos y no como base para la igualdad del idioma literario croata y servio, tanto entre sí como frente a los idiomas de los demás pueblos de Yugoeslavia. Tamaña confusión hace posible que el idioma literaria servio sea impuesto por la fuerza en la práctica como el idioma único servio-croata. Que eso es la verdad lo comprueban numerosos ejemplos y entre ellos los más recientes: las Conclusiones de la V Asamblea de la Liga de los compositores de Yugoeslavia. Dichas resoluciones fueron publicadas paralelamente en servio, esloveno y macedonio como si no existiera el idioma literario croata y como si fuera idéntico al idioma literario servio.

Las organizaciones e instituciones suscriptas consideran que en esos casos el pueblo croata no está representado y que es colocado en una posición de desigualdad. Esta práctica en ningún caso puede justificare invocando el obvio hecho científico de que los idiomas, literarios croata y servio derivan de base lingüística común.

2) Conforme a los reclamos y las explicaciones precedentes es preciso asegurar el uso consecuente del idioma croata en las escuelas, la prensa, la vida pública y política, en la radio y televisión cada vez que se trata de la población croata y que los empleados, docentes y quienes actúan públicamente, no importa de dónde procedan, deben usar oficialmente el idioma literario del medio en que actúan.

Presentamos esta Declaración a la Asamblea de la República Socialista de Croacia, a la Asamblea Federal de la República Socialista Federativa de Yugoeslavia y a toda nuestra opinión pública para que en las modificaciones de la Constitución, que están estudiándose, los principios arriba expuestos sean formulados con toda claridad y en consecuencia se asegure su total aplicación en nuestra vida social.

Matica Hrvatska (Institución literaria central, N. de la R.). - Sociedad de los Escritores de Croacia. - Centro Croata del PEN-Club. - Sociedad Croata de Filología. - Departamento de filología de la Academia de los Eslavos del Sur en Zagreb. - Departamento de la literatura moderna de la Academia Sureslava en Zagreb. - Instituto lingüístico y teatrología de la Academia de los Eslavos del Sur. - La cátedra de la lengua croata-servia moderna de la Facultad de la Filosofía de la Universidad de Zagreb. - La cátedra de la lengua croata-servia moderna de la Facultad de Filosofía de Zagreb. - La cátedra de la antigua literatura croata de la Facultad de filosofía de Zagreb. - La cátedra de la antigua literatura croata de la Facultad de Filosofía en Zadar. - La cátedra de la moderna literatura croata de la Facultad de Filosofía en Zadar. - Instituto lingüístico de la Facultad de Filosofía en Zagreb. - Instituto de estudio de la literatura de la Universidad de Zagreb. - Instituto del idioma antiguo eslavo en Zagreb. - Asociación croata de traductores literarios.

Zagreb, 15/3/1967

 

Proyecto de resolución de un grupo de escritores servios

Uno o dos días después de haberse publicado la Declaración en Telegram (17/3/1967), un grupo de los integrantes de la Sociedad de Escritores de Servia redactó esta Propuesta para ser considerada como proyecto de Resolución que debería adoptar el plenario de su Sociedad:

"El grupo de escritores consideró la `Declaración sobre la denominación y la situación del idioma croata', emitida por la Sociedad de Escritores de Croacia y que previamente fue adoptada por las más prestigiosas instituciones científicas y culturales de Croacia. Tras un exhaustivo análisis de este significativo documento histórico, el grupo de escritores considera que es derecho legítimo e inalienable de todo pueblo tomar decisiones sobre la denominación y el desarrollo de su propio idioma.

El grupo de escritores de Servia estima que las instituciones que suscribieron la `Declaración sobre la denominación y la situación del idioma literario croata' son las más competentes en la materia del idioma literario croata y considera que su declaración es representativa y meritoria.

Por ello el grupo de escritores proponentes de la presente Resolución, prescindiendo de los aspectos históricos y científicos del problema y teniendo en cuenta el hecho que se deriva de la Declaración en cuestión, considera anulado el acuerdo de Viena y de Novisad. Los idiomas croata y servio se desarrollarán en completa independencia e igualdad. El grupo de escritores que propone la Resolución considera natural que lo antedicho ha de extenderse también a todos los idiomas de los pueblos de Yugoeslavia y a todos los alfabetos nacionales: el latino, el cirílico macedonio y servio, y a las ortográficas.

El grupo de los escritores proponentes de la Resolución presente el pedido a la Asamblea de Servia, y por consiguiente a la Asamblea Federal, a la Asamblea de la República Socialista de Servia y al Parlamento (Sabor) de la República Socialista de Croacia para que, en adelante, en forma consecuente y obligatoria, eliminen del uso oficial los vocablos: el idioma croata-servio o servio-croata y que en la administración federal, en la legislatura, las organizaciones políticas, los ferrocarriles, correos y telecomunicaciones, en la agencia Tanjug, el instituto lexicográfico de Yugoeslavia, la aduana, el ejército yugoeslavo y en todos los organismos se practique la igualdad de todos los idiomas y alfabetos yugoeslavos.

Con ese motivo el grupo de escritores que propone esta Resolución exige de la Radiotelevisión de Belgrado que cese desempeñar en forma arbitraria el papel de un estudio central yugoeslavo, que en el programa local introduzca la escritura cirílica y que en las emisiones conjuntas de la radiotelevisión de Yugoeslavia se empleen paralelamente ambos alfabetos.

La sociedad, o el grupo proponente, estima que no está de más ningún esfuerzo y que no es demasiado alto precio alguno con tal de que la igualdad de los idiomas y los alfabetos de nuestros pueblos sea respetada siempre y en forma consecuente.

El grupo de escritores que propone la Resolución considera de su deber y derecho atraer la atención sobre un problema que a la luz de los pedidos que anteceden se vuelve aun más actual.

La Constitución garantiza el derecho al desarrollo independiente del idioma y la cultura de todos nuestros pueblos y nacionalidades. La afirmación de la denominación y el desarrollo independiente de los idiomas croata y servio exige que ese derecho sea garantizado mediante las disposiciones constitucionales a todos los croatas que viven en el territorio de la República Socialista de Servia y a todos los servios que habitan en el territorio de la República Socialista de Croacia.

El grupo de escritores pide que se introduzcan en la Constitución de la República Socialista de Servia y de la República Socialista de Croacia disposiciones que aseguren a todos los croatas y los servios el derecho a ser educados en su idioma y alfabeto y de acuerdo a sus programas nacionales, que les sea garantizado el derecho a emplear su idioma y alfabeto nacional en la comunicación con todos los órganos del poder, el derecho a la creación de sus asociaciones culturales, museos locales, de empresas editoras y periodísticas, en una palabra, el fomento, libre de toda traba, de todos los aspectos de su cultura nacional".

 

La lengua croata

Zdravko Sancevic, Caracas, Venezuela

Los croatas tienen su propio idioma que llaman la lengua croata (hrvatski jezik). Esta se compone de las formas populares (pucki jezik) habladas por el pueblo y de la lengua literaria (knjizevnik jezik). Términos sinónimos a la lengua croata usados a veces en el pasado son la lengua ilírica, slovinski o slovenski. La legua croata pertenece a la rama sureslava del grupo de los idiomas eslavos, que a su vez pertenecen a la división este o Satem de la familia lingüística indoeuropea. Los idiomas sureslavos se extienden en forma de ancha faja de los Alpes surorientales hasta el Mar Negro, ocupando la mayor parte de la Península Balcánica y penetrando en parte a Europa Central. En realidad se trata de una serie de dialectos afines con los cuales hablan (procediendo del oeste hacia el este) las siguientes nacionalidades: los eslovenos, los croatas, los montenegrinos, los servios, los macedonios y los búlgaros. Cada una de estas nacionalidades tienen su propia lengua literaria con excepción de los montenegrinos, que siguen en parte la orientación servia (alfabeto, influencias eclesiásticas ortodoxas) y en parte croata (dialecto de la Herzegovina oriental y de Dubrovnik). Un diagrama con la clasificación y características de cada uno de estos idiomas aparece adjunto.

Los filólogos, sin embargo, se han dado cuenta de que los dialectos búlgaros, macedonios y los de Servia oriental (Torlaco) han desarrollado más que los demás dialectos sureslavos ciertas peculiaridades fonéticas y morfológicas. Entre éstas se destacan: 1) la pérdida de las desinencias declinacionales; 2) el uso del artículo post-positivo (zena-ta, dete-to), y 3) el carácter analítico en contraste con el carácter sintético del esloveno, croata y servio occidental. Esta posición especial del búlgaro, macedonio y servio oriental (Torlaco) y el hecho de que gran número de croatas, servios de Croacia y montenegrino hablan el dialecto usado en la Herzegovina oriental ha inducido a muchos filólogos a tratar de simplificar (de hecho complicando) el cuadro lingüístico sureslavo llamando al primer grupo (dialectos búlgaros, macedonios y servios orientales) simplemente la lengua búlgara, y al conglomerado de dialectos croatas, montenegrinos y servios con el nombre de la lengua servio-croata. Esta última clasificación de los idiomas sureslavos en esloveno, servio-croata y búlgaro ha tenido como consecuencia trastornos político-nacionales implicando que una parte de los servios son búlgaros y presentando la falsa impresión de que los croatas y servios son partes de una sola nación.

Formas populares (pucki jezik) del croata

La lengua popular hablada por el pueblo croata se compone de seis dialectos y de una serie de subdialectos. A continuación se presentan sus características principales. En cuanto a la extensión de cada uno de los dialectos véase el mapa dialectológico.

1. Dialecto dinárico (también llamado occidental, bosníaco-herzegovino oriental, bosníaco-dálmata, neo-ikavski). Características principales: pronombre interrogativo, ¿qué? es sto; voz paleoslava jat convertida en i (i kavski); uso del grupo sc (scakavski) en unas áreas (Bosnia occidental, Dalmacia entre los ríos Cetina y Neretva) y st (stokavski) en otras (Herzegovina occidental, Dalmacia al norte del Cetina, Lika, área Subotica - Sombor en Voivodina); terminación verbal -I convertida predominantemente en o (vidio) con excepción de Dalmacia y Lika donde es a (vidija).

2. Dialecto eslavonio (también llamado arcaico scakavski). El pronombre interrogativo ¿qué? es sto; jat es i (ikavski), e (ekavski) y mezclado; acentuación es antigua con pocas influencias del grupo neostokavski, conservando el acento ˜ en todo dialecto, predominante el uso del grupo sc (scakavski). I kavski predomina en Posavina eslavonia y bosníaca, Baranja yel área del Sombor - Bac en Voivodina. Ekavski en Baja Podravina y en parte del Sirmio occidental. Las mezclas ikavo-jekavas ocurren en la Posavina eslavonia y bosníaca (dite - djeteta) y ikavo - ekavas en la Eslavonia llana (St. Mihanvci) y parte de Baranja (dite - deteta). Se dan también aisladamente usos de jat cerca de Baja en Hungría, de l en adjetivos verbales (nosil) y del grupo cr (Crnkovci).

3. Dialecto bosníaco oriental (también llamado Ijekavsko Sckavski). El pronombre interrogativo ¿qué? es sto; jat es predominantemente ije (ijekavo), acentos ` y ñ; predomina el uso del grupo sc. La sílaba no se alarga en ejemplos stàrac - stàrca (en vez de stârca), en el instrumental del género femenino desinencia - im, característica forma verbal ja bi doji, mi bi doji en vez de ja bih dosao, mi bismo dosli. Ejemplos como meja (en vez de meda) hacia oeste y suroeste. El acento antiguo ` se conserva parcialmente hacia el norte. Las mezclas de jat ocurren en Tessanj y Maglaj (dete - djetea), en Zepce y Jablanica (dijete - diteta). En la parte central del área encontramos diptongos uo en vez del antiguo l vocal (stuop, por stup, zuoc por Zuc).

4. Dialecto herzegovino oriental (también llamado el dialecto de Krajina y neo-ijekavski): el pronombre interrogativo ¿qué? es sto; jat es ije (ijekavski); acentuación neostokava; uso del grupo st. Además de los croatas (es la base de la lengua literaria croata), este dialecto lo hablan la mayor parte de la minoría servia en Croacia, parte de montenegrinos, la población de Sandzak y el área de Uzice en Servia. En los subdialectos orientales (Montenegro y Sandzak) se conserva el imperfecto con h suprimido, o sustituido con k o g (bijak, bijagu) y las formas con c y d (deca, cerati = djeca, tjerati). Entre los subdialectos croatas se destacan el de Zumberak con acentuación antigua y el de Dubrovnik con muchos elementos de los dialectos cakavski, dinárico, bosníaco oriental y los restos de la acentuación y declinación antiguas.

La población musulmana de Bosnia - Herzegovina usa en su mayoría los dialectos dinárico y bosníaco oriental y en menor parte herzegovino oriental (Sandzak y Herzegovina). Es de interés mencionar que en el área del dialecto de Zeta en Montenegro los musulmanes de Podgorica (hoy Titograd), Plav y Gusinje usan algunas formas ikavas (dite - deteta).

Es menester acotar también que los cuatro dialectos enumerados tienen en común el pronombre interrogativo sto que es también común a los dialectos servios, montenegrinos, macedonios y búlgaros. Sin embargo, las clasificaciones dialectológicas viejas eran sumamente simplistas al usar únicamente los pronombres interrogativos kaj, ca, sto como el criterio de la diferenciación.

5. Dialecto cakavski. Este dialecto ha adquirido este nombre según el pronombre interrogativo ca aunque éste ha sido sustituido ya en muchas áreas por sto e inclusive en algunos casos por kaj (al suroeste de Karlovac). En este dialecto existen varios subdialectos con notables diferencias entre sí, pero todos ellos están ligados con la característica común de haber conservado muchos arcaísmos lingüísticos. Debido a ello el dialecto cakavski es de mucho interés para los filólogos. Aquí sin embargo mencionaremos solamente algunas características más importantes: el uso de vocales de articulación cerrada e, a, o a veces convertidas en diptongos (pet = piet glava = gluava); la r vocal a puede estar acompañada de una vocal (parst, perst); antigua l vocal a veces es conservada (valna, velna); jat es predominante ikavski (sime, dite) pero puede ser también jekavo (sjeme, djete en Lastovo), ikavo - ekavo (dite, delati en el área de Zadar, Litoral Croata y Lika) y ekavo (dete, delati en Kvarner). Es característico también tsakavismo (c en vez de c y s, z en vez de s, s, z y z); el uso de los grupos cr (crv), sc (scap), jt y jd (najti, najde); el uso de v o va (vnuk, vavik); la conservación de l en j (judi, jabav); jotación incompleta (listje, divji = lisce, divlji); conservada la l verbal o su pérdida (rekal, reka = erkao), s y s en vez de c y c (maska, hrvaski (de hrvacki) = macka, hrvatski); y tres sistemas de acentuación. El vocabulario es rico en arcaísmos y se encuentra también influenciado por el italiano (venecianismos).

6. Dialecto kajkavski. Este dialecto lleva el nombre según el pronombre interrogativo kaj. Es predominantemente ekavski pero se notan influencias de ikavsko cakavski. Existen seis subdialectos (Zagorje - Medimuje, Donja Sutla, Prigorje, Goroni, Turopolje - Posvina, Krizevci - Podravina). Los cuatro primeros tienen la acentuación vieja y los últimos dos la más reciente. Los dos subdialectos que más se apartan son los de Gorani y Krizevki - Podravina. Muchas característica son comunes a unos subdialectos y ausentes en otros. Sin embargo, las características más importantes, aun cuando a veces no se extiendan a toda el área del dialecto, son las siguientes: el uso de vocales de articulación cerrada e y o a veces convertidas en diptongos (muos, vouk en Gorani); pérdida de las vocales finales no acentuadas (sim, kak = simo, kako); la vocal puede estar acompañada (carni, cerni); el grupo cr es conservado en la mayoría de los subdialectos; se conserva la l final (dal, vzel) convirtiéndose a veces en o, u o f ; existencia de consonantes protéticas procediendo a una vocal (vuho, jogenj, hrja). La declinación conserva muchos arcaísmos pero se ha perdido el vocativo. El genitivo del plural pierde la -a final (zen, penes) mientras que en género masculino tiene -of o -ef (nozof, nozef). El dativo, el instrumental y el locativo tienen sus peculiaridades: g zenam, k ljuderm, tatom, ze zenami, s tati, z ludmi, pri zenah, etc. Los sustantivos de género masculino, el acusativo del singular tienen para las cosas desinencia -a (na krof pero zrusil krova). La sibilarización está abandonada (raki, rogi = raci, rozi). Para los números 2-4 se usa el plural (dva sini, tri brati). En general, las declinaciones se asemejan más al cakavski que a los demás dialectos croatas o al esloveno. Existen varias desinencias comparativas: si, -ejsi, -eji (veksi, spametnejsi, bogateji). El futuro es característico por el uso de la forma de futuro II o el presente: bum posekel, posecem. En tercera persona del plural los verbos terminan en -jo (delajo, vlecejo, gledijo = delaju, vuku, gledaju). Los adverbios s y iz se han unido en z. En cuanto al vocabulario hay influencias alemanas y húngaras.

Diagrama de las lenguas sureslavas

 

Lengua:

Esloveno

Croata

Servio

Macedonio

Búlgaro

Nacionalidad:

eslovenos

croatas

montenegrinos

servios

macedonios

búlgaros

Dialectos:

Grupo Suroeste

Grupo Noroeste

Cakavski

Kajkavski

Dinárico

Eslavonio

Bosníaco-oriental

Herzegovino-oriental

Herzegovino-oriental

Zeta

Sumadija – Voivodina

Herzegovino-oriental

Kosovo-Resava

Torlaco: Prizren - Sur
Morava-Svrljiga - Zaplanj - Timok - Krasovan - Svinjica

Occidental

Oriental

Norte

Sur

Noreste

Sureste (Tracio)

Noroeste

Sudoeste

Alfabeto:

Latino con signos diacríticos (Gajica)

Latino con signos diacríticos (Gajica)

Cirílico reformado (servio)

Cirílico reformado (servio)

Cirílico reformado (macedonio)

Cirílico antiguo (ruso)

Nro. de Letras:

29

32 (2 de escaso uso: gj, dj)

30

30

31

33 (3 ahora fuera de uso)

Ortografía:

Etimológica

Fonética moderada

Fonética pura

Fonética pura

Fonética

Predominantemente etimológica

Base de la Lengua Literaria:

Subdialectos centrales: Dolenjsko, Gorenjsko y elementos del estirio

Dialecto herzegovino-oriental y herencia literaria

Dialecto herzegovino-oriental

Dialecto Sumadija - Voivodina

Dialecto Occidental

Dialectos Orientales

Albafetos históricos:

Latino

Glagolítico (Glagolitsa)

Cirílico croata (Bosancica)

Arabe

Latino

Glagolítico (Glagolitsa)

Cirílico eclesiástico

Cirílico eclesiástico

Cirílico rusificado

Glagolítico (Glagolitsa)

Cirílico eclesiástico

Glagolítico (Glagolitsa)

Cirílico eclesiástico
Cirílico ruso

Hay que mencionar también que los primeros tres de los dialectos croatas tienen en común el pronombre interrogativo sto (stokavski), lo que es también común a los dialectos servios, montenegrinos, macedonios y búlgaros. Antiguamente, los dialectos croatas, montenegrinos y servios se clasificaban únicamente en base al pronombre interrogativo (stokavski, cakavski, kajkavski) y basándose en la forma de jat (ikavski, ijekavski, ekavski). Esta clasificación anacrónica y simplista ha sido desplazada por una basada en el estudio de todos los aspectos dialectológicos (voces, formas, acentos, sintaxis y la riqueza del vocabulario) y no solamente en algunos, habiendo los dialectólogos (G. Ruzicic, M. Hraste, J. Vukovic, P. Ivic, D. Brozovic, B. Finka y S. Pavicic) llegado a una clasificación más completa que es la presentada aquí.

En conexión con la anacrónica división simplista de los dialectos croatas, montenegrinos o servios en stokavski, kajkavski y cakavski solamente, algunos filólogos eslavistas del siglo pasado habían asignado a cada uno de estos una nacionalidad. Para Dobrovski los croatas eran los que hablan kajkavski, mientras que los que hablan stokavski y cakavski eran "iliro-dálmatas". Para Kopitar, los croatas eran los que hablaban stokavski y cakavski, mientras los kajkavski eran los eslovenos. Por fin, para Vuk Karadzic (en su artículo "Servios son todos y en todas partes"), los servios serían todos los que hablaban stokavski, croatas los del dialecto cakavski y eslovanes los de kajkavski. Con el avance de las investigaciones lingüísticas y especialmente la eslavística, estas tesis románticas y hasta chovinistas fueron muy pronto rechazadas. El famoso filólogo eslavista Vatroslav Jagic ha contribuido a la rectificación y al esclarecimiento de dichos absurdos.

Vale la pena también mencionar que la distribución de los dialectos con anterioridad a las grandes migraciones causadas por la invasión turca en los siglos XVI y XVII era diferente de la de hoy día. El kajkavski ocupaba un área mayor, correspondiéndole aproximadamente la antigua diócesis de Zagreb (o sea abarcando la Croacia Superior, Eslavonia Occidental, el norte de la Krajina Bosníaca y la Posavina Bosníaca hasta el río Vrbas). Al cakavski le correspondía el área de aquel entonces de la arquidiócesis de Split o sea Gorski Kotar, Kvarner, Krajina Croata, Alto Pounje, Dalmacia, valles cársticos de la Bosnia Occidental, Herzegovina Occidental y el litoral de Dubrovnik. En el resto de Bosnia hasta el río Drina, resto de Eslavonia y en Herzegovina Oriental se hablaba un dialecto croata caracterizado por la afinidad al cakavski y kajkavski y el uso del stokavski, ikavski, scakavski y la j (meja), o sea un dialecto común de los que son actualmente dialectos dinárico, eslavonio y bosníaco oriental.

 

Lengua literaria

 

Probablemente con anterioridad al siglo IX los croatas empiezan a usar paleoslavo eclesiástico también como su lengua literaria en caracteres conocidos como alfabeto glagolítico (Glagolitza). Su introducción hasta los últimos tiempos ha sido considerada generalmente como obra de los discípulos de los Apóstoles eslavos Cirilo y Metodio. Ultimamente se sostiene con buenos argumentos la tesis sobre otros y anteriores orígenes de la glagolitza croata. (Ver Nros. 39, 40 de la bibliografía general). Mientras que los documentos oficiales de esta área se escribían en latín, el paleslavo escrito en las letras glagolíticas se conservaba en los textos litúrgicos de la iglesia croata, siempre católica, apostólica y romana. Con el pasar del tiempo la lengua vernácula empieza a penetrar en los textos paleoslavos. El más antiguo documento, una mezcla del croata vernáculo y del paleoslavo eclesiástico y en caracteres glagolítico, en la Lápida de Baska (Bascanska ploca) que data de los años 1100. (Reproducida en "Studia Croatica" Vols. 14-15, p. 49). Para esta época los documentos públicos y los códigos de leyes empiezan a escribirse en croata vernáculo (Documento de Ban Kulin - Isprava Kulina Bana, 1189; Código de Vinodol - Vinodolski Zakonik, 1288). Con la penetración del idioma vernáculo croata en la literatura apócrifa y litúrgica se desarrolla una importante literatura glagolítica. (Las vidas de los Santos, cuentos y novelas), en gran parte traducciones. Al lado del alfabeto glagolítico aparecen ahora el alfabeto cirílico en su modalida croata (Bosnia, Dalmacia del Sur) y el alfabeto latino (Istria, Dalmacia). Sin embargo, desde el siglo XIV predomina el alfabeto latino, aunque los otros dos (glagolítico y cirílico croata) subsisten hasta el siglo XIX. La primera obra de importancia en la literatura croata es el poema Judita (1501) de Marko Marulic, según el mismo poeta "compuesto en versos croatas" ("u versi hrvacki slozena"). De aquí en adelante una rica literatura en croata fue escrita en los siglos XVI, XVII y XVIII. Además de los motivos religiosos, es inspirada también por la belleza de la mujer, el amor, la juventud, el patriotismo y los sufrimientos causados por las guerras turco-cristianas de esta época. Los escritores escribían en el dialecto de su región: Marulic, Lucic, Hertorovic, Zoranic, Krnarutic y Barakovic en cakavski; Cubranovic, Vetranovic, Naljeskovic, Drzic, Gundulic, Bunic-Vucic, Pamotic, Zrinski, Frankopan, Ritter-Vitezovic, Durdevic, Kanizlic, Gravobac, Kacic, Reljkovic y Katancic en stokavski-ikavski o stokavsko-ijekavski; y Habdelic, Brezovacki y Stos en kajkavski. La ortografía tampoco era unificada, en las regiones suroccidentales se sentía la influencia italiana y en las regiones del noroeste la húngara. En el territorio dominado por los turcos, los croatas católicos seguían usando el cirílico de modalidad croata (Bosancica) y los croatas musulmanes los caracteres árabes. Hacia fines del siglo XVI y bajo la influencia de la contrarreforma se hicieron intentos de usar una lengua literaria artificial común para todos los eslavos (Temperica, Budinic, Komulivic). Pero ya Kasic, autor de la primera gramática croata (Instituciones Linguae Illyricae, Roma 1604), y Mikalja, autor de un diccionario croata (Tesaurus linguae Illyricae sive Diccionrium Illyricum, Loreto y Ancona, 1649 y 1651) promueven el uso del dialecto de Bosnia (stokavski, ikavski o ijekavski) como lengua literaria. Siguiendo este esfuerzo varios escritores cakavos escribenen stokavski (Vitaljic, Kavanjin, Ritter-Vitezovic, etc.), mientras que otros (Budinic, Ritter-Vitezovic) tratan de reformar la ortografía usando signos diacríticos (c, z) y asignan a cada voz una letra. Estos esfuerzos para establecer una lengua literaria común no tuvieron éxito duradero. Solamente el movimiento nacional croata, llamado ilíciro, del siglo pasado, bajo el liderazgo de Ljudevit Gaj (1809-1871) introduce entre los croatas una ortografía única (Breve Fundamento de la Ortografía Croato-Eslava - Kratka osnova horvatski-slavenskoga pravopisaña) en la cual, siguiendo los ejemplos de Ritter-Vitezovic y de la ortografía checa, propone el uso de las letras con signos diacríticos (c, z, s y l, n, d modificadas). Mientras que las tres primeras letras fueron aceptadas (c, z, s - ch, j francesa, sh inglesa) para las tres siguientes fueron aceptados caracteres dobles (lj, nj, dj o gj = ll, ñ, g inglesa en George) tomada de las sugerencias de Ritter-Vitezovic. Gaj, además, introduce en 1836 la lengua común literaria basada en el dialecto herzegovino oriental (stokavski - ijekavski), la ortografía etimológica y elsigno e con el acento para el jat. En el campo de la gramática los ayudantes principales del Gaj eran A. Mazuranic (1805-1888) y V. Babukic (1812-1875); el primero publicó dos "Gramáticas Ilíricas" en 1836 y 1854, y el segundo "Bases de las Lenguas Ilírica y Latina") en 1839 y la "Gramática Croata para los Liceos" en 1859.

En 1850 fue concertado en Viena un acuerdo literario estando presentes los croatas: I. Kukuljevic, D. Demeter, I. Mazuranic, V. Pacel, S. Pejakovic; los servios: V. Karadzic y D. Danicic; y el esloveno F. Miklosic. Este acuerdo propone el uso del dialecto herzegovino oriental como lengua literaria, el uso de ije y j3 en vez de e con signo diacrítico y el abandono de la vocal que acompañaba a la r vocal y de la h en el genitivo del plural. Aunque publicadas por Gaj, las recomendaciones del acuerdo no se llevaron a cabo sino mucho más tarde. Hacia los fines del siglo XIX existen dos focos lingüísticos croatas: las llamadas Escuelas de Zagreb y de Rijeka. En la primera actúan después de Lj. Gaj, A. Mazuranic y V. Babukic, el gramático y escritor A. Veber-Tkalcévic (1825-1895) y el lexicógrafo B. Sulek (1816-1895). En la segunda milita F. Kurelac (1811-1874). La Escuela de Zagreb defiende el uso de la desinencia -h en el genitivo del plural (ahavci), lucha por la purificación de la lengua literaria creando nuevos vocablos y croatizando los términos checos y rusos, crea la terminología científica y en general capacita la lengua para el uso fácil y lógico en las escuelas, la administración y las ciencias. F. Kurelac de la Escuela de Rijeka trataba de sintetizar una lengua literaria artificial de varios dialectos populares y de la antigua literatura croata, pero no tuvo éxito.

El gran filólogo eslavista V. Jagic (1838-1923), aunque la mayor parte de su vida y de su actividad científica transcurrieron fuera de Croacia, logra con razonamientos estrictamente científicos corregir los errores del romanticismo nacionalista en la lingüística (Vuk Karadzic, Kopitar) que asignaba a los croatas un dialecto solamente: cakavski o kajkavski. También participa Jagic en las polémicas y escribe sobre temas de variado interés lingüístico.

A fines del siglo XIX y a principios de nuestro siglo, un grupo de filólogos se orienta hacia las enseñanzas de los lingüistas servios Vuk Karadzic y D. Danicic (fonética en ortografía y el lenguaje estrictamente popular). En consecuencia, los croatas obtienen ortografía fonética al publicarse en 1892 "La Ortografía Croata" de I. Broz (1852-1893). Siguen la "Gramática y Estilística" de T. Maretic (1854-1938) publicada en 1899, 1931 y 1963. "El Diccionario de la Lengua Croata" de I. Broz y F. Ivekovic (1834-1914), publicado en 1901, tiene el defecto principal de haberse sus autores limitado únicamente al material publicado por los lingüistas servios Vuk Karadzic y D. Danicic, faltando en el diccionario muchas palabras de uso corriente en el idioma croata. Mientras tanto, la Academia Sureslava de Ciencias y Artes (JAZU) de Zagreb publica desde 1880 un extenso "Diccionario de la Lengua Croata o Servia", habiéndose publicado hasta la fecha 17 volúmenes y que está por completarse. Al terminarse contendrá un total de 250.000 palabras. (No están incluidas las palabras del kajavski de modo que está por publicar el diccionario de kajkavski como complemento necesario a dicho diccionario histórico de la lengua literaria croata).

"La Ortografía Croata" de Broz la siguió publicando D. Boranic (1870-1955), habiéndose impreso 10 ediciones. La ortografía de Boranic estabilizó la lengua literaria croata en el uso de la fonética moderada en contraste con la ortografía servia puramente fonética de A. Belic. Sin embargo, hubo intentos de retornar la ortografía etimológica (S. Radic y el período 1941-1945).

Debido a la adopción en el siglo pasado del dialecto herzegovino oriental (stokavski - ijekavski) como base de la lengua literaria croata y del dialecto Voivocina-Sumadija (stokavski - ekavski) como base de la lengua literaria servia, o sea de dos dialectos geográfica y lingüísticamente cercanos, se operó cierto acercamiento entre ambas lenguas con una serie de coincidencias gramaticales y lexicográficas.

Sin embargo, se debe al mismo uso de estos dos dialectos diferentes, al uso de dos alfabetos diferentes y además a una serie de factores y razones, que sigan existiendo dos lenguas literarias y dos literaturas separadas. La primera razón es que entre los croatas existió una rica literatura en el lenguaje vernáculo en los siglos XVI, XVII y XVIII con la consiguiente tradición y herencia literarias. Entre los servios las creaciones literarias anteriores al siglo XIX son relativamente pocas, escritas en los lenguajes paleoslavo y servio-eslavo. Este último es una mezcla artificial del paleoslavo y el vernáculo, sumamente rusificado en los siglos XVIII y XIX. Después de la adopción del herzegovino orienta como base de la lengua literaria croata siguen sintiéndose, sin embargo, las influencias de la herencia literaria, mientras que los servios se orientan exclusivamente hacia las fuentes populares.

La existencia de dos centros culturales y literarios con orientación diferente, Zagreb para los croatas y Novi Sad y Belgrado, para los servios, mantuvo dos atmósferas diferentes en la subsiguiente creación literaria, manteniéndose las diferencias existentes y creándose nuevas y formándose dos grupos de lectores, croatas y servios. En la actualidad las diferencias son fonéticas, morfológicas, sintáticas, estilísticas (unas siete mil palabras de uso corriente), de alfabeto y la ortografía.

En 1954 se efectuó en Novi Sad, Voivodina, una reunión de unos 30 literatos y lingüistas croatas y servios. El resultado fue la decisión de elaborar una ortografía y un diccionario común con la idea de crear una lengua literaria "croataservia y serviocroata" (hvatskosrpski o sprskohrvatski) para el uso de los croatas, servios y montenegrinos. De las conclusiones se desprende que la reunión fue, si no abiertamente presionada, por lo menos promovida por ciertos círculos oficiales interesados en el integracionismo yugoeslavo a expensas de las individualidades nacionales y literarias servia y croata. La reunión llegó, sin embargo, a reconocer la igualdad de las dos "variantes", la occidental o croata y la oriental o servia en la "lengua literaria común".

En 1960 se publicó simultáneamente en Croacia y Servia la ortografía unificada. Esta ortografía es un compromiso entre la ortografía croata de D. Boranic y la ortografía servia de S. Belic. Según ella, siguen usándose dos alfabetos (el latino croata y el cirílico servio), mientras que las diferentes formas fonéticas (ijekavskicroata y ekavski servio), sintácticas, estilísticas y costumbristas tanto del croata como del servio son incorporadas a la lengua literaria común. Se espera la publicación simultánea de dos diccionarios, uno en Zagreb (alfabeto latino) y otro en Novi Sad (alfabeto cirílico). Estos diccionarios deberían incluir "la riqueza lexicográfica de las literaturas croata y servia desde el renacimiento nacional en el siglo XIX hasta la fecha,incorporando todo lo que se ha desarrollado correctamente".

Mientras tanto, los croatas usan "la variante occidental" y los servios "la variante oriental", llamándola como siempre lenguas croata y servia, respectivamente. Se siente, sin embargo, la presión del vocabulario y foneticismos servios en Croacia y particularmente en Bosnia-Herzegovina. Los más afectados son el periodismo, la radio, la televisión, la enseñanza escolar, la documentación y publicaciones oficiales, los formularios, estampillas, el lenguaje militar, económico y diplomático. Por ese motivo las 18 instituciones croatas que agrupan a los escritores y lingüistas croatas publicaron en marzo de 1967 la ya célebre "Declaración sobre la denominación y la situación del idioma literario croata", exigiendo que se lo denomine como idioma nacional de Croacia y se le reconozcan los mismos derechos del idioma servio favorecido oficialmente en menoscabo del croata.

 

Bibliografía

Abreviaturas:

 

MH = Matica Hrvatska (Centro Cultural y Literario Croata).

JAZU = Jugoslavenska Akademija Znanosti i Umjetnosti (Academia Sureslava de Ciencias y Artes).

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20. Maretic, T., Gramatika e stalistika hrvatskoga ili srpskoga knjizevnoga jezika (Gramática y Estilística de la Lengua Literaria Croata o Servia), Zagreb, 1899, 1931.

21. Leskiean, A., Grammatik der Serbo-Kroatischen SpracheI, Heidelberg, 1914.

22. Resetar, M., Elementar - Grammatik der Koratischen Sprache (Gramática Elemental de la Lengua Croata), Zagreb, 1916, 1922.

23. Florschütz, J., Gramatika hrvatskog jezika (Gramática de la Lengua Croata), Zagreb, 1939.

24. Hamm, J., Gramatika starocrkvenoslavenskog jezika (Gramática de la Lengua Paleslava Eclesiástica), Zagreb, 1939.

25. Brabec, I., Hraste, M., Zivkovic, S., Gramatika hrvatskoga ili srpskoga jezika (Gramática de la Lengua Croata o Servia), Skolska Snjiga, Zagreb, 1954.

26. Maretic, T., Gramatika hrvatskoga ili srpskoga knjizevnoga jezika (Gramática de la Lengua Literaria Croata o Servia), MH, Zagreb, 1963.

 

Diccionarios y léxicos

 

1. Vrancic, F., Dictionarium quinque nobilissimarum Europae Linguarum, Latinae, italicae, Germanicae, Dalmatiae et Ungaricae, Venecia, 1595.

2. Hevaji-Uskufi,M., Potur-sahidija (Diccionario Croata-Turco), 1631.

3. Mikalja, J., Blago jezikaslovinskoga illi Slovnik - Thesaurus linguae Illyricae sive dictionarium Illyricum, Loreto, 1649, Ancona, 1651.

4. Habdelic, J., Dictionar ili Rechi Szlovenszke (Diccionario o las Palabras Eslavas), Graz, 1670.

5. Della Bella, A., Dizionario Italiano, Latino, Illirico, Venecia, 1728, 1785.

6. Jambresic, A. Index vocum croaticarum et germanicarum cum brevi introductione and linguam croaticam, Zagreb, 1738.

7. Belostenec, I., Gazophylacium seu Latino-Illyricorum onomatum aerariu, 2 tomos, Zagreb, 1740.

8. Jambresic, A., Lexicon Latinum interpretatione Illyrica, Germanica et Hungarica, Zagreb, 1742.

9. Stulli, J., Lexicom Latino - Italo - Illyricum, 2 tomos, Budapest, 1801.

10. Voltic-Voltiggi, J., Ricsoslovnik Illiricskoga, Italijanskoga i Nimacskoga Jezika, Viena, 1803.

11. Stulli, J., Rjecsosloxje (Diccionario), 2 tomos, Dubrovnik, 1806.

12. Stulli, J., Vocabulario Italiano -Illyrico - Latino, Dubrovnik, 1810.

13. Sulek, B., Nemacko-hrvatski rjecnik (Diccionario Alemán-Croata), 2 tomos, Zagreb, 1860.

14. Sulek, B., Rjecnik znanstvenoga nazivlja (Diccionario de los Términos Científicos), Zagreb, 1874.

15. JAZU, Rjecnik hrvatskoga ili srpskoga jezika (Diccionario de la Lengua Croata o Servia), 17 tomos (16.000 páginas, 250.000 palabras), Zagreb, desde1880 hasta el presente.

16. Nemicic, M., Medicinski rjecnik (Diccionario de la Medicina), Zagreb, 1898, 1913.

17. Broz, I. y Ivekovic, F., Rjecnik hrvatskoga jezika (Diccionario de la Lengua Croata), 2 volúmenes, Zagreb, 1901.

18. Mazuranic, V., Prionosi za hrvatsko pravno-povjestni rjecnik (Contribuciones para el Diccionario Croata Jurídico-Histórico), JAZU, Zagreb, 1808-1923.

19. Bogadek, F. A., New English-Croatian and Croatian-English Dictionary, Hofner, New York, 1926, 1944, 1947.

20. Samsalovic, G., Njemacko-hrvatsko-srpski rjecnik y Hrvatsko-srpski-njemacki rjecnik (Diccionario Alemán-Croata-Servio y Croata-Servio-Alemán), Zagreb, 1929, 1960.

21. Samsalovic, G., Leksikon Minerva (Léxico Minerva), Zagreb,1936.

22. Velikanovic, I. y Andric, N., Sta je sta, stvarni hrvatski rjecnik u slikama (Diccionario Croata Ilustrado), Zagreb, 1938.

23. Androvic, I., Rjecnik talijansko-hrvatski (Diccionario Italiano-Croata), Zagreb, 1938.

24. Hirtz, M., Rjecnik zooloskih maziva (Diccionario de los Términos Zoológicos), Vol. 1 y 2, JAZU, Zagreb, 1942.

25. Androvic, G., Dizionario delle lingue croata e italiana, 2 tomos, Hoepli, Milano, 1943.

26. Benesic, J., Hrvatsko-poljski rjecnik (Diccionario Croata-Polaco), Zagreb, 1949.

27. Sremec, N. (ed.) Sveznadar (Léxico), Seljacka Sloga, Zagreb, 1953.

28. Filipovic, R., Englesko-Hrvatski Rjecnik (Diccionarioi Inglés-Croata), Zagreb, 1955.

29. Deanovic, J. y Jerney, Hrvatsko-srpski-talijanski rjecnik (Diccionario Croata-Servio-Italiano), Zagreb, 1956.

30. Doyre, J., Deanovic, M., Maixmer, R., Hrvatsko-srpski-francuski rjecnik (Diccionario Croata-Servio-Francés), Zagreb, 1956.

31. Tolstoj, I. I., Serbsko-horvatsko-russkij slovar (Diccionario Servio-Croata-Ruso), Moscú, 1957.

32. Klaic, B., Rjecnik stranih rjeci, izraza i kratica (Diccionario de los Términos, Expresiones y Abreviaciones Extranjeras), Zagreb, 1958.

33. Selakovic, M. y Vrancic, L., (ed.) Prirucni leksikon (Manual-Léxico), Znanje, Zagreb, 1959.

34. Filipovic, R., Rjecnik stranih rjeci (Diccionario de los Términos de las Lenguas Extranjeras), Zagreb, 1960.

35. Drvodelic, M., Hrvatsko-engleski rjecnik (Diccionario Croata-Inglés), 1961.

 

Publicaciones periódicas

 

1. Rad JAZU, Odjel za filozofiju (Trabajos de la Academia Sureslava de Ciencias y Artes, Sección de Filología), Zagreb, desde 1867.

2. Stari pisci hrvatski (Antiguos Escritores Croatas), JAZU, Zagreb, desde 1867. Hasta la fecha publicado 32 volúmenes.

3. Gradja za provijest knjizevnosti hrvatske (Material para la Historia de la Literatura Croata), JAZU, Zagreb, desde 1897. Hasta la fecha publicados 28 volúmenes.

4. Noviji pisci hrvatski (Los Escritores Croatas Recientes), JAZU, Zagreb, desde 1949. Hasta la fecha publicados 12 volúmenes.

5. Hrvatski latinisti (Los Latinistas Croatas), JAZU, Zagreb, desde 1951. Hasta la fecha publicados 5 volúmenes.

6. Jezik (La Lengua), Hrvatsko filolosko drustvo (Sociedad Filológica Croata), Skolska knjiga, Zagreb, desde 1952.

7. Filologija (Filología), Hrvatsko filolosko drustvo (Sociedad Filológica Croata y JAZU), Zagreb, desde 1957. Hasta ahora publicados 4 volúmenes con resúmenes en otros idiomas.

8. Radovi Staroslavenkog Instituta (Trabajos del Instituto Paleoslavo), Instituto Paleoslavo, Zagreb.

 


El caso del padre Draganovic

Una discusión acerca de los valores ideales que termina en un knock-out físico y de propaganda

Francisco Nevistic, Buenos Aires

 

"No hay necesidad de matar a un ser humano en un campo para hacerlo sufrir; basta con darle un puntapié para que caiga en el barro. Caer equivale a morir. Lo que se levanta no es ya un ser humano sino un monstruo ridículo embadurnado de barro" (Madame Lewinska: Vingt mois à Auschwitz, pp. 61-62, citado según el libro Los Hombres contra lo Humano, de Gabriel Marcel, Ed. Librería Hachette S.A., Buenos Aires, 1955, p. 38.)

Las postrimerías del año último, repleto de grandes sorpresas, nos trajo una nueva noticia inesperada y resonante: la misteriosa desaparición de la órbita del mundo libre del Dr. Krunoslav Draganovic, sacerdote croata, historiador, ex catedrático de la Universidad de Zagreb y hombre vastamente conocido por su labor caritativa y humanitaria, y su sorpresiva aparición en la Yugoeslavia comunista, en circunstancias harto extrañas y complejas.

Su desaparición al principio estuvo envuelta en absoluta silencio. Parecía que estábamos ante un "crimen perfecto". Había desaparecido un hombre, una figura pública, un intrépido adversario del comunismo. Se le había perdido el rastro. Las monjas del colegio de Pressbaum, cerca de Viena, donde el padre Draganovic era director espiritual y profesor y donde residía, ante su larga y desacostumbrada ausencia alertaron a sus amigos y a las autoridades eclesiásticas y civiles de Austria. Los exiliados políticos croatas, especialmente sus amigos más allegados, muy preocupados, empiezan a golpear las puertas del mundo libre, sosteniendo que Draganovic fue víctima: o lo llevaron por la fuerza o lo liquidaron en alguna parte, sin testigos. Se sabe que a fines de agosto de 1967 estuvo en Munich, donde firmó el contrato para la publicación de un trabajo científico suyo. De allí, a principios de septiembre partió para Roma donde se encontró con varios amigos y luego emprendió el viaje den regreso vía Trieste, a Pressbaum. En los días 8 y 9 de septiembre fue visto en Trieste. Desde ese momento se le perdió el rastro. Los exiliados croatas, radicados en todos los continentes, quedaron consternados. Sus emociones y pensamiento confluían en un negro presentimiento, acaso una realidad despiadada: Draganovic es raptado, torturado y tal vez asesinado por orden del régimen comunista de Belgrado.

El mundo libre empezó a reaccionar. La Radio Nacional de Madrid comunica el 14 de octubre la triste primicia acerca de la desaparición del Dr. Draganovic. Luego se abre la campaña en la prensa austríaca e italiana. En la austríaca por cuanto Draganovic en 1956 optó por la ciudadanía de ese país, y en la italiana por haber desaparecido de su territorio, en los alrededores de Trieste.

El gobierno austríaco, considerándolo su deber y alentado por otra parte por repetidos llamamientos de los refugiados croatas de todas partes del mundo, se interesa ante el gobierno comunista yugoeslavo por el destino de su ciudadano de origen croata. Belgrado contesta no saber nada sobre el particular. Pocos días después, precisamente el 10 de noviembre de 1967, el secretario de informaciones del gobierno yugoeslavo reconoce que ya el 17 de septiembre el padre Draganovic se había presentado "voluntariamente" ante las autoridades yugoeslavas, acogiéndose a la Ley de la amnistía y que se hallaba libre en Sarajevo, capital de la República socialista de Bosnia y Herzegovina.

Desde entonces l'affaire Draganovic es el tema controversial especialmente en la prensa, la radio y la televisión europeas.

No nos interesa aquí la cronología para reproducir cuanto se ha dicho y escrito; por falta de espacio nos circunscribiremos a registrar algunos diarios y sus titulares en comprobación de nuestros asertos[30].

Se impone el interrogante ¿por qué el caso Draganovic cobró tanta publicidad? La respuesta nos la dará su personalidad y el trabajo de ese eminente sacerdote católico.

 

El perfil humano y la obra del Dr. Draganovic

 

K. Draganovic nació el 30/10/1903 en Matici, distrito de Brcko, Bosnia. La escuela primaria y dos años de la secundaria los cursó en el colegio de los jesuitas de Travnik (Bosnia) y los grados restantes los terminó en Sarajevo. Luego se inscribió en la Facultad de Ingeniería en Viena, mas tras los primeros exámenes, que rindió con las mejores calificaciones, Draganovic se vio atraído por la vocación sacerdotal. En lugar de ingeniero mecánico prefirió ser "el ingeniero de las almas". Se dedica al estudio del griego y del latín para poder ingresar en el seminario mayor de la arquidiócesis de Sarajevo. Alumno excelente, dominó muy pronto todas las asignaturas y en 1928 fue ordenado sacerdote. El arzobispo de Sarajevo, monseñor Juan E. Saric, poeta e incansable organizador de la Acción Católica, lo manda a Roma donde Draganovic amplía sus estudios en el Instituto Oriental Pontificio, recibiendo el título de doctor. Vuelto a Sarajevo, se desempeña como secretario del arzobispo Saric, luego como director de la cancillería diocesana y como primer presidente del tribunal eclesiástico de la arquidiócesis. En 1940 es nombrado por concurso profesor adjunto de historia eclesiástica en la Universidad de Zagreb y en 1942 designado profesor titular. En este período, paralelamente con las agotadoras y responsables tareas administrativas, Draganovic trabaja intensamente en investigaciones históricas. El fruto de ese trabajo son las obras: Los croatas de Bosnia y Herzegovina a la luz de las estadísticas, Sarajevo, 1926: Historia de las provincias croatas de Bosnia y Herzegovina, Sarajevo, 1942. En esta obra Draganovic ilustra la historia de esas provincias a través del desarrollo de la Iglesia Católica en los siete siglos anteriores a la llegada de los otomanos en 1463. Las conversiones masivas de los católicos a ortodoxia servia en los territorios de la lengua croata durante el dominio turco. Esa monografía, con sólidos fundamentos científicos, escrita en alemán para su primera edición, forma parte de la disertación doctoral del padre Draganovic. Se publicó en la revista Orientalia Christiana Periodica.

Croatia Sacra, compendio sobre la historia de la Iglesia Católica en Croacia, redactada en latín, luego traducida al italiano y editada en Roma en 1943 en 3000 ejemplares, con prólogo del cardenal Fumassoni Biondi.

Con estos trabajos científicos el joven sacerdote Draganovic había cobrado reputación de talentoso historiador. Sin embargo, la Providencia marca otro rumbo a su actividad pública. En 1943, en medio del torbellino bélico, cuando el pueblo croata lucha por su derecho de autodeterminación contra los enemigos internos y externos, Draganovic, atendiendo el deseo del episcopado y del gobierno croatas, se traslada a Roma para encargarse de la atención de los internados croatas que los italianos sacaron de sus hogares y recluyeron en distintos campos de concentración en Italia. Entre ellos había también eslovenos y montenegrinos, en total 80.000 personas. En cooperación con la Asistencia Pontificia, Draganovic desplegó gran actividad caritativo-humanitaria en beneficio de todos sin distinguir quién era croata, quién esloveno o montenegrino, o católico u ortodoxo.

Cumple con esta noble misión hasta el término de la guerra cuando sus desvelos, esfuerzos y preocupaciones se vieron centuplicados. Pues el 15 de mayo de 1945, el ejército croata, congregado en el campo de Bleiburg, en la frontera esloveno-austríaca, se entregó al ejército británico. Las autoridades militares inglesas, a su vez, los entregaron junto con millares de civiles a los guerrilleros que obedecían a las órdenes del gobierno comunista de Belgrado. Se calcula que en esa ocasión fueron entregados y luego asesinados más de 200.000 personas entre civiles y soldados, hombres y mujeres, ancianos y niños. Miles de croatas lograron escapar y se refugiaron en Austria e Italia. Mas no estaban seguros, por cuanto enjambres de agentes comunistas yugoeslavos y soviéticos, a veces en complicidad con las autoridades aliadas, los perseguían y les daban caza como si se tratase de salvajes. En ese desierto y la incomprensión total, la única esperanza fue el Vaticano y allí, el promotor de la acción de salvamento, se llamaba Draganovic. Consciente de lo que habíale pasado a su patria y a sus hermanos croatas, Draganovic hace esfuerzos sobrehumanos para prestarles ayuda. En ello cuenta con el apoyo de la Asistencia Pontificia, la Cruz Roja Internacional y varias instituciones religiosas y civiles italianas. Muchos exiliados croatas le deben la vida y otros el haberles abierto la puerta de una nueva existencia en los países libres de ultramar. El rev. Draganovic cumplía esta misión en frecuente contacto con S.S. Papa Pío XII y el Mons. Montini, hoy Papa Paulo VI. Gracias a su magnánima comprensión y ayuda, la acción de Draganovic tuvo gran éxito en uno de los momentos más dramáticos de la nación croata. Precisamente a causa de esta labor humanitaria y abnegada las autoridades comunistas yugoeslavas lo tildaron de "criminal de guerra" y "enemigo nro. 1". Contestando la invectiva personal contra él, publicada en Der Spiegel de 29/IV/1964. Draganovic dijo: "Cómo me convertí en 'bestia negra' del régimen de Tito, yo mismo no podría decirlo. Conjeturo que he merecido este 'honor' por haber cumplido con mi deber cristiano de ayudar al prójimo en la necesidad..." [31].

Este trabajo prosiguió hasta 1954, cuando se inaugura una nuevo curso en la política vaticana. El mundo libre renuncia a una cruzada contra el comunismo, especialmente en Europa. El comunismo se afianza cada vez más como poder soberano sobre millones de católicos del sur y este europeos. El catolicismo, como institución y como fieles, soporta, la presión más fuerte de los regímenes comunistas. Por ello el Vaticano busca nuevos caminos para aliviar la vida de sus adeptos. Draganovic, inflexible adversario del comunismo y conocer cabal de las relaciones internas en su país, disiente en algunos aspectos del nuevo curso político en lo que concierne a Yugoeslavia, donde los croatas como individualidad nacional corren grave riesgo. Para no obstruir los esfuerzos del Vaticano, abandona Roma y se traslada a Austria, opta por la ciudadanía de ese país y se desempeña como directo espiritual y profesor en el colegio de las monjas en Pressbaum, cerca de Viena. En la paz monacal se aboca nuevamente a la indagación histórica. Trabaja a menudo en el archivo de Viena y prepara un nuevo estudio sobre las relaciones de Bosnia y Herzegovina con el imperio de los Habsburgo. Pero su extraordinario dinamismo no se agota en eso.

Draganovic, ferviente patriota croata, queda en contacto permanente con los exiliados croatas y sus problemas religiosos, socialistas y políticos. Lo que más lo mortifica es el preludio sangriento de esta corriente de refugiados, la tragedia de Bleiburg. Durante 20 años recoge material y datos para una obra en la que con documentos y testigos oculares mostraría al mundo la dimensión de esta tragedia y los horrores del crimen, del genocidio perpetrado por el gobierno comunista de Belgrado contra los indefensos civiles y soldados croatas desarmados al finalizar la última contienda mundial. Viaja mucho por Europa, especialmente a Bonn, Munich, Trieste y Roma, donde presta ayuda a los necesitados exiliados croatas, y en agosto de 1967 emprende un nuevo viaje para visitar a amigos y connacionales, radicados en casi todos los países de la Europa occidental. Durante ese viaje debió firmar también el contrato relativo a la publicación de su obra documental sobre la Tragedia de Bleiburg. Según la información, publicada en Volksbote (Munich 4º 50 del 16-12/67), dicha obra constituiría un tremendo cargo contra el régimen comunista de Belgrado por tamaño crimen que supera la imaginación humana. Sobre el contrato se discutió en Munich a fines de agosto. De allí, el rev. Draganovic partió a Roma y de Roma, como queda dicho, salió para Pressbaum vía Trieste, donde se le perdió el rastro. Recién el 10 de noviembre las autoridades yugoeslavas informan que Draganovic se halla en su poder.

Se impone la pregunta, ¿qué le había ocurrido al padre Draganovic? ¿Fue raptado y por la fuerza llevado a Yugoeslavia o regresó voluntariamente? ¿Qué le espera en el futuro inmediato?

De los numerosos comentarios e informaciones publicados en la prensa internacional sobre ese caso y sus implicaciones, cabe deducir dos tesis opuestas. Una proviene del gobierno comunista yugoeslavo y sus acólitos en el mundo libre. La otra es de los exiliados croatas y la prensa independiente, que persiguen únicamente establecer la verdad. La tesis oficial del gobierno de Belgrado y sus simpatizantes, como ser Die Welwoche, Der Spiegel y Die Weltpresse, sostienen que el padre Draganovic regresó a la Yugoeslavia comunista voluntariamente. Lo que es característicos en esos órganos de opinión pública es la actitud casi hostil no sólo hacia la persona del padre Draganovic, sino hacia la nación croata. En cambio, los refugiados croatas y buena parte de la prensa mundial sostienen firmemente que el padre Draganovic fue conducido contra su voluntad a la Yugoeslavia comunista. Una parte de la prensa europea, si no acepta totalmente esta tesis, por lo menos pone en tela de juicio la tesis comunista yugoeslava, aportando argumentos que la hacen insostenible.

El autor de este artículo conoce al padre Draganovic desde hace casi 40 años. Debe admitir que pocos croatas le impresionaron como Draganovic. Lo conocí en 1931, sacerdote joven, alto, esbelto, sonriente y siempre activo. Su aspecto y ademanes, sobre todo en la conversación, anunciaban la armonía la altura de su vida interior, intelectual y espiritual. Sus ideas rectoras eran de índole metafísica: servir a Dios, al pueblo croata y al hombre en general a la luz de la fe integral y del ejercicio práctico de los valores éticos y jurídicos. Sabía estimular y entusiasmar; trazaba y promovía acciones de carácter intelectual, organizativo, científico, docente, caritativo y social.

Sabemos que las simpatías pertenecen al mundo emocional, que disminuyen nuestro discernimiento objetivo e imparcial. Pese a las simpatías que tenemos al padre Draganovic, nos esforzamos en ofrecer un cuadro objetivo de su caso, presentarlo en forma completa e imparcial. Como si esta vez el sentimiento de simpatía actuara en forma opuesta a los sentimientos subjetivos. La atracción especial, aquel encanto muy peculiar que fluía de la personalidad del padre Draganovic como sacerdote e historiador, patriota y organizador caritativa, era su amor a la verdad. Su apego a la verdad y a los valores que podríamos resumir en la noción de la Justicia, nos obligan a ser objetivos. No era por casualidad que abrazó la vocación sacerdotal en su edad ya madura, pues abrazar la vocación del sacerdote católico implica la renuncia completa de los placeres y comodidades que ofrece este mundo. El sentido de la vida se logra, le decía la voz íntima de su conciencia, si renuncias a la promisoria carrera de ingeniero y cargas con su cruz siguiendo al Señor. "Si vis perfectus esse..." resonaban estas palabras en el alma del joven, superando todas las promesas atrayentes de una carrera técnica en nuestro mundo técnico.

Tras esta pequeña digresión, volvamos al meollo del problema. ¿El padre Draganovic fue llevado por la fuerza o regresó voluntariamente a la Yugoeslavia comunista, donde vive oprimido su pueblo croata?

¿Qué abona la tesis de los comunistas yugoeslavos y de sus amigos en el mundo? Solamente los improbalia et impossibilia. Según el New York Times del 11/11/1967, en la conferencia de prensa de la víspera, los representantes del gobierno comunista de Belgrado, A. Humo y el fiscal estatal Zugic, declararon que el padre Draganovic había decidida cambiar su vida y actividad y por eso volvió a la patria. A. Humo (un comunista servio de Herzegovina, quien justificaba sin remordimiento alguno la reclusión de 13 padres franciscanos en un refugio antiaéreo en febrero de 1945 en Siroki Brijeg, Herzegovina, quienes luego fueron rociados con nafta y quemados vivos por los guerrilleros comunistas), dijo también en dicha conferencia que Draganovic admitía la inexistencia del pretendido problema nacional croata-servio; que no era ya partidario de la independencia de Croacia y estaba muy bien impresionado por el progreso de toda índole que pudo observar en la Yugoeslavia comunista. Para dar crédito a esta declaración, el fiscal Vladimiro Zugic entregó al día siguiente en Sarajevo las fotocopias de una carta escrita, según la tesis oficial, por el mismo padre Draganovic, en la que éste admite haber regresado libremente para someterse al proceso judicial, elogiando a la vez el comportamiento correcto de las autoridades para con él y el notable progreso técnico, económico y político de la Yugoeslavia comunista y plurinacional. Según la información del diario vienés "Die Presse" del 18/11/1967, esta afirmación del regreso libre, la repitió Draganovic también en la conferencia de prensa que celebró en el Kristalbar en los alrededores de Sarajevo, organizada por los comunistas yugoeslavos. El padre fue llevado a la misma en compañía de los agentes secretos del gobierno y los documentos personales de todos los periodistas fueron estrictamente verificados. Más tarde Draganovic confirmó su "regreso voluntario" también al agregado cultural austríaco en Belgrado. Como siempre, en esta ocasión también estuvo presente un agente comunista yugoeslavo, vestido de civil[32].

Los simpatizantes del régimen comunista yugoeslavo, dando crédito a las informaciones y al material propagandístico de Belgrado y dando por verídica la tesis oficial sobre el retorno libre del padre Draganovic, pasan al ataque tergiversando y deformando su obra y su lucha por el derecho de autodeterminación del pueblo croata. Atacándolo, calumnian a la entera nación croata, evidenciando total desconocimiento del problema que tratan. En ese sentido, se destacó el seminario alemán Der Spiegel, a lo que nos referiremos más adelante. Con hechos deformados y semiverdades tratan de encubrir la grave lesión de los Derechos Humanos, infligida por el gobierno de Belgrado, al privar de la libertad a un hombre inocente. Según estas informaciones, que reproduce Der Spiegel, Draganovic sería un ustacha-fascista, condecorado por el Dr. Ante Pavelic, satélite de Hitler y Mussolini; su catolicismo y su nacionalismo "descubrieron" ciertas comarcas yugoeslavas como Bosnia y Herzegovina y para que vuelvan a ser croatas y católicas, los ustachi, hijos espirituales de Draganovic, durante un año "degollaron" 500.000 servios ortodoxos de Bosnia. Es "lógico", pues, de acuerdo a la opinión de esta prensa, que Draganovic haya vuelto "libremente". Si se demuestra lo contrario, el régimen de Belgrado y quienes en este caso le hacen coro en el extranjero están justificados de antemano, por cuanto tamaño criminal como Draganovic merece severo castigo.

¿Cuáles son los hechos? En verdad hasta ahora nadie sabe cómo el reverendo Draganovic llegó a Yugoeslavia. No se sabe con exactitud ni el lugar ni el modo cómo llegó, ni los hombres que le "ayudaron". Hay varias versiones, pero ninguna totalmente segura. Unicamente las autoridades policiales italianas podrían establecer cómo se produjeron los hechos. Por eso no afirmamos que haya sido cloroformado mientras dormía en Milán o en Trieste, o maniatado en Opicina cerca de Trieste. Tampoco mencionamos los nombres de las personas que habrían tomado parte en una u otra versión. Nos interesa, ni el padre Draganovic pudo regresar voluntariamente, según sostiene el gobierno yugoeslavo y sus simpatizantes internacionales, incluso el mismo Draganovic, "preparado" por los agentes policiales desde su desaparición ocurrida alrededor del 10 o 16 de septiembre de 1967 hasta el 10 de noviembre de 1967, período de dos meses envuelto en silencio absoluto, o si es veraz el aserto de que Draganovic es víctima de la violencia.

Hasta tanto los órganos policiales informen sobre el modo concreto del acto de violencia, nuestros argumentos se apoyan en la certidumbre moral. Es verdad que ésta resulta la más débil, de las tres certidumbres: mora, física y metafísica. Sin embargo, en el caso concreto de Draganovic, nuestra seguridad moral es de tan elevado grado que podemos afirmar con seguridad casi metafísica que contra él fue perpetrado un acto de violencia. ¿En qué se funda esa seguridad nuestra?

Las autoridades comunistas yugoeslavas insisten principalmente en las declaraciones y en la carta del mismo padre, publicadas dos meses después de su estada en Yugoeslavia, en circunstancias y lugar que todavía no conocemos. Sin embargo, nosotros los exiliados croatas y quienes están interesados en establecer la verdad objetiva, podemos también insistir en las declaraciones del padre, pero con una diferencia sustancial: mientras nosotros nos referimos a sus declaraciones dadas en el mundo libre y sin "amparo" de la policía, el gobierno yugoeslavo invoca documentos que el padre Draganovic "confeccionó" bajo el tutelaje comunista. Los documentos que invocamos nosotros condicen con la integral personalidad del padre, reflejando fielmente su formación intelectual y moral, del sacerdote y patriota, y los que exhiben los comunistas yugoeslavos están en contradicción total con lo más esencial y personal característico de su personalidad, su vida y la obra de un hombre público de más de 40 años. Sus declaraciones a las autoridades yugoeslavas fueron hechas en circunstancias que desconocemos, pero podemos imaginarlas leyendo a G. Orwell y sus descripciones del error comunista. Mientras esas declaraciones de Draganovic y su carta dirigida al fiscal del tribunal de Sarajevo se parecen a las declaraciones de los procesados soviéticos durante las famosas "purgas" de Stalin, la prensa europea se refiere al testamento que el padre Draganovic dictó en 1965, en dos ejemplares, al abogado y escribano alemán Dr. W. Schöttler, dejando una copia en poder del mismo y otra en poder de un sacerdote croata, amigo personal. Ahí, entre otras cosas, Draganovic dice textualmente: "Ahora, mientras soy un hombre libre y en posesión de todas mis facultades físicas y espirituales, declaro solemnemente: Renuncio por anticipado a toda declaración o admisión que podrían sacarme en caso de caer en manos de la policía yugoeslava. Todo lo que declarara, escribiera o firmara, debe considerarse contrario a mi libre voluntad y mis íntimas convicciones"[33]. Il Tempo, gran diario independiente italiano, en su edición del 18/11/67 y bajo el título "Otro episodio más del lavado de cerebro" publicó el facsímil del testamento del padre Draganovic, escrito ya el 27 de abril de 1961. En dicho testamento se habla de la documentación relativa a las matanzas de Bleiburg, cometidas en 1945, contra el ejército croata desarmado y contra civiles, y a continuación leemos textualmente: "Encontrándome diariamente en la lucha, sea por los más altos ideales de la Iglesia de Dios, sea por el martirizado pueblo croata, puedo equivocarme diariamente y cometer error donde menos esperaba cometerlo. No soy digno de ver realizada la libertad y la independencia de mi pueblo croata, causa por la cual siempre recé al Señor, pero creo firmemente que Dios, justo y misericordioso, no le negará esta gracia y con ella también una libre y floreciente Iglesia Católica".

Comentando la carta que el padre Draganovic, según la afirmación oficial yugoeslava, dirigió al fiscal que le instruye el proceso, Il Tempo dice:

"Los comunistas han exhibido una carta 'manuscrita' de Draganovic, dándole gran relieve publicitario en la prensa yugoeslava, en la que él trata, con esfuerzo de verdadero psiquiatra, de analizar el mecanismo de su "conversión al socialismo" yugoeslavo. No ponemos en duda que Draganovic haya escrito de su puño y letra dicha carta, pero sabemos con certeza (de las noticias filtradas de los servicios de espionaje de un país occidental) que Draganovic ha sido sometido a un duro tratamiento, primero en base a sustancias alucinógenas, y luego atacantes de los centros nerviosos, de los que dependen la integridad de la personalidad de un individuo. Por lo tanto la carta, sí está escrita por Draganovic, pero no es de Draganovic, sino de aquellos que han operado una monstruosa violación de su personalidad". Además, continúa el periódico italiano, los amigos de Draganovic, intelectuales croatas, afirman que el padre Draganovic emplea en la carta en cuestión término idiomáticos servios en lugar de los correspondientes términos croatas, error que Draganovic, excelente conocedor del idioma croata, nunca podría cometer. En base de este análisis, Il Tempo concluye que desde ya una simple crítica exterior del escrito revela que él no lleva la marca del estilo ni de las propiedades de Draganovic.

Es casi innecesario agregar aquí que el grafólogo oficial de Cleveland, Dr. Tholl, después de un detenido análisis de los textos de la carta supuestamente del padre Draganovic con el manuscrito auténtico de sus cartas en poder de sus amigos en el mundo libre, ha llegado al siguiente resultado:

La carta publicada en los diarios yugoeslavos e italianos, atribuida al padre Draganovic, no es auténtica. Existen dos versiones de la misma. Una publicada en el diario "Vijesnik", y otra en el seminario "Vjesnik u Srijedu", ambos editados en Zagreb.

Vinko Nikolic, en su libro Pres vratima domovine (En el umbral de la patria), publicado este año en Munich, incluyó también una amplia conversación mantenida con el padre Draganovic, publicada luego como separata. En el prólogo de esta separata Draganovic escribió el 8 de agosto de 1967, entre otras cosas:

"El tiempo ha demostrado que en su mayoría mis calumniadores son quienes injurian también al pueblo croata y pisotean sus derechos. A muchos ciegos se les abrieron los ojos y se dieron cuenta de que a mí me denigran y persiguen en primer lugar por haber permanecido inconmovible en la defensa de los derechos y del honor del pueblo croata. Esta acción mía no la considero como política y menos politiquería partidista, sino simplemente como mi deber de hombre y de patriota. Así mi tragedia personal resulta la parte íntima de esa gran tragedia nacional por lo que atraviesa el pueblo croata desde la guerra hasta ahora, lo que me da fuerza para soportarla. El pueblo croata, sin merecerlo, es el más calumniado del mundo. Y yo figuro entre sus hijos más denigrados, aunque no lo merezco ni por el cargo que ocupé, ni por la importancia que tuve, sin hablar siquiera de culpabilidad. Lo que, a su vez, me hace feliz en mi desdicha. ¿Se limitaron a calumniarme?

"No quiero hablar aquí de medidas de mayor o menor alcance tomadas contra mí. Tampoco de pequeñas agresiones físicas, como la que ocurrió en Niza. Tampoco de atentados dispuestos e impedidos a último momento. Quiero decir únicamente que tales `medidas' entran en la cuenta de mis enemigos, mejor dicho, de los enemigos del pueblo croata.

"Ya en 1962 el agente secreto yugoeslavo y diplomático (quién sabría dónde termina el primero y empieza el segundo) Slavki Aleksic profirió ante numerosas personas, incluso ante el clero superior e inferior, la abominable calumnia -por primera vez después de 20 años- que he `degollado a niños'. Este mismo agente y diplomático, en otra oportunidad y ante otra gente, declaro que podían liquidarme sin dificultad -incluso ciertos tipos se ofrecieron para esa tarea por un `pequeño premio'-, pero no se hizo porque `Draganovic entero no vale el escándalo que estallaría en Roma'. Tal vez la afirmación del compañero Aleksic no está tan infundada como a algunos podría parecerles.

"Otro alto `dirigente', esta vez un agente cabal sin disfraz diplomático, Nikoa Cimesa, entonces domiciliado en Rijeka, calle M. Oreskovica 18, interrogaba en el invierno 1957/58 a distintos refugiados en Opatija. Exigía de ellos los detalles más mínimos de mis movimientos, especialmente por los campos de concentración, y otras costumbres mías, por cuanto `muerto o vivo me llevarían a Yugoeslavia'. No hubiera mencionado esta amenaza, entre tantas otras, de no haberme enterado el año pasado (¡recién!) de una cosa muy importante.

"Pocos años antes, este mismo Cimeas, jefe de Udba (policía secreta yugoeslava), 'del instituto penal-correccional Stara Gradiska', trató de inducir a un joven preso, oriundo de Z., en Dalmacia, para que, como prueba de su 'rehabilitación' y con altas promesas, se fuese a Buenos Aires y matase a un conocido jefe croata. El joven rechazó ese ofrecimiento criminal y siguió expiando la 'pena' en condiciones empeoradas. No sabemos quién accedió a cometer ese crimen, pero que hubo alguien lo prueban los disparos en la noche del 10 de abril de 1957 y la sangre derramada del mismo líder croata. El compañero Cimesa tenía a su cargo 'a los refugiados'.

"¿Qué destino me espera? No soy profeta y no lo sé. Sé, en efecto, que no `merezco' tamaño escándalo mundial. Si, en cambio, consideran que lo 'merezco', sé que ninguna amenaza me desviará del camino que me imponen la condición de sacerdote y mi patriotismo croata. Sé, además, que con la ayuda de Dios, también esta medida me encontraría preparado. Por fin, todos advertirían quién ordenó ese hecho y con qué finalidad.

"Una razón más, pues, porque escribo estas líneas".

"Es duro el pan del exilio que comemos."

¿Hace falta algún comentario a estas manifestaciones de la voluntad del padre? Para no incurrir en error, condensado en la vieja fórmula: qui nimis probat, nihil probat, dejamos a los lectores para que ellos mismos evalúen la autenticidad y el valor comprobativo de las declaraciones, formuladas por el doctor Draganovic, una vez en libertad, otra en el cautiverio. Para una psicología sana y un razonamiento lógico-jurídico, las declaraciones dadas en libertad anulan las formuladas en el cautiverio. El régimen comunista podría invocar la regla jurídica de que la manifestación posterior de la voluntad de una persona anula la anterior, si la contradice, pero en tal caso el régimen del Belgrado debería comprobar que el padre Draganovic regresó libremente a su patria de origen y que sus recientes declaraciones son realmente la libre expresión de su voluntad, lo que le resulta imposible a todas luces. La máxima concesión que podríamos hacer al régimen comunista es que las declaraciones contradictorias del padre se anulan recíprocamente. ¿Qué queda entonces en favor de la tesis del gobierno yugoeslavo? Nada, absolutamente nada. ¿Y en favor de la tesis croata? Todo un ejército de argumentos.

El padre Draganovic suscribió en el mes de agosto el contrato para la publicación de su libro documentado acerca de la Tragedia de Bleiburg, y ya en setiembre se entrega a las autoridades comunistas yugoeslavas para ser procesado. ¿Es comprensible actitud semejante? Cargando en su mencionado libro la responsabilidad máxima al régimen comunista por los crímenes contra el ejército y la población civil croata, Draganovic, sin necesidad alguna, se entrega al mismo régimen para "arreglar" su posición jurídica. ¡Un absurdo desde todos los puntos de vista! Pocos días antes de su desaparición, Draganovic escribe a las monjas de Pressbaum, donde residía, anunciándoles su pronto regreso. Si pensaba volver "libremente" a Yugoeslavia, ¿sería compatible esta mentira con la vida interna de un padre Graganovic, entregado a la búsqueda de la verdad en su calidad de sacerdote y por su vocación científico-histórica?

El rev. padre Cecelja, sacerdote croata, radicada en Salzburgo, Austria, le manda al padre Draganovic 70 intenciones para oficiar la santa misa. Draganovic las acepta para 70 días subsiguientes, si bien había decidido "libremente" regresar a Yugoeslavia. ¿Le permitiría su conciencia proceder así deshonestamente en lo más sagrado para un sacerdote católico, que renunció a todas las comodidades, prestando oído a la voz interna: Si vis perfectus esse...? Los psicoanalistas más experimentados se encontrarían ante un nudo y un misterio sin solución. La solución residiría en la intervención de la espada de Alejandro Magno, manejada esta vez por el régimen comunista de Belgrado.

El régimen considera a Draganovic "criminal de guerra" y "enemigo nro. 1", imputándole los hechos más inverosímiles durante los últimos dos decenios. Si ese enemigo nro. 1 recurre ahora al socialismo yugoeslavo, declara que no existe más el conflicto servio-croata, reconoce el progreso técnico, cultural y político del país y su democratización, ¿por qué el gobierno de Belgrado ocultó durante dos meses el lugar de su residencia y mintió a las autoridades austríacas declarando no saber nada acerca de él? ¿Es que los comunista yugoeslavos son tan modestos que tienen el pudor y la vergüenza de uno de sus recientes "éxitos" más resonantes? Si Draganovic regresó voluntariamente, ¿por qué hasta hoy no pudo hablar a solas con sus superiores eclesiásticos o el delegado de la Santa Sede o con sus familiares? El Vaticano reclamó ese derecho del enviado yugoeslavo ante la Santa Sede, V. Cvrlje[34].

Teniendo en cuenta todos esos factores, en la conferencia de prensa que las asociaciones croatas organizaron en Buenos Aires el 28/11/67 para esclarecer este caso, dijimos en forma sintética lo siguiente:

"El Dr. Draganovic fue declarado por parte del gobierno yugoeslavo su enemigo nro. 1. Hace sólo algunos meses el padre sostuvo ante un tribunal alemán, con fuerza persuasiva, propia de su personalidad, que el Estado yugoeslavo no es un Estado de derecho y que allí no hay seguridad ni imparcialidad judiciales. Además, se sabe que el reverendo en su carácter de eminente historiador había reunido muchísimos documentos de prima facie que conciernen a la matanza colectiva de croatas, eslovenos y montenegrinos, cometida por las autoridades yugoeslavas al terminar la Segunda Guerra Mundial.

"Aquí se impone inexorablemente la pregunta: si este gobierno comunista persigue, tortura y condena a largos años de privación de la libertad o esperar el padre -el enemigo nro. 1 de este gobierno- al entregarse voluntariamente a sus manos sin piedad? Su entrega voluntaria significaría el suicidio físico y moral. Pero el suicidio es propio de los alterados mentales o de los nihilitas. ¿Es posible que el nihilismo haya invadido el espíritu del padre Draganovic, hombre en plena actividad intelectual, con un programa minucioso de trabajo, previsto para el futuro inmediato, dando a su vida un sentido más sublime? Teniendo todo esto presente, ¿quién puede dar fe a la declaración yugoeslava sobre el supuesto regreso voluntario? Solamente aquel que trata de denigrar a su personalidad moral o la causa por la cual el padre luchó toda su vida: la libertad del hombre y la autodeterminación de su pueblo croata. ¿Es admisible que el padre Draganovic se decidiese a un paso tan trascendental, burlándose de sí mismo, de sus ideales y de sus amigos, sin decir previamente nada a nadie, ni a sus superiores eclesiásticos, ni a las hermanas, cuyas almas y el colegio fueron confiados a él, ni a las autoridades civiles de Austria, por cuya ciudadanía optó, ni siquiera a los amigos más íntimos?"

Para dar un paso semejante es preciso sufrir enajenación mental. Pero entonces las autoridades de Belgrado no podrían ya hablar de regreso voluntario. Si, no obstante, el gobierno yugoeslavo insiste en la libre decisión del padre, debe explicar lo inexplicable. Pues la rectitud de la lógica y el decoro de una mente ética -y tales la mente del padre Draganovic, como la conocemos- excluyen, subjetiva y objetivamente, la posibilidad de su regreso voluntario a un país comunista que lo persigue durante más de veinte años como a su enemigo nro. 1".

Si así no fuera, ¿por qué las autoridades yugoeslavas, para acallar a los exiliados croatas y esclarecer a la opinión pública adversa a su acto criminal, no acepta la propuesta formulada por el diario alemán Volksbote (25/11/67, Munich), en el sentido de constituir una comisión internacional ante la cual el padre Draganovic debería declarar en forma clara y definitiva, pero en territorio de Austria, si ha regresado voluntariamente o no? El gobierno yugoeslavo, de ser veraz su tesis, podría asestar un tremendo golpe a sus adversarios croatas y librarse de un enojoso cargo por la lesión de los derechos humanos en momento que tanto brega por acercarse al Occidente. Una respuesta afirmativa del padre Draganovic constituiría un triunfo para el gobierno de Belgrado, un triunfo en el plano interno y externo, y una derrota para los exiliados croatas y el pueblo en Croacia. Es obvio que ese triunfo Belgrado lo anhela. ¿Por qué, entonces, no acepta la proposición así formulada? La explicación es que los agentes policiales yugoeslavos cometieron un grave crimen contra los derechos humanos y ahora procuran servirse de su víctima para ocultar la fechoría propia con declaraciones extorsionadas. Más aun, mediante una campaña propagandística y falsificando su vida y obra, tratan de difamar al padre Draganovic y la lucha nacional croata por el derecho de autodeterminación. Así procuran engañar a la opinión pública del mundo para quien se desinterese del destino de ese hombre recto. Poco a poco caerá en olvido "el caso Draganovic", aunque constituye la lesión más flagrante no sólo del derecho positivo internacional sino de las normas más elementales de la sociedad civilizada.

"Der Spiegel" contra sí mismo

Según mencionamos ya, en esta campaña difamatoria del padre Draganovic y de la distorsión de la lucha libertadora del pueblo croata, la revista ilustrada alemana Der Spiegel, que se edita en Hamburgo, no conoció límites. En su número del 27/11/67 publicó un artículo titulado "Volga in Rom", ilustrado con las fotos del padre Draganovic, de Hitler y Pavelic y una foto de los ustachi indudablemente montada ad hoc [35].

Der Spiegel acusa a Draganovic de haber aplaudido en 1941 el restablecimiento de la independencia de Croacia y por eso sería ustacha-fascista. Como Draganovic, todo el pueblo croata saludó la restauración de su Estado soberano "unánimemente", manifestó el cardenal Aloysius Stepinac ante el "tribunal" comunista. El arzobispo Stepinac, aunque estuvo en permanente conflicto con el régimen imperante, era un ferviente partidario de la independencia de Croacia. Si Der Spiegel supiera algo de la historia croata y de la lucha del pueblo croata por el derecho de autodeterminación nacional, seguramente no aceptaría en forma global las tesis oficiales de gobierno comunista yugoeslavo, a no ser que su objetivo principal es el "negocio" y no la defensa y la difusión de los valores superiores, en primer lugar de la libertad y los derechos en la sociedad humana.

Der Spiegel[36] afirma que Draganovic había "descubierto" un "territorio yugoeslavo más", que antaño fue católico y que esa región es Bosnia que se extiende "al sureste de Croacia". Impulsado por el deseo de que "ese territorio yugoeslavo" vuelva a ser católico y croata, Draganovic sería el inspirador de la política que incitó a los ustachi "a degollar en un año a 500.000 servios ortodoxos". Este aserto de la revista alemana, que gana sumas fabulosas (por año unos quince millones de marcos), la descalifica como órgano informativo digno de fe, y como instrumento de la opinión pública en el mundo libre.

Der Spiegel ignora que Bosnia y Herzegovina desde la migración de los croatas fueron y siguen siendo sus comarcas centrales. Siete siglos antes de la llegada de los turcos, Bosnia y Herzegovina estaban unidas étnica, cultural y políticamente a las demás provincias croatas.

En 1952 los académicos yugoeslavos Viktor Novak y Petar Skok publicaron el llamado "Cartulario de Supetar". Trátase de una colección de 15 pergaminos en los que consta que Bosnia y Herzegovina fueron provincias croatas en la época de los monarcas nacionales del siglo VII al XII. "Allí se habla de siete príncipes croatas, electores de los reyes croatas, y de la designación de los príncipes (banus) croatas por 12 tribus croatas. El Cartulario Pedro, actualmente Krilo-Jesenice. Allí, entre otras cosas, dícese: "Tempore transacto erat consuetudo in regno Croatorum: eram septem bani qui eligerant regem in Croatia, quando rex sine liberis noriebatur, scilicet banus Croaciae primus, banus BOSNIENSIS secuindus, banus Sclavoniae tercius, banus osege quartus, banus Podraui quintus, banus Albaniae sestus, banus Sremi septimus..." [37].

Los benedictinos del siglo XII no conocían las pretensiones servias a Bosnia, aparecidas en los siglos XIX y ". Ellos registraron un hecho histórico inalterable que en los primeros siete siglos y antes del dominio turco, Bosnia y Herzegovina fueron dos de las siete provincias croatas y que los jefes de la autoridad administrativa autónoma eran los banes (príncipes) croatas que en otro lugar figuran como electos de los reyes croatas.

El rey Matías Corvino extiende en 1468 el recibo por 800 florines de oro a la República de Dubrovnik. En dicho documento se dice que Dubrovnik dio ese dinero "para el mantenimiento de nuestra ciudad Pocitelje[38] que se encuentra en nuestro reino de Croacia"[39].

Antonio Burgio, delegado papal en la corte del rey húngaro-croata Ludovico II escribió el 18/2/1526 a Jacobo Sadoleto, secretario del Papa Clemente VII en roma: "En la carta del 15 del actual dije que los croatas piensan aceptar alduque Fernando (de Austria, N. de la R.) y que el conde Cristóbal (Frankopan) tiene la intención de ser dueño de Bosnia. Luego me enteré con mayor seguridad. Que sepa su ilustrísima señoría que las negociaciones son verídicas y se dice que el archiduque Fernando presta oído complaciente ante el hecho de poder proclamarse rey de Bosnia, por cuanto Bosnia pertenece a Croacia" [40].

El defensor heroico de Kiseg, Nikola Jurisic, escribió el 23/6/1541 al capitán de Bihac que esa ciudad era "...totius regni Croatiae salus et sustentatio...", mientras que el delegado apostólico en 1580 califica al río Una en la Bosnia actual "...principalissimo fiume di Croazia" y el embajador de Venecia informa a su gobierno sobre la caída de Bihac diciendo que "es la ciudad principal de Croacia y la fortaleza más importante de esas regiones[41]. El rey Ladislao IV Cumano escribió en 1273 que "los habitantes de los alrededores de Glamoc (una localidad bosníaca) pertenecen a una de las doce tribus croatas..."; "de generatione Glamochani... eadem gratularentur libertate, que vera, primi et naturales regni Croatiae nobiles perfruerentur..." [42].

Ivo Andric, ganador del premio Nobel, en su novela "El puente sobre el río Drina" describe Visegrad y sus alrededores como una comarca servio-ortodoxa, único motivo por el cual el gobierno de Belgrado patrocinó su elección. En cambio, el historiador norteamericano H. Lamb en su obra Suleiman the Magnificent (Garden City, 1957, p. 328) acota que el Mohamed Bajá Sokolovic, quien según Andric era servio, contestó al sultán cuando le preguntó de dónde procedía "que era croata" (from the Croats) y que en los registros escolares, donde fue el mejor alumno, figura que era croata[43].

En cierto modo se puede comprender el error en que incurrió Der Spiegel al considerar Croacia y Bosnia como dos territorios políticos-nacionales distintos, en vista de que Bosnia a lo largo de su historia rechazaba la soberanía tanto húngara como austríaca. Bajo el tremendo empuje del poderío militar otomano y a causa de hondas divergencias internas de orden religioso en Croacia (estamos en el período de la lucha sin cuartel contra la secta patarena en la Iglesia Católica), los patarenos (bogumili) abrazaron el Islam y Bosnia reconocía la soberanía turca. Sin embargo, allí siempre quedó viva la conciencia croata. Así, para facilitar al precipitado autor del artículo difamatorio en Der Spiegel, consignamos que un francés escribió a fines del siglo XVII un libro titulado "La historia de la situación actual en el Reino de Hungría", donde expresa entre otras cosas: "Antaño el Reino de Croacia comprendía todo el territorio que va desde el río Drava hasta el mar de Dalmacia y se dividía en tres partes. La Croacia actual se halla entre Bosnia, Eslavonia, Alemania y Dalmacia... Suele distinguirse entre la Croacia que está en Austria o Real y la Croacia Turca, dado que sus soberanos respectivos son la Casa de Austria y los otomanos" [44]. Este testimonio neutral que Bosnia y Herzegovina no son unas "regiones yugoeslavas más", descubiertas por el Dr. Draganovic, sino el territorio croata auténticamente nacional y estatal donde también actualmente la población musulmano-católica constituye la mayoría croata. Por consiguiente, la historia y los modernos principios étnicos y democráticos abonan la tesis que se trata realmente de provincias croatas. La labor científica de Draganovic tendía a comprobar ese hecho aportando nuevas e irrebatibles pruebas históricas. El trabajo científico no debería servir para que alguien sea declarado criminal. Casi siempre la civilización y la ciencia corren parejas.

Si Der Spiegel adopta las sugestiones de su informante pro servio en el sentido de que Draganovic se esforzaba por croatizar y catolicizar nuevamente a Bosnia, su labor resulta innecesaria e inexacta. Bosnia y Herzegovina son provincias croatas y, por ende, no hace falta croatizarlas. En ese sentido el "cuento" de la revista alemana está fuera de lugar. Es inexacto al contrario por imputar a Draganovic y a "sus" ustachi la matanza de 500.000 servios ortodoxos, perpetrada en el curso de un solo año.

Los servios, para adueñarse de Bosnia y Herzegovina, donde vive una minoría ortodoxa, radicada allí durante la ocupación turca, asesinaron al archiduque Francisco Fernando, heredero al trono de los Habsburgos, desatando así la Primera Guerra Mundial, una de las mayores tragedias de la humanidad. Como Draganovic es uno de los historiadores más destacados que demostraba que Servia carecía en absoluto de derecho y títulos históricos a poseer Bosnia y Herzegovina y que su comportamiento en estas provincias desde 1918, como en Croacia entera, está marcado por opresión, violencia y desnacionalización, es obvio que Belgrado volcó su odio y su saña contra él. Difamarlo, calumniarlo, raptarlo y "despersonalizarlo", para ellos fue cosa de nada frente al asesinato del archiduque Francisco Fernando y desencadenamiento de la primera conflagración mundial. En el orden esas "cosas fútiles" va también la imputación calumniadora de que los ustachi habían matado en un año a 500.000 servios ortodoxos. En cambio, en un serio estudio histórico se prueba que durante la última guerra hubo 300.000 servios muertos y 600.000 croatas[45]. ¿Quién era Draganovic para impedir la servización de Bosnia y Herzegovina, presa anhelada por la política servia desde hace 150 años? Draganovic es el símbolo espiritual de una generación croata que no puede resignarse al dominio servio en Croacia. Su rectitud humana y política, su labor científica, su tenacidad en la defensa de Croacia, constituían un obstáculo serio a la opresión servia so pretexto de "unidad y fraternidad", slogan del actual régimen comunista en Yugoeslavia. Cuando se enteraron que Draganovic estaba en vísperas de publicar su obra cerca de la "Tragedia de Bleiburg", fruto del trabajo asiduo de 20 años, en la que con pruebas innegables presentaría a la opinión pública los horrendos crímenes de los diplomáticos y militares de Belgrado, las manos criminales se apoderaron de él, y moralmente ya lo liquidaron. El comunista servio vio en él la clase de gente que Tomás Mann proclamó como urgente necesidad para la existencia de la sociedad occidental y de la libertad. Teniendo presente esta idea del escritor alemán, en la conferencia de prensa, de la que hablamos en las páginas que anteceden, dijimos también: "Si me permiten caracterizar al padre Draganovic, podría decir que se trata de un "humanista militante". El mundo occidental en la actualidad necesita un humanismo militante que no permite ser pisoteado por el adversario "sin vergüenza ni escrúpulos". Belgrado se ha enterado tempranamente de este rasgo esencial del padre Draganovic. Siendo además un hombre netamente democrático, anticomunista y un riguroso científico con armas que no se oxidan en la lucha por la defensa del pueblo croata en su conflicto con el comunista y el predominio de Servia, conflicto que dura sin pausa desde hace más de un siglo a causa de las pretensiones de Servia a Bosnia, provincia natal del padre, las autoridades de aquel régimen quisieron liquidarlo para siempre. Cuando la táctica de denigrarlo como criminal de guerra fracasó, el secuestro so pretexto de un regreso libre quedó como único recurso. Una vez en manos del régimen de Belgrado, el padre Draganovic, mientras físicamente vive, intelectual y moralmente está muerto. El comunismo ha obtenido así, aun con un crimen repulsivo, una victoria más sobre los hombres libres".

¿Qué destino le espera? Podríamos repetir sus palabras, de que no somos profetas. Pero para ilustrar su triste destino, podemos reproducir las palabras de madame Levinska: "No hay necesidad de matar a un ser humano en campo de concentración para hacerlo sufrir; basta con darle un puntapié para que caiga en el barro. Caer equivale a morir. Lo que se levanta no es ya un ser humano sino un monstruo ridículo, embadurnado de barro".

Alguien podría agregar que aquí se censura a los campos de concentración nazis y el trato que recibían los recluidos. Pero el joven escritor yugoeslavo, de origen ruso, Mihailo Mihailov, a quien la prensa occidental atribuye mayor importancia de la que tiene, escribió que los comunistas, o con mayor precisión los bolcheviques, organizaron los primeros campos de concentración y que en ese sentido eran maestros de los nazis.

Como el régimen comunista de Belgrado se empeña en tildar de "criminales fascistas" a sus adversarios y en primer lugar a la oposición nacional croata y al padre Draganovic -en esa campaña cuenta con los servicios de la revista Der Spiegel-, creemos apropiado finalizar estas reflexiones con las palabras de Gabriel Marcel sobre la propaganda en general y los cargos globales contra el nazismo en particular:

"Toda propaganda implica, en suma, la pretensión de manipular las conciencias. Después de la abyecta ferocidad de los campos de concentración, aparece aquí la impostura. Observemos, por otra parte, la inevitable conexión entre estos aspectos de un mismo azote. ¿Cómo no verse llevados a tomar medidas más rigurosas, más inhumanas, contra los que se niegan a dejarse adoctrinar y constituyen por consiguiente adversarios que se trata de someter por todos los medios? La propaganda es el desconocimiento cínico de esa ordenación de las conciencias a la verdad que los grandes racionalistas, pese a lo que de su metafísica se piense, tuvieron al menos la gloria imperecedera de poner en plena luz. Pero ¿qué es la verdad?, pregunta con más insultante ironía aquel que se ha convertido en maestro en el arte de modelar la opinión a su antojo".

Respecto a la discusión sobre lo que es la verdad política después de la última guerra, Gabriel Marcel, sin quererlo, resume perfectamente la realidad croata en general y el caso del padre Draganovic en particular: "Habría por otra parte muchos puntos sobre los cuales sería necesario insistir aquí. Pienso en particular en el prodigioso envilecimiento de la discusión, de las bases mismas de la discusión, del que cada día nos trae las más lamentables pruebas. Para ejecutar al adversario o para ponerle knock-out basta con pegarle una etiqueta, y también arrojarle a la cara, como se haría con el contenido de un frasco de vitriolo, una acusación masiva que le es imposible contestar; ante el desconcierto del otro, se declara que confiesa y capitula. Así es como, en algunos ambientes, será imposible exponer un juicio matizado sobre ciertos personajes contemporáneos y sobre sus intenciones iniciales, sin ser clasificados automáticamente entre los que aprueban los métodos de Buchenwald y Auschwitz. No es éste sino un ejemplo entre muchos otros. Pero todo demuestra que el sentido de los matices, inseparable del sentido de la verdad, está literalmente ahogado por las pasiones partidarias" [46].

El caso del padre Draganovic -para dar a un crimen cierta "elegancia" intelectual- debe ser considerado en una categoría superior, más elevada del pensar humano. Nos parece ser exacta y apropiada la categoría de la discusión acerca de la verdad y la justicia. La misma, según G. Marcel, fue colocada por los liberales en la plenitud de la luz racional.

En efecto, Draganovic estuvo primero en la discusión con el comunismo. Se trata de las verdades y los valores universales de la vida, de su sentido. El espiritualismo católico, uno de los más sublimes de la historia, y el ateísmo y materialismo más consecuente y absoluto como lo es el marxismo. Luego el padre entabló la discusión sobre el derecho de autodeterminación del pueblo croata, su libertad y la integración de su territorio histórico y étnico en una unidad política, la soberanía nacional croata, lo que el comunismo yugoeslavo, de impronta servia, rotundamente niega en su totalidad. Mientras Draganovic reclamaba de ellos y del mundo libre distinciones, juicios matizados, separando la verdad y justicia de las afirmaciones globales y apasionadas, sus adversarios, obcecados "por las pasiones partidarias", sedientos del poder de una clase radicalmente revolucionaria, afirman una sola cosa: El culpable es Draganovic; los culpables son "sus ustachi" y el pueblo croata por haber aceptado la política nazi, la política de Buchenwald y Auschwitz, como lo diría G. Marcel. En lugar de un debate con argumentos y pruebas, Belgrado aplica un verdadero knock-out físico y de propaganda.

No nos extraña semejante postura del gobierno de Belgrado, secuela natural, en cierto sentido, del comunismo, deseoso del poder, y del nacionalismo servio guiado por el hegemonismo y el expansionismo. Nos extraña, eso sí, la actitud asumida por las publicaciones Der Spiegel, Die Welwoche y otros órganos informativos en el mundo libre. Con tal actitud esos órganos de gran difusión contribuyen a la confusión general, cuando la necesidad de juicios matizados y serios es una de las más urgentes y redentoras, pues obrando de modo distinto se ofusca, si no aniquila, aquella brillante tradición liberal. Los verdaderos liberales deben buscar la verdad en todos los rincones, desechando una fórmula simplista que violenta la verdad y obstaculiza el acceso a ella en detrimento de todos, hasta de ellos mismos.

El padre Draganovic, personalidad franca, sincera, abierta, respetuosa de los derechos ajenos, que defiende los propios, un verdadero liberal con metafísica cristiana, merece mayor comprensión por parte del mundo libre. Mientras recibe los puntapiés del comunismo yugoeslavo, se levanta y no es un "monstruo ridículo", a pesar del increíble proceder de ciertos periódicos occidentales que tratan de ridiculizarlo. Embadurnándolo de barro, como hacen Der Spiegel y otros, Draganovic se erige en luminosa víctima del totalitarismo de nuestros días, insaciable de poder y dominio. Es una víctima ejemplar, aunque dolorosa, a causa de los ideales de la libertad y de la civilización occidental.

Para tranquilizar nuestra conciencia de hombres libres y para aliviar la suerte personal del padre Draganovic, apelamos al mundo libre para que haga suya la propuesta formulada en el periódico Volksbote (Munich, 25/11/67). El semanario alemán pidió en aquel entonces que se posibilitara al padre Draganovic celebrar una conferencia de prensa en el mundo libre, por ejemplo en Austria, para declarar si volvió o no libremente ala Yugoeslavia comunista. Insistimos en ese pedido porque solamente así se dilucidaría en forma inequívoca este grave caso de lesión de los derechos humanos. Los croatas libres aceptan todos los riesgos. ¿Los acepta también el gobierno yugoeslavo? Al rechazarlos carga con todas las consecuencias del crimen perpetrado en forma violenta contra el derecho y las buenas costumbres de la comunidad civilizada. En el caso contrario, el padre Draganovic desaparecerá del escenario y se sumirá en la oscuridad de un régimen que no se abstuvo de crímenes mucho más abominables. No creemos que eso sea el interés del mundo libre[47].


Testimonio de San Isidoro de Sevilla sobre la llegada de los croatas al Mediterráneo

Dominik Mandic, OFM, Chicago, EE.UU.

El hombre croata (Hrvat) figura por primera vez en dos lápidas memoriales en los edificios públicos en la ciudad de Tanais, sita en la desembocadura del Don al mar de Azov, escritas en griego a principios del siglo III de la era cristiana. La primera lápida fue escrita en la época del emperador de Tanais (basileos) Sauromates (175-211 p.Cr.). En ella se menciona un patricio, hijo de Horvat (Xopoáθos) [48]. En la segunda lápida, escrita en 220 durante el reinado del emperador Rescuporido, hijo de Sauromates, entre los cuatro jefes de Tanais, figura Horvat Xandarsios[49]. En el Estado de Tanais de aquel entonces vivían distintas tribus iranias y una debió llamarse Horvati (los croatas, N. de la R.) y su jefe en el año 220 d. de Cr. era Hovat de Xandarsios[50].

Durante las incursiones de los hunos en Europa en 375 d. de Cr., los croatas del Don fueron desplazados hacia el noroeste y llegaron a la actual Polonia meridional. Allí se mezclaron con los aborígenes eslavos y asimilaron el idioma eslavo. A fines del siglo V, desintegrado el Estado de los hunos, los croatas fundaron un gran Estado eslavo que se extendía desde el Oder hasta el Bug y su capital era Hrvat (Croata), sita en el lugar de la Cracovia actual[51]. El Estado se llamaba Gran Croacia o la Croacia Blanca[52].

La llegada de los croatas al Adriático

Durante el reinado del emperador bizantino Foka (602-610) y en los primeros años del reinado de Heraclio I (610-641), los ávaros, tribus turanias, invadieron Panonia, Dalmacia, los Balcanes centrales y meridionales y amenazaron seriamente con destruir el mismo Bizancio, centro y capital del imperio bizantino. En ese trance difícil el emperador Heraclio recurrió a los croatas allende los Cárpatos y les ofreció Dalmacia y otras tierras aledañas si entablaban la lucha con los ávaros y alejaban ese peligro mortal del Bizancio. Conforme lo anotó a la vez el emperador e historiador bizantino Constantino Porfirogeneto, según los datos conservados en el archivo de Constantinopla y de acuerdo a la tradición popular croata, buena parte de los croatas norteños, unos 300.000, hizo caso al llamamiento imperial[53]. Bajo la guía de cinco hermanos y dos hermanas, miembros de la familia gobernante croata, los croatas cruzaron el Danubio y en luchas que duraron un decenio vencieron a los ávaros y los arrojaron al norte del Danubio. Luego los croatas se radicaron, según lo anotó Porfirogeneto, en toda la Dalmacia, en la Panonia meridional, además en Ilírico de entonces[54] que abarcaba las regiones costeras de las provincias romano-bizantinas: Praevalis, el Epiro Viejo y Nuevo, es decir las partes costeras desde la actual Boka de Kotor hasta Valona en Albania[55]. Otros pequeños grupos de los croatas, combatiendo a los ávaros, llegaron a Macedonia, Acaya y Peloponeso. En dichas provincias se establecieron, vivieron durante siglos y dieron a algunos lugares el nombre de "Hrvati" (croatas) que conservan incluso hoy día. Así en el lago Ohrid hay una aldea "Hrvati"; en el distrito (comitatus) medieval de Brenik dos aldeas llevaron el nombre "Hrvati", mientras que en Grecia hay localidades y aldeas "Haravati" cerca de Atenas, no lejos de Maratón, cerca de Micenas en el distrito de Argos, en Peloponeso. Incluso en Creta hay un pueblo que se llama "Harvati" [56].

Como lo registró el cronista coronado C. Porfirogeneto, el emperador Heraclio concertó con los croatas dos tratados por escrito: el primero, que en la terminología imperial se llamaba Prostakasis (la Orden) concierne al llamado del emperador a los croatas a emigrar al sur y su promesa de darles Dalmacia cuando la liberasen de los ávaros. Mediante el otro, que se llamaba Keleusis, Ilussio (el Decreto). Heraclio arregló la relación de los croatas con el imperio bizantino y jurídicamente les entregó Dalmacia. Panonia e Ilírico que habían liberado y en donde los croatas ya se habían radicado al derrotar y expulsar a los ávaros al norte del Danubio[57].

¿Cuándo llegaron los croatas al Adriático?

El emperador Porfirogeneto escribe que los croatas pelearon con los ávaros varios años, que por fin los vencieron y expulsaron de Dalmacia y otras comarcas contiguas donde se radicaron[58].

Como Dalmacia, Panonia e Ilírico pertenecieron a la jurisdicción del patriarcado de Roma [59] según el mismo emperador escritor, el emperador Heraclio solicitó del Papa que estableciera en Dalmacia la jerarquía eclesiástica y enviara allí a los sacerdotes para bautizar a los croatas[60]. Todo ello ocurrió mientras vivía Heraclio I, muerto el 11/11/641. Ello indica que los croatas debieron haber llegado al Adriático por lo menos unos 10 o 15 años antes de morir Heraclio, es decir entre el año 625 y 630.

A la misma conclusión nos induce la referencia contenida en el romano Liber Pontificalis, en que el autor coetáneo registró que el Papa Juan IV (640-642) envió en 640 a Istria y Dalmacia al abad Martín con importante suma de dinero para rescatar a los cautivos cristianos y juntar las reliquias de los mártires en las iglesias, destruidas por los ávaros[61]. Análoga conclusión cronológica cabe deducir también de la información suministrada por Pablo Diácono, quien acotó que los croatas en 641 habían cruzado el Adriático para ayudar a los bizantinos en la liberación de la Italia central de los longobardos[62]. Por cierto que el Papa Juan IV no habría enviado al abad Martín con tanto dinero ni los croatas se habrían atrevido a dejar la costa oriental adriática si no hubieran vencido a los ávaros, si no se hubieran radicado en la Dalmacia de entonces y en las comarcas vecinas, y establecido en ellas la paz estable y la seguridad. Hasta que los croatas vencieron a los ávaros y se establecieron en forma permanente en esas regiones, asegurando la paz, debieron transcurrir por lo menos de 10 a 15 años. De donde cabe inferir que los croatas llegaron al Mediterráneo en la tercera década del siglo VII, o sea entre 620-630.

A estas conclusiones cronológicas llegamos mediante investigaciones y deducciones históricas. Sin embargo, en las obras del célebre obispo San Isidoro de Sevilla está anotado el año preciso en que los croatas arribaron al Mediterráneo. Es la noticia contemporánea más vieja acerca de la venida de los croatas al Mediodía.

Testimonio de San Isidoro de Sevilla sobre el arribo de los croatas al Mediterráneo

San Isidoro de Sevilla escribió varias obras teológicas e históricas. De las obras históricas la más célebre es su Chronica Maiora, conservada en muchos manuscritos y un número considerable de ellos data del siglo VII y IX. Esos manuscritos se dividen en dos grupos. En el primer grupo, la Crónica termina con el año quinto del emperador Heraclio, es decir, con el año 615, y el segundo grupo con el año sexto, vale decir con el año 626. Al primer grupo pertenecen Codex claromontanus, en París del siglo VII-VIII y dos códices, en el Vaticano, del siglo IX, Codex albenis del siglo VIII, etc.[63]. Al segundo grupo pertenecen los manuscritos: petropolitanus, sangallensis y helmstadiensis, los tres del siglo IX; luego bernensis del siglo X y florentinus del siglo XI [64]. Eso prueba que Isidoro de Sevilla publicó su Chronica maiora por primera vez en 615 y por segunda vez después de 626, es decir 627, el mismo año en que redactó su otra obra, la llamada Crónica breve (Epitome chronicorum)[65], de hecho un extracto de la Chronica maiora.

En la segunda edición de la Chronica maiora, Isidoro de Sevilla escribe: "Heraclio, empero, reinó el año décimosexto, al comienzo del cual los eslavos tomaron de los romanos Grecia, los persas Siria, Egipto y muchas otras provincias"[66].

En su obra Etymologiae, Isidoro de Sevilla describe su Grecia en estos términos: "Grecia... Grecia tiene siete provincias: la primera por la parte occidental es Dalamacia, luego Epiro, a continuación Hélade, Tesali, siguen Macedonia, luego Acaya y dos provincias sobre el mar, Creta y las Islas Cícladas"[67].

En dicha nota de Isidoro de Sevilla no se trataba de una acción insignificante o aventurera de los "eslavos", como la de 263 cuando algunos eslavos del Peloponeso atacaron a Creta[68]. Tampoco se trataba del ataque de los ávaros y eslavos al Bizancio en 626[69], pues muy pronto se difundió la nueva por todo el imperio romano, que integraba también España, de la derrota de los ávaros y de las tropas eslavas a ellos subordinadas.

Los persas ocuparon en 613 a Siria y Jerusalén, lo que Isidoro anotó ya en la primera edición de su Chronica maiora[70]. En 619 los persas conquistaron a Egipto, el granero bizantino, hecho que no incitó a Isidoro a intercalarlo en su Crónica. Recién cuando los "eslavos" en el año decimosexto del reinado de Heraclio "tomaron a Grecia de los romanos", el hecho conmovió tanto a Isidoro que lo incluyó en su obra, vale decir que preparó la segunda edición de su Crónica mayor. Eso indica que la toma de "Grecia" en el año decimosexto del reinado de Heraclio fue una acción tan llamativa y a la vez un acontecimiento de envergadura que Isidoro consideró apropiado registrarlo en su Crónica. De las fuentes históricas no se infiere, sin embargo, que algún pueblo eslavo por los años 625 hasta 630 guerreó y conquistó las tierras de la llamada "Grecia", salvo los croatas. Por consiguiente, la información de Isidoro de Sevilla en la segunda edición de su Chronica maiora puede referirse únicamente a los croatas, lo que debe considerarse como el dato contemporáneo más viejo que menciona la llegada de los croatas al Adriático.

De acuerdo a las primeras noticias recibidas, Isidoro anotó en 627 que los eslavos croatas habían irrumpido a "Grecia" a principios del año decimosexto del reinado del emperador Heraclio, año que corrió del 5 de octubre de 625 al 5 de octubre de 626. No es probable que los croatas arribaran al Adriático en los meses fríos e invernales de 625 o al comienzo de 626. Aun menos suena verosímil que los ávaros se hubieran atrevido al comenzar la primavera de 626 [71] a volcar todas sus fuerzas contra Bizancio para tomarlo, si los croatas en el invierno de 625-26 iniciaron la lucha en Dalmacia y en otras provincias de la ex "Grecia" romano-bizantina. Por consiguiente, los croatas debieron haber llegado a Dalmacia y a otras provincias "griegas" en el curso del año decimosexto del reinado del emperador Heraclio, mientras los ávaros sitiaban a Bizancio, es decir desde mediados de julio hasta mediados de agosto de 626.

En el muy vetusto manuscrito de la Crónica de Isidoro, en Codex sorianus del año 743, quedó anotada la doble conclusión de la Crónica: la primera es idéntica a los códices del primer grupo que concluyen la Crónica con el año quinto del emperador Heraclio, y en la segunda dice así: Heraclio reinó el año decimoctavo, al comienzo del cual los eslavos tomaron a Grecia de los romanos... [72]. Esto nos dice Isidoro al estar informado detalladamente, anotó por tercera vez al margen del original con que se sirvió el Codex sorianus, que los croatas tomaron a Dalmacia y otras provincias "griegas" en el año decimoctavo del emperador Heraclio, es decir del 5 de octubre de 627 al 5 de octubre de 628.

Todas las circunstancias apuntan, según hemos alegado, que los croatas irrumpieron en Dalmacia y otras provincias "griegas", entonces en manos de los avaros[73], en el verano de 626 mientras los ávaros sitiaban Bizancio. Siguiendo el deseo de los representantes imperiales bizantinos los croatas debieron penetrar primero hasta el Adriático en Dalmacia y de allí marchar a lo largo de la costa adriática hacia el sudeste para expulsar a los ávaros de las provincias marítimas "griegas": Prevalis, el Epiro Viejo y Nuevo. Para esta empresa necesitaban más de un año, según lo acotó el autor coetáneo al margen del original del códice soriano. Aunque los croatas guerrearon como aliados de los bizantinos, conforme a lo pactado se apoderaban de las tierras conquistadas y, por lo tanto, con justa razón anotó Isidoro de Sevilla que los eslavos-croatas tomaron de los romanos, es decir bizantinos, las provincias de "Grecia".


El perfil espiritual del cardenal Aloysius Stepinac

Bonifacio Perovic, Buenos Aires

A los veinte años del "tristísimo proceso"

La grandeza del cardenal Stepinac, la constancia de su celo apostólico, el valor de su testimonio y de su martirio, lo que le valió "la admiración y la veneración universales", según las palabras del Papa Juan XXIII en su sermón fúnebre, estriban en su figura espiritual. De su espiritualidad brotan sus demás virtudes, como de fuente originaria. Por ello, todos los análisis de su actuación pública, de sus actos y declaraciones deben partir de ese hecho, sin olvidar nunca el fondo y el contenido espiritual de la vida de Stepinac. Pasarlo por alto, equivaldría a no comprenderlo y, en consecuencia, a disminuir o negar su personalidad y significado auténticos. Stepinac ante todo es un hombre de Dios que sigue fielmente los pasos del Señor y la voz divina de su misión sacerdotal en estrecha cooperación con las gracias recibidas: defensor de los derechos divinos y humanos, varón fuerte, o sea "en primer lugar hombre de la Iglesia, preocupado de los intereses de su grey, empeñado en mitigar la miseria y, conforme al consenso unánime, un verdadero apóstol y santo"[74].

Durante la guerra a los comunistas les convenía destacar la actitud intrépida de Stepinac, de modo que no escatimaban elogios para luego atacarlo al terminar la contienda como "colaboracionista", logrando que el mundo occidental empezara a discutir sobre "el caso Stepinac", lo que implicaba la posibilidad de haberse comprometido en su actividad política, de modo que su actitud durante la última guerra no concordaría con la alta función eclesiástica que desempeñaba. Los adversarios ideológicos de la Iglesia llegaron hasta insinuar las implicaciones políticas oscuras e incluso criminales.

La Iglesia no se dejó confundir ni un momento por esa campaña interesada y sincronizada. La Santa Sede, bien informada, desde el principio defendió la integridad personal y pastoral del cardenal Stepinac. Lo que no exime a los católicos croatas del deber de afirmarlo ante el mundo libre en su grandeza espiritual, por cuyo intermedio Dios hizo grandes obras. Unicamente en ese sentido puede servir para promover la justa causa de la nación croata, como su guía y estrella de la mejor esperanza; la fuente de nuevas gracias para el pueblo croata y la Iglesia del Silencio.

Retoño de la Croacia cristiana

La juventud de Stepinac no difiere mucho de la vida de los mozos del campo de entonces de donde procede. Se desarrolla en un clima sano y natural, impregnado de honda vida cristiana de las familias campesinas. En ese clima armonizaban la naturaleza con la gracia, el alma con el cuerpo, ambos todavía inmunes a las "nuevas olas" de la vida moderna y lejos de las seducciones del intelecto y del corazón, que más tarde traerán consigo los errores y desenfrenos comunistas.

Nació en una familia campesina, criado en un ambiente de honda tradición cristiana, donde las verdades religiosas y los valores morales constituían el bien supremo. Aunque su padre era campesino holgado, la vida entonces no era fácil. Las faenas campesinas duras y esforzadas, la vida rígida y modesta como en todas las familias campesinas en Croacia. Ganar lo necesario para vivir, criar y educar a los hijos, llevar una vida familiar ordenada y metódica, que debía en primer lugar formar a hombres, solucionar los demás problemas y relaciones de la vida, todo era cosa muy seria, concebida como el sentido de la vida, como la vocación de la que un día daremos cuenta a Dios.

Luis nació y se crió en ese ambiente. Por lo tanto, era muy parecido a cualquiera de sus coetáneos; idénticas circunstancias, idénticos problemas; tareas agrícolas, dificultades, tentaciones, incertidumbres, alegrías y entretenimientos. El fondo, por cierto, era sano; la simiente sembrada era buena y todo lo que vendría sería obra de su cooperación con las gracias y los dones divinos recibidos, mediante los cuales alcanzará un notable grado de perfección.

En su caso nos es dado percibir que las gracias sobrenaturales infusas no destruyen, no disminuyen ni deforman la naturaleza humana, el temperamento peculiar de cada uno.

Stepinac pertenece al tipo humano montañés-subalpino de la parte noroccidental de Croacia, cuyos rasgos podrían sintetizarse: un tanto ensimismado, poco comunicativo, con cierto matiz melancólico, lo que se refleja en la poesía popular de la región tradicional. La gente cargada de la sabiduría secular, tenaz hasta la obstinación en la lucha "por los viejos derechos", casi siempre en angustia económica, llena de amor al solar patrio, paciente, ordenada, aguantadora y muy religiosa. En esos rasgos podemos sin dificultad reconocer a Stepinac. Siempre los llevará como parte constitutiva de su ser. Mas esos rasgos, ennoblecidos por las gracias espirituales, se convierten en hermosas virtudes que llegaron hasta el heroísmo. Los mismos rasgos en otros hombres, por ej., en los científicos y políticos, no llegan a la perfección, lo que significa que únicamente por obra de Dios se transforman en la flor de la virtud. Quienes lo conocimos en situaciones concretas del tormentoso pasado, que vivíamos también, vemos con claridad que un santo no está predestinado a serlo, no es un "autómata" en manos de Dios sino que es una edición única, original, con todos sus defectos y virtudes innatas, pero por la gracia de la salvación de Cristo halla la fuerza y la luz en la purificación de lo imperfecto que lleva dentro y, por otra parte, viene construyendo el reino divino en su alma plenamente consciente de la libertad y la responsabilidad, siguiendo en el amor al Modelo divino.

Stepinac en el fondo está tan enraizado al ambiente croata, que preciasamente su total identificación con "su pueblo", con sus creencias y anhelos, inducirá al régimen comunista a condenarlo, aunque los dirigentes comunistas sabían muy bien "que era inocente de los crímenes imputados"[75].

El padre jesuita Esteban Sakac nos descubrió "el hondo substracto espiritual y los firmes cimientos sobrenaturales de sus insólitos ascensos", como asimismo el decreto de su vocación sacerdotal[76]. En su relato se revela un ejemplo edificante de una madre campesina de gran fe y devoción, que desde que nació su hijo lo acompaña con oraciones y sacrificios y lo educa espiritualmente para llegar a ser uno de los hijos preclaros de la nación croata y la estrella brillante de la Iglesia universal. Bárbara, madre de Aloysius, al nacer su hijo votos ante Dios de ayunar tres veces por semana para que Dios se digne infundir la vocación sacerdotal a su hijo. Aloysius ignoraba ese voto de su madre hasta el momento de decidirse a estudiar teología. El camino no era fácil. Tanto la madre como el hijo tuvieron que pasar por muchas pruebas. En la Primera Guerra Mundial Aloysius tuvo que abandonar el seminario menor para alistarse y participar en el campo de batalla. Terminada la guerra, Stepinac, ya joven oficial de reserva, no vuelve al seminario. "La Providencia divina -observa P. E. Sakac-, para prepararlo a la decisión posterior y para probar la fe de su madre y fortalecer la de él, lo llevó al altar por caminos harto sinuosos, a veces por sendas oscuras". La fe y la esperanza de su madre no desfallecen; ella sigue con sus oraciones y ayunos como la Santa Mónica por su hijo Agustín, con quien lo compara el padre Sakac. Una vez, dijo Bárbara al reverendo Loncaric, ex preceptor de Stepinac, sacerdote que se interesaba mucho por su vocación sacerdotal: "Usted lo eduque y yo seguiré rezando, luego que Dios y Aloysius decidan". Sus oraciones fueron oídas. Aloysius después de los estudios en la facultad de agronomía y otras actividades, se decidió y entró al seminario mayor como alumno del "Germanicum" en Roma.

En resumen. A. Stepinac es nuestro contemporáneo, nacido en Croacia y educado en su ambiente espiritual, formado durante siglos. Luz y sombras, virtudes y defectos se dan en él como en cualquier hombre, pero tenía un corazón abierto a la inspiración divina, que por fin la siguió, fortalecido por la ayuda espiritual de su devota madre. El fondo natural era sano y, colaborando con las gracias recibidas, Stepinac se elevó hasta el sacrificio grato a Dios, dando su vida por sus hermanos.

Un ignorado sacrificio de la madre fue la bendita simiente que fructificará otro sacrificio como la expresión suprema del amor que a su vez conmoverá a los Papas Pío XII y Juan XXIII y con ellos a todas las almas rectas del mundo. La madre y el hijo, llenos de fe y del puro amor sobrenatural, se ofrecen en holocausto a Dios. Dios lo aceptó y los llevó a la cima del Gólgota. Aloysius, hombre a la altura de los tiempos en que le tocó vivir y actuar, y a las necesidades espirituales de su grey, es un magnífico retoño del medio campesino, enriquecido durante largos siglos de su Croacia milenaria con gracias y virtudes cristianas. Surgió como la síntesis de Croacia cristiana en el período en que las fuerzas oscuras se conjuraron para empañarla y violentarla. "Mons. Stepinac fue procesado como jefe espiritual de los croatas, y salió del proceso como líder de su pueblo y como ejemplo al mundo", declaró mgr. Fulton Sheen[77].

¡Grande es el poder de la gracia Divina! ¿Habrían tenido los croatas a un cardenal Stepinac sin esta larga tradición cristiana, simbolizada en la figura de su madre? ¿De cuánta gracia y consuelo se verían privadas las almas de los fieles croatas, y la Iglesia del Silencio de su testigo más espléndido sin Stepinac? ¿De qué modelo y representante, de qué defensor y de cuanta esperanza se vería privado el pueblo croata entero sin Stepinac? Las madres croatas tienen ahora en Bárbara un ejemplo edificante por seguir.

En estas profundidades de la salvación recíproca, según enseña el dogma de "la comunión de los santos", la vida interior de Stepinac estaba arraigada firmemente, de modo que no podrán quebrarlo todos los ataques y las tormentas que lo asediarían hasta el último momento de su vida.

Hombre de Dios

Toda la personalidad de Aloysius Stepinac revelaba un ser espiritual. Por su temperamento y formación tendía a la vida interior intensa, sin embargo, la Providencia divina lo llamó para desempeñar el papel de protagonista en los momentos más decisivos en la agitada historia de Croacia y su pueblo cristiano.

Hay en él, pues, dos dimensiones vitales; una se vuelve hacia la vida interior, contemplativa, ínsita en su carácter; otra propende a la vida exterior, heroica, determinada por la gracia de su vocación y de su misión pastoral. En el orden natural de las cosas parecerían incompatibles esos dos aspectos, pero en el caso de Stepinac la primera dimensión, por designios secretos de Dios, era la premisa necesaria de la segunda, de manera que en su personalidad había una armonía perfecta. Unicamente en la unión interior con Dios, Stepinac pudo superar las fuerzas demoníacas que se levantaron contra él y contra quienes representaba.

Intentaremos, si bien conscientes de no ser completos, trazar en contornos sumarios su semblanza interior, espiritual.

Su alma había dado la impronta incluso a su aspecto físico, de modo que su figura daba la impresión de tratarse de un hombre en el que reinaba soberanamente el espíritu.

De estatura más bien alta, de frente despejada, nariz pronunciada, de pelo enrarecido, de complexión austera, como esculpida en piedra; su figura expresaba decisión, integridad, carácter inflexible y voluntad férrea. Así lo vio su retratista, gran escultor Ivan Metrovic. Se parecía más a un asceta que al dignatario eclesiástico, con su figura delgada, ascética, con su fe ancestral, capaz de mover las montañas, y por eso a los ojos de su fieles era un hombre de Dios. Parco de palabras, ensimismado, reacio a toda ostentación y exhibicionismo. Debo reconocer que en mis frecuentes contactos con Stepinac no era fácil entablar con él un diálogo largo, incoherente. Lo mismo que dijeron muchos otros también. Sin embargo, algunos lograron conversar con él largo y tendido e incluso hacerle reír. Daba la impresión de un hombre cargado prematuramente de grandes responsabilidades discordantes con sus inclinaciones naturales, pero las aceptó como la cruz que le impuso la Providencia cuando como sacerdote, recién ordenado, ha sido nombrado sucesor al anciano arzobispo mons. Bauer, ordinario de una de las más grandes diócesis de la Iglesia Católica.

Por su inclinación tal vez hubiera sido de su mayor agrado ser director espiritual en un seminario o modesto párroco rural. No le importaba el aspecto exterior ni lo que los demás pensaban de él. No era un fanático, ni ambicioso. No le atraían empresas y éxitos externos. Era un hombre del pueblo, un hijo de campesinos, elevado al sillón de los arzobispos de Zagreb príncipes de Iglesia y del Estado, que aun en el siglo pasado se desempeñaban como banes (virreyes). A buen seguro, no debió estar cómodo rodeado del esplendor del histórico palacio arzobispal, ni en las solemnes recepciones, desfiles públicos, donde habría de brillar por sus conocimientos y su oratoria, participar en conversaciones convencionales y en charlas aburridas de los grandes recibimientos.

Aborrecía de la política, y especialmente de la politiquería, de sus maniobras, trampas, combinaciones y compromisos. Ningún coacusado en el proceso, escribe el Mons. Salis Seewis, "dijo ni pudo decir que el Arzobispo lo estimulaba, de palabra o por escrito, a cualquiera acción política, y menos que menos a cometer un crimen político. En cambio, algunos sacerdotes coprocesados admitieron, aunque sus declaraciones no fueron publicadas, que el Arzobispo los había reconvenido severamente tan pronto se había enterado de su actividad política"[78]. Cuando durante la guerra una señora le dijo, en su ingenuidad: "Excelencia, la gente le reprocha que usted no es político", Stepinac le contestó con su sonrisa característica: "Es verdad, aquí estoy para promover la causa divina y no para dirigir la política".

Era hombre de una pieza, sin fisuras, recto; subrayaba siempre, sin retórica la doctrina evangélica (que conocía a fondo y con frecuencia citaba el Evangelio en sus alocuciones y escritos), el derecho natural, los derechos humanos y los valores espirituales, en los tiempos de entonces cuando las aspiraciones de las multitudes abarcaban sólo el reino de la tierra, y los demás valores fueron rezagados y pisoteados.

Apenas si podemos intuir el mundo íntimo de su alma, el refugio de su conciencia. Pero el primer contacto con Stepinac descubría un alma que fundaba su relación con Dios en la virtud de la humildad, lo que, de acuerdo a la doctrina de la teología espiritual, es la verdadera base sobre la que ha de construirse un fuerte organismo espiritual. No le gustaba hablar de sí mismo y creo que a muy pocos reveló su vida interior, salvo a su confesor y director espiritual. Sus colaboradores más adictos, y por tanto los más íntimos conocedores afirman que Stepinac, por su temperamento, distaba de ser humilde "por naturaleza". Fue un hombre con alto sentimiento de dignidad, y, en efecto, considerando su conducta durante el tristísimo proceso (término de Pío XII) se nos revela con una entereza indoblegable. En realidad, es "dentro de los muros de Germanicum y en las catacumbas de Roma", como dice uno de sus colaboradores, que su altivez fue mortificada y purgada. Su virtud de humildad fue el fruto de una larga lucha interior, y ya en su posesión pudo soportar con cristiana paciencia las humillaciones, injurias, ofensas y amenazas sin dejar jamás vislumbrar sea en sus escritos, sea en sus sermones, alusión a resentimiento alguno por ello. Son características sus palabras: "Con Stepinac se pude bromear, pero no con el Arzobispo quien sabrá defender su honor".

Un sacerdote suizo, colega de Stepinac en el Germanicum, se expresó: "Fue buen compañero y amigo, pero muy callado, no le gustaba hablar mucho y particularmente nunca de si mismo". Un año después de haber sido nombrado arzobispo coadyutor, visitó al Germanicum y declaró a sus ex colegas y a los estudiantes nuevos: "Queridos hermanos, os deseo todo lo mejor, salvo el que lleguéis a obispos"[79].

Con motivo de las felicitaciones del cabildo por su nombramiento como arzobispo-coadyutor contestó en estos términos a las palabras que le dirigía el Excmo. Salis Seewis: "Os agradezco de todo corazón, aunque no puedo alegrarme, pues el nombramiento que me han hecho es para mi una pesada cruz. Cada uno de vosotros por vuestra edad, por vuestros méritos y por vuestra sabiduría, tiene más títulos para ocupar ese cargo que yo. Pero, al decidir la Providencia divina que fuese yo, espero que trabajaremos conjuntamente en armonía y amor. Ocupo ese difícil cargo, obedeciendo el deseo del jefe supremo, el Santo Padre. Por eso digo: In te, Domine speravi. Mis intenciones y mis propósitos son limpios: seguir la enseñanza de la cruz y sin temor alguno defender la verdad católica"[80].

Lo opuesto a la humildad es la soberbia, "fuente de todo pecado" (Ecc. X 15), el pecado más grave por tener su asiento en el espíritu del hombre. Contra ese pecado de los ángeles caídos y de los primeros hombres, Stepinac se había armado de humildad. Esta virtud sobrenatural pudo desarrollarse en él hasta un grado muy alto. Siendo hombre de Dios experimentaba su primera relación hacia el Creador, y Redentor como una criatura débil y pecaminosa y sólo así pudo, en colaboración con la gracia divina, desarrollar en sí las demás virtudes: la modestia, la moderación, la pobreza, la magnanimidad, el temor a Dios, y sobre todo las virtudes de la fortaleza y del amor. Todas esas virtudes refulgían en su vida privada, y aquí quisiera de pasada referirme a su virtud de la pobreza, que hoy día recomienda tanto el Concilio Vaticano II. Ser titular de una vasta y muy rica arquidiócesis y permanecer pobre ha sido, sin duda alguna, una gran virtud del cardenal Stepinac. Repartía a los necesitados y a las instituciones de beneficencia, todo de que disponía a título personal.

En vísperas de la guerra fui a ver a su secretario solicitando que el Arzobispo posibilitara con su ayuda los ejercicios espirituales de tres días a unos estudiantes pobres. El secretario, como respuesta, abrió el cajón de su mesa de trabajo y me dijo: "Mire, padre, cuánto tiene el Arzobispo en su caja, 25 dinares contados (50 centavos de dólar) y faltan ocho días hasta el fin del mes". Luego me confió que por los pasillos del palacio andaban toda clase de pobres y pordioseros y "a duras penas pudimos convencer al Arzobispo de que no permita más ese incesante andar por el palacio, sino que se les dije lugar donde recibirán la ayuda".

Stepinac, pues, en su testamento (del 9/10/1959) pudo decir: "...no dejo bienes algunos ni muebles ni inmuebles. Todo lo que recibía como arzobispo de Zagreb y no me hacía falta para las necesidades imprescindibles, lo utilicé de acuerdo a las prescripciones del Código eclesiástico pro pauperibus et piis causis. En consecuencia, nada tengo que dejar".

La doctrina católica enseña que las virtudes infusas son, en rigor, las virtudes teologales: la fe, la esperanza y el amor, que contienen la esencia y la raíz de la vida sobrenatural. Ellas posibilitan que la actividad del alma se ajuste a la finalidad sobrenatural del hombre. Además, contienen el germen de la vida eterna y la participación de la vida divina. En general, los teólogos y el Concilio de Trento enseñan que las virtudes morales se conceden juntamente con las teologales, pues por sí no bastan para alcanzar el objetivo sobrenatural[81].

Todas las virtudes, particularmente la de la fortaleza con actos heroicos, en largos sufrimientos, surgían en Stepinac de esas virtudes teologales. Por su fe venció y no fue vencido. Los antiguos griegos dieron origen a la tragedia en que el hombre e enfrenta con fuerzas superiores, y en esa lucha importante, "trágica", cae como víctima, pues no puede resistirlas. Pero en el cristianismo, el alma armada con la fe no conoce "lo trágico". Podemos hablar del "drama", sea el del Gólgota, sea de otros héroes de la fe. También en el drama el hombre se enfrenta con fuerzas superiores, pero en su interior permanece libre; aparentemente, físicamente, puede salir vencido, pero espiritualmente sale vencedor, por cuanto está armado con fuerzas todavía más poderosas: con las fuerzas divinas derrota al demonio y al mal.

"Hubo -destaca el Dr. Emanuel, obispo de Speyer- quienes hablaban de la tragedia del caso Stepinac que presuntamente fue víctima de su desacertada política. Así pueden expresarse únicamente los que ignoran la realidad espiritual, sobrenatural, pero también la historia de este mundo, ya que un hombre de desacertada política no permanece en millones de almas como un luminoso ejemplo y no se escriben de él tantos estudios y libros. Cristo también fue condenado por motivos políticos. Stepinac no tenía ninguna política 'propia'; fue instrumento en las manos de Dios en los días difíciles cuando se desataron las pasiones por doquier. En el fuego entrecruzado de ideologías, de intereses antagónicos, de errores y horrores queda limpio y firme como un roble, sin doblegarse ante nadie, consciente de la misión que debe cumplir y del testimonio que ha de deponer. Cree en la victoria de la injusticia y del reino de Dios sobre el ateísmo y el materialismo, acepta sin vacilar el sacrificio de su vida terrenal, cuando, con condiciones honrosas, pudo salvarla. Así no obra un hombre 'trágico' o un hombre político, sino sólo un hombre dotado de las virtudes teologales, fortalecido con la oración en la unión con Dios"[82].

Quienes lo conocieron bien, están persuadidos de que su vida pasaba en la permanente unión con Dios y en la oración constante. Como arzobispo, todos los días rezaba el rosario con la servidumbre, visitaba y ayudaba a los pobres en las zonas suburbanas de Zagreb. Fundó y dirigió la primera Caritas en Croacia. Ayunaba y practicaba penitencia, lo que se reflejaba en su figura. Cada octubre visitaba las parroquias de Zagreb y con los fieles rezaba, arrodillado, las tres partes del rosario, y durante la cuaresma hacía Via Crucis. Cada año presidía, yendo a pie todo el día de verano, la peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Bistrica, pronunciaba sermones cuaresmales, confesaba, visitaba el seminario y las parroquias, se ocupaba de las misiones populares, de las vocaciones sacerdotales, se esforzaba por reorganizar la Acción Católica, peregrinó a Tierra Santa. Todo eso prueba que no escatimaba esfuerzos ni sacrificios en la propagación del reino de Cristo y en la salvación de las almas. "Daba ejemplo a todos en el trabajo agotador", escribe el director de "Katolicke list", con motivo del quinto aniversario de su ordenación obispal[83].

En los suburbios de Zagreb, capital de Croacia, Stepinac fundó 11 parroquias nuevas. Transformó la residencia veraniega de los arzobispos de Zagreb, castillo de Brezovica, en un convento de las hermanas Carmelitas con la condición de orar por los sacerdotes de su arquidiócesis y allí, en el campo, pensaba hallar su último descanso. Sentía una devoción especial por la Virgen María y por consiguiente se ocupaba del mantenimiento decoroso del famoso santuario de Nuestra Señora de Bistrica. Dejó traducido al croata "El rosario como meditación y la oración oral" del domínico francés Andrés Pradel. En su testamento espiritual, del 28/5/1957, nos exhorta de manera especial: "Honrad a la Virgen María" y luego prosigue: "...nuestros abuelos y bisabuelos ornaron a nuestra patria, cual una corona de estrellas, con las iglesias y capillas consagradas a la Virgen María... Ante sus altares se arrodillaban con humildad y rezaban por el perdón de sus pecados ante el Señor por mediación de la que es el Refugio de los pecadores. En Ella depositaban sus esperanzas en los difíciles momentos personales y nacionales. Guardad la tradición de vuestros padres" [84].

Fue elevado a la dignidad arzobispal, siendo desconocido por el público, sin desearlo ni esperarlo, como lo confiesa él mismo. Aceptó esa carga, sometiéndose a la voluntad de Dios. Con el correr del tiempo, se ve con claridad que esa carga se está convirtiendo en la verdadera cruz a la que está destinada su vida terrenal. Así con motivo de la audiencia concedida a los escritores campesinos croatas, partícipes de un cursillo en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, organizado por la sociedad de los escritores católicos (según me lo contó el escritor Lucas Brajonic, participantes del acto), tras pronunciar unas cuantas palabras de salutación y exhortación a los concursantes, entregó a cada un de los presentes una pequeña cruz y les dijo: "Os la regalo como símbolo de vuestro arzobispo, y probablemente de muchos vosotros". El 23 de marzo de 1945, en vísperas de la invasión comunista, dijo al reverendo Cecelja, quien tuvo que exiliarse: "Sé lo que me espera aquí. Rece por mí para que pueda aguantar"[85].

La elección del joven sacerdote Aloysius Stepinac como arzobispo de Zagreb, ordenado hacía apenas tres años, aparentemente sin méritos, sin talentos especiales, sin haber desempeñado todavía función responsable alguna; su nombramiento como arzobispo cum iure succesionis de la diócesis más vasta y más importante en Croacia, y una de las más grandes del mundo, parecía a muchos un acto imprudente. Sin embargo, hubo quienes intuían en él los charismata especiales de Dios. Vinko Kriskovic, notable pensador liberal y escritor croata, amigo del predecesor de Stepinac, arzobispo Bauer, escribe al respecto:

"Cuando el arzobispo Bauer designó a Stepinac su coadyutor con derecho a la sucesión, muchos le reprochaban, arguyendo que para ese cargo pudo haber encontrado a un sacerdote más capacitado y más instruido. Bauer siempre contestaba que se avecinan graves persecuciones de la Iglesia, y en toda su diócesis no hay sacerdote que podría soportarlas y enfrentarlas con más valentía que Stepinac. Dijo la verdad". Kriskovic concluye: "Así acaso se cumpla la profecía de que el crucifijo, que en el alma humana halló la morada eterna, en el cual están ahora crucificados los croatas, les redimirá también lo que la razón exige con rebeldía y el corazón anhela: su libertad. Crux, spes unica"[86].

El arzobispo Stepinac, durante los primeros cuatro años (1935-1939) de su misión pastoral, hizo todo lo que puedo en ese período de la paz amenazada, despertando y alentando las positivas fuerzas religiosas, señalando los errores, haciendo penitencia y obras de caridad. El Espíritu Santo estaba preparándolo de ese modo para su gran obra por la que Juan XXIII le felicitará con motivo de su boda de plata obispal en estos términos: "Porque tenemos en alta estima los méritos de tu espíritu y de tu heroísmo, tu devoción, tu conciencia de vigilante sentimiento católico, la inquebrantable firmeza de tu corazón invicto". Y en la alocución fúnebre lo llama "alma bendita".

En el torbellino

Estudiando a "esta alma bendita" que durante la tremenda conflagración se convertirá en la voz de la conciencia universal en nombre de la verdad y la justicia de cuantos están amenazados y perseguidos, y por último desempeñará un significativo papel en la historia de su pueblo, se plantea la interrogante: ¿cómo era posible contra semejante "ejemplo del celo apostólico y de la virtud cristiana" (Pío XII el 12/1/1953), arrojar tanta suspicacia, tantas interpretaciones falsas y tantas calumnias? Cabe admitir que hayan surgido distintas interpretaciones sobre la oportunidad de su postura inflexible hacia todos los totalitarismos, o sobre alguna acción de Stepinac, pues todo eso puede discutirse, pero aquí nos preguntamos ¿cómo pudo ponerse en tela de juicio su conciencia cristiana, su rectitud pastoral y su integridad moral?

Hoy, al cabo de 20 años de su condena y 6 años de su muerte, con la copiosa documentación, accesible a todos, con objetividad podemos señalar los focos de la propaganda adversaria y los móviles que la inspiraron y de esa manera esclarecer, a los que no están bien interiorizados, "el caso del cardenal Stepanic".

Ante todo, su "desgracia" fue pertenecer a un pequeño pueblo esclavizado, considerado por los vencedores como enemigo, de modo que los croatas y a su pastor se los juzgaba de acuerdo al viejo lema Vae victis. La moral política en general, y particularmente en tiempos de guerra, es oportunista, utilitaria, reñida con el derecho natural y con los principios morales cristianos.

En la primera fase de la guerra, Stepinac se enfrenta con la agresiva ideología nazi-fascista; entonces los mismos guerrilleros comunistas difunden desde las emisoras soviéticas sus sermones y declaraciones, explotándolos a los fines propagandísticos. Como la propaganda no suele estar siempre al servicio de la verdad y la justicia objetiva, los comunistas al pasar a la contraofensiva se volvieron contra el Arzobispo, por haberse atrevido a criticar también los errores marxistas y el totalitarismo comunista. Aparte de esa confusión que creaba la propaganda comunista, el peligro de que se lo interprete mal radicaba en que lo hechos más salientes de su vida sucedieron en el período que brillaba por la ausencia de noticias sobre Croacia cautiva e informaciones exactas, verídicas y objetivas (1945-46). Si uno quiere hojear lo que publicaban los diarios y las revistas en ese entonces, escribe el Mons. Emanuel, obispo de Speyer, se asombra ante los enormes vacíos que encuentra[87].

El mundo libre no tenía un panorama verídico de lo que pasaba en las tierras croatas durante y después de la última guerra. Casi todo lo que la opinión pública pudo saber durante 17 meses de violentos ataques comunistas contra Stepinac, que precedieron a su arresto, fue por conducto de la prensa comunista yugoeslava y las declaraciones de los nuevos amos que el mundo generalmente aceptaba como si los vencidos carecieran de voz y voto. La opinión pública fue informada tendenciosamente y nuestro Arzobispo fue considerado como su pueblo derrotado, que según la moral bélica "nada bien puede hacer" ni le "asiste el derecho". Conforme a esa moral, los criminales de guerra no fueron Stalin y Tito; en cambio, un hombre de conciencia limpia fue condenado como "criminal".

El primer foco de la falsificación de su alma durante la guerra lo encontramos en la deficiente y errónea información de la opinión mundial.

El segundo, el verdadero culpable de la falsificación y la denigración del arzobispo de Zagreb es el Partido Comunista Yugoeslavo. Los comunistas que admiten mentir, falsear y deformar, siempre cuando sirve a los intereses de la revolución, están fuera del marco de la historia de la civilización y de modo especial de la cristiana. Incluso en la práctica difieren de los pueblos más primitivos, que en el trato con el enemigo respetaban ciertos principios éticos. Dada la situación, y no obstante su "apropiación" del Arzobispo durante la guerra, a los comunistas no les interesaba más que someterlo a sus planes. Los ataques empezaron meses antes del proceso, y el calumniado no tuvo la mínima posibilidad de defenderse. La revista francesa Etudes, diciembre 1946, escribe sobre el particular: "...mientras los guerrilleros comunistas merodeaban por los bosques, la estación emisora secreta de Tito (igual que la BBC de Londres) no omitía citar como ejemplo al Arzobispo de Zagreb, su fe patriótica, su indoblegable altivez, su inflexible oposición al ocupante opresor. Pero esta misma gente, al llegar al poder, le formula cargos muy graves: la colaboración con el enemigo durante la ocupación ítalo-germana, la cobardía ante el dictador Pavelic y el complot contra el gobierno popular del mariscal Tito. Bastaron 16 meses para rehacer la historia, para que el héroe fuera declarado traidor"[88].

Toda la verdad, la justicia y la libertad estaban entonces encarnadas en el Partido Comunista, que a su vez era antihumano, anticroata y ateo. Por lo tanto, ¿qué se podía esperar sino que el representante de la humanidad, del pueblo y del Dios fuese condenado junto con esos valores?

El tercer cómplice son los nacionalistas servios, a pesar de ser adversarios del comunismo. La saña de los servios anticomunistas en calumniar a Stepinac no se sobreentendía, por cuanto les convenía resistir al comunismo solidariamente con los croatas tanto más cuanto se sabe de que Stepinac durante la guerra ayudó a los servios. Pero, una vez más, tratándose de los croatas, los nacionalistas servios, en su calidad de sostenedores de una Yugoeslavia concebida como Servia engrandecida y por consiguiente enemigos de la independencia de los croatas, eslovenos y macedonios actuaron en una extraña psicosis que únicamente puede dañar auténticos intereses nacionales de los mismos servios.

Semejante postura chovinista significa hoy un anacronismo. Para explicarlos, séame permitido recurrir a una breve reflexión histórica. Se abren nuevos horizontes, los pueblos están acercándose y sintiéndose parte de un todo, de manera que todos los problemas grandes se generalizan. Las Iglesias cristianas están preparando los caminos del acercamiento y de la unión, en caso de mostrarnos dignos de ella. Muchos, empero, se aferran a concepciones perimidas de la política nacionalista cerrada y de intereses egoístas. Tras la Christianitas medieval, vinieron tiempos que no aceptaban ya la moral universal, ni las verdades religiosas cristianas. Había surgido un aparente conflicto entre la fe y la razón, entre la filosofía y la teología. pero esa época está extinguiéndose. A principios de nuestro siglo se abren nuevas perspectivas; los problemas ya no se plantean como contraste fe-libertad, dogma-razón, según no hace mucho reconoció el líder socialista italiano G. Saragat, hoy presidente de la nación italiana. Nuevas ideologías y totalitarismos están ahogando la libertad, la razón, al libertad religiosa y los derechos individuales. Ante el asalto de esas fuerzas anticristianas, que esclavizan al hombre, a la sociedad y a las naciones, la Iglesia aparece como la conciencia de la humanidad, como representante de los derechos naturales del hombre, de la sociedad y de los pueblos, fundados en la ética cristiana.

En ese marco también al arzobispo Stepinac cumplió con su misión histórica. Sólo el hecho, según queda dicho, de no ser un hombre de inclinaciones políticas, sino el exponente de la Iglesia universal, le hizo posible observar y ponderar sin apasionamiento, sin miras unilaterales e intereses egoístas, aquella compleja y enmarañada situación de intereses antagónicos durante la última conflagración mundial. Así pudo combatir los estragos de distintas ideologías destructoras y ser la voz de conciencia de los perseguidos croatas, servios, judíos y gitanos, basándose en las leyes naturales y en los principios cristianos de justicia y amor. "No pasé un solo día -con razón dijo Stepinac- sin intervenir en favor de servios, judíos y de mis propios connacionales" [89]. A fines de mayo de1942, tras la procesión por la paz cerca del templo de nuestra Señora de Lourdes en Zagreb, el arzobispo pronunció un sermón sobre la paz, partiendo de la definición agustiniana de la paz: La paz es la tranquilidad del orden. "¿Qué requiere la tranquilidad del orden?" -se pregunta el arzobispo-. "En primer lugar, requiere que cada hombre, sin distinción alguna, reconozca siempre y por doquier su miseria e impotencia, y la grandeza y omnipotencia de Dios". Censurando a los pretendidos constructores del llamado "nuevo orden" nazi-fascista, prosigue: "La tranquilidad del orden, es decir la verdadera paz, requiere una justa relación con nuestro prójimo. Esa relación la definición Cristo perfectamente en la parábola del piadoso samaritano, que en el camino curaba al herido con aceite y vino, sin interesarle su origen u otras circunstancias, sino únicamente el sufrimiento humano, la naturaleza humana. La verdadera relación con el prójimo requiere que en él veamos no a una bestia, sino al hombre, hijo de Dios, como lo somos nosotros, a los hermanos que debemos amar, pues todos juntos debemos rezar: Padre nuestro que estás en los cielos (Mat. XCIII. 24). No sería serio hablar de un nuevo orden en el mundo, venga de donde viniese, si en ese orden no se respeta la persona, el alma inmortal del hombre, que está por encima de todos a los sistemas, que es insustituible, que tiene todos los derechos inalienables que ningún poder humano puede ni debe limitar. Sería erróneo pensar que tal vez la Iglesia Católica en la defensa de los derechos fundamentales del hombre y de la libertad de conciencia el miedo ante cualquier poder humano."[90].

El periódico suizo Schweizerische Kirchenseitung recalca la misión huminataria de Stepinac en estos términos: "Con el arzobispo Stepinac no se condenó sólo al arzobispo, al hombre, sino al Derecho, a la Libertad y a la Dignidad humana. Si no protestáramos y si permitiésemos que este caso caiga en el olvido, seríamos cómplices del avasallamiento del derecho, de la libertad y la dignidad del hombre" [91].

En la alocución, pronunciada en la catedral de Zagreb en el aniversario de la coronación del Papa Pío XII, el 14/3/1945, Stepinac se alza en defensa de la persona humana: "Sin duda uno de los errores más crasos de nuestra época es que el valor del hombre bajó a cero... Pues, prescindiendo de si cree o no en el Dios personal, cada uno, incluso el adepto de la concepción materialista del mundo, siente en lo hondo de su alma y lo manifiesta con su vida, que no es ni puede ser lo mismo que su perro, que no es ni puede ser un tornillo de una máquina... Quienes conservaron el tesoro de la fe saben que llevan en su alma la conciencia firme de que el Dios Creador existe, saben que el hombre no es efecto fortuito de una nebulosa evolución panteísta, sino obra de la voluntad del Creador, quien habló y puso en práctica su decisión: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza (Gen. I, 26). Cada hombre, por lo tanto, no importa a qué raza o nación pertenezca, si ha terminado los estudios universitarios en algún centro cultural de Europa o está cazando para procurarse alimentos en las selvas africanas, cada uno lleva igualmente la impronta del Dios Creador y le asisten los derechos inalienables, que ningún poder humano puede avasallar o limitar. Cada uno tiene derecho a la vida física, al matrimonio, a la educación religiosa, tiene derecho al usufructo de bienes materiales... [92].

Por su parte, el Partido Comunista trató, mediante la campaña denigratoria y el proceso monstruoso, presentarlo no como un portavoz de la conciencia y la libertad de la humanidad avasallada, sino, despojándolo de la investidura de la dignidad obispal y de pastor de almas, presentarlo como simple ciudadano, cargado de crímenes. Stepinac, consciente de ese juego maquiavélico, coloca el problema de la acusación en su lugar y exclama en el tribunal: "Mi conciencia está limpia (el auditorio se ríe) y no pienso defenderme. Aquí se ha repetido cien veces ¡el acusado Stepinac! No hay que ser tan ingenuo para no comprender que tras esta "acusado Stepinac" está el arzobispo de Zagreb y el representante de la Iglesia Católica".

Tres aludidos focos de campaña contra Stepinac están inspirados por "ira et studio" y, por consiguiente, carecen de la verdad objetiva. Pero el tiempo e el mejor juez. La opinión pública mundial cada vez conoce más la verdad; actualmente se plantean los problemas mundiales de otro modo que en los años de la postguerra. Por lo demás, hasta la "destalinización" inaugurada por Khrushchev, abrió los ojos a mucha gente en cuanto a los procesos monstruosos montados en los países comunistas, y, por supuesto, en cuanto al proceso a Stepinac. Su figura adquiere contornos más claros y luminosos; se convierte en el símbolo de la Iglesia del Silencio y su nombre es uno de los más conocidos en el mundo, pronunciado con "admiración y veneración", como se expresó Juan XXIII. La Iglesia -sin dejarse influir por la propaganda interesada- desde el principio con solicitud y fervor defiende a Stepinac; durante el proceso y la injusta condena moviliza por primera vez a las conciencias libres del mundo en una protesta unánime contra el proceder liberticida comunista.

No es necesario abundar en argumentos para rebatir la campaña comunista contra Stepinac, pues ésta no persigue "la búsqueda y la expresión de la verdad objetiva, sino que está al servicio de objetivos preconcebidos y utilitarios", según dice el Santo Padre en la encíclica Ecclesiam Suam. Los comunistas sabían que condenarían a un hombre justo -más tarde lo reconocerán- y presuntamente Tito lo hubiera liberado, pero los servios se oponían.

Mientras la opinión pública, mal informada al comienzo, mayormente rectificó su punto de vista, y los comunistas indirectamente admitieron haberlo condenado para que no obstaculizara sus planes, los nacionalistas servios, inspirados únicamente por sus estrechos intereses políticos, no se retractaron. Nosotros, los católicos croatas, lamentamos que nuestros hermanos ortodoxos, por lo menos los de la vieja generación, no estén dispuestos a rever su actitud ante tantos argumentos y testimonios irrebatibles en el sentido de que el cardenal Stepinac no fue un hombre político, que no le guió interés político alguno, que no insultaba ni menospreciaba a los servios y la ortodoxia. En cambio, hay muchísimas pruebas de su espíritu ecuménico, de su preocupación y obras en favor de ellos. Abrigamos la esperanza, que la nueva generación ortodoxa, con menos lastre del pasado y mirando desde una perspectiva histórica más amplia, será accesible a la verdad objetiva y a los nuevos horizontes espirituales en la era del universalismo y del ecumenismo, y que compartirá el justo veredicto histórico en torno a Stepinac[93].

Al alzarse contra los errores y las exacciones tanto de los fascistas nazis, ustachi, chetniks como de los comunistas, el arzobispo Stepinac tuvo inevitablemente que enfrentarse y vérselas con todos esos regímenes de opresión y con sus intereses peculiares. Hace falta, pues, un proceso más largo de apaciguamiento de pasiones y del chovinismo para poder sin prejuicios, juzgar su acción apostólica, o usando los términos del Mons. Salis-Sewis, "el más perfecto ejemplo de un auténtico hombre y sacerdote, lleno de piedad y de amor hacia todas las angustias y dolores"[94].

En esa lucha desigual, Stepinac sabía qué destino les espera a los que se oponen al totalitarismo comunista. Pero, "la historia dictaminará su veredicto, que me será favorable", declara ante el tribunal. Un hombre atado al carro de los intereses temporales, políticos, no sacrifica su libertad y su vida con esa calma dignificante, sino únicamente el que, obedeciendo a su conciencia, cumplió con el deber que le asignó la Providencia. "Recibiré con conciencia tranquila vuestra condena... Podré irme al otro mundo con conciencia tranquila... El acusado arzobispo de Zagreb sabe no sólo sufrir por sus ideas, sino también morir". Así habla un justo ante el tribunal mientras enfrenta la amenaza de la muerte.

La Documentation Catholique, en su comentario sobre la Iglesia perseguida en Yugoeslavia, acota entre otras cosas: "La mentira se utiliza y muy a menudo, en las controversias políticas. Hay países, como Oriente Cercano donde se miente sin pudor, sin que ello provoque reacción alguna o debilite la autoridad del que miente"[95].

Para que tales afirmaciones no parezcan infundadas, vamos a citar algunos documentos característicos relacionados con la protección que Stepinac prestó a los servios.

The Tablet del 19/10/1946 escribió: "Al comienzo de la ocupación de Croacia, en la primavera de 1941, se remonta la primera intervención del arzobispo para salvar algunos servios encarcelados que Pavelic intentaba ejecutar. El 14 de mayo de 1941, dirige a Pavelic su primera nota oficial de protesta a raíz de la ejecución de 260 servios en Glina por parte de los ustachi. Una semana después, el 22 de mayo, en la nota dirigida al ministro del Interior del gobierno de Pavelic, censura las medidas tomadas contra los judíos y los servios. Pocas semanas después entregó a Pavelic la carta del arzobispo de Belgrado, pidiéndole poner término a la persecución de los servios en Croacia y disponer un trato mejor a los prisioneros servios... En febrero de 1942 protesta ante el ministro del Interior por la demolición de las iglesias ortodoxas en la diócesis de Senj, y en marco contra la deportación en masa y la detención de los judíos"[96].

En la reunión del episcopado croata, celebrada en Zagreb, en su ex palacio arzobispal, se redactó el 17 de diciembre de 1941 una nota de protesta contra la persecución de los servios y de modo especial contra las conversiones forzadas al catolicismo. Esa nota fue entregada al jefe del Estado por los obispos en la audiencia conjunta. El artículo 11 de dicha nota dice textualmente: "Para poder recibir a los ortodoxos a la región católica de tal naturaleza. A ese propósito, ante todo se debe no sólo garantizar sino hacer efectivos los derechos ciudadanos de los que fueron privados y sobre todo el derecho a la libertad individual y a la propiedad. Que se prohíba nuevamente, en forma terminante, todo trato ilegal de las autoridades locales en contra de la libertad individual y de la propiedad de los ortodoxos. Si hay algunos entre ellos que merecen castigo, que se los juzgue como a los demás ciudadanos, previo trámite ante los tribunales regulares. Que se prohíba desde ya, bajo las sanciones más severas, toda agitación pública y cualquier acto individual que persigue la demolición de los templos o capillas ortodoxos o el saqueo de sus propiedades"[97].

En el curso de la guerra, el palacio arzobispal de Zagreb fue el refugio y centro de ayuda a los perseguidos y hambrientos. Stepinac se ocupaba personalmente de los huérfanos de guerra. Tras la operación militar en el monte Kozara contra los guerrilleros comunistas de 1942, gracias a la intervención del arzobispo los niños abandonados fueron confiados a Caritas, trasladados a Zagreb, atendidos y vestidos, y luego repartidos en familias donde se los educaba.

Así se salvaron alrededor de 7.000 niños, mayormente hijos de los guerrilleros ortodoxos. Caritas había organizado toda una red de recolección de víveres y ropas, y sin hacer distingo alguno prestaba ayuda a los judíos, los católicos, los ortodoxos y musulmanes. "¿Cuál fue el agradecimiento de los guerrilleros comunistas que ahora se atreven a llevar al arzobispo al banquillo de acusado?, se preguntaba la Documentation Catholique. Replicaron que él, al organizar esa obra de caridad cristiana, perseguía únicamente conseguir conversos y semejante proselitismo no pudo tolerarse (sic)". Respecto de Caritas, Stepinac declaró en el proceso: "Vosotros me reprocháis también la actividad de Caritas. Repito aquí que esa institución hizo grandes obras de beneficencia a nuestro pueblo y a vuestros hijos".

Hemos citado, a guisa de ejemplo, algunas de muchas declaraciones y acciones del arzobispo de Zagreb que revelan la voz y las obras del pastor y no a un político. Aquí con razón cábenos preguntar: ¿hubo otra voz tan viril y valiente que se levantara en aquel torbellino bélico en otros sectores no católicos y no croatas como la suya? Unicamente un representante de la fe y del espíritu, no comprometido en los asuntos y las consideraciones terrenales, inmolando su propia vida pudo actuar con tanta decisión y seguridad en los momentos trágicos de nuestra historia en defensa de todos sin discriminación racial, nacional o confesional.

Hemos de imaginar la difícil situación de un hombre que aborrece la política, pero cumple la misión del Metropolitano de Croacia en los momentos más decisivos de su patria y del mundo, cuando las pasiones desenfrenadas empezaron su danza demoníaca. Cuando distintos totalitarismos con sus partidarios fanatizados asolaron a nuestro país, Stepinac tuvo que permanecer fidedigno, justo, objetivo, no plegarse a bando político alguno, pero no pudo permanecer callado, sino hubo de hablar en voz alta y repudiar errores, violencias y crímenes, defender la justicia, la igualdad de los hijos de Dios y de todos los hombre ante la ley, y la dignidad humana. En sus alocuciones y notas a las autoridades no cesa de protestar y exclamar por las virtudes y los derechos olvidados y conculcados de todos sin distinción, sean croatas, judíos, servios, gitanos.

Fue coherente consigo mismo: su carácter, su formación espiritual, su vocación pastoral hacían una unidad indivisible. Por eso Juan XXIII con razón lo llama en el sermón fúnebre "reflejo fiel del buen Pastor Divino", y el obispo Salis-Seewis, en la carta aludida, dice: "...nuestro respetado arzobispo Dr. A. Stepinac es el ejemplo más hermoso de un santo y un pastor ejemplar".

In te, domine, speravi

El obispo Salis-Seewis en su valiente y cálida carta pastoral, leída en todos los templos de la arquidiócesis, escrita el 12/9/1946, vale decir dos semanas después del arresto del arzobispo, dijo: "En esta grave persecución de nuestro arzobispo, nosotros no le hallamos culpable de nada. Puesto por Dios a la cabeza de su grey, se alzó, lo que es comprensible, con el ardor y el valor apostólicos, en defensa de las leyes divinas, de la Iglesia y sus derechos. Siempre lo hizo. Lo hacía bajo los regímenes y autoridades anteriores. Lo estaba haciendo también en los momentos actuales, en el Estado actual. Lo hacía únicamente por dictado de la conciencia de su deber y de su responsabilidad ante Dios y por amor a su pueblo croata, sabiendo que no se puede construir la auténtica vida nacional y asegurar su desarrollo sin la fe en Dios y sin el cumplimiento de sus mandamientos"[98].

Pero al defender con celo apostólico la justa causa de la fe, de la Iglesia y de su pueblo, como asimismo los derechos humanos, en aquellas circunstancias, cuando el enemigo creía haber llegado la hora propicia para suprimir todos esos valores, significaba, por cierto, olvidarse de su vida. El arzobispo recogió el desafío y la gran prueba que ello entrañaba. Seguidor fiel del Modelo divino, accedió a beber el cáliz amargo hasta los heces. Este amargor se intensificará por cuanto no será condenado como un paladín de la fe, la justicia y el amor, ni por su fe en la Divinidad Trinidad, sino por presuntos hechos políticos, y peor aun, será juzgado como criminal "que seduce al pueblo".

Terminada la reunión de las conferencias episcopales del 23-26 septiembre de 1952, los obispos entregaron a Tito una carta, en la que se lee: "¿No es asombroso, en verdad, que el clero que en el mundo civilizado no llega nunca a casi nunca a chocar con el código penal, en nuestro país se ha vuelto tan incorregiblemente criminal?" [99].

Las autoridades comunistas no dieron a conocer los verdaderos motivos al arrestar al mons. Stepinac.

El arzobispo fue detenido el 8 de septiembre de 1946 tras la interrupción de las negociaciones con el gobierno comunista sobre el arreglo de las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Para los comunistas el arreglo consistía, ni más ni menos, en que los católicos croatas, y luego los demás católicos de Yugoeslavia, rompieran con Roma y fundaran su iglesia nacional. ¿Fueron conscientes los comunistas de cuán contradictoria y absurda era su empresa? Precisamente por no haber logrado que Stepinac y los demás católicos croatas accediesen a separarse de Roma, acusarán al arzobispo de la conversión de los ortodoxos al catolicismo.

A ese punto se refiere también la Documentation Catholique (1/1946) cuando escribe: "El régimen de Tito tropezó con fuerte oposición dentro del país, especialmente en ciertas regiones, como Croacia, lo que es comprensible. Primero, porque este país católico, por lo tanto con la conciencia cristiana más desarrollada, sintió más hondamente la incompatibilidad entre el comunismo y el destino espiritual del hombre, y también porque ese régimen eliminó al Estado Independiente de Croacia, sueño secular, realizado a principios de guerra, que satisfizo los anhelos del pueblo entero... Por eso fue montado el famoso proceso al arzobispo Stepinac, metropolitano de Croacia, y por tanto el más alto representante del pueblo croata. Pero sucedió que la elección de la persona fue totalmente desacertada, pues Stepinac ya era sospechoso a los alemanes, más que reservado y hasta opositor a los ustachi. Ante todo era hombre de la Iglesia".

François Mauriac será mucho más preciso. Él escribe: "...hemos leído algunos informes y hemos recogidos testimonios que nos convencieron: monseñor Stepinac, condenado a 16 años, es inocente. Todo se explica si recordamos que el 8 de septiembre de 1946 el arzobispo de Zagreb, primado de los croatas, se negó a romper con Roma. Allí está el nudo de todo..." [100]. L'Osservatore Romano recalca también el mismo motivo (1/10/1946): "El obispo, el pastor, el valioso defensor de los principios humanitarios, y del amor, con valentía y con lenguaje digno de los Hechos de los Apóstoles, proclamó desde todos los altares católicos non possumus de la Iglesia que se está juzgando para que desaparezca, pero lo habrían cubierto de oro y plata si hubiese querido servir como trampolín".

Implícitamente lo admite el mismo Tito cuando declaró en una reunión electoral en Zagreb poco después de la condena: "Nos acusan de haber encarcelado a Stepinac para librarnos de él. He dicho abiertamente al Mons. Hurley, delegado papal, durante su visita: destitúyanlo, aléjenlo, de otra manera nos veremos obligados a arrestarlo" [101]. En otras palabras: nos molesta en nuestros planes, se cruza en nuestro camino y debe desaparecer. Cuáles eran esos planes ya lo hemos visto. Tito los expone taxativamente a fines de 1949 en una reunión de los sacerdotes "populares" eslovenos: "Puesto que nosotros nos hemos separado de Moscú, ¿por qué vosotros no os separáis de Roma?" [102].

Los hechos y declaraciones citados arrojan suficiente luz sobre las verdaderas causas de la persecución de Stepinac y de su "culpa". L'Osservatore Romano (12/10/1946), al replicar a las incriminaciones contra Stepinac, cuyo mandante para los comunistas sería Roma, escribe: "...pues, si sus culpas eran culpas, no serían suyas sino las de la Iglesia, no croata o yugoeslava, sino universal... Pues el fondo amargo, pero auténtico de toda esta dolorosa historia sería éste: mons. Stepinac es un criminal tanto cuanto lo puede ser la Iglesia Católica. La Iglesia de Cristo...". En el mismo número del diario vaticano, se lee también: "El proceso a la Iglesia Católica, el proceso a mons. Stepinac fue el proceso a la patria croata".

Mas el Stepinac encarcelado por los comunistas yugoeslavos sigue perturbando sus planes. No obstante los "crímenes" que le imputan, el régimen comunista sigue ofreciéndole la libertad a condición de salir del país. En octubre de 1947 Bakaric, máxima autoridad comunista en Croacia, le visita en el presidio de Lepoglava, le da el título "Excelencia", mientras las autoridades tras su arresto lo llamaban simplemente Stepinac. Bakaric insistió en que firmara la petición de indulto, dirigida a Tito, ya redactada. Le aseguraba que inmediatamente sería libertado y entregado a los norteamericanos, que lo llevarían al extranjero. Para cualquier hombre en la situación del arzobispo la tentación sería grande, pues no podía esperar recuperar de otro modo la libertad o reasumir la conducción de su arquidiócesis. En cambio, Stepinac, hombre de conciencia limpia y de fortaleza sobrenatural, prefiere soportar su via crucis y se niega a firmar la solicitud de indulto. Exige la revisión del proceso ante un tribunal independiente y no ante el Partido Comunista; se declara dispuesto a rendir cuenta al pueblo croata en la plaza mayor de Zagreb, pero no quiere abandonar a su país, a su pueblo, a su diócesis. Como los comunistas temen la auténtica voluntad del pueblo, Bakaric, por supuesto, no acepta su última oferta y vuelve de Lepoglava con las manos vacías[103]. Tito y sus compañeros empezaron a inquietarse ante la postura de ese carácter indomable.

Hubo otros intentos para aconsejarle alejarse de su grey, lo que Stepinac rechazó categóricamente. Al corresponsal del Catholic Digest le declaró: "No puedo ir a Roma para recibir el capelo cardenalicio. No lo puedo ni lo deseo, puesto que no puedo dejar a mi pueblo. Me quedaré aquí si es necesario hasta la muerte". En efecto, se quedó ante la admiración de la Iglesia y del mundo.

Contestando al ofrecimiento del gobierno comunista yugoeslavo que aparentemente quiso demostrar su buena voluntad, y de hecho trataba de quitarse de encima una grave carga, en el sentido de que soltaría a Stepinac con la condición de que abandonase Yugoeslavia, L'Obbservatore Romano 9-10 de julio de 1951 publicó la comunicación oficial de la Santa Sede, en la que se expresa que el gobierno de Belgrado hizo saber a la Santa Sede, por intermedio de la nunciatura apostólica, que estaba dispuesto a rebajar la pena de Stepinac, a condición de salir definitivamente del país. La Santa Sede mandó la siguiente respuesta al gobierno de Belgrado: "Como la opinión de la Santa Sede en lo tocante al proceso y la condena del Excmo. Stepinac es conocida, resulta obvio que sería feliz viendo libre a Mons. Stepinac. Sin embargo, la Santa Sede está enterada de que el prelado, persuadido de su inocencia, prefiere quedarse con su grey. La Santa Sede no puede dejar de respetar este sentimiento y por lo tanto no piensa imponerle el alejamiento, que sería contrario a lo que Mons. Stepinac considera en su conciencia como su deber"[104].

Se conoce la declaración de Milovan Djilas al respecto. Ivan Metrovic lo encontró en Nueva York y al preguntarle: "¿Qué piensa Ud. de Stepinac y de su condena?", Djilas (entonces presunto sucesor de Tito, contestó: "Para decir la verdad, creo y no soy solo en creerlo, que Stepinac es un hombre intachable, de carácter íntegro e infranqueable. En rigor, fue condenado inocente, pero en la historia ocurre con frecuencia que los justos son condenados por motivos políticos". A otra pregunta de Mestrovic, Djilas replicó: "Nada tendríamos contra su nacionalismo croata, pero no podemos tolerar su adhesión al Papa romano".

Otro alto dirigente comunista dijo a Mestrovic: "Sin duda es un hombre de recio carácter, irreprochable y firme en sus convicciones. Si hubiese cedido en una sola cosa, hoy estaría libre y nos hubiera evitado grandes inconvenientes. No nos hubiera molestado su nacionalismo croata. Si hubiera proclamado la Iglesia croata lo habríamos elevado hasta los cielos"[105].

Ivan Mestrovic escribió en The Syracuse Herald Journal (1/10/1952) que el mismo Tito había declarado que los círculos servios de la actual Yugoeslavia y su clero se oponían a la liberación del arzobispo Stepinac.

Los documentos que acabamos de citar evidencian el fondo real y las causas verdaderas que motivaron la condena de Stepinac. Todo hombre amante de la verdad, debe concluir que el proceso y la sentencia no se fundaron en los supuestos crímenes políticos o comunes de Stepinac, sino que se trataba del proceso instaurado contra la Iglesia católica y la fidelidad de los croatas a la Iglesia universal. En resumen, podemos concluir que las autoridades comunistas querían separar de Roma a los católicos. Como el arzobispo Stepinac, jefe de la jerarquía eclesiástica en Yugoeslavia, resistió a tales designios, le montaron el proceso, le inventaron cargos y lo condenaron a 16 años de presidio. Pronunciada la sentencia, y en vista de la enorme repercusión mundial, harto incómoda para el régimen comunista, las autoridades no podían retractarse a causa de la oposición servia, por eso le ofrecen la salida al extranjero. El arzobispo rechaza los ofrecimientos reiterados, por cuanto no quiere abandonar a sus feligreses que pasan por trances difíciles y duras pruebas; se queda en el presidio, luego en el confinamiento y en el arresto domiciliario, que poco modifica su situación, y deposita todas sus esperanzas en el Señor.

Stepinac, pues, era inocente de todas las acusaciones y muy consciente de las verdaderas causas del proceso, es decir de la farsa judicial para encubrir esas causas. Por eso se calló durante el proceso, ya que sabía que estaba condenado con antelación. Se calló ante todos los insultos que le lanzaron al rostro, sobre todo el fiscal Jakov Blazevic, tildándolo de "criminal de guerra... colaboracionista de Pavelic y de los nazis... enemigo del pueblo... bandido... emisario del gobierno foráneo... que arrastraba a todos por el camino de la traición y del terrorismo". Leemos en el Evangelio: "Entonces, Pilato le dijo: ¿No oyes todo lo que ellos alegan contra Ti? Pero El a nada respondió de cuanto le dijo, de suerte que el gobernador quedó en extremo maravillado" (Mat. XXVII, 13-14). Blazevic, ante el silencio del arzobispo, le gritó: "Usted se calla como Cristo ante Pilato", y dijo la verdad. Fue el momento cuando Stepinac más se parecía a Cristo. Lo constató el mismo diario vaticano.

El pastor Stepinac imitó a Cristo Buen Pastor y siguiendo sus pasos se convirtió en el magnífico ejemplo del adepto y testigo de Cristo, por lo que desempeñó un papel muy significativo en nuestra historia croata. Sabía que la Providencia Divina lo había elegido para ser víctima expiatoria de tantos pecados terribles cometidos durante la guerra. Había, pues, que dar satisfacción a la infligida justicia divina. Simultáneamente fue escogido para servir como dique contra nuevas mentira, nuevas infracciones de la justicia y del amor, contra la subversión de todos los valores superiores, de las virtudes de los derechos y de la vida humana. Por último, tenía conciencia de que como pastor no podía abandonar a su grey en el momento en que los lobos la estaban invadiendo.

Con ello Stepinac venció a Tito. No se arrodilló ante el engreído comunismo ni aceptó su exigencia para que se desgarrasen más aun las vestiduras de Cristo. Pasó por una gran prueba y, pese al gran desgarramiento, el redil se mantuvo, los católicos croatas no traicionaron la fe de sus padres. Dios hizo gran obra por intermedio de su humilde siervo Stepinac. Sus virtudes, particularmente la fortaleza, la fidelidad y el amor a la Iglesia y al pueblo, determinaron el curso posterior de la Iglesia en Croacia, marcando al mismo tiempo su cauce histórico-cultural. La historia calificará algún día ese inapreciable papel del hijo del campesino en la silla arzobispal de Zagreb como "el mártir de la unión", según lo llamó François Mauriac. ¿Qué habría ocurrido si el arzobispo hubiera vacilado un poco en esos sucesos dramáticos e intentado transar con el régimen comunista antirreligioso y antinacional?

Las cosas grandes requieren decisiones y sacrificios grandes. Stepinac fue grande por su decisión viril de aguantar el reto y de aportar voluntariamente su sacrificio. Accedió a ser la buena simiente que debe morir en el campo croata para luego dar el fruto centuplicado. Su sacrificio es la expresión más sublime de su amor a la Iglesia, al pueblo y a las almas.

Su divisa fue tomada del salmo 30: "En Ti, Señor, deposité mi esperanza", y el versículo siguiente reza "y no me confundiré jamás". Así ocurrió, el cardenal Stepinac confundió a sus adversarios, pero él no se confundió.

Sacrificio, grato a Dios

Hay algo inescrutable para el cerebro humano en los indecibles dolores y la pasión del Salvador, que queda como el secreto del amor divino. Es seguro que todos sus adeptos fieles, sobre todo los mártires y los santos, deberán un día acomodarse de una forma u otra al Modelo Divino en el amor mediante la Cruz. El ejercicio en las virtudes cristianas no se hace a causa de estas virtudes en sí, sino por el amor que así se alcanza y que construye al síntesis de la perfección. Las virtudes morales nos perfeccionan en los medios y sólo las virtudes teologales encaminan el alma hacia su última meta: Dios. La fe es la condición para poseer la vida, ya que el padre confiere la vida al que cree en el Hijo. Las Santas Escrituras muestran con claridad que la santidad surge de la fe en primer lugar y florece en el amor.

La perfección cristiana consiste en la imitación de Dios en el ejemplo absoluto que es Cristo, que no es sólo Maestro que enseña sino quiere que lo imitemos. "Hacéos, por tanto, imitadores de Dios" (Ef V. 1). Cada atributo divino, sobre el cual un alma devota medita y lo profundiza en la majestuosa revelación, puede devenir el ideal de la imitación y la perfección, dice Sto. Tomás, mientras los santos imitando al Salvador se convierten con ello en los modelos humanos e la perfección.

Moralmente, la santidad requiere el consentimiento libre, la sumisión humana a la voluntad divina. Así nace la santidad y crece en virtud del doble principio: el divino y el humano. Dios da la gracia, el hombre ofrece su colaboración. Hay que conformarse, pues, con la voluntad divina, con las gracias y talentos infundidos por el Espíritu Santo.

Tras el perfil del cardenal Stepinac como hombre de oración, devoto y fiel a su vocación, humilde, paciente, lleno de amor a Dios y a los pobres, justo y piadoso; tras su semblanza como pastor y maestro de las almas, del confesor de Dios y defensor de los perseguidos y desamparados, nos resta ahora seguirlo durante más de 14 años de presidio y confinación en su largo via crucis, donde cada estación dura un año. En esta última etapa de su vida, despejado de todas las prerrogativas obispales y de los derechos humanos, no es más que una víctima que se quema lentamente. Para alcanzar semejante cumbre de la perfección heroica, la teología espiritual destaca la necesidad "de la purificación" activa: morir para sí y para el mundo transitorio y mortal por el cual ya había pasado; para ahora, en los últimos años de su vida, experimentar la purificación pasiva, cuando la mano de Dios lo está llevando para ser la obra maestra de la Gracia Divina.

Cuando Stepinac hizo todo lo que pudo y debió hacer, se entregó a Dios para que el Espíritu Santo lo guiara por el espinoso camino del Gólgota. La Gracia en él no actuó en vano; creció constantemente, y el Espíritu divino lo preparaba para una inmolación larga y dolorosa hasta alcanzar las virtudes heroicas.

El mundo desconoce los caminos por los cuales Dios lleva a las alas elegidas, y por eso lo despreció oficialmente; las almas pusilánimes lo criticaban a causa de su inflexible oposición a la irrupción del mal, pero la comunidad fiel del "pueblo de Dios" quedó admirada por las grandes cosas que la mano divina hizo en él.

Ya hemos subrayado que Stepinac había previsto el sacrificio de su vida terrenal y para ello se preparaba. Cuando le llegó la hora, voluntariamente carga la cruz sobre sus hombros para dar testimonio por Cristo hasta el fin.

Este hecho de por sí desmiente reproches y calumnias de sus enemigos en el sentido de que fue el exponente de una política ajena a la propia. Los políticos, al ver en 1945 sus vidas amenazadas, se asilan y sólo el buen pastor permanece junto a su grey y da su vida por sus ovejas. Stepinac no es político y no se refugia, incluso no acepta una transacción diplomática, sino, siguiendo el ejemplo del Salvador, da su vida cuando pudo salvarla.

Como la gracia santificante, dice San Buenaventura, aliada a las virtudes y dones del Espíritu Santo, juntamente con las virtudes y los dones debe desarrollarse orgánicamente y crecer hasta la plenitud de Cristo. Es decir, las virtudes morales crecen con las prácticas repetidas de las obras buenas, mas obrando por la iniciativa de alma misma en estado de gracia, en cambio los dones aumentan por el soplo o la iniciativa del Espíritu Santo, llevando así el alma a la perfección. Por consiguiente, para que el amor y las demás virtudes puedan producir obras perfectas, deben ser perfeccionados por el Espíritu Santo. Unicamente con la oración continua y con el ejercicio activo de las virtudes el alma por sí sola no puede limpiarse completamente de sus imperfecciones; hace falta, además, la purificación pasiva para alcanzar la perfección. Por tanto, la perfección presupone y requiere la purificación pasiva, en la que el Espíritu Santo asume la iniciativa[106].

El período del encarcelamiento y el de la confinación del arzobispo Stepinac es el tiempo en que se realizó su purificación pasiva, que San Juan de la Cruz llama "la noche oscura" del alma. No nos es dado penetrar en el proceso de ese acontecer místico en las profundidades de su alma, en el íntimo diálogo de su alma dolorida con Cristo. Lo podemos apenas vislumbrar, desde lejos. Todas las calumnias, lanzadas desde varios bandos durante la guerra y en la posguerra, sobre todo en el curso de la campaña comunista y del proceso judicial, reaparecían sucesivamente en su alma; todos los insultos y mistificaciones, todos los reproches y los consejos de los llamados bienintencionados para contemporizar con dos hechos consumados, para suavizar su actitud y buscar una solución transaccional en el interés superior de la nación, para salvar lo que podría salvarse; todos los desgarramientos de su grey bajo el comunismo, la persecución de los fieles, y la defección dolorosa de los débiles... todo eso debió desfilar en su alma, ser reexaminado y repercutir hondamente en su soliloquio con el Cristo crucificado, al que entonces se pareció más. Innúmeras veces hubo de preguntarse: ¿si su postura y oposición inflexibles al ateísmo comunista fue el único camino acertado en defensa de la fe y del pueblo? ¿Si obrando así dio el verdadero ejemplo a los demás pastores y fieles? ¿Con su tenacidad no ha agravado y prolongado quizás los sufrimientos de su pueblo, amenazado de exterminio biológico, y desgarrado religiosa y moralmente? Quien conoce un poco la vida interior y la ascensión mística de la purificación de las almas escogidas, fácilmente comprenderá de qué modo el tentador asaltaba su alma en las largas y solitarias horas del presidio para inducirla a la duda, debilitar su fe, quebrantarlo y llevarlo a la desesperanza.

A los sufrimientos morales se sumaron los dolores físicos. Habíamos sabido de sus enfermedades, pero no sabíamos hasta qué punto sufría antes de leer su carta dirigida al tribunal de distrito de Osijek el 1 de diciembre de 1959. En dicha carta Stepinac contesta la citación del juzgado para que comparezca a efectos de ser interrogado en la causa de los sacerdotes "Cirilo Kos y codemandados".

"La consecuencia de la condena que escandalizó a todo el mundo es que mi vida física durante los trece años de prisión y confinamiento ha llegado al borde de la tumba. Los médicos de nuestro país y del extranjero han hecho todo lo posible para prolongar mi vida, pero no pudieron restituirme la salud hasta la fecha. Me han sacado treinta y cuatro litros de sangre y eso todavía no es suficiente. Tuvieron que operarme de ambas piernas para salvarme de la muerte inminente por trombosis. Debido a esas operaciones, prácticamente soy un inválido que arrastra sus pies por la casa apoyado en el bastón. Además, durante los últimos cinco años me aqueja la prostatis, y pese a todos los medicamentos, son raros los ratos en que me siento completamente sin dolor. No mencionaré la casi mortal enfermedad que me afectó hace dos años cuando los periodistas anunciaron que estaba en peligro de muerte. Tampoco quiero recordar otras dolencias que me aquejan, como, por ejemplo, el catarro bronquial. De eso sufrí durante años. Cuando el doctor Sercer solicitó que se me permitiera ir a la costa del mar, su pedido fue rechazado...".

"Por lo tanto, os digo que soy un hombre con ambos pies sobre la tumba, que ya estoy descendiendo en ella..." [107] Dos meses después, el 10 de febrero de 1960, fallecerá.

Es verdad que Stepinac declaró reiteradas veces durante el proceso y después que su conciencia estaba tranquila. Pero él no era sólo Aloysius Stepinac, sino el Arzobispo Metropolitano de Croacia, el representante de la Iglesia y el pastor de su pueblo perseguido. Fue colocado, pues, como signo, como símbolo, al que se dirigían los ojos del pueblo y de la Iglesia y lo que subjetivamente, en su fuero íntimo era claro y limpio, ¿era así tomando en cuenta la amplia dimensión de la realidad objetiva, histórica? Opino que justamente esa lucha espiritual íntima fue la razón de que pidiera desde el presidio que sus feligreses rezaran por él, lo que no fue una fórmula convencional, sino la urgente, la dolorosa necesidad del alma angustiada. ¿No declararon también los médicos que sus trombosis era consecuencia de sufrimientos íntimos, morales? Nadie, por más justo y entregado a la voluntad divina que sea, puede estar totalmente seguro de que se halla en el mejor camino mientras viva en este mundo.

Las almas santas deben poseer, según dijimos, todas las virtudes cristianas, formando una unidad coherente. Conforme a las épocas y las necesidades de la Iglesia, una vez se subrayan más una y otra vez otras virtudes. Al comienzo de la Iglesia hay una hecatombe de mártires, luego de eremitas, monjes y penitentes, y en la Edad Media hallamos a grandes reformadores espirituales, y en la época moderna a los apóstoles sociales. En nuestra época de errores, aberraciones y violentas ideologías hacen falta los confesores de la fe de Cristo, y frente a la fuerza brutal y las persecuciones refinadas se necesitan fortaleza heroicas.

El cardenal Stepinac es ante todo el confesor de la fe, el testigo de Cristo, según lo evidencia su vida y su obra. "Sabed que Jesús Cristo es Dios. Para El estamos prontos a morir", exclamó en el proceso. En efecto, dio su vida por Cristo Dios, agregando a su confesión el martirio, el máximo ejemplo de la inquebrantable fe y del amor. Su muerte técnicamente no fue violenta debido a que los comunistas recurrieron a la persecución refinada, tratando de no crear mártires cristianos. En rigor, su muerte fue la del mártir y más difícil que la muerte violenta, pues ésa, para Stepinac, representaría un sacrificio corto y menos penoso que la lenta extinción en el presidio. Mons. A. Schell, obispo de Lomas de Zamora, en el funeral de Stepinac habla de "la muerte que es -no vacilamos en decirlo- la muerte de un mártir de Cristo, aunque no pertenece a aquella categoría heroica de los hijos de la Iglesia que vertieron su sangre..." [108].

Muchos otros lo llaman mártir; así, por ej., en la revista Etudes, editada en París el célebre escritor François Mauriac y otros, mientras que el prestigioso diario de Buenos Aires La Nación (11/2/1960) escribió que "su muerte pone fin a una misión más espinosa y más admirable de nuestros tiempos". Dejamos a la Iglesia para que defina su sacrificio, pero sin duda alguna ya lo podemos llaman "veluti martyr".

La virtud con que Stepinac maravilló a la Iglesia y al mundo fue la virtud sobrenatural de la fortaleza. Esta virtud moral viene acompañada con las virtudes de paciencia y constancia usqve and finem. Sostiene el alma en la consecución de un bien difícil de lograr sin que la quiebre impedimento alguno. Fortalece al alma para que no capitule ante los peligros, el cansancio, los insultos y las amenazas. La fortaleza no se identifica con la intrepidez, pues esta última puede ser propia de un soldado, mientras que la fortaleza es una virtud pasiva del sufrimiento, la muralla que resiste a los asaltos, una suerte de guardia muerta. Santo Tomás dice que el atributo principal de la fortaleza no es atacar sino aguantar, es decir, perseverar indefectiblemente en los peligros[109]. Su pasividad es aparente, se refiere sólo a la acción externa, mientras que la actividad volitiva es más vigorosa y limpia, sin mezcla de pasiones e intereses inferiores. P. A. Benigar, en la obra aludida, compara al alma contemplativa con los que escuchan a un célebre orador, quien los entusiasma con sus ideas y sentimientos. Los oyentes en este momento son activos, pues actúan en forma receptiva. Así nuestro presidiario se había sumergido en la vida religiosa, en la rica actividad espiritual y con ello acumulaba gran capital espiritual que enriquecerá a todos nosotros, como comunidad cristiana, con su pasividad aparente. El alma nunca es tan activa como cuando se entrega cual instrumento sumiso en las manos del Espíritu Santo.

El don de la fortaleza es uno de los siete dones del Espíritu Santo que confiere más fuerza a la virtud moral de la fortaleza disponiendo al alma para las inspiraciones especiales del Espíritu Santo, manteniendo así nuestra fuera ante los peligros. Este don es necesario a los que sufren el martirio a causa de la fe.

Lo contrario a la fortaleza es la cobardía, despreciada por todos. En la historia brillan como ejemplos únicamente los hombres fuertes. Muchos, por motivos de orden natural, aceptan la virtud natural de la fortaleza, mayormente innata, por razones de gloria o riqueza, pero entonces deja de ser virtud.

La virtud sobrenatural de la fortaleza no recurre a la fuerza. El cardenal Stepinac no se rebela, no insulta, no amenaza, no odia. Unicamente defiende los derechos divinos y humanos; "no tengo la intención de defenderme personalmente", declara ante el tribunal. No pide abogado. No teme ser arrestado, ni juzgado, ni condenado, ni confinado, sino que heroicamente carga con su cruz, asume su "prolongado sufrir de 15 años de confinamiento en su propia patria", según dijo Juan XXIII en su alocución fúnebre. Hombre, lleno de fortaleza, declara durante el proceso: "Si hace falta caer, caeremos, pues hemos cumplido nuestro deber... Podré ir al otro mundo con la conciencia tranquila".

Esa via crucis místico y real, esa purificatio passiva marca el escalón más alto del perfeccionamiento, preparado con el largo ejercicio en la humildad, oración, renunciamiento, pobreza y amor, colaborando constantemente con la Gracia Divina, dispuesto ad prompte obediendum Spiritui Sancto. Unicamente con esa preparación ascética Stepinac pudo ser elegido por la Providencia como defensa contra las fuerzas demoníacas, y para ser el portavoz de la verdad, la justicia, la libertad y el amor de Dios ante los enemigos de Dios y del hombre, en el momento en que estaban en la embriaguez de la sangre derramada y de la victoria. Sólo un hombre fuerte, que toda su esperanza depositó en el Señor, pudo en el corazón de la Croacia derrotada, aterrorizada, dispersa y despreciada, enfrentarse y condenar públicamente los errores y los crímenes del marxismo-comunismo, y afirmar los derechos divinos y humanos. El hombre, asaltado por los dolores y angustias, pero lleno de la fortaleza divina no retrocede, no cede, no duda, sino con paciencia y perseverancia aguanta el asalto, inmola su vida e incluso perdona magnánimamente. "El gran ejemplo de paciencia invicta que él dio a todos durante tantos años de presidio, mediando una distancia tan corta entre su morada y la de ellos (su grey)" maravilló a Juan XXIII, según se expresó en su alocución en la Basílica de San Pedro el 17/2/1960.

Cuanto en la intrepidez humana hay de presunción, de jactancia y prepotencia, tanto en la virtud sobrenatural de la fortaleza el alma se reconoce y siente débil, ya que sabe que todo le viene del Salvador. Precisamente por esa debilidad humana Dios humilló y venció la prepotente mediante Stepinac.

Mirando su lucha con ojos humanos, nos preguntamos: ¿qué efecto inmediato pudo esperar en aquel momento histórico de Croacia, en una lucha tan desigual con el comunismo yugoeslavo reconocido internacionalmente y glorificado como vencedor? De acuerdo a las previsiones humanas, había perdido la batalla por anticipado. Pero Dios trabaja a largo plazo. Su espíritu no tomaba en cuenta las victorias y los éxitos externos, sensacionalistas; había consentido ser el instrumento del Espíritu Santo en la dispersión de las tinieblas y en el testimonio de los derechos divinos, y de sus realizaciones humanas, y por lo demás proveerá Dios cuando llegue su hora. De allí sus "méritos extraordinarios", ya que Stepinac fue en efecto "ejemplo de celo apostólico y de fortaleza cristiana", declaró Pío XII en la Basílica de San Pedro el 12/1/1953.

Stepinac infligió al comunismo yugoeslavo una gran derrota moral, y todo revés moral actúa a largo plazo. Toda la campaña ideológica y el terror político de que disponían los dirigentes comunistas, sin la más mínima posibilidad de defensa y de oposición, se desinflaron por la resistencia de un solo hombre. La opinión pública mundial, terminado el proceso y dictada la condena, empieza a vislumbrar los puntos flojos del régimen de Tito que se autotilaba "de la liberación nacional". La gracia resultó ser más fuerte que el pecado y la violencia. El cardenal Stepinac, por su fidelidad a la Iglesia, quedó leal a su pueblo y éste sólo por su inquebrantable fe podrá enorgullecerse de su Pastor. Stepinac deviene símbolo y estímulo para los católicos y no católicos croatas para que perseveren en su lucha por los valores superiores. Gracias a su heroica conducta en los trances más difíciles de la vida nacional, el pueblo croata no sufrió en lo espiritual y cultural el vuelco nefasto que esperaban los dirigentes comunistas. Por ello con razón podemos considerar a Stepinac como un extraordinario regalo de Dios al pueblo croata. Croacia permaneció fiel a la Iglesia y a sí misma. La Iglesia en Croacia, como asimismo la Iglesia del Silencio de otros países, mantuvo sus posiciones morales. Los mártires no mueren en vano; son el germen que dará origen a la nueva vida. El silencio que el cardenal, símbolo de la Iglesia del Silencio, como el único medio de defensa durante el juicio y el presidio, como asimismo la paz de su sepulcro, hablan en voz mucho más alta y más directa que la ruidosa propaganda comunista. El comunismo festejará transitoriamente su victoria, pero ya se ha producido la fisura, que le proporcionará muchos quebraderos de cabeza, y si quiere puede aprender del caso Stepinac que existen Dios y el alma, cuya fuerza está sacudiendo su sistema monolítico.

"Puesto que era grato a Dios, necesario fue que la tentación te aquilatase" (Tob. XII, 13). El alma quedó purificada. El hombre de dios sabía que su primera relación hacia su Creador y Salvador provenía de su condición del pecador. Sobre tal noción se construye toda la economía de nuestra salvación. "En el fondo de mi alma estoy convencido que tengo defectos", reconoce en su testamento espiritual. Y como Dios le perdonó, a su vez persona. Si hice algún mal a alguien, sinceramente, de corazón, le pido perdón, y a todos que me hicieron mal en mi vida, les perdono de todo corazón" (El testamento espiritual de Stepinac). Estas palabras de su testamento conmovieron al buen padre Juan XXIII:

"¡Cómo es tierno, cómo es conmovedor aquel su pedido de perdón a cuantos en su vida -si bien con la mejor buena fe y la intención caritativa- haya podido ofender en lo más mínimo; cuán sublime es ese repetir de las últimas palabras de Cristo moribundo a cuantos le hicieron sufrir tan injustamente: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen:Pater dimitte illis, non enim sciunt quid faciunt (Luc. 23, 24)."

"Stepinac fue `vir fortis'; libró una gran batalla, confiaba en Dios y cerró sus ojos con las palabras: Qué se cumpla tu voluntad!" "¡Oh! Verdaderamente es una fiel reproducción del buen Divino Pastor... ha acumulado tal riqueza de méritos que el Padre celestial los ha derramado seguramente como gracia y bendición sobre todas las familias y todos los fieles de esa Croacia ferviente y piadosa".

Juan XXIII aludiendo a continuación a sus extraordinarias y heroicas virtudes de la fortaleza, perseverancia, bondad y amor, quiso verlo elevado a los altares, cuando dijo: "Nos oramos por la feliz glorificación de su efecto espíritu".

Ejemplo y estímulo son dados. Los croatas rezan por su beatificación para la mayor gloria de Dios y la salvación de su nación.


Algunos problemas con que se enfrenta la cultura en la Yugoslavia socialista

Stanko M. Vujica, Wilkes Barre, EE.UU.

En los últimos años en Yugoslavia y particularmente en Croacia se viene prestando gran atención y publicidad a varios fenómenos "negativos" y las "contradicciones" en el vasto campo de la cultura. La revista filosófica Praxis, publicada por la Asociación Filosófica Croata, dedicó el año último tres números (3, 4, 5) al tema general de "la cultura yugoeslava". En total, 19 trabajos, previamente presentados en el Seminario Estival de Korcula, fueron publicados y conciernen a todos los aspectos del problema. Otras publicaciones marxistas participaron en el debate: el semanario Vjesnik u Srijedu (Zagreb), Telegram (Zagreb), las revistas literarias Kolo (Zagreb) y Forum (Zagreb), el periódico filológico Jezik (Zagreb) y el órgano oficial de la Liga de los Comunistas Socializam (Belgrado), para hacer mención sólo de estas publicaciones que puede consultar, por lo menos en parte.

El propósito del presente trabajo es asaz modesto. Sin entrar en pormenores, me limitaré a resumir sus conclusiones y tratar de captar el espíritu y el sentido general de las discusiones. Desde ya cabe acotar que los autores, a cuyos puntos de vista me referiré, son todos marxistas. Los intelectuales no marxistas, que pueden publicar de vez en cuando, se abstienen de definirse acerca de los temas actuales. Eludiendo adrede o involuntariamente los temas presentes e internos, emplean su talento y erudición en la indagación del pasado o en el estudio y traducción de obras extranjeras.

La nota permanente que caracteriza todas esas discusiones y el hilo conductor que las asocia es la confrontación de dos concepciones contrastantes del marxismo: la concepción oficial del régimen gobernante y la concepción humanista de los intelectuales marxista, "pensadores libres", siendo los más destacados y radicales los que se agrupan en torno a los Seminarios Estivales de Korcula y la revista Praxis. Esta controversia nos interesa aquí sólo en la medida en que atañe al estado de la cultura en una sociedad socialista.

Marx, "joven" y Marx "viejo"

La evidente confusión que se trasunta en todos los escritos marxistas relativos a la cultura, arranca de las inconsistencias de los mismos fundadores, sobre todo de los puntos de vistas divergentes, hasta contradictorios, del Marx "joven" y el "viejo" o "maduro".

La clásica visión marxista del mundo, la armazón ideológica del movimiento comunista desde Marx y Engels hasta Kosyguin y Breshanev, se basa en las obras "maduras" de Marx y Engels, a saber el El Manifiesto Comunista, El Capital, Anti-Dühring y otros. La doctrina central en esas obras es el Materialismo Dialéctico, es decir, la tesis sobre la primacía de la materia sobre el espíritu, de la economía sobre la ideología. La cultura, manifestación ideológica de una época determinada, constituye, conforme a la conocida frase, mera "superestructura", un reflejo, la racionalización de la "infraestructura" o base económica. El Homo economicus, hombre como productor y consumidor de bienes, está en el centro del interés de Marx, quien hace la crítica del capitalismo desde bases económicas y no antropológicas. El capitalismo es una economía mala, no funciona. En una época sumamente compleja y tecnológica, la vieja ley de selva de la propiedad privada de los medios de producción, la competencia irrestricta y el individualismo desenfrenado necesariamente desembocan en el caos, la ruina y la pauperización de la clase trabajadora. El capitalismo está cargado de contradicciones inherentes que lo llevan indefectiblemente a la quiebra. Marx era reacio a toda moralización y predicamento. Desdeñaba lo que calificaba de comunismo utópico y humanitario; su sistema lo consideraba científico. Marx y Engels poco pudieron decir de la naturaleza de la sociedad que sobrevendría después del capitalismo moribundo y sentenciado. Sencillamente se presumía que, cambiada la "infraestructura", de manera inevitable y automática se operaría un cambio en la superestructura, presumiblemente una mejora, pero, como ya hemos destacado, las categorías éticas como "el bien" o "el mal", "lo mejor" o "lo peor" fueron omitidas deliberadamente en los análisis de Marx.

Empero hay otro Marx, el de sus año juveniles -frisando apenas 20 años- quien escribió una serie de artículos, la mayoría de los cuales fueron publicados recién en nuestro siglo. Los más importantes de estos escritos son los publicados en 1932 bajo el título Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844. En dichos manuscritos, Marx critica al capitalismo en primer lugar desde el punto de vista humanista, antropológico y no económico. Homo creator, hombre como ser creador libre, es el tema que preocupa a Marx. A lo largo de la historia el hombre llevó una existencia enajenada: ha sido despojado de su auténtica naturaleza como un ser creador de la praxis. Marx vislumbró el comunismo definitivo como "una superación positiva de la propiedad privada, de la auto-enajenación del hombre, y, por lo tanto, de la efectiva reconquista de la naturaleza humana por y para el hombre" (Mega, III, p. 114). Al reconquistar sus ínsitos poderes productivos, subyugados previamente, el hombre producirá las cosas espontáneamente, por el mero placer de hacerlo. Algunos productos serán bienes materiales, indispensables para la existencia física, pero incluso esta actividad económica no significará un trabajo forzado, sino una creación artística, libre de la agonía del trabajo monótono alienado, el hombre verá en el trabajo una creación gozosa. La misma industria será un escape para su creatividad. Además, en el comunismo definitivo habrá tanta abundancia que sólo una pequeña parte del quehacer diario del hombre sería dedicada a la mera producción económica. El resto de la vida del hombre sería consagrado al cultivo y el deleite en las artes y las ciencias. Conforme dijo Robert Turner en su libro Philosophy and Myth in Karl Marx (Cambridge University, 1961), "la concepción de Marx de la última instancia comunista es sustancialmente estética en su naturaleza. Esta utopía es un ideal estético para la futura relación hombre-naturaleza, que él prevé en términos de creación artística y contemplación de la belleza, hecha por el hombre" (pp. 157-158). La liberación del hombre de la esclavitud del trabajo enajenado y la absolución de sus energías espirituales para la actividad creativa constituye para el "joven Marx" el último motivo y la fuerza que justifica todo el esfuerzo revolucionario anterior. El capitalismo debe abolirse por haber deshumanizado y enajenado al hombre, pervertido su auténtica naturaleza y creado en él lo que Hegel llamó "la conciencia infeliz". El Marx "joven" definió al comunismo como superación de la alienación, la "autorreconquista del hombre" (Selbstgewinung), "la reintegración o retorno del hombre a sí mismo, la superación de la autoalienación del hombre" (Mega, III, pp. 113-114).

Esta visión humanista de los primeros manuscritos es la que constituye la esencia auténtica del marxismo, de acuerdo a la corriente del pensamiento sostenida tras la publicación de los primeros manuscritos de Marx, primero por algunos pensadores marxistas occidentales y ahora por el grupo de Praxis en Croacia.

Ello entienden que este aspecto de la doctrina marxista no ha, ni mucho menos, desaparecido detrás del andamiaje del Materialismo Dialéctico y la "economía vulgar". Su posición consiste en que la teoría de dos Marx es falsa. No hay dos Marx, el "joven" y el "maduro", que serían incompatibles; sólo hay dos enfoques de Marx. En sus primeros escritos Marx formuló su objetivo total: la creación de una sociedad genuinamente humana, donde el hombre podrá cultivar su mente y ejercer libremente sus aptitudes creadoras. En sus obras posteriores Marx se concentró en el aspecto económico, sin olvidar nunca que la economía era sólo un medio. Poniendo exclusivamente énfasis sobre estos últimos aspectos, los sucesores de Marx en el movimiento comunista oscurecieron y pervirtieron la esencia de su visión, allanando el camino al stalinismo, que es la perversión y deformación total del marxismo. Los marxistas humanistas de Praxis hicieron de Stalin el chivo emisario y del stalinismo el blanco de su "inflexible crítica de todo lo que existe", pero resulta obvio que el stalinismo les interesa únicamente por ser, como lo expresó Rudi Supek, "la concepción marxista más difundida en el mundo socialista contemporáneo" [110].

"Positivismo stalinista"

"El stalinismo", por supuesto, significa muchas cosas; de hecho, cualquier cosa que un marxista no desea en su sociedad socialista, se condena como "el remanente" del stalinismo. Por cierto, son muchos tales "remanentes", por cuanto, como suelen decir los filósofos en Praxis, "hondas son las raíces del dogmatismo". Los críticos del stalinismo en Croacia tildan las desviaciones teóricas de Stalin con el término común de "positivismo stalinista". El término "positivismo" lo usan en el sentido comteano: la confianza exclusiva en las industrialización mediante la ciencia y la tecnología aplicada como el único método del mejoramiento humano, como la única vía que lleva a la Utopía comunista. El "positivismo stalinista -escribe Supek- despojó totalmente el materialismo dialéctico... de la sustancia humanista y personalista de la concepción histórica de Marx. De ahí que el marxismo se convirtió en la doctrina que ensalza el continuo avance de la sociedad en la que la base de todo progreso son las fuerzas de producción que se desarrollan conforme a las leyes nacionales, donde, por consiguiente, la industrialización es el indicio incondicional del progreso (que más o menos marca los límites en la producción capitalista o, entonces ¿por qué el socialismo?), donde la cultura y toda la 'superestructura' son meramente el reflejo del desarrollo de la base, de manera que no es necesario preocuparse por ello" [111].

Otro aspecto del positivismo marxista-stalinista es la organicidad, vale decir la subordinación de las partes al conjunto, lo que en la sociedad significa la subordinación del individuo a "la voluntad colectiva" y a los "intereses comunes", o, conforme lo subrayó Stalin (en "Socialismo y Anarquismo") "la liberación de la persona individual resulta imposible sin la liberación de las masas". De allí la creencia de que la sociedad socialista puede construirse únicamente sobre la supresión inflexible de todo lo personal en el hombre; que toda manifestación del individualismo debe ser condenada como "egoísta", "anarquista", "decadente", etc.

Los resultados del positivismo stalinista -según Praxis- "fueron desastrosos". Las ciencias físicas y la tecnología, imprescindibles para una industrialización rápida, fueron fomentadas, mas la cultura socialista en su totalidad quedó tremendamente empobrecida. Las artes, puestas al servicio de la economía y la política, fueron ahogadas al insistirse en el llamado realismo socialista y a causa de la constante interferencia administrativa en la libertad de la expresión artística. En lugar de ocuparse de los problemas y la agonía del hombre contemporáneo, los artistas tuvieron que estudiar los problemas de la plantación de trigo y cantar loas a la "sabia conducción". Las ciencias sociales, supeditadas a las presiones del dogmatismo ideológico, fueron no sólo paralizadas sino virtualmente proscriptas. Todo ello es tanto más lamentable en cuanto esos estudios hicieron en Occidente un progreso gigantesco en el curso de las últimas décadas. "Hoy, después de cincuenta años de la Revolución de Octubre -dice Supek- es más que doloroso examinar el escenario cultural del socialismo como la etapa histórica que había prometido 'un nuevo tipo de hombre' y relaciones más humanas entre los hombres"[112]. Con una modificación muy pequeña, todo eso todavía vale por la Unión Soviética, patria del primer experimento socialista, donde fueron revelados y repudiados los crímenes de Stalin, pero donde aún rige el modo de pensar stalinista, sin hablar de China.

Positivismo stalinista y Yugoslavia

¿Y qué decir de Yugoslavia? Los marxistas-humanistas que rodean a Praxis sustentan que Yugoslavia se apartó bastante del stalinismo y que está avanzando hacia el ideal de una auténtica sociedad socialista. Pero ¡ay!, quedan todavía muchos "remanentes" stalinistas para sentirse contentos. Uno de ellos es la insistencia en que la edificación del socialismo consiste en primer lugar en la elevación del nivel económico. Lo demás carece de importancia o por lo menos no es urgente. Por cierto, eso no se admite en forma pública y abierta, pero condiciona la política del gobierno. Se da la prioridad a las ciencias físicas y a la tecnología, a la capacitación de los especialistas, mientras se relegan, en forma sistemática, artes y humanidades.

En el artículo "Nuestra actividad editora a la luz del nivel cultural existente" [113], Jozo Lausic alega los datos estadísticos para mostrar que Yugoslavia se halla casi en el último peldaño de la escala de los títulos publicados en los países europeos. Los estudios como la sociología, la antropología la teoría política y la psicología apenas existen. Por ejemplo, Yugoslavia, en cuanto a los libros sobre psicología apenas supera a Albania. La razón principal del número reducido de libros publicados es la falta de bibliotecas públicas, cuyo número era exiguo en la Yugoslavia de preguerra, pero fue reducido a la mitad desde 1947. Mientras en Inglaterra, Francia, Alemania e Italia el 80% de los libros son adquiridos por las bibliotecas públicas, en Yugoslavia esa cifra no pasa del 4%. El 20% de la población es analfabeta, y otro 20% apenas sabe firmar y leer los títulos de los diarios. "Nuestro nivel cultural es muy inferior al económico" -concluye Lausic.

Varios colaboradores del simposio de Praxis deploran tal estado de cosas. "Los economistas vulgares", como califican a sus críticos, olvidan que el hombre no vive sólo de paz y que para Marx la cultura es el alma del socialismo. Mientras se promueve el desarrollo económico, otras necesidades auténticamente humanas no deben relegarse, en otros términos -como dice Supek- "¿por qué el Socialismo?". Las sociedades opulentas del Occidente han satisfecho las necesidades físicas de las masas por lo menos en el grado, si no más, que los Estados socialistas, pese a la predicción del Marx sobre la creciente pauperización de la clase obrera bajo el capitalismo. La única base y justificación para criticar el capitalismo contemporáneo "organizado", a menos que supongamos que la condena de Marx es errónea, consiste en abordar el problema en un contexto más amplio del predicamento humanista de sus escritos juveniles. El capitalismo origina "la conciencia infeliz" del hombre y la autoalienación. Mientras cosecha éxitos en la economía, en lo cultural es estéril. La ventaja del socialismo consiste en poder satisfacer mejor las necesidades del hombre. Por lo tanto, "si no desarrolla la cultura, el socialismo no es tal", subrayan los editores de Praxis. Aun más, eso debe empezar inmediatamente después de la revolución. El criterio de que se puede esperar el desarrollo de la cultura hasta que se desarrolle el socialismo es una contradicción en sí. La enseñanza de Marx sobre la base económica y la superestructura es rechazada por anticuada[114] y se sostiene que es aplicable únicamente a la sociedad capitalista, pero no al socialismo. La separación de las varias esferas de la actividad humana y el predominio de lo económico sobre lo espiritual no surge de la naturaleza del hombre; más bien son manifestaciones de la autoenajenación del hombre. El socialismo supera esta separación y predominio: su fin es el hombre total, el cumplimiento armonioso de todas sus necesidades. La política de relegar las artes y las ciencias y subordinarlas a otras necesidades más urgentes es, en consecuencia, contraria al espíritu de un socialismo auténtico.

También el problema de financiación de la cultura está resuelto de manera insatisfactoria en Yugoslavia. La política oficial suele consistir en el subsidio a las instituciones culturales y las casas editores, lo que presenta dos aspectos negativos: mala administración burocrática e injerencia ideológica. Selimovic menciona en la revista Odjek de Sarajevo dos ejemplos drásticos del mal manejo burocrático. El Fondo de las Actividades Culturales de la República Socialista de Serbia acordó 6 millones de dinares a varias actividades culturales y erogó 21 millones para los gastos administrativos de la institución. El Instituto para la Protección de los Derechos del Autor (ZAMP) recaudó 480 millones en un año en concepto de las regalías, pero sólo el 2% fue pagado a los autores[115].

Actualmente, la "financiación administrativa" está reducida al mínimo y los productos de la cultura dependen de la ley de la demanda y oferta. Esto concuerda con la nueva política económica de libre mercado y de autogestión en todas las empresas, adoptada hace pocos años. Las editoriales son empresas consolidadas independientes y deben mantenerse de sus propios recursos.

Esta medida de la "liberalización" de la cultura es blanco de ataques por parte de quienes abogan por la liberalización en otros ámbitos. El clamor ahora va contra la comercialización de la cultura: debe haber, al fin y al cabo, una diferencia entre libros y salchichas, dicen; los genuinos valores culturales no pueden ser tratados como mercadería competitiva y los lectores tan sólo como consumidores. Es obvio que en competencia con las salchichas, los libros no tienen perspectiva alguna en un país de bajo ingreso. Otra cosa es que los precios en general están sujetos a las tendencias inflacionistas y así también los precios de libros que en Yugoslavia son tres veces más caros que en la Unión Soviética, Hungría o Polonia. Pero las peores consecuencias derivada de semejante enfoque económico de los productos culturales es el deterioro del buen gusto. La inundación del mercado del arte barato, de confección, se deplora en todas partes, pero es inevitable en un país culturalmente subdesarrollado. Una sociedad que profesa su preocupación especial por las masas y que opera de acuerdo con el principio de la oferta y la demanda forzosamente debe producir una cultura de masas. Las masas quieren panem et circenses. De ese modo los "liberales" marxistas humanistas están haciendo una predicación muy peculiar. Para salvar a la cultura de la degradación, se ven obligados a apelar a las autoridades para que hagan algo. Pero ello significa la financiación administrativa, el burocratismo y la intervención ideológica, o sea lo que ellos deploran. Esos marxistas humanistas quieren que el Estado asuma nuevas funciones y que se aparte al mismo tiempo, como señalan sus oponentes.

¿Cultura socialista?

Hay otras contradicciones en la "inflexible crítica de todo lo que existe". Como señalamos, para los marxistas humanistas la cultura constituye la razón de ser del socialismo. Desde el punto de vista puramente económico, su superioridad al capitalismo es por lo menos dudosa. Por lo tanto, en teoría adhieren a la idea de que hay una cultura socialista distinta por su naturaleza de la cultura burguesa. Lo que, de hecho, está negado explícitamente por lo menos por algunos colaboradores de Praxis, e implícitamente por todos. En el artículo titulado La cultura como fetiche y el enfoque económico de la cultura[116], Bruno Poponic destaca que hace veinte años, por razones incomprensibles, fue aceptada la tesis stalinista de que existe una "nueva" cultura "socialista" y que el deber de todo trabajador cultural es promover tal cultura. Pero agrega que hay algo totalmente erróneo en este concepto de la "nueva cultural"; es tan sólo una "burbuja de jabón". Otros expresaron puntos de vista similares, Jozo Lausic, en el artículo ya mencionado, critica también el punto de vista de que hay dos cultural. La noción de "la cultura socialista" carece de sentido mientras se refiere a lo que es más apropiado llamar "la política cultural", o sea la política de la sociedad socialista para tratar a la cultura en cierto modo diferente del modo como se la trata en las sociedades "burguesas".

Incluso quienes, teóricamente, se aferran a la idea de la cultura "socialista", definida vagamente, la niegan en la práctica. Eso resulta claro en sus discusiones sobre la relación entre la cultura "vieja" y "la nueva". El notorio dogma marxista es que la misma historia, es decir la historia humana, comienza con el comunismo (lo precedente fue la "prehistoria", el período de la inhumanidad del hombre hacia su semejante, de la lucha de clase, de la explotación económica, etc.), y que la cultura del pasado, por ser el reflejo de las inhumanas realidades económicas y sociales, está pervertida en su esencia, es una cultura deshumanizada, al expresión de la "conciencia infeliz" y de la autoalienación del hombre. En la Ideología Germana, Marx repudió la clásica filosofía germana, manifestación la más alta de la cultura burguesa, precisamente como una de las formas del autoenajenamiento del hombre. En teoría, pues, la vieja cultura debe ser superada y reemplazada por la nueva "más alta" cultura socialista. El interés por la vieja cultura pertenece al museo, es algo que debe embalsamarse, momificarse y exhibirse como una curiosidad, un monumento a la estupidez humana. Pero semejantes estructuras teóricas, a priori, se desmoronan en su primer contacto con las sólidas realidades de la vida. Ningún país socialista pudo vivir de acuerdo a semejantes teorías. Por cierto, una de las paradojas de las sociedades socialistas consiste en el creciente interés por todo lo relacionado con el pasado como lo atestigua el aluvión de libros y monografías acerca de los grandes eventos y personajes históricos. En la introducción general a las consideraciones sobre la cultura de Yugoslavia, los redactores de Praxis expresaron lo que parece ser el consenso de opinión de todos los colaboradores. "Una actitud nihilista para con la herencia cultural -escribieron- es, en el fondo, la actitud a-cultural o anticultural, y no importa cómo se trata de justificarlo con la aceptación de la nueva cultura `más alta', puesto que rebaja el punto de partida debajo del nivel ya alcanzado". Además, prosiguen: "En la cultura que hemos denominado `opulenta del confort', feudal o burguesa, a menudo hay más elementos universales, genuinamente humanos, que en la que a veces se proclama explícitamente la cultura socialista"[117].

Socialismo y Occidente

Análoga posición ambivalente se observa respecto a la cultura occidental. Acaso se podría hablar del complejo de Edipo. Como recientemente Mihailo Mihailov recordó a Tito, el marxismo provino de Occidente. Sin embargo, la palabra Occidente en el vocabulario marxista equivale a la parte no redimida de la humanidad y como el pecado a la vez fascina y repele a los creyentes marxistas. Los editores de Praxis manifiestan: La opulenta sociedad occidental satisfizo las necesidades físicas del hombre y en el ámbito cultural lanzó al mercado grandes cantidades de productos que pueden satisfacer las necesidades del alma humana alienada[118]. Por otra parte se admite que la alienación no ha desaparecido en las sociedades socialistas. Rudi Supek y Predrag Vranicki quieren esclarecer este punto. Supek declara que por haberse supuesto que la revolución política y el gobierno revolucionario eran garantías suficientes para la liberación del hombre de su status, a saber, las comodidades y otras formas de alienación, el problema de la enajenación no figuraba en la discusión en las décadas stalinistas. Los acontecimientos, empero, refutaron tal simple suposición. Ante todo, el socialismo heredó ciertas formas alienadas del capitalismo que no pueden ser eliminadas de la noche a la mañana ni desechadas: el Estado, clases, el partido, la nación, la burocracia, la religión, el confort, el mercado, la moneda, etc. Además, hay otras formas de alienación más sutiles y complejas inherentes a la adelantada economía y tecnología como tales. Vranicki observa que "homo duplex, fenómeno característico de la civilización contemporánea, no ha desaparecido como problema en el socialismo"[119]. La creciente especialización y la fragmentación de trabajo acentúan su monotonía, falta de creatividad y embotamiento, y enajenan al obrero de su trabajo. El socialismo también tendrá que vérselas con el problema de automación. Subrayando que el "desamparo y la sensación de perdición" han caracterizado los sentimientos de mucha gente en el "capitalismo organizado", Supek añade: Sin embargo, sería ingenuo suponer que con estos nuevos problemas de las contradicciones sociales se enfrenta sólo la sociedad burguesa. Igualmente, aunque en condiciones un tanto cambiadas, se erigen ante la sociedad socialista[120]. Supek prosigue que los problemas del estatismo, del burocratismo, la tecnocracia, el robotismo técnico, la cultura masiva, la industrialización y urbanización caóticas conciernen igualmente al socialismo.

Aunque, como queda dicho, la eliminación del sentimiento de la alienación sería la única ventaja del socialismo frente al capitalismo, resulta que esa ventaja es harto precaria. Pero proporciona, por lo menos en opinión de los filósofos marxistas, la respuesta al perplejo problema por qué todo lo occidental, sobre todo norteamericano, constituye atracción tan grande para el público de los países socialistas, sea la poesía "decadente" de T. S. Eliot, la filosofía existencialista de Sartre, el arte pop, sea cualquier cosa que sirve a la diversión popular.

Tal vez la razón principal sea el fracaso de la literatura socialista.

Fracaso de la literatura socialista

Durante los primeros años de la posguerra, los escritores marxistas en Yugoslavia trataron de superar a sus modelos soviéticos en el llamado realismo socialista. Lo que debió ser la literatura se convirtió en la propaganda, apenas encubierta; en la glorificación de la "patria del socialismo", del "genial" Stalin, de su propia "lucha por la liberación nacional", cuya importancia fue elevada a proporciones cósmicas, en el estímulo del entusiasmo colectivo para construir caminos y fábricas. El criterio estético más importante era "partijnost" (la conciencia partidaria). En una antología de la reciente poesía croata, publicada en 1952, el nombre de Tito, e incluso del Partido, aparece en una docena de poemas (las poesías que contenían el nombre de Stalin no fueron incluidas, por lo que fueron descartados los más destacados poemas de la posguerra). El período riguroso stalinista duró relativamente poco tiempo debido a los notorios acontecimientos políticos. Los historiadores de la literatura en Yugoslavia consideran el discurso programático de Miroslav Krleza en el Tercer Congreso de escritores de Yugoslavia, celebrado en Ljubljana en 1952, como la fecha oficial del alejamiento del realismo socialista con su técnica de blanco y negro. "Escribir no equivale a describir o transcribir... ya que entonces cada empleaducho sería un poeta...", dijo. Desde entonces el rechazo y la mofa del realismo socialista se transformó en la manía de los escritores marxistas yugoeslavos. El arte de dar puntapiés al caballo muerto se había perfeccionado hasta los límites más sutiles. Así como todo políticamente creía conveniente y popular referirse con menosprecio a Stalin, de la misma manera cada escribiente volcó entonces sus sátiras contra "el realismo socialista de Zdanov".

Lo malo, al parecer, es que el péndulo se inclinó totalmente en la dirección opuesta. Hasta los enfants terribles como Dobrica Cosic, novelista serbio, defienden la libertad artística. En respuesta directa a la declaración de Tito sobre "la responsabilidad del artista ante la sociedad", escribió hace pocos años en el diario de Zagreb, Vjesnik: "Por su naturaleza el artista literario acoge toda realidad social;... suele aceptar las realidades sociales y negarlas al mismo tiempo. Comprender la naturaleza de la relación entre el arte y la sociedad depende de la capacidad y la disposición para comprender y aceptar únicamente el arte que en nombre de visiones más altas o diferentes se opone a una realidad social que merezca mantenerse igual por siempre... Habrá pequeñas desavenencias y la vida será un poquito más soportable en este mundo si la sociedad.. asignara mucho menor significación socio-política o ideológica al arte" [121].

Alentados por el repudio del realismo socialista y de la injerencia política en el arte, algunos escritores se apartaron totalmente de los temas sociales. Es significativo que algunos críticos liberales creen necesario aplicarles los viejos epítetos zdanovistas: "formalista", "narcisista", "individualista", "pequeños burgueses", "egoístas", "decadentes", etc. Ocurre que esos escritores se han ensimismado o expresan los sentimientos existencialistas de la soledad cósmica, de lo absurdo de la existencia, la angustia, etc., sin referirse a la realidad socialista. A diferencia de sus colegas en la disciplina filosófica que luego se embarcaron en la despiadada crítica de todo lo que existe, a los escritores marxistas, al parecer, les importa un bledo todo eso a punto de no condescender ni a criticarlo.

Esta indiferencia es considerada como dañina. Condenando lo que llama "la privatización" de las artes, Vlado Gotovac escribe: "Muchos (escritores) se han sumido en su propio mundo, protegiendo con el silencio su posición respecto de los acontecimientos...; ser respetado quiere decir no dejarse envolver en riesgos inciertos, no arriesgar nada..." [122]. Censura a los críticos literarios por asumir una actitud tolerante y sin principios para con estos fenómenos. La tolerancia se convirtió en virtud en el crítico y, por cierto, su único criterio. "De ese modo uno yerra poco, pero también dice poco". Vjeran Zuppa, en cuanto al criticismo, señala particularmente a la llamada generación Krug (Tomicic, Golob, Buljan, Slavicek) y de Razlog, quienes "jugando sin sentido con las palabras y cerrando piadosamente sus ojos, se sienten muy satisfechos que su destino sea determinado por otros". "La característica de la mayoría de nuestros escritores", quéjase Gotovac, "es su suprema ambición de ingresar en la historia de la literatura, mientras parecen menos ambiciosos de contribuir con su palabra a la historia contemporánea" [123].

"Cultura yugoeslava"

De igual modo que reina gran confusión en cuanto al sentido del adjetivo "socialista", igual confusión reina respecto al adjetivo "yugoslavo" en lo que concierne a la cultura. Varios trabajos en el simposio de Praxis sobre la "cultura yugoeslava" trata de determinar el sentido del término "yugoslavo" en su contexto. Por supuesto, el vocablo posee un evidente significado geográfico y político: se refiere al territorio en que viven los pueblos llamados sureslavos (eslovenos, croatas, serbios, macedonios y búlgaros); también se refiere al Estado de Yugoslavia. De ahí que el término "la cultura yugoeslava" pueda usarse como un término colectivo para las culturas de los pueblos que ahora viven dentro de las fronteras del Estado de Yugoslavia. ¿Pero cabe emplearlo para algo más? ¿Se dan algunos aspectos culturales de las distintas naciones en Yugoslavia, comunes a todas y sólo a ellas? En síntesis, ¿hay tal entidad que sería la cultura yugoslava como existe la cultura francesa o la cultura albanesa? Al plantear ese problema, los editores de Praxis ponen énfasis y sugieren lo que ellos creen es respuesta a la pregunta formulada. Escriben: "En un mundo donde todavía el sentimiento de la pertenencia nacional mueve en gran escala los hombres en sus realizaciones, la cultura no puede ser 'anacional'. La cultura es a la vez nacional, supranacional e internacional. El problema consiste en cómo relacionar la dimensión específicamente nacional, sobre todo en Yugoslavia donde hay dos escrituras, tres idiomas, cinco naciones y seis repúblicas"[124]. A renglón seguido, dicen que la cultura yugoeslava "no es un conglomerado accidental de naciones ajenas entre sí; en última instancia, es una cultura de las naciones interconexas mutuamente no sólo por el origen común lingüístico-ético y las seculares influencias recíprocas económico-político-culturales, sino también por el común presente socialista" [125].

La misma idea comparte la disertación sobre el tema, escrita por Dobrica Cosic. Refirmando la política oficial de que Yugoslavia es un Estado multinacional y que no existe la nación yugoeslava (en el sentido ético) y condenando todo intento de suprimir las culturas nacionales individuales en nombre de una cultura yugoslava presuntamente común, Cosic también sostiene que la cultura yugoeslava "no es un conglomerado simple, mecánico, incomplementario de las culturas nacionales independientes dentro de las fronteras y el territorio estatal de Yugoslavia. Las culturas nacionales son yugoeslavas también en razón de determinadas orientaciones idénticas en su contenido" (p. 527). Luego Cosic detalla esos aspectos idénticos, a saber: la estructura socialista de la sociedad yugoeslava; la ideología y el espíritu internacional en relación a las demás culturas y los valores propios; los valores comunes adquiridos en el pasado y el presente en base a los objetivos comunes y las luchas por la liberación; similitudes nacionales, especialmente idiomáticas; fines e ideales comunes; numerosas influencias comunes, particularmente en las últimas dos o tres décadas[126].

Es evidente que de toda esta nómina, salvo lagunas similitudes nacionales e influencias mutuas no mayores que las existentes entre todas las naciones, sobre todo vecinas y étnicamente afines, lo único que las culturas nacionales en Yugoslavia tienen en común es su común experiencia socialista. Empero, los pueblos yugoeslavos comparten esta experiencia socialista. Empero, los pueblos yugoeslavos comparten esta experiencia con los demás países de la Europa oriental. Por lo demás, según queda señalado, existe seria duda sobre si existe una cultura socialista, diferente de las demás.

Problema nacional

Cabe recalcar aquí que en todas estas discusiones entorno a la cultura yugoeslava, está siempre presente el llamado "problema nacional". Casi todos los participantes del simposio se refirieron al resurgimiento del "chovinismo" como se lo califica oficialmente, "nacionalismo" o "separatismo" de modo especial croata, esloveno, macedonio y albanés. Los editores subrayan que algunos piensan que "una discusión pública sobre el tema de las nacionalidades es peligrosa y nociva", pero el silencio, contestan, sería aún más peligroso. Como marxistas y seguidores de la línea partidista que insiste en la "fraternidad y la unidad", los autores deploran y condenan el renacimiento de las tendencias separatistas en las repúblicas no serbias. Dejando de lado los aspectos políticos y económicos del problema, se circunscriben a sus repercusiones en el área de la cultura. "Es interesante -declara Rudi Supek- que una de las fuentes del problema nacional aquí en Croacia se halla en el dominio de la literatura. En efecto, aquí uno encuentra una especial sensibilidad nacional y el sentimiento de cierta frustración"[127]. Supek sugiere que la razón podría ser que aquí los autores tienen el oído más afinado y desarrollado respecto a los sentimientos del pueblo. Supek admite que hay una evidencia estadística de la discriminación en el ámbito cultural y cita datos oficiales que muestran que en 1965 Croacia recibió 400 millones de dinares en concepto de subsidio a la actividad editora, mientras que la suma acordada a Serbia asciende a 2.250 millones. M. Selakovic cita otro ejemplo en su artículo publicado en Telegram de 3 de mayo de 1965, bajo el título "Los escritores yugoeslavos, ¿qué significan para el editor?". La casa editora de Belgrado Mlado Pokoljenje (Nueva Generación) publicó 60 tomos de literatura universal bajo el título El libro de la lectura escolar completa, para uso en las escuelas, recalcando en la introducción que la "elección se hizo de acuerdo a los requisitos del programa docente". Incluye 34 escritores serbios, 6 eslovenos, 3 croatas y ningún escritor macedonio.

Gran escándalo suscitó Recnik srpsko-hrvatskog jezika (Diccionario del idioma serbio-croata), compuesto por el lingüista serbio Milo S. Moskovljevic y publicado en la primavera de ese año por dos editoriales belgradenses, Nolit y Tehnicka knjiga. En dicho diccionario se descarta sistemáticamente la palabra "croata" y todos sus derivados. En cambio, el vocablo serbio está repetidamente mencionado. El vocablo "srbovati" está definido así: comportarse como un auténtico serbio.

El libro, por fin, fue retirado de la circulación debido más bien a su disposición anticomunista (La palabra "fascismo" está definida como "el contrapeso al comunismo" y partizán como el "guerrillero comunista" y como "hombre que se guía fanáticamente por los intereses de su partido político").

La Academia Soviética solicitó el año pasado del Instituto Etnográfico de Belgrado una monografía sobre "Los pueblos de Yugoslavia" para incluirla en su edición "Los pueblos del mundo". La monografía se publicó en serbio-croata en Belgrado. En el prólogo se destaca que en la elaboración "de esta publicación etnológica, única por su alcance e importancia", han colaborado los representantes de todas las repúblicas de Yugoslavia y que "muchos puntos de vista científicos yugoeslavos y técnicos individuales fueron coordinados y llegaron a ser colectivos". En el semanario cultural zagrebiense Telegram (27/6/1966), el historiador marxista croata Trpimir Macan reseñó con criticismo dicha edición, titulando su nota "Una omisión inadmisible". Entre otras, consigna las siguientes inexactitudes: los antepasados de los bosníacos actuales son declarados serbios, y Bosnia-Herzegovina como provincias serbias. La literatura renacentista de Dubrovnik, orgullo de las letras croatas, figura como literatura serbia. Se hace distingo entre la literatura dálmata y la croata, que es una sola. Se citan 64 escritores, los más importantes para el desarrollo de las literaturas yugoeslavas a los ojos de la redacción. Entre ellos, sin embargo, no figuran los nombres de destacados hombres de letras croatas como ser Preradovic, Domjanic y Matos, pero sí una docena de escritores servios totalmente desconocidos. Cuando se habla de la Segunda Guerra Mundial, como "colaboracionistas" no figuran Draza Mihailovic ni sus guerrilleros nacionalistas cetniks, sino únicamente Ante Pavelic y sus ustachi, etc.

Imposición del idioma serbio

En el curso de los últimos años el filósofo croata profesor Ljudevit Jonke creyó necesario escribir una serie de artículos en las revistas Jezik (Idioma), Telegram y otros periódicos, censurando los persistentes esfuerzos por imponer la variante belgradense de la lengua serbio-croata en Croacia. "resulta desagradable -observa Jonke- pensar en este asunto y mucho más escribir al respecto. Algunos opinan que por ser desagradable, lo mejor sería callarse la boca. Estas cosas, alegan, se arreglarán con el tiempo de algún modo por sí mismas. En cambio, yo creo que nada se conseguirá si no se toman las medidas para rectificarlo[128]. Con numerosos ejemplos abona sus argumentos "de que incluso hoy muchos tomaron la posición que bajo la presión de la dictadura del 6 de enero (proclamada el 6/1/1929 por el rey Alejandro Karageorgevic) floreció en la Yugoslavia de preguerra, o sea que no debe escatimarse esfuerzo alguno para imponer una variante del idioma literario a todo el área de la lengua serbio-croata" [129].

En Bosnia y Herzegovina se ha ido lejos, se queja Mate Hraste, otro lingüista croata, y de seguir este curso "desaparecerá en Bosnia y Herzegovina todo lo que durante años y decenas de años perteneció a la variante zagrabiense del idioma croata-serbio, y sólo quedará lo que hoy pertenece a la variante de Belgrado" [130]. El profesor Jonke cita el caso de un profesor en Sarajevo quien, ante la clase entera, dijo a un alumno croata que la lengua croata-serbia se usa sólo en la república de Croacia y el idioma serbio rige para Bosnia y Herzegovina. Agrega que, según sus informaciones, en Bosnia y Herzegovina oficialmente se llama el idioma popular la lengua serbia incluso allí donde la población es netamente croata[131].

La imposición del dialecto de Belgrado en comarcas croatas asumió tales proporciones que, no hace mucho, tres asociaciones croatas se vieron obligadas a protestar.

La Sociedad de Escritores de Croacia publicó las conclusiones de su plenario, diciendo entre otras cosas: "Desde tiempo vienen librando una campaña ciertos hombres públicos con el propósito, y recurriendo a distintos medios y métodos, de imponer en todo el territorio del idioma croata-serbio una única norma y sólo una variante (belgradense) terminológica, léxica, sintáctica y ortográfica... Todo ello prueba que todavía no se extinguieron las aspiraciones unitaristas que amenazan el entendimiento, la colaboración y la fraternidad de nuestros pueblos"[132]. En tono análogo fue redactada la "Resolución" del Círculo Lingüístico de Zagreb. Subrayando que aquí "no se trata sólo del problema lingüístico sino necesariamente del problema político", la "resolución" rechaza el criterio de los filólogos serbios en el sentido de que "cada pueblo no tiene el derecho a decidir soberanamente acerca de su idioma" [133].

La declaración del Departamento Científico para la Lengua de la Academia de Ciencias y Artes de Zagreb censura, de modo especial, al profesor Djordje Rasovica, quien sostiene la tesis "similar a la tesis de los unitaristas de la Yugoslavia de preguerra: que la variante croata de nuestra lengua literaria como atributo de la nación croata no tiene derecho a existir" [134].

Resurgimiento de los nacionalismos

Todos los escritores del simposio de Praxis concuerdan en un punto respecto al resurgimiento del nacionalismo: la causa primordial de ese evento es el fracaso en el desarrollo de la conciencia socialista. "¿Cómo habremos pecado contra el futuro y el presente -se pregunta Supek- que los fantasmas del pasado han retornado y nos obsesionan?" [135].

Supek contesta su propia pregunta afirmando que "la razón principal estriba en la ausencia de ciertos factores positivos", en la "impotencia" de la cultura socialista, en la "desorientación ideológica". Ciertas contradicciones de la sociedad burguesa no fueron superadas y el socialismo no proveyó todavía una nueva patria espiritual a las generaciones jóvenes.

El novelista marxista croata Pedro Segedin arguye en el mismo sentido. En el artículo "Sobre los sentimientos de la pertenencia y la responsabilidad del intelectual en una nación pequeña", Segedin alega:

"Si hemos liquidado las clases (sociales), ¿qué es entonces aquella en la que vivimos? La sociedad. Mas la sociedad es una noción harto abstracta. Luego aparece, nada extraño, la nación... La nación es más rica en mitos que la clase. Por tanto, es natural que en la sociedad que ha liquidado las clases aparezca en el escenario la nación con su inventario de valores. ¿Y cómo estamos preparados para eso nosotros como socialista? De ningún modo. Acaso, ¿así debiera ser?" [136].

Hablando específicamente de los "intelectuales izquierdistas", Segedin observa que tienden a trasladar su lealtad a la humanidad y que han relegado la lealtad a su propio grupo étnico a segundo o tercer plano; se convirtieron en internacionalistas, ciudadanos del mundo; el ancla de su lealtad y de sus aspiraciones fue el futuro de la humanidad. Segedin expresa su duda en lo acertado de semejante obrar y prosigue:

"La cuestión se impone: ¿Puede la adhesión a una clase, al sector explotado de la humanidad o a una visión del mundo, por más que esté fundada en las premisas científicas, justificar el abandono de la adhesión y la responsabilidad al pueblo en que uno nació, porque ese grupo étnico es pequeño por el número de sus habitantes e incluso por su importancia? ¿O porque era necesario sacrificarlo en aras del socialismo de territorios nacionales más amplios? Dejaré esta pregunta sin respuesta, ya que tal vez el problema no esté bien formulado."[137].

Débese acreditar en favor de estos intelectuales marxistas que en sus escrutadores análisis del experimento socialista en Yugoslavia no han vacilado en expresar tanto sus dudas como sus esperanzas. Según noticias recientes, la revista Praxis será suspendida. Parece que el Partido decidió que semejante autocrítica no beneficia a la sociedad socialista y que amenaza la existencia del Estado multinacional de Yugoslavia. Así se admite indirectamente que ni el socialismo ni Yugoslavia podrán sobrevivir a la aplicación del sistema democrático de la libertad de pensamiento y de expresión.


Una medida del gobierno francés que perjudica la resistencia del pueblo croata al comunismo y granservismo

Ivo Bogdan, Buenos Aires

I

Son asaz conocidas las actitudes del general de Gaulle respecto a los problemas de la política europea, atlántica y mundial que a menudo confunden tanto a los mismos franceses como a sus aliados y a los numerosos admiradores y amigos de la nación francesa en el mundo entero. Dejando de lado la cuestión de la NATO y la oposición contra el ingreso de Gran Bretaña al Mercado Común Europeo, basta señalar la actitud asumida con respecto a la corte guerra en el Oriente Cercano a sus otros pasos en la política internacional, sea en el sector oriental u occidental, objeto de opiniones muy divididas. La opinión pública mundial casi desconoce otro caso tal vez más desconcertante. Trátase de la prohibición de la publicación de "Hrvatska Revija" (Revista Croata), órgano de los intelectuales croatas en exilio, y de la expulsión de Francia de su director, profesor Vinko Nikolic, según lo veremos más adelante, con el propósito de rendir servicio, en menoscabo de las libertades y derechos fundamentales, al gobierno comunista de Belgrado aceptando de hecho el criterio de éste, de que la unidad estatal del conglomerado multinacional yugoslavo está por encima del derecho de sus pueblos a las libertades personales, políticas y nacionales.

Este caso no deja de suscitar el asombro y la preocupación por varios motivos.

En primer término, trátase de medidas coercitivas contra una prestigiosa revista que por su ideario democrático había logrado agrupar casi a todos los escritores y publicistas extranjeros. Por lo demás, la Revista Croata siempre expresaba su aprecio y afecto a Francia. Se trata, pues, de un sorprendente atentado contra la libertad de pensamiento y de expresión, cometido por el gobierno de una gran nación, considerada y apreciada generalmente como la segunda patria de los hombres libres de todo el mundo. Prescindiendo de otros aspectos, sólo el que acabamos de señalar merece la atención de todos los amantes de la libertad. Resulta, pues, comprensible que la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) interviniera públicamente a favor del derecho de la libre expresión de los escritores croatas exiliados[138]. Los representantes de los escritores argentinos lo hicieron conociendo bien el problema, por cuanto Vinko Nikolic es ciudadano argentino y fundó la Revista Croata en Buenos Aires, donde apareció regularmente durante quince años antes de su traslado a París.

Otro aspecto de este penoso problema estriba en la persecución de los intelectuales exiliados, víctimas de una tiranía comunista que por amor a la libertad abandonaron su patria para poder pensar y expresarse libremente en los países democráticos del Occidente. Es un sacrificio grande, pues la separación del escritor de su público de idioma materno es muy dolorosa. Por lo tanto, las medidas tomadas contra la Revista Croata y su director agravan la situación de por sí trágica de los intelectuales croatas exiliados, a causa de sus reducidas posibilidades de expresión y de contacto con sus lectores. De modo que las medidas del gobierno francés constituyen, sin exagerar, no sólo un reto a los sentimientos humanos y liberales, sino también una burda violación del derecho de asilo político tan respetado en los países latinoamericanos. Tanto más cuanto que la Revista Croata no se inmiscuía en las acciones políticas; únicamente con argumentos abogaba por el derecho a la libertad y la autodeterminación del pueblo croata, víctima de la tiranía comunista y de la dominación y explotación serbia so pretexto de la unión de los eslavos del sur.

Tamaña medida de las autoridades francesas contra una prestigiosa publicación de los exiliados libres tuvo efectos harto negativos, en cuanto al prestigio del actual gobierno francés, en las filas de numerosos asilados de detrás de la cortina de hierro, así como en sus países respectivos.

El tercer aspecto de este caso no es menos lamentable. Pues no cabe duda de que la clausura de la Revista Croata y la expulsión de Francia de su director se verificaron a pedido expreso del gobierno comunista de Belgrado que usurpa el poder en Croacia. Este gobierno está preocupado ante el hecho que tanto los intelectuales croatas exiliados como los en Croacia reclaman cada vez más al unísono y con mayor vigor el derecho de autodeterminación no sólo para Croacia, sino para todos los pueblos que integran a Yugoslavia, despojados de las libertades políticas y de los derechos nacionales. En la misma situación que los croatas se hallan los eslovenos, los macedonios, los montenegrinos, el compacto grupo étnico albanés de Kosovo-Metohija y la nutrida minoría húngara en Voivodina. Trátase pues, de una medida represiva contra quienes reclaman para los pueblos oprimidos de Yugoslavia el derecho de autodeterminación, consagrado por tantas enunciaciones y declaraciones solemnes desde la Primera Guerra Mundial hasta la Organización de las Naciones Unidas; nos referimos, pues, al derecho que formalmente figura hasta en el texto de la constitución yugoeslava, a la norma que al general de Gaulle le gusta destacar como uno de los pilares en el edificio de sus concepciones relativas al orden internacional.

Mientras a nadie asombra ya que la dictadura comunista en la práctica desvirtúa el derecho de autodeterminación, tratándose del gobierno francés era lícito esperar que procediera con mayor coherencia en la interpretación y la aplicación de los derechos y los principios tan recalcados por el general de Gaulle y, por lo demás, obligatorios, al menos en teoría, para todos los Estados miembros de las Naciones Unidas. Si precisamente el general de Gaulle tuvo la fuerza moral para reconocer el derecho de autodeterminación a las colonias del ex imperio francés que por primera vez ingresan a la comunidad de los pueblos civilizados, sería lógico esperar que no considere subversivo ese mismo derecho cuando se trata de milenarias naciones europeas como Croacia. Tanto más cuanto que la creación de Estados nacionales la disolverse el conglomerado multinacional yugoslavo marcaría el comienzo de una solución de toda una serie de problemas, que figuran entre las causas de la Primera Guerra Mundial y siguen siendo causa de tensión permanente en esta parte de Europa y peligro potencial para la paz.

Por último, este caso asume gravedad debido a la personalidad del general de Gaulle, estadista que posee conciencia altamente desarrollada de la historia y de la responsabilidad histórica. Ni los críticos más acerbos de su política exterior olvidan que se trata de una de las figuras políticas de mayor relieve de nuestros tiempos, de un luchador meritorio y sincero por los derechos y la libertad de los pueblos, enraizados profundamente en la tradición de Francia y del Occidente cristiano; de un político, influyente no sólo en su patria sino en todo el mundo y, lo que importa más en nuestro caso concreto, de un pensador político de relieve extraordinario. Si pese a todo ello, bajo su égida se persigue una publicación de intelectuales como la "Revista Croata", obviamente no se trata aquí sólo de ceder a las presiones del gobierno comunista yugoslavo en el momento en que este estadista francés -consecuente con su concepción de que los gobiernos y los regímenes pasan y los pueblos quedan- trata de acercarse a los países de la Europa Centro-oriental prescindiendo de sus regímenes. Conociendo el valor y la integridad personal de este destacado hombre político, nos vemos obligados a dejar constancia de un triste hecho, es decir, señalar que los gobernantes yugoeslavos indujeron una vez más en error a un gobierno del mundo libre.

Ya anteriormente, o sea, en el curso de la última guerra mundial, consiguieron encubrir sus verdaderos propósitos ante los gobiernos democráticos, presentándose como libertadores y tildando de calumniadores y colaboradores nazis a cuantos señalaban que su objetivo principal era la revolución comunista y la instalación del imperio soviético de los satélites. Lo lograron explotando hábilmente la confusión y los prejuicios respecto a ciertos problemas nacionales, fenómeno crónico éste, especialmente en Francia, cuando se trata del problema nacional pendiente en un área sensible y particularmente en Yugoslavia. Resulta que la política exterior francesa -dicho con todo respeto- está todavía hipotecada por los prejuicios vigentes en la Tercera República, en cuanto a la realidad política y nacional en el Sureste europeo. Se insiste en las concepciones ya anacrónicas de los tiempos de la Primera Guerra Mundial, aun en la época de la revisión de los conceptos del pasado y especialmente en lo que atañe al período entre las dos guerras, aun en la nuestra época de cooperación europea, que presupone un nuevo enfoque de las relaciones entre los pueblos de la Europa. La insistencia en determinados prejuicios configura un perjuicio tanto para los pueblos directamente afectados como para los países y los gobiernos que no saben descartarlos a tiempo.

Por ello consideramos adecuado señalar tanto los hechos relacionados con el triste caso de la persecución de la Revista Croata como las causas por las que la tiranía comunista yugoeslava logró, en su saña liberticida contra los intelectuales croatas que en su patria y en el exilio abogan por el derecho de autodeterminación, convertir en cómplice al gobierno de un país libre bajo la égida de un gran estadista. Todo eso contrasta con la idiosincrasia tanto del general de Gaulle como de la Francia eterna que todos sentimos y queremos como patria de las libertades personales, políticas y nacionales. En otras palabras, el hecho de que el gobierno francés se incline hacia los culpables de la opresión política y nacional frente al derecho de los pueblos que integran la Yugoslavia comunista, requiere un detenido análisis.

Acerca de la Revista Croata y la labor de su director y editor, profesor Vinko Nikolic, a la vez miembro de nuestra redacción, ya hemos publicado en esta revista varias referencias y notas[139]. Poco a poco la Revista Croata congregó en sus páginas a los más destacados escritores croatas exiliados. Citaremos solamente a los hombres más prominentes en la vida cultural y política, ya fallecidos, a saber: Dr. Vladimir Macek, sucesor de Esteban Radic en la presidencia del Partido Campesino Croata, que en el período entre las dos guerras mundiales, ganó en todos los comicios por mayoría abrumadora de votos; Ivan Mestrovic, célebre escultor que actuó políticamente ya como exiliado en Francia durante la primera conflagración mundial; monseñor Ivan Saric, arzobispo de Sarajevo y destacado hombre de letras, muerto en el exilio, en Madrid; profesor Filip Lukas, ex rector de la Alta Escuela de Estudios Comerciales en Zagreb, presidente por largos años de Matica Hrvatska, la institución literaria más antigua de Croacia, autor renombrado y amigo de Francia; profesor Vinko Kriskovic, ex vicebanus de Croacia, estadista, autor jurídico y ensayista. Además, como colaboradores figuran más de un centenar de escritores y publicistas croatas y varios extranjeros, amigos de Croacia[140], atendiendo a la urgente necesidad de tratar en el mundo libre sobre una plataforma democrática y liberal especialmente los problemas, vedados a los políticos, intelectuales y escritores, que viven en la Croacia sojuzgada.

Cuando el director y el propietario de la Revista Croata decidió, después de 15 años de ininterrumpida publicación en Buenos Aires, trasladarla a Europa, era natural que su nueva sede fuese París, pues Francia simboliza para los hombres libres del mundo el país de la libertad y como tal la segunda patria de todos los amantes de la libertad. La política del general de Gaulle de independencia acentuada frente a otras potencias y su afirmación de los derechos nacionales no tuvo que ser un obstáculo sino una ventaja al objeto de crear contactos espirituales con los países cautivos, precisamente desde Francia que se propone robustecer su influencia en esa área. Por otra parte, la capital francesa con su Instituto Eslavo y sus ricas bibliotecas ofrece posibilidades de trabajo y estudio, de documentación necesaria para defender el derecho a la libertad de los pueblos de la Europa Centro-oriental.

Es verdad que hay precedentes de un control a veces muy estricto sobre los exiliados de parte de las autoridades francesas. Sin embargo, costaba suponer que en Francia podría atentarse contra la libertad de expresión en cuestiones culturales que no son directamente políticas, lo que en el caso de la Revista Croata se daba por descontado, puesto que dicha publicación está lejos de todo activismo político y su oposición a todos los extremismos es bien clara. Por ello conmovió a los exiliados croatas la increíble noticia de que el director de la "Revista Croata" fue conminado por los órganos del gobierno a salir de Francia en el plazo de 48 horas. Antes había publicado el primer tomo para 1966, en París de su revista con un material abundante en referencias sobre las relaciones franco-croatas, subrayándose la influencia de Francia en el desarrollo del pensamiento nacional y político entre los croatas.

El profesor V. Nikolic no ha sido informado del motivo de su expulsión. Únicamente pudo conjeturar que se trataba de una intervención directa del gobierno de la Yugoslavia comunista, pues hasta entonces la acogida y el trato que le dispensaron las autoridades francesas fueron muy cordiales. Incluso cabía concluir que la presencia en Francia de semejante publicación era deseable, pues enaltece el prestigio de Francia a los ojos de todos los amantes de la libertad, especialmente de los oriundos de la Europa Centro-oriental, que en sentido espiritual se identifican con las gloriosas tradiciones de Francia.

Aunque la medida contra el directo de la "Revista Croata" es extremadamente severa y harto desagradable por falta de toda explicación y de la posibilidad de defenderse, Nikolic estimó que se trataba tan sólo de calumnias contra su persona y que la revista podría seguir publicándose en París, prescindiendo de su situación personal, tanto más cuando que desde el principio como editor y propietario fue designada otra persona, radicada en París. Podía esperarse que la situación personal del director con el tiempo s aclararía y resolvería de modo satisfactorio. Lo principal era seguir con la revista. Por ese motivo no se quiso comentar el caso en público, puesto que manifestaciones de desagrado y de crítica a raíz del eventual malentendido de las autoridades francesas podrían surtir más bien efectos negativos. De ese modo, superadas múltiples dificultades de la redacción, se pudo hacer la composición en la misma imprenta de París de un volumen que abarcaba tres números con el fin de completar el año 1966 de esta prestigiosa revista trimestral. Cuando ese voluminoso tomo estaba ya compuesto y pronto para la impresión, la policía francesa irrumpió en el taller tipográfico, destruyó las páginas en el momento de entrar en la prensa informando al impresor que la publicación de la revista está prohibida.

Así resultó que la expulsión de V. Nikolic no apuntó sólo contra su persona sino contra la "Revista Croata". Probablemente el gobierno francés al dictar la expulsión del profesor Nikolic quiso salvar las apariencias, por cuanto las medidas, por severas que sean, contra un exiliado, calumniado y denunciado por los comunistas, no escandalizaría tanto como la prohibición de una revista prestigiosa en la que colaboraron autores destacados y figuras democráticas intachables ya desde hace 16 años, de modo que sería evidente que la medida afecta no sólo a una persona sino un vocero libre que pregona los derechos nacionales dentro del ideario liberal y democrático sin implicaciones subversivas o llamados a la acción directa contra los opresores del pueblo croata. No se trata de medidas contra un órgano de alguna facción revolucionaria o partidaria, sino contra una tribuna, creada por los intelectuales croatas en el mundo libre, pero con fuertes resonancias en la Croacia oprimida. Precisamente ello preocupa e inquieta a los sostenedores de la dictadura comunista en tal grado que e han solicitado la ayuda del gobierno francés contra los intelectuales croatas libres. Su pedido, lamentablemente, fue atendido. Estamos en condiciones de afirmar que la decisión fue tomada en el nivel político más alto. Eso se infiere claramente de las instrucciones impartidas por escrito por el Quai d'Orsav a los órganos administrativos, donde se expresa que la resistencia de los pueblos oprimidos en Yugoslavia, especialmente de los croatas, está incrementando y que existe el peligro de la desintegración de Yugoslavia. Eso se colige también con toda evidencia de la reciente (marzo 1967) Declaración de las instituciones culturales croatas en defensa del idioma croata. El gobierno francés, dícese en dicha instrucción, considera oportuno rendir un servicio al gobierno yugoslavo, preocupado por la creciente oposición de los intelectuales croatas. Por ese motivo permanece en vigor la prohibición de la revista y en el futuro esa decisión podrá alterarse sin el conocimiento y consentimiento del Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia.

II

Desafortunadamente, en la época moderna de los Estados nacionales y de la política del poder, son pocos lo gobiernos que respetan los intereses generales o los derechos de los demás pueblos si no concuerdan con los designios y los intereses de su país. Por consiguiente, al analizar políticamente la medida del gobierno francés, tomada contra la "Revista Croata", conviene examinar no sólo si la resistencia de los croatas y su insistencia sobre el derecho de autodeterminación son realmente justificados, sino también si perjudican los intereses de Francia, bien entendidos y viceversa si favorece a Francia la ayuda que presta contra los croatas al gobierno yugoslavo, comunista por lo demás, cuando éste cercena el derecho de autodeterminación de varios pueblos y minorías nacionales en Yugoslavia, que constituyen la mayoría absoluta de la población en ese Estado típicamente plurinacional. Estas preguntas son tanto más procedentes cuanto que se trata precisamente de un acto de un gobierno que gusta destacar que los partidos y los regímenes pasan mientras que los pueblos quedan con sus intereses permanentes.

Por cierto, este concepto sobre la transitoriedad de los regímenes podría alegarse, en el caso concreto, como justificativo de las represalias contra los refugiados croatas a pesar de proceder el pedido de un gobierno comunista. Si le conviene a Francia, es preciso defender la integridad de Yugoslavia prescindiendo de su régimen.

En efecto, las medidas tomadas por el gobierno degaullista contra la causa croata pueden ser interpretadas únicamente como continuación de la política de la Tercera República que, entre las dos guerras, en obvia contradicción con su ideario democrático, sostenía a los gobiernos dictatoriales granserbios de Yugoslavia, mientras practicaron abiertamente una política de opresión nacional contra los croatas, los eslovenos, los macedonios, los montenegrinos y las fuertes minorías albanesa, húngara y alemana. Esa política apenas estaba disfrazada con las afirmaciones de que los croatas, los serbios y los eslovenos constituyen un solo pueblo, liberado y unificado en 1918 por el Reino de Serbia, con la ayuda de las potencias vencedoras en la Primera Guerra Mundial y que se impone la necesidad de defender la amenazada unión de esa nación, inexistente en el sentido étnico. Sin embargo, habida cuenta de la experiencia anterior, durante y después de la última guerra mundial, el problema de las relaciones franco-yugoeslavas debe plantearse de modo muy distinto. No sólo que Yugoslavia, miembro activo o al menos potencial del bloque comunista anti-occidental, es un país con sistema de poder totalitario, opuesto a las democracias occidentales, sino que actualmente se reconoce oficialmente que Yugoslavia no es un Estado nacional sino plurinacional. Hasta se reconoce a sus pueblos, en el mismo texto de la constitución del derecho de autodeterminación, a pesar de ser prácticamente pisoteado por los comunistas. Por otra parte, se pudo comprobar que la Yugoslavia monárquica, protegida de la Tercera República, precisamente a causa del problema nacional pendiente, no pudo ser un aliado seguro y fiel de Francia, de modo que la política observada por los gobiernos de la Tercera República respecto a Yugoslavia puede considerarse errada y contraproducente. Por todo ello cabe la pregunta: ¿la protección de la unidad yugoeslava condice con los intereses de Francia y con los principios que profesa el general de Gaulle?

Un breve análisis ayudará a la mejor comprensión del problema.

Cuando la Tercera República contribuyó a la creación del nuevo Estado yugoslavo al término de la primera conflagración mundial, haciendo caso omiso del derecho de autodeterminación reclamado por los partidos croatas democráticos y ampliamente mayoritarios, y luego prestó a los gobiernos de inspiración granserbia copiosa ayuda política, financiera y militar, no obstante los regímenes dictatoriales y opresores, los gobiernos franceses consideraban al nuevo Estado multinacional como la Serbia ensanchada. La persecución de las nacionalidades, privadas de los derechos elementales, ha sido conceptuada y esgrimida como medida de protección de la amenazada unión nacional.

Esta anomalía se produjo cuando la Francia victoriosa en la guerra 1914-18 gozó deposición preponderante en el continente europeo antes del resurgimiento del Tercer Reich y la consolidación relativa de la Unión Soviética. Precisamente en vista de este peligro, a pesar del derrumbe de los cuatro imperios -austríaco, germano, ruso y turco- la Francia victoriosa consideró como urgente el problema de su propio sistema de seguridad en la Europa Centro-oriental, es decir en una vasta zona que se extiende entre Italia y Alemania por un lado y la Unión Soviética por el otro. Pero en la euforia de la victoria, pagada muy caro por lo demás, no se estudió mucho si ese sistema, consistente en la alianza entre Francia, Polonia (restaurada y engrandecida) y los países de la Pequeña Entente (Checoslovaquia, Rumania y Yugoslavia), descansaba sobre bases firmes y permanentes y concordaba con los principios enunciados por los vencedores como su objetivo bélico: la creación de una nueva Europa, consistente en Estados nacionales con regímenes democráticos. De esa manera, al estipularse los acuerdos de paz de 1919, fue creado en la Europa Centro-oriental un status geográfico y político que dejó desesperada a gran parte de la población, a tal punto que el cordon sanitaire entre Alemania y Unión Soviética, concebido por París, no pudo cumplir el cometido asignado. Quedaron malparados no sólo los países disminuidos según el principio vae victis, sino que a causa del desorden resultante fueron perjudicados incluso los pueblos que se quería favorecer y también sus tutores, en primer lugar Francia.

Los países derrotados como Austria, Hungría y Bulgaria (el caso de Turquía es en parte una excepción), con territorio reducido y onerosas cargas económicas, muy pronto se alinearon en el bloque de las naciones revisionistas descontentas que buscaban protectores y ayuda, que encontraron, antes de lo que se esperaba, primero en la Italia fascista y luego en el Tercer Reich.

Tampoco los países favorecidos por los vencedores sintieron las ventajas del territorio incrementado con inclusión de un crecido número de elemento étnico extraño y hostil que no dejó de aspirar a integrarse con su Estado nacional respectivo, lo que se convirtió en motivo permanente de tirantez interior y exterior. El caso específico y grave de la lesión del derecho de los pueblos de disponer de sí mismos (national self determination) lo constituían Checoslovaquia y Yugoslavia, nuevos Estados supuestamente nacionales pero de hecho plurinacionales, surgidos de las ruinas de la desmembrada Austria-Hungría. Como se sabe, la vieja monarquía multinacional fue desintegrada en virtud del principio nacional. Sin embargo, al constituirse la República de Checoslovaquia y el Reino de los Servios, Croatas y Eslovenos, a Bohemia y Serbia, respectivamente, fueron anexados pueblos enteros y vastas comarcas pobladas por elemento étnico foráneo. Eso constituía una violación grosera del derecho de autodeterminación nacional, tan recalcado al finalizar la Primera Guerra Mundial. Nuevos Estados plurinacionales fueron constituidos mediante la violación del mismo principio nacional que motivó la desintegración de Austria-Hungría. Como, empero, se quiso fortalecer a los países, tenidos por aliados, y hacer eficiente el planeado cordon sanitaire, se trató de salvar la forma y se inventaron las teorías sobre la presunta unidad nacional de los checos y los eslovacos; de los croatas, serbios y eslovenos proclamados partes de un mismo pueblo. Según dichas teorías, en el caso de los serbios, croatas, eslovenos, checos y eslovacos, se trataría de denominaciones regionales de las naciones indivisibles: checoeslovaca y serbio-croata-eslovena, respectivamente, abreviado, yugoeslava[141]. En realidad, fueron creados Estados en los que, en forma centralista, gobernaron checos y serbios, respectivamente, en ambos casos la minoría de la población de los nuevos Estados.

Los nuevos Estados, engrandecidos mediante una serie de violaciones del principio nacional, mientras se lo exaltaba, no podían lograr su consolidación política no sólo en el plano interno sino también externo. Los pequeños países, que salieron perjudicados, insistían cada vez más en sus protestas revisionistas, reclamando las partes enajenadas de su territorio nacional aliándoseles muy pronto la Unión Soviética y con el tiempo Italia y Alemania. Las tiranteces derivadas sirvieron como justificativo para establecer toda una serie de medidas represivas y luego de regímenes militares aun en los países asistidos y protegidos por la Tercera República. La tensión exterior y a veces las actividades terroristas fomentadas desde el exterior requerían mayores presupuestos para el ejército y el armamento, lo que por un lado abrumaba la economía de por sí débil de los pequeños países de la Europa Centro-oriental y por otro lado brindaba la ocasión para el lucro y la malversación de la enriquecida clase gobernante. Como agregado, las tendencias autárquicas agravan la crítica situación económica, mientras se estaba formando la nueva sociedad industrial, y todo indicaba que era necesario operar con áreas económicas más vastas. Hitler aprovechó hábilmente todas esas circunstancias para atraer a su órbita no sólo a los resentidos gobiernos revisionistas sino también a los países que integraban el sistema de seguridad de Francia, tornándolo totalmente inoperante en la cuarta década de nuestro siglo.

En cuanto a Yugoslavia, que nos interesa en primer término como el caso típico del proceso descripto, pese a su carácter plurinacional fue tratado por los gobiernos franceses entre las dos guerras mundiales como si fuera Estado nacional homogéneo y hasta como la Serbia ensanchada. La simpatía hacia Serbia se remonta a la época en que Francia y Rusia establecieron una alianza. En función de la colaboración franco-rusa, Francia se ha visto obligada a proteger a Serbia, favorecida por Rusia. A partir de 1903, cuando los exponentes rusos en Belgrado asesinaron al rey Alejandro, el último de los Obrenovic, y a su esposa, y entronizaron a Pedro Karageorgevic, protegido ruso, los gobiernos del zar ruso hicieron de Serbia la filial de la política paneslava en los Balcanes. En recompensa, Serbia podía contar con la ayuda del imperio ruso en la realización de sus planes expansionistas, coincidentes con los rusos. De ese modo el programa de crear una Gran Serbia -que debía se la potencia principal de los Balcanes y abarcar partes considerables de los países vecinos: Croacia, Bulgaria, Macedonia, Hungría, Grecia, Albania y Montenegro- fuera impuesto por Rusia a sus aliados, particularmente a Francia. Así sucedió, cuando los terroristas serbios, asistidos por el gobierno ruso, cometieron en 1914 en Sarajevo el atentado contra el archiduque Francisco Fernando, heredero del trono austro-húngaro, fueron declarados por los rusos y sus aliados como defensores del derecho de Serbia a Bosnia y Herzegovina, si bien la población serbia en dicha provincia constituye una minoría frente a la mayoría croata que buscaba la concreción de sus objetivos nacionales dentro de la comunidad danubiana, transformada en la comunidad de los pueblos libres con igualdad de los derechos[142]. Sin embargo, la vieja monarquía de los Habsburgo no supo reorganizarse y, en consecuencia, dependía cada vez más de Alemania sirviendo a los fines del expansionismo germano (Drang nach Osten), contrario a los intereses de la mayoría de su población, así como de otras potencias europeas. De tal manera las temidas aspiraciones imperialistas rusas paneslavistas se presentaban como un mal menor precisamente para aquellas potencias europeas que tradicionalmente se oponían a la expansión rusa en los Balcanes y en el Cercano Oriente.

Nos vemos obligados a mencionar los hechos conocidos para que se pueda comprender mejor el origen de la actitud complaciente de Francia hacia Serbia, que en su condición de protegida de Rusia en la Primera Guerra Mundial ha sido aliada también de Francia. Se convirtió en la protegida directa de Francia tras la revolución rusa al verse privada del apoyo incondicional del imperio ruso con el cual la ligaban afinidades religiosas, culturales y políticas que no existían en la relación con el nuevo protector francés, temido por los gobernantes serbios a causa de la conocida posición occidentalista y republicana de la Tercera República, opuesta a la tradición ruso-serbia. Sin embargo, esa nueva relación con Francia para los servicios significaba una cierta libertad de movimiento, imposible bajo la protección rusa, pues con su nuevo protector no les vinculaban afinidades espirituales de ninguna índole. Además, una Serbia protegida por Francia después del derrumbe del imperio ruso dejó de ser considerada en los países del Occidente con recelo como un exponente del peligro paneslavo. Por su parte, los gobiernos de la Tercera República en búsqueda de los aliados fuertes y seguros contra el peligro comunista y eventual resurgimiento del militarismo prusiano, favoreció en todo la realización del monstruoso y reaccionario programa de un imperio serbio, aunque ello implicaba chocar indefectiblemente con los justos intereses y aspiraciones de todos los pueblos del convulsionado sureste europeo y fomentar resurgimiento de nuevos focos de las tensiones en una zona en ebullición a causa del derrumbe de los imperios que la controlaban durante largos siglos. El hecho de que Serbia constituye apenas la cuarta parte, además culturalmente y económicamente atrasada, del nuevo Estado yugoslavo, sujeto a su dominación, ilustran suficientemente la debilidad de lo que en París consideraban una adquisición ventajosa y la nocividad de la situación creada desde el punto de vista de los intereses generales con apoyo incondicional del granservismo.

En pos de la verdad, cabe acotar que en toda el área de Europa Centro-oriental la población de distinto origen étnico está tan mezclada que a veces resulta imposible trazar las fronteras según el criterio nacional para que todos los pueblos queden satisfechos. Por otra parte, en el caso específico de los Balcanes no debe olvidarse que allí el proceso del despertar de la conciencia nacional en ciertas regiones anda muy en zaga al análogo proceso operado en las naciones occidentales que son resultado de un específico y gradual desarrollo. De ahí que incluso a los buenos conocedores de la zona europea del ex imperio turco les costaba, a principios del siglo, establecer la composición étnica de esas comarcas. Todavía hoy se discute si los macedonios son un pueblo aparte o la expresión regional del pueblo búlgaro; si los montenegrinos forman una individualidad nacional o son parte del pueblo serbio. Además, el régimen comunista yugoelavo en el caso de Bosnia, considerándose obligado a renunciar ala tesis del nacionalismo serbio del año 1914, según la cual ésta sería una provincia serbia, llegó a favorecer la teoría de que Bosnia no es una región croata argumentando que los musulmanes de Bosnia y Herzegovina no serían croatas como los católicos de las mismas provincias ex turcas sino un grupo "nacionalmente indefinido". Con ello se quiere justificar la creación de la "República Socialista de Bosnia y Herzegovina" dentro de la federación yugoeslava, en lugar de incorporar esas provincias a la "República Socialista de Croacia", a la que pertenecen por su mayoría ética, la ubicación geográfica, la gravitación económica y el proceso histórico, mientras a la Serbia agregaron Kosmet con mayoría de albaneses y Voivodina, con mayoría húngara y croata.

Toda esta confusión e imprecisión respecto a la composición étnica de la parte europea del ex imperio otomano facilitó la propaganda granserbia, que repercutió no sólo en los círculos políticos sino también científicos de la Europa occidental. Pero la verdad, tarde o temprano, muestra su cara. Ya en los comienzos de nuestro siglo no pudo presentarse a los croatas -mayormente católicos y con propia tradición cultural y política de tipo occidental- como parte del pueblo serbio que Serbia tiene que liberar. Incluso en la Rusia zarista crecía la desconfianza hacia los planes que tendían a la simple anexión de Croacia a la zona de influencia rusa mediante su anexión a Serbia. La desconfianza de San Petersburgo hacia los influjos occidentales vía Zagreb, capital de Croacia, actuó de manera que los rusos en1915 accedieron, sin mayor resistencia, al Pacto secreto de Londres, según el cual se cedía a Italia una considerable parte de Croacia como retribución por la entrada de Italia en la guerra contra las potencias centrales, sus ex aliados de la Triple Alianza. Los granserbios trataron de obviar este inconveniente sosteniendo que los pueblos sureslavos son sólo distintas tribus de un pueblo yugoslavo unitario que debe ser liberado en su totalidad de la dominación extranjera (austríaca, húngara y turca) y unificado bajo la égida de Serbia que, en este caso, tuvo que desempeñar el papel que Piamonte y Prusia jugaron en el siglo pasado dentro del proceso de la unificación de Italia y Alemana respectivamente. Esta teoría, basada en el hecho de que los pueblos sureslavos -búlgaros, serbios, macedonios, montenegrinos, croatas y eslovenos- pertenecen al grupo idiomático eslavo nunca tuvo ascendencia en las masas serbias. Se la usó únicamente con un instrumento útil de la propaganda y acción subversiva contra Austria-Hungría. El verdadero objetivo político de Serbia no fue Yugoslavia -una comunidad de pueblos iguales- sino la Granserbia. Detrás de ese programa se hallaba la Rusia zarista. Recién al derrumbarse ésta, la política serbia empieza a tomar en cuenta la teoría de unidad yugoeslava, siempre como medio para crear la Granserbia. Así, tras la revolución bolchevique, los diplomáticos serbios hablan menos de la Granserbia y más de la liberación y unificación de los sureslavos, por cierto sin los búlgaros, por cuanto en caso de que Bulgaria integrara el nuevo Estado la relación de fuerzas sería tan desfavorable que la teoría de un pueblo finalmente unido no podría prosperar.

La teoría sobre las supuestas tribus sureslavas, liberadas y unificadas por Serbia, fue aceptada por las potencias vencedoras cuando planeaban crear el cordon sanitaire, por lo que necesitaban no los pequeños Estados sino a las naciones de potencia mediana. Sin poder rechazar abiertamente el derecho de la autodeterminación nacional, en que insistió tanto el presidente W. Wilson, la Tercera República sin muchas contemplaciones adoptó las más variadas y a menudo contradictorias teorías en cuanto a la etnografía, la historia y la geografía para que sirviesen como pretexto favorecedor de los gobiernos detenidos por amigos.

En el caso específico de Yugoslavia, la anexión de Croacia a Serbia fue facilitada también por otras circunstancias que, brevitatis causa, no podemos analizar aquí, limitándonos a exponer sólo unos cuantos hechos.

La idea de la solidaridad sureslava tuvo cierto arraigo en Croacia todavía en el siglo XIX. Evidentemente, no se trataba de negarla individualidad política y nacional de los pueblos del grupo lingüístico eslavo y menos que menos del pueblo croata. Los pensadores croatas, bajo la presión de las tendencias centralistas de Viena y Budapest, y bajo el impacto del irredentismo italiano en el Adriático, buscaban tan sólo el apoyo de los pueblos del mismo grupo idiomático eslavo. Era la época del romanticismo europeo, cuando con frecuencia se identificaba la comunidad lingüística con la cultural, política y hasta racial. Por otra parte, los croatas creían que siendo un pueblo de cultura europea occidental y con el grado de civilización superior al de la población eslava balcánica, atrasada a causa de la dominación turca de cinco siglos llegaron a ser los portadores y promotores de las conquistas de la moderna civilización entre los pueblos eslavos balcánicos, menos afortunados.

Los serbios, sin embargo, que durante el siglo XIX realizaron su Estado nacional y conscientes de su tradición bizantina, fortalecida por la influencia rusa, rechazaban enérgicamente esas concepciones croatas acerca de la solidaridad sureslava. Aspiraban únicamente a concretar su programa de Granserbia en la tradición del efímero imperio medieval serbio, émulo del bizantino[143]. Semejante actitud serbia no dejó de enfriar los entusiasmos de los forjadores croatas de la solidaridad sureslava. Así, a la idea yugoeslava y paneslava se oponía decididamente el representante principal del moderno pensamiento nacional croata del siglo XIX, Dr. Ante Starcevic, pero era al mismo tiempo empedernido opositor a la supremacía austríaca, húngara y prusiana, admirador entusiasta de Francia y hombre de concepciones netamente liberales. Como tal aborreció a Rusia que simbolizaba la tradición bizantina del césaropapismo y el poder autocrático. Mas, la situación difícil en Austria-Hungría bajo el sistema dualista (1867-1918), con el predominio de magiares y austríacos, en detrimento de la mayoría eslava, favoreció la propaganda de acercamiento de Croacia a Serbia.

El verdadero peligro para Croacia sobrevino al término de la Primera Guerra Mundial, pues era parte integrante de la monarquía de los Habsburgo que perdió la guerra. Croacia fue ocupada por tropas serbias, francesas e italianas. Italia, en virtud el Pacto de Londres, ocupó y trató de anexar a dos provincias croatas (Dalmacia e Istria). Serbia pretendía incorporar a Bosnia, Herzegovina y Eslavonia, de modo que Croacia corrió el riesgo de verse reducida a un pequeño territorio alrededor de Zagreb. Esos acontecimientos sorprendieron a los políticos croatas que hasta entonces luchaban por la unificación de las provincias croatas en torno al ban (prorex) y el parlamento (Sabor) de Zagreb, dentro del marzo de la comunidad danubiana. Al archiduque Francisco Fernando, asesinado en Sarajevo en 1914, se le atribuía el designio de transformar a la monarquía en favor de los pueblos eslavos, lo que quitaría argumentos a la propaganda paneslava, rusa y serbia, y ése fue el motivo principal del famoso atentado. Con el derrumbe inesperado de Austria-Hungría se produjo para los croatas una situación completamente nueva, difícil y desventajosa. Por ello, momentáneamente, prevaleció la influencia de los políticos que buscaban la salida apoyándose en Serbia. Actuaron convencidos de que el acuerdo y la colaboración de dos pueblos de fuerzas iguales redundaría con equilibrio en beneficio mutuo.

Por supuesto, esta relación fue concebida como una especie de vínculo confederal de dos Estados nacionales, iguales y soberanos, sin discriminación ni supremacía alguna. Pero los serbios pensaban y sentían de modo distinto.

Desde el momento en que los serbios se vieron, a pesar del derrumbe del imperio ruso, su protector, entre las potencias vencedoras y estando la mayor parte de Croacia ocupada por las tropas serbias, consideraban que llegó el momento de imponer a los croatas, montenegrinos, macedonios y eslovenos su dominación realizando, por fin, sus sueños imperiales.

Es cierto que los serbios se han visto obligados a aceptar formalmente la pauta de un Reino de los Servios, Croatas y Eslovenos. Lo exigía la situación general descripta y la actitud del presidente W. Wilson en favor del derecho de los pueblos de la dismembrada Austria-Hungría a la autodeterminación. Pero el gobierno del nuevo reino era centralista, regido por el rey y el ejército serbios y en función de una Serbia engrandecida. La más tímida manifestación de la idea de la individualidad nacional croata fue perseguida desde el principio como subversiva, atentado contra la supuesta unidad nacional, realizada por Serbia en su papel histórico de Piamonte sureslavo. En realidad la supuesta unión nacional era tan sólo la fechada para la anexión a Serbia de Croacia, Eslovenia, Macedonia y Montenegro y no hablando de Kosovo y Metohija (Kosmet) con la mayoría étnica albanesa no eslava y de Voivodina con mayoría magiar y alemana.

Esta presunta liberación y unificación de acuerdo con el modelo italiano y alemán del siglo pasado fue sentida desde el primer momento por el pueblo croata como la ruptura de la continuidad milenaria estatal de Croacia y rechazada como el avasallamiento al dominio extranjero, doblemente odioso a causa del simulacro de la liberación invocando hipócritamente la supuesta unión serbio-croata. Lo que Croacia había conseguido salvaguardar aun en los momentos más difíciles del dualismo austríaco-húngaro, cuando a pesar de todo había conservado el status del reino asociado con los atributos de soberanía, lo perdió en los momentos de la presunta liberación por los serbios. Por ello, el pueblo croata en todos comicios -1920, 1923, 1925, 1927, 1935 y 1938- y a pesar de las medidas represivas, a veces sangrientas, votó plebiscitariamente por el programa de la república croata, neutral y pacifista, que aspiraba a realizar en virtud del derecho democrático de la autodeterminación nacional. Esta oposición croata aun cuando rechazaba toda clase de violencia fue combatida brutalmente, llegándose a las matanzas colectivas, lo que culminó con exterminio de los líderes croatas en el mismo recinto del parlamento de Belgrado en 1928, es decir después de diez años de la presunta liberación. La resistencia croata, aunque hasta entonces pacifista y de inspiración netamente democrática, sirvió de pretexto al rey serbio para implantar su dictadura personal. Interpretando erróneamente el pacifismo y los métodos democráticos de los croatas en su resistencia al granservismo como la debilidad y la falta del espíritu de sacrificio, el rey Alejandro, proclamó como el dogma político de su régimen dictatorial las absurdas teorías unitaristas según las cuales los croatas, un pueblo de seis millones con su propia milenaria tradición cultural y estatal, no son una nación, sino una tribu cualquiera. Según los ideólogos del unitarismo yugoslavo, ala nación croata inventaron los enemigos de los eslavos: los papas, reyes húngaros y emperadores austríacos. La resistencia nacional croata ha sido presentada a la opinión francesa como el residuo del pasado y como la resistencia a la unión nacional de parte de los demagogos irresponsables y agitadores a sueldo de las potencias que propugnaban la revisión de los tratados de paz del año 1919.

De hecho, los que obraron en forma irresponsable han sido los gobernantes serbios del nuevo Estado, quienes en la anexión de las nuevas zonas, incomparablemente más ricas de las de Serbia de preguerra, veían no solamente el engrandecimiento de Serbia, sino también una ocasión propicia para su rápido enriquecimiento personal. Por lo tanto, consideraban peligrosa y enojosa toda advertencia sobre la urgente necesidad de medidas razonables para normalizar la situación y responder de esa manera a lo que de ellos esperaban sus protectores del Occidente.

Los mismos círculos políticos y diplomáticos de Francia con el tiempo se dieron cuenta de que Yugoslavia, debido a su carácter granserbio y antidemocrático, constituye el eslabón más débil en la cadena de seguridad entre Unión Soviética, Tercer Reich e Italia fascista. No obstante ello, en París pervivían las consideraciones sentimentales hacia Serbia, su pequeño aliado de la Primera Guerra Mundial, olvidando completamente que los serbios eran en primer término los aliados de los rusos e ignorando el hecho de que afines a los franceses eran precisamente los perseguidos croatas y eslovenos. De esa manera no fue ejercida a su debido tiempo la presión en Belgrado para que cesara sus violencias e injusticias contra la mayor de la población del nuevo Estado, si se quería capacitarlo para una resistencia eventual a las potencias del Eje y a las injerencias de la Unión Soviética. Por el contrario, cuando el rey Alejandro dispuso en 1928 el asesinato de los líderes democráticos croatas en el recinto del parlamento -diputados que vinieron a Belgrado aconsejados por París y Londres para luchar en forma parlamentaria por las reformas políticas- y cuando en 1929 implantó la dictadura militar so pretexto de salvar la unidad estatal y nacional, entonces el rey dictador gozó del pleno apoyo de la Tercera República.

Es verdad que la izquierda democrática francesa criticaba abiertamente la dictadura del rey Alejandro y los integrantes del centro democrático estaban preocupados por el futuro de Yugoslavia [144]. Destacados políticos como Eduardo Herriot y diplomáticos como Alexis Léger enviaban mensajes al rey Alejandro sugiriéndole el cambio de su política, teniendo en cuenta el fortalecimiento del Tercer Reich y siempre más evidentes peligros de una agresión directa de Mussolini, en vista de sus ansias imperialistas[145]. Empero, los gobernantes serbios de Yugoslavia nunca pensaron seriamente en transformar a Yugoslavia en una comunidad de pueblos libres e iguales. Sabían muy bien que en ese caso prevalecería la influencia de la mayoría -croatas, eslovenos, mecedonios, montenegrinos, albaneses- y que de esa manera la dinastía serbia y la oligarquía que favoreció podrían gobernar únicamente en Serbia, que para sus desmedidos apetitos ya era demasiado pobre y demasiado pequeña. Lamentablemente, los gobernantes serbios pudieron contar con el apoyo de las masas serbias que durante decenios fueron educadas en el espíritu granserbio. En Serbia, cada manifestación de la oposición croata y de otros pueblos oprimidos ha sido interpretada como atentado contra el Estado, que la mayoría de los serbios sentía como Granserbia. Los comunistas explotarán luego en la segunda fase de la Segunda Guerra Mundial, este estado anímico, para imponerse como dirigentes políticos y militares con apoyo de gran parte de las masas serbias siguiendo el mismo programa de la restauración de Yugoslavia en la órbita rusa.

Cuando en la Europea Centro-oriental, dada la situación expuesta precedentemente, creció la influencia del Tercer Reich alemán y cuando las mismas derechas de Francia se vieron obligadas a buscar un alivio en la alianza con la Unión Soviética, entonces la oligarquía serbia consideró pertinente salvaguardar la hegemonía serbia y sus intereses, prescindiendo de Francia y de sus aliados de la Pequeña Entente (Rumania y Checoslovaquia). Así Yugoslavia, con el gobierno dictatorial de Milan Stojadinovic, uno de los representantes típicos de la oligarquía serbia, pasa abiertamente al lado del Eje con ilusión de sacar provechos económicos y políticos. Además, el Tercer Reich se convirtió en el tan deseado mercado de los productos agropecuarios después de la gran crisis económica que afectó particularmente al Sureste europeo. En el plano político había que descartar el peligro de que los países vecinos revisionistas aprovechasen los conflictos nacionales internos de Yugoslavia. Esos países fueron envalentonados por la agitación del Tercer Reich contra el llamado sistema de Versalles y por la invocación del derecho de la autodeterminación nacional de Hitler, si bien despojado de su contenido democrático. En la época del Frente Popular y la Guerra Civil Española los gobernantes serbios de Yugoslavia veían en el Tercer Reich por una parte el dique poderoso contra la subversión comunista, pero por otra un peligro latente a la precaria unión yugoeslava. Una carta política importante que con destreza barajaban las potencias del Eje fue el temor de Belgrado a los exiliados nacionalistas croatas y macedonios que recurrían a los medios expeditivos imitando el estilo de lucha de los activistas nacionalistas serbios de la preguerra. Como se sabe, esas actividades revolucionarias del activismo nacionalista croata y macedonio culminaron en el atentado contra el rey Alejandro en Marsella, en 1934. Como modelo sirvió el atentado de Sarajevo de 1914 y las matanzas de los líderes croatas en el parlamento de Belgrado en 1928, organizados por los adictos al rey Alejandro.

Sucedió pues que en los momentos críticos, mientras a Tercera República se debatía en dificultades políticas internas y mientras iba en aumento el potencial bélico y económico del Tercer Reich, Yugoslavia, prestándose al juego de las potencias del Eje, prácticamente deshizo la Pequeña Entente y con ello todo el sistema francés de seguridad en la Europa Centro-oriental. Al producirse la anexión de Austria, presupuesto del acuerdo de Munich y de la desintegración de Checoslovaquia, el gobierno dictatorial yugoslavo de Stojadinovic saludó esos actos como triunfo del derecho de la autodeterminación nacional, ese mismo derecho que, con mayor razón, se volcará en 1941 contra Yugoslavia.

Mientras tanto los círculos serbios, que todo lo debían a Francia, con calma presenciaban el derrumbe del frente polaco y francés. Entraron en acción recién a principios de 1941 cuando efectuaron un golpe de Estado, típicamente balcánico, con el propósito de eliminar la muy reducida participación croata en el poder. Para el consumo externo, dicho putsh fue presentado como un acto contra el Eje, si bien al mismo tiempo en Roma y Berlín los militares y políticos serbios del gobierno golpista se esforzaban por presentarlo como una medida de política interna y prometían respetar la firma de la adhesión de Yugoslavia al Pacto Tripartito. El putsch, sin embargo, era una ocasión bienvenida para Hitler y Mussolini para terminar la infeliz campaña italiana en Grecia y eliminar el peligro de un nuevo frente de Salónica, asegurándose al mismo tiempo el flanco derecho en vista de la inminente guerra contra la Unión Soviética. Mientras la pequeña Serbia en la Primera Guerra Mundial ofreció una inesperada y vigorosa resistencia a las potencias centrales, en 1941 Yugoslavia, cuatro veces más grandes que Serbia en 1914, capituló casi sin combatir al cabo de 12 días de guerra relámpago (Blitzkrieg). Eso fue el resultado lógico de la política granserbia, causa de los conflictos internos en Yugoslavia, rodeada de vecinos hostiles -húngaros, búlgaros y albaneses- que consideraban de su deber e interés nacional las operaciones del Eje contra el granservismo.

Tal fue la caída sin pena ni gloria de la gran Serbia en forma de monarquía yugoeslava, que favorecieron sus protectores y sobre todo Francia en 1919, esperando que la Serbia engrandecida se convertiría en la piedra angular de su sistema político y defensivo en la Europa Centro-oriental. En vano, luego, los representantes de la política granserbia del gobierno exiliado en Londres trataron de salvar su prestigio exagerando hiperbólicamente las hazañas de los guerrilleros nacionalistas de Draza Mihailovic, que mayormente mataban a los croatas, católicos y musulmanes. Apenas los comunistas organizarán verdaderas acciones guerrilleras y lograrán el apoyo de las masas serbias con su programa de venganza a los croatas y macedonios, alemanes y húngaros de restauración de Yugoslavia bajo la protección rusa.

Es menester recalcar que en ambas conflagraciones mundiales los serbios cambatieron únicamente en su función de protegidos y aliados rusos. La tentativa de hacer de Serbia, caída la Rusa zarista, un asociado de las democracias occidentales, fracasó rotundamente. Más aún, la creación del Estado plurinacional yugoslavo bajo la dominación de Serbia, con los ineludibles contrastes o conflictos internos y externos, puede considerarse como una de las causas directas de la revolución comunista. Al despojar después de la Primera Guerra Mundial a los croatas y a los demás pueblos de Yugoslavia del derecho de autodeterminación no se ayudó a Serbia, mientras que pueblos enteros que podían ser miembros útiles de la comunidad europea están junto con los serbios sometidos al dominio comunista.

El general de Gaulle demostró energía y lucidez al liquidar el imperio colonial francés y concebir nuevas formas de cooperación con pueblos ex coloniales. En Europea, no titubeó en tender la mano conciliadora al vecino pueblo alemán, entendiendo que las buenas relaciones entre dos grandes naciones europeas constituyen la condición imprescindible de la colaboración europea y del nuevo equilibrio en el mundo dividido. Tampoco hesitó en tomar otras medidas prescindiendo de la oposición de las críticas y sentimientos encontrados de la opinión pública nacional e internacional. Pasó por alto las conocidas injerencias de la Yugoslavia comunista contra los intereses de las Francia durante la lucha en Algeria, motivo de la suspensión de relaciones diplomáticas entre París y Belgrado. Todo eso lo hizo y sigue haciendo fiel a su concepción sobre el derecho de los pueblos a ser dueños de su propio destino.

No cabe duda, pues, que el general de Gaulle posee bastante espíritu y carácter para abordar la revisión de la política tradicional de Francia en el Sureste europeo que no favorece la convivencia y el progreso en una zona turbulenta. Ningún croata exige de nadie y menos de Francia que actúe contra sus propios intereses y tampoco contra derechos de Serbia. Lo que cabe desear, en interés de todos los pueblos directamente afectados, inclusive Serbia, y en aras del bien internacional, es que no se favorezca ningún chovinismo y expansionismo, facilitando a todos los pueblos del Sureste europeo la realización del derecho democrático de autodeterminación. En las circunstancias actuales tampoco se pide ni espera de los gobiernos occidentales que favorezcan los movimientos revolucionarios con el fin de sublevar al pueblo contra el régimen comunista o que ayuden a desintegrar alguno de los Estados existentes. Lo que justificadamente cabe esperar es que no se actúe contra los derechos de los pueblos oprimidos a la resistencia en el plano político interno. No es correcto que los refugiados croatas, mientras respetan las leyes de los países en que residen, se vean impedidos a exponer dentro del marco del ideario democrático los sufrimientos y las aspiraciones de su pueblo, que tiene derecho a la libertad, igual que los demás pueblos sin distinción alguna, al menos como las ex colonias francesas.

Nuestro desagrado por el apoyo prestado por Francia a los gobiernos granserbios, no va tan lejos como para impedirnos ver los motivos que guiaron a Francia, y tanto más cuanto que el pueblo croata, debido a sus sentimientos democráticos hondamente arraigados, no cesó de simpatizar con las democracias occidentales ni en los momentos en que respaldaban la dictadura granserbia a despecho de legítimos intereses y derechos del pueblo croata. Sabemos que se trata de un capítulo doloroso de la historia europea, signada por la política del poder y por los contrastes nacionales, que afortunadamente están desapareciendo gradualmente. Las democracias occidentales relegaron a Croacia en 1918 y 1945 -sin nuestra culpa y únicamente a causa de nuestra ubicación geográfica y los consiguientes vínculos naturales con los pueblos centroeuropeos- a favor de las concepciones políticas rusas y granserbias. A causa del poco feliz desarrollo general, fue trabado el proceso normal de Croacia contesta con los sentimientos y anhelos democráticos de su pueblo. Lo que en 1918 y 1945 se llamó la liberación nacional, de hecho significaba una nueva esclavitud, la dominación de un pueblo sobre los demás, sostenida primero como dictadura militar y dinástica serbia y luego comunista, siempre a favor de los intereses de Serbia engrandecida, que fue y sigue siendo el exponente potencial del imperialismo soviético mientras Croacia, de acuerdo con su tradición milenaria, sueña con la inclusión en la comunidad europea, un marco más apropiado que la supuesta unión yugoeslava.

En cambio, la Serbia moderna, contesta con su tradición, propende constantemente a afirmarse como exponente del expansionismo en el sureste europeo, antes el imperialismo zarista, hoy el soviético. Por ello es apropiada la pregunta: ¿El respaldo de las aspiraciones expansionistas de Serbia en perjuicio de las naciones de orientación y tradición occidental, como son Croacia y Eslovenia, puede considerarse buena política tomando en cuenta tanto los intereses generales como los franceses?

Creemos que en la exposición precedente de las relaciones franco-serbias antes y después de la Primera Guerra Mundial hemos demostrado que las esperanzas que muchos franceses depositaron en Serbia resultaron totalmente defraudadas. Además, en las nuevas circunstancias, cuando se procura limar las divergencias entre las potencias europeas, causa de las dos conflagraciones mundiales, debe someterse a una revisión global la política fundada en el apoyo incondicional a Serbia contra los pueblos oprimidos de Yugoslavia -la mayoría de la población de ese Estado plurinacional- y contra casi todos sus vecinos. Insistir en las viejas posturas, surgidas en el marco de la perimida política de poder, no es digno de un estadista de amplios horizontes como es el general de Gaulle.

Sería absurdo de nuestra parte negar a cualquier potencia europea el derecho de afianzar su influencia en los países de la Europa Centro-oriental. Creemos, sin embargo, que es necesario evaluar los medios que conducen a ese fin. Tomemos como ejemplo a los Estados Unidos que -como es sabido- tras el conflicto Stalin-Tito consideraron oportuno prestar una sustancial ayuda económica, militar y política al régimen comunista yugoslavo, sin imponer ninguna condición política. Aunque opinamos que ése no era el mejor camino para ahondar las fisuras en el bloque soviético, hasta entonces monolítico, lo que era el propósito de los que abogaban en Washington por la ayuda incondicional a los comunistas yugoeslavos, no podemos no ver que la asistencia masiva estadounidense habría acelerado en forma indirecta el proceso natural del aflojamiento de la influencia soviética en la Europa oriental por un lado y de la presión política de la dictadura comunista en Yugoslavia por el otro. Actualmente, en la Yugoslavia comunista se plantea, en forma cada vez más precisa, el problema de la crisis del régimen y del mismo Estado, desgarrado por los antagonismos nacionales. Ese proceso en ningún modo puede favorecer los intereses de la Unión Soviética. Por eso, confiando en la ayuda de Moscú, Rankovic y su grupo serbio trataron de "sukarnizar" a Tito, por ceder demasiado a los oponentes del centralismo de Belgrado y ello, en su opinión, amenaza la existencia del régimen y de Estado.

Tito logró conjurar los planes de Rankovic que implicaban el apoyo total de Yugoslavia a la Unión Soviética como garante de la supremacía serbia sobre los demás pueblos de Yugoslavia, pero tuvo que quedarse a mitad del camino: revocar el proceso contra Rankovic y mantener la jefatura serbia de la policía comunista secreta y en el plano externo acercarse aun más a la Unión Soviética. Quedó detenida o por lo menos demorada la evolución descentralizadora en favor de los pueblos de Yugoslavia, oprimidos y económicamente explotados en beneficio de Serbia. Lo demostró en forma palpable el caso de la represión contra los intelectuales croatas que rechazaban la igualdad del idioma literario croata con el serbio, que las autoridades vienen imponiendo como idioma oficial en Croacia.

Según hemos visto, Tito en ese aprieto pidió ayuda al gobierno francés contra los intelectuales croatas libres y, lamentablemente, la consiguió. Por ello cabe preguntar si ese apoyo a la dictadura comunista y la dominación serbia sobre los pueblos oprimidos en Yugoslavia es, efectivamente, el camino indicado que conduce al fortalecimiento de la influencia francesa en la Europa Centro-oriental y particularmente en Yugoslavia.

Respaldar la supremacía serbia, que cuenta con el apoyo de la Rusia soviética, significa paralizar el proceso evolutivo natural tendiente a brindar más derechos y libertades individuales y nacionales a los pueblos oprimidos de Yugoslavia, inclusive a los serbios, ya que con seguridad la gran mayoría de los serbios no puede resignarse con el papel humillante de guardianes de una compulsiva unidad estatal y, por añadidura, servir a los intereses del comunismo interno e internacional que despojó de libertades fundamentales incluso al pueblo serbio. Por lo tanto, ni los franceses que no comprenden en qué medida resultó perjudicial para los intereses de Francia el apoyo prestado a la opresión granserbia sobre los pueblos oprimidos de Yugoslavia o que no toman en consideración que en la época de la reconciliación europea el problema de cómo Francia enfoca su posición ante los derechos de Croacia y Eslovenia a su libertad, se plantea en forma independiente de los conflictos pasados entre las potencias europeas, no tienen motivo alguno para insistir, por consideraciones sentimentales, en el apoyo incondicional de todo gobierno yugoslavo, incluso del comunista, en la lucha contra la oposición a la concepción granserbia de la unidad yugoeslava, que está además en la esfera de los intereses rusos. Cuando se trata de factores responsables y de la ilustrada opinión pública de Francia, tan respetuosa de la libertad individual y nacional, con justa razón esperamos se comprenda la sencilla verdad de que no es posible afianzar la influencia de Francia si se hace lo mismo que la Unión Soviética y en interés de esta última. Pues Moscú respalda el centralismo de Belgrado contra los partidarios de la descentralización entre los mismos comunistas yugoeslavos, pensado atraer así a los círculos granserbios por la solidaridad de sus intereses. Por lo tanto, trátase de objetivos opuestos a los de la Tercera República que contribuyó a la creación y el mantenimiento del Reino de Yugoslavia bajo la égida serbia, considerándola también como parte del sistema defensivo contra la injerencia soviética. Proseguir con la política de la ayuda incondicional a Serbia bajo la dirección comunista en momentos que Yugoslavia en los problemas fundamentales se solidariza con la Unión Soviética, carece de todo sentido tanto desde el punto de vista de los intereses de Francia como del mundo libre. Si no podemos esperar que los estadistas occidentales procedan como los dirigentes comunistas, vale decir apoyen en Yugoslavia las corrientes y tendencias que les son favorables, sería lógica que por lo menos no brinden su apoyo a los portadores de la influencia soviética en detrimento de las fuerzas que, defendiendo las libertades y los derechos individuales y nacionales, obran a la vez en pro del proceso que únicamente puede favorecer a las fuerzas de la libertad en el mundo.


El intelectual y la libertad

En homenaje al escritor croata Vinko Nikolic

Carlos Alberto Erro, Buenos Aires

En representación de la Sociedad Argentina de Escritores, tengo el honor de participar en este acto en que se rinde homenaje y se desagravia al escritor croata Vinko Nikolic ([146]). La suerte de un escritor croata, o de un escritor de cualquier otra nacionalidad, no puede sernos indiferente a los escritores argentinos, porque creemos que la libertad es la causa del género humano, y que como dijera el general San Martín en Lima, "todos los hombres liberales del mundo son hermanos". La servidumbre de un solo hombre afecta la libertad de todos los hombres. Cuando se oprime a un escritor en cualquier lugar de la Tierra, se oprime a todos los escritores de la Tierra. Bien decía Juan Bautista Alberdi que "el hombre se convence cada día más de que nada de lo que sucede en el mundo le es extraño y que en sus dominios ya no se pone el sol".

Alberdi, el gran pensador argentino, comprendió antes que nadie que el progreso de la técnica, sobre todo en el campo de las comunicaciones, estaba generando una nueva realidad sociológica, a la que llamó "Pueblo-Mundo", que debía necesariamente determinar un gobierno mundial, el que se ha concretado en parte con la Sociedad de las Naciones y con la Organización de las Naciones Unidas. La Sociedad de las Naciones era, para él, que no llegó a verla en la realidad, la proyección institucional de ese fenómeno sociológico al que llamada "pueblo-mundo".

Pero supongamos que no se hubiera operado ese fabuloso achicamiento del mundo derivado del progreso de la técnica y en cuya virtud ya no hay grandes distancias, lo mismo tendríamos el imperioso deber de proclamar nuestra solidaridad con un escritor que ha sufrido persecución y ostracismo por ser fiel a sus ideas; lo mismo tendríamos que decir "Vinko Nikolic, estamos a tu lado...".

Y tendríamos que decirlo porque somos escritores y porque somos argentinos. Como escritores sabemos que no hay ambiente peor, más estéril y degradante, que el de la falta de libertad. Como argentinos, sabemos que la entraña de la tradición de la Patria, desde el día de su nacimiento en mayo de 1810, está hecha de devoción por la libertad y de respeto y acatamiento a los fueros de la personalidad humana. Moreno, el numem de Mayo -como lo llamara Mitre-, proclamaba en las páginas de la "Gazeta", a los pocos días de la Revolución, que más vale una libertad peligrosa que una servidumbre tranquila, que son dichosos aquellos tiempos, al decir de Tácito, en que se puede sentir lo que se quiere y decir lo que se siente, y en el famoso Decreto sobre Supresión de Honores del 8/12/1810 estampaba en su parte dispositiva este concepto que parece forjado en el arrebato de una arenga: "Porque ningún habitante de Buenos Aires, ni ebrio ni dormido, debe tener impresiones contra la libertad de su país". En 1811, se dictaba por el Triunvirato el Decreto sobre Libertad de Prensa, que consagra el principio de que las ideas pueden publicarse sin censura previa, y enseguida se dictaba el Decreto de Seguridad Individual, que lleva la firma de Bernardino Rivadavia como secretario y en cuyas cláusulas se encuentran admirablemente expresados los principios que amparan a la persona humana.

Fue Esteban Echeverría, el abanderado de la generación de 1837, quien frente a la tiranía expresó: "La libertad, como el gigante de la fábula, recobra en cada caída nuevo espíritu y pujanza: las tempestades la agrandan, y el mar tibio la diviniza". Y Juan Bautista Alberdi decía que la libertad de prensa es la más fundamental de las libertades del hombre y que sin ella no subsiste libertad alguna. La libertad de prensa -agregaba- es un poder no delegado que el mandante, es decir el pueblo soberano, se reserva para tener informado al mandatario, es decir a quien gobierna, de cómo quiere que desempeñe su mandato. Bartolomé Mitre, en las famosas jornadas de junio de 1852, dijo que la libertad encontraba en sí misma el camino para enmendar los errores y que era como la lanza de Aquiles, que cura las heridas que abre. Y el gran Sarmiento nos recomendó que hiciéramos lo mismo que él, que siempre hizo lo que le pareció bueno sin pedirle permiso al jefe de Policía.

Desmentiríamos toda esta tradición si frente a un caso como el de Vinko Nikolic, que no pudo vivir en su país por no someterse al comunista de Tito y que tampoco ha podido vivir en Francia porque las autoridades del gobierno de de Gaulle, procediendo en forma harto censurable, lo han expulsado de aquella tierra que todos teníamos como refugio de la libertad en el mundo y que tantas veces evocáramos con las palabras de Leopoldo Lugones: "Dulce Francia, madre nuestra, madre de los hombres libres".

Como hombres liberales que somos, dijimos hace 6 años al hacernos cargo del gobierno de la SADE, "no nos consideramos dueños de la verdad, sino personas que buscan la verdad, y por eso necesitamos confrontar y enriquecer, si cabe, nuestro criterio con el del quienes no piensan como nosotros. El fanático, en cambio, o quien profesa dogmas estéticos, políticos o ideológicos, no admite el diálogo, y más que convencer a los demás, le interesa obligarlos a que piensen como él, por cualquier medio, así sea la presión o la fuerza. La posibilidad del diálogo es, espiritualmente, el cimiento mismo de la democracia y la libertad.

Nuestra época, signada por la propaganda merced al fabuloso progreso de la técnica en materia de comunicaciones, muestra una perniciosa tendencia a pensar por slogans, a adscribirse a mitos. Y pensar por slogans o por mitos es pensar en forma radicalmente anticientífica. Porque, ¿qué es un slogan, qué es un mito? El slogan, el mito, son supuestas verdades que se aceptan más allá de la crítica racional y del libre examen. La única actitud científica, es decir, la única posición leal a la verdad, es la de Sócrates, quien empieza por afirmar que sólo sabe que no sabe nada, o la de Descartes cuando pone, al comienzo del "Discurso del Método", el "cogito, ergo sum", "pienso, luego existo". Más fe en su verdad demuestra quien procura persuadir dialogando que quien trata de imponerla por la fuerza. Dialoga quien respeta y considera a los otros. El diálogo, cortesía de la razón, es siempre en el fondo un homenaje a nuestros semejantes.

El mundo está cada vez más dividido en afirmaciones y negaciones y no vive ya gozando sus dudas, escribía Chesterton hacia 1935. La fe contemplativa en la libertad es inoperante y conspira contra su perduración. Se necesita la fe dinámica, que trasciende al movimiento, a la realización de los esfuerzos y sacrificios que son indispensables, en la etapa presente, para que la libertad no sucumba. La fe como milicia, como raíz que nutre y robustece la militancia. Y la libertad peligra mientras no se dan plenamente a un mismo tiempo los dos flancos que Erich Fromm distingue en ella: "la libertad de" y "la libertad para". La "libertad de" es la que nos resguarda contra la coacción, la censura y en general contra los impedimentos a nuestros actos lícitos. La "libertad para" es la conciencia del fin positivo que ambicionamos realizar, exentos de trabas legales o políticas; es saber para qué queremos la libertad. Al hombre moderno no le basta con no ser oprimido o coaccionado; reclama asimismo que el gobierno sea conducido de modo que dentro de la libertad se sienta partícipe en una empresa colectiva para elevar su condición de vida y la suerte de la Patria y de la sociedad. Sólo así supera el hombre moderno su soledad y desamparo, y siente que sus semejantes son sus hermanos. Sólo así la libertad florece de verdad y se torna indestructible.

Los regímenes totalitarios, sean de derecha o izquierda, terminan con el diálogo. Por eso son siempre nefastos para el desarrollo de la personalidad humana. Mutilan el espíritu y con ello mutilan la cultura. Por eso quienes como el escritor Vinko Nikolic, en cuyo honor estamos reunidos esta tarde, sufren persecución por su condición de hombres libres, son abanderados de una gran causa y todos tenemos con ellos una gran deuda de gratitud. Lo que defienden, lo que encarnen, está mucho más allá de su suerte personal. Lo que defienden, lo que encarnan, está mucho más allá de su suerte personal. Está íntimamente ligado al progreso del espíritu y a la perduración de la cultura del hombre. La soberanía del pueblo, la libertad de prensa, de expresión, de cultos, de asociación y de reunión, la libertad de disidencia, el amparo y respeto de los derechos de la persona humana y de los fueros de las minorías políticas, no son una superestructura de la economía burguesa; son, por el contrario, los principios esenciales de la civilización política, forjados por la humanidad con esfuerzos y padecimientos de siglos, inconcebibles sin la filosofía griega y el cristianismo; son el resultado de la penetración de la ética en la política, y el día en que desaparecieran habría cubierto la tierra una inmensa masa de tinieblas. Así tuve ocasión de decirlo al celebrarse la fiesta nacional de los croatas y así lo repetiré mientras conserve una partícula de voz para expresarlo.

Y si la libertad es una condición necesaria de la persona en general, lo es con mucha más razón en el caso específico del intelectual, del filósofo, del sabio, del escritor o del artista. El ejemplo de Vinko Nikolic nos lo está mostrando. La obra del intelectual se desarrolla siempre en el campo especulativo y, a fuer de especulativa, se relaciona con un mundo absoluta o relativamente ideal. Por eso, uno de los principales servicios del intelectual consiste en plantearle existencias ideales a las cosas. Teniendo que proceder de tal suerte por una razón orgánica, por una fatalidad de su constitución misma, el intelectual consiste en plantearle exigencias ideales a las cosas. Teniendo que proceder de tal suerte por una razón orgánica, por una fatalidad de su constitución misma, el intelectual es el ser a quien más le cuesta coincidir plenamente con una realidad; así se explica que en todos los tiempos aparezca el intelectual verdadero como un disconforme, como un insatisfecho, y que si actúa en política se muestre de continuo en disidencia. Pero las manifestaciones de disconformidad, las disidencias, sólo son posibles en un régimen libre. Suprimida la libertad, el intelectual queda condenado a la inercia; se asfixia. No quiere decir, por otra parte, que el intelectual esté obligado a no ser otra cosa que un crítico de la sociedad y la política. La actitud creadora, la actitud afirmativa, es tan propia del verdadero intelectual como la función crítica; más todavía, la base de la obra de todo intelectual auténtico y grande, de todo intelectual que no sea un fracasado, es siempre creadora, porque la elaboración de un principio, una doctrina, o un mundo absoluta o relativamente ideales, implica un esfuerzo creativo o recreativo extraordinario. El intelectual podrá incluso -y tenemos muchos ilustres ejemplos de ello- adoptar una posición política plenamente positiva; pero si se mantiene fiel a sí mismo, si no deserta de su condición de intelectual, la conducta que observe ha de ser muy distinta de la del hombre de acción o de la del político. Supongamos, por ejemplo, que cree una teoría política o una teoría de la que emerjan consecuencias políticas; una vez trasladadas al terreno de la práctica sus proposiciones políticas, el intelectual no podrá sustraerse, ante la organización concreta que resulte, a formular exigencias desde un punto de vista ideal, mientras que el hombre de acción y el político, puesto en trance parejo, se dedicarán a defender a toda costa la realidad surgida de sus ideas.

La obra especulativa carece de valor si no reposa en la objetividad, el desinterés y la imparcialidad. En el orden de la naturaleza, y en la división de trabajo de la sociedad, al intelectual le ha sido reservada la función de pensar objetiva, desinteresada e imparcialmente. La índole de dicha función lo coloca bajo una serie de imperativos que no rigen para el hombre de acción ni para el político. El intelectual tiene un deber fundamental de autenticidad, de lealtad a su manera de pensar y de sentir en cada emergencia, de fidelidad a lo que le dicta su íntimo ser respecto de cada problema. La gran virtud del intelectual es la probidad en el orden del pensamiento. Inversamente, su gran pecado, su falta más graves, es traicionarse a sí mismo, pactar con algo que repugne a su conciencia, callar o torcer o desfigurar su dictamen sobre la realidad. No puede haber pensamiento grande si no se desenvuelve en una atmósfera de pureza moral. El pensamiento, para llegar a ser grande, tiene que empezar por ser puro. Cada día me siento más inclinado a correlacionar la lógica la moral, a afirmar la absoluta dependencia entre el valor del pensamiento y la probidad del pensamiento. No puedo concebir, me parece en este instante una contradicción irremediable, que llegue a darse un pensamiento grande, fecundo, si quien lo expresa se hace fraude a sí mismo. Para qué sirve el intelectual que por razones de oportunidad o conveniencia calla su auténtico testimonio del mundo. Nos escamotea lo único que podría interesarnos. Nos engaña y se traiciona.

La necesidad de ser fiel a cada momento de sí mismo, de pensar con probidad, pese a las pasiones desatadas, que a veces adquieren la forma del tumulto y a veces la de grandes movimientos colectivos con los que se identifica la Patria, la Nación, el Estado, hace que el intelectual viva en permanente riesgo de quedarse solo, teniendo a todos en contra suya. Y el verdadero intelectual se conoce en que es capaz de quedarse solo con su conciencia. Es que es capaz de hacer de la recta conciencia un baluarte invencible. El miedo a la soledad, el temor a desilusionar al coro que aplaude, son las característica del intelectual mediocre o falso. Pero también pueden coincidir con una estimable altura del intelecto; en tales casos, el autor se pierde, no por inepto sino por pusilánime. La conducta de Vinko Nikolic nos enseña que es de la raza de los verdaderos intelectuales.

Y el intelectual no debe abdicar de su postura característica ante las cosas, aun cuando en la presente época las preferencias de la sociedad se vuelquen hacia los hombres de acción y la política invada todos los dominios, sino por el contrario hacer de ello su orgullo, su fe, su emblema, porque desempeña una función necesaria, insustituible, y es la suya una actitud que no puede sostener sin grandes sacrificios e importe, por lo mismo, una verdadera aristocracia de la conducta. Mi simpatía está íntegramente del lado de aquéllos, decía en 1936, que en esta hora confusa no se han dejado arrastrar por el turbulento vendaval, y se han mantenido altivamente en supuesto de intelectuales, es decir, de hombres capaces de pensar con probidad; de parte de quienes y han conservado el espíritu suficientemente libre como para seguir planteando exigencias ideales aun a los regímenes más violentamente agresivos, y se han resistido a saludar como una perfecta panacea lo que no pasa de ser un salida desesperada, todo lo grandiosa y difícil que se quiera, del caos; de quienes han hecho acto de presencia a la miseria del siglo, para emplear los términos con que una revista de Francia calificaba las tentativas doctrinarias de la joven generación dirigida a superar los regímenes políticos actuales. Mi simpatía está del lado de los rebeldes como Vinko Nikolic.

En nombre de los escritores argentinos, le decimos que no está solo; que apreciamos su sacrificio y su esfuerzo, y sabemos el significado trascendente de su actitud. La Sociedad Argentina de Escritores publicó una declaración de protesta y de solidaridad con motivo de la expulsión de Francia del escritor croata y se dirigió a la Société des Gens des Lettres de París pidiendo su intermediación para reparar el atropello. En nombre de la Sociedad Argentina de Escritores, inspirado en los ideales que nutren y definen la tradición de nuestra Patria, le decimos al ilustre desterrado que son nuestros vivos deseos verlo de vuelta en su tierra y que formulamos fervientes votos para que ello sea posible sin retardo, para que al fin pueda vivir en libertad cerca de las verdes praderas, los bosques umbrosos, las bellas costas adriáticas de su querida Croacia.


El impresor Dobric Dobricevic (Boninus de Boninis)

Antun Nizeteo, Cornell University, Ithaca, EE.UU.

El invento de la imprenta repercutió también, ya en los albores del "arte negro", en la historia de la cultura croata. Pues ya en 1482 quedó registrada la primera imprenta croata, la de Kosinj, Croacia, o sea la de Senj (1483)[147]. Pero con anterioridad los escritores croatas Nicolás Modruski (1474) y Jorge Sizgoric (1477) imprimieron sus trabajos en latín. Por cierto, la primera obra poética y artística impresa en croata es el poema Judith de Marulic (impreso en Venecia, en 1521; en Croacia se conservó sólo un ejemplar de esta primera edición en la biblioteca del convento franciscano de Dubrovnik).

Sin embargo, y a fines del siglo XV en la historia de la imprenta europea sobresalen los nombres de artesanos croatas, a saber: Andrés Patasic, Dobric Dobricevic (Bonus de Boninis), Gregorio Dálmata (Gregorius Dalmatinus), Blas Baronic, Bartul Pelusic y varios más. Todo ellos actuaron en la vecina Italia, particularmente en Venecia, donde por razones económicas y culturales del arte tipográfico progresó más en el siglo XV que en otros centros europeos.

Dobric Dobricevic nació en la isla de Lastovo en 1454. Lastovo entonces era un territorio de la república croata de Dubrovnik, de modo que Dobricevic se consideró ciudadano de dicha república, destacando en su firma latino y en colofones "di Raguxi", "de Ragusa", es decir "de Dubrovnik". Nacido en el seno de una familia croata, su apellido aparece ya en el siglo XIV en sus variantes croatas: Dobricevic, Dobric, Dobrojevic, luego empleará también las formas latinizadas de Bonin, Boninus, Boninis[148] y, según la costumbre de aquellos tiempos, así firma sus obras.

Dobricevic aprendió el oficio de impresor en Venecia, primero en el taller de su paisano Andrés Paltasic, oriundo de Kotor y en 1478 ambos publicaron la selección de la obra de Lactancio De divinis institutionibus adversus 7 acaso otros trabajos de imprenta menos conocidos. Recién en Verona, Dobricevic empezó a trabajar en forma independiente y allí imprimió en 1481 Roma ristaurata de Fuvio Blondi y luego su Italia illustrata. Asimismo, en Verona, imprimió el manual Grammatica metrice scripta de Alejandro de Veila Dei. De acuerdo a ciertos catálogos y testimonios anteriores, éste sería uno de los rarísimos incunables de Dobricevic, mas se sabe que un ejemplar se conserva, por ejemplo, en la biblioteca de la Universidad de Turín[149]. De ese período cabe destacar su obra maestra, en edición latina e italiana, De re militari de Roberto Valturi, célebre constructor de fortificaciones al servicio de Sigismondo Valatesta, ediciones ilustradas con xilografías de acuerdo a los dibujos de Mateo de' Pasti. Dobricevic luego perfeccionará ese género de ilustraciones en algunas de sus realizaciones, como en la edición de la Comedia de Dante, y más aun en la impresión de las fábulas de Esopo. Dobricevic imprimió en total en Verona cuatro libros. Nuestro maestro se detendrá mucho más tiempo en Brescia (de 1483 a 1491); de ese período conocemos 38 incunables de Dobricevic, Burger opina[150] -y su opinión la comparten también Badalic y Donati[151]- que Dobricevic imprimió en total 43 libros: cuatro en Verona, 38 en Brescia, y en Lyon por su cuenta editó (1499) un libro de oraciones. Badalic estima que la biblioteca del Museo Británico guarda la mayor cantidad de incunables (en total 22) de nuestro maestro. Un número menor de sus trabajos se conserva en Croacia, en primer lugar en la rica colección del bibliófilo y sabio Baltasar Bogisic, hoy incorporada a la biblioteca científica de Cavtat cerca de Dubrovnik.

Dobricevic se fue de Brescia en 1491[152] y probablemente ya provisto de recursos financieros, pudo renunciar a la actividad de tipógrafo e impresor y dedicarse más a la librería y ediciones. Ya en 1494 publicó en Venecia la obra de Guillermo Aegiddi de Zelandia, Super caelestium motuum indagatione sine calculo, y en 1499-1500 en su edición, en Lyon ("expensis Bonini de Boninis Dalmatini") se publicó el mencionado libro Officium B. V. Mariae, trabajo de los tipógrafos franceses N. de Benedictus y J. de Suigo. Acaso otros libros de oraciones y misales. Dobricevic se hallaba entonces en Lyon como agente de la República de Venecia. Tuvo que haber sido un diplomático hábil, en vista de que el gobierno veneciano lo envió como un delegado para negociar con las cortes francesa y húngara-croata. Está comprobado que enviaba al Consejo de los Diez informes secretos de sus misiones. Más tarde, Venecia lo nombró inspector de los graneros ("incettatore di granaglie"), cargo que ocupó hasta que se retiró a Treviso donde, hasta su muerte acaecida en 1528, fue el decano del cabildo de aquella catedral.

Cuánto Dobricevic quería a su país natal lo prueba también el gran lienzo que obsequió a fines del siglo XVI a la Iglesia de Nuestra Señora en Lastovo. En ese cuadro hoy también se puede apreciar la figura de Dobricevic, tal como lo pintó su amigo el arista italiano P. F. Bissolo. El amor a la patria que lo vio nacer se manifiesta también la dedicación hecha a su amigo Jorge Kruzic de la edición de Egidio Super caelestium motuum indagatione sine calculo (Venetiis, 1494). Jorge Kruzic (Georgius de Cruce), obispo, humanista y astrónomo fue, como es sabido, uno de los croatas más instruidos de su época; favorito del rey Matías Corvino, era retoño de una prestigiosa familia regusina, hoy extinguida. Brayer, hace más de sesenta años, al subrayar el carácter de dicha dedicatoria concluyó acertadamente: "que este rarísimo documento literario nos ofrece la prueba que Dobri(cevi)c estaba en contacto con su ciudad natal y, especialmente, que gozaba de los favores del obispo Kruzic"[153].

Entre los trabajos relativamente poco numerosos de Dobricevic sobresalen dos incunables: Aesopus moralisatus (Brecia, 1487) y la edición de la Divina Comedia de Dante (Brescia, 1487). Ambos libros fueron ilustrados con xilografías y mientras Esopo por su carácter gráfico-tipográfico, por su presentación y materia es uno de los productos más logrados del taller impresor de Dobricevic, la edición de Dante reviste más importancia en el sentido bibliográfico-histórico. Si bien dicho incunables no son muy raros, vale la pena mencionar que uno de sus ejemplares se conserva también en Croacia; el Esopo en la biblioteca de los franciscanos de Visovac y la Divina Comedia de Dante en la biblioteca del Archivo estatal de Zadar[154].

En la referida obra sobre los incunables en Croacia (es de lamentar que no fueran incluidas en dicha obra las provincias croatas de Bosnia y Herzegovina), Badalic pone de relieve que Brodicevic era uno de los impresores más cultos de su tiempo y que sus ediciones sobresalen entre las del siglo XVI, para concluir: "Si echamos un vistazo sobre la materia de las ediciones de Dobricevic, nos percatamos que él,igual que Patasic, prefiere la temática de carácter laico y en su época semejante actitud era progresista en la actividad editora; de las 19 ediciones conservadas en Croacia, seis tratan de historia (Plutarco, Macrobio, Blondus, Bergomensis); tres de filología (Varro, Festus, Nonius); siete ediciones de literatura (Esopo, Alighieri, Catulo, Gelio, Propercio, Lactancii, Tibulo); dos ediciones se refieren al derecho (Ubaldis, Statuta Cremovia); una edición se relaciona con la religión (Ludovicus A. Turri)".

A continuación, Badalic acota que el Museo Británico, que posee 22 ediciones de Dobricevic, carece "de su valiosa edición de Dante Alighieri (1487), que se conserva en el Archivo estatal de Zadar" [155].

Resulta interesante el hecho de que relativamente gran número de las ediciones hechas por Dobricevic se hallan en posesión de las biliotecas norteamericanas: 27 registradas y verificadas, y en varios ejemplares. Acaso haya algunas en poder de propietarios anónimos[156].

De acuerdo a Goff, la Biblioteca del Congreso de Washington pose dos ejemplares de la edición de Dobricevic de Esopo, y la Divina Comedia de Dante de nuestro maestro impresor se halla registrada en los catálogos de 21 bibliotecas norteamericanas[157].

La mayor parte de los incunables de Dobricevic que se hallan en los Estados Unidos no son citados en el catálogo de Badalic, lo que quiere decir que no los hay o, por lo menos, no están registrados, en Croacia. El considerable número de las ediciones de Dobricevic que se encuentran en los Estados Unidos se debe al desarrollo y copiosos fondos de las bibliotecas científicas norteamericanas. En cuanto a la edición de la Divina Comedia de Dante, de la que hay varios ejemplares en las bibliotecas norteamericanas, además de las razones aducidas cabe subrayar aquí que dicha edición constituye una importante edición de Dante no sólo desde el punto de vista bibliófilo, sino también bibliográfico, pues es preciso saber que a Dante en los Estados Unidos se dedican abundantes colecciones. Es un hecho innegable, por ejemplo, que la Biblioteca Dantesca de la Universidad de Cornell, Ithaca, EE.UU., con sus 13.000 ejamplares constituye la colección más completa de las obras impresas de dantología en el mundo. La colección fue fundada en el siglo pasado por el primer bibliotecario de Cornell, el meritorio bibliógrafo y sabio Willard Fiske. Pues mientras algunas bibliotecas y colecciones europeas pueden enorgullecerse de poseer valiosísimos manuscritos de las primeras ediciones de Dante, que yo sepa en el mundo no ha otra biblioteca más completa en cuanto a las obras impresas de Dante y sobre Dante que la de la Biblioteca Dantesca de la Universidad de Cornell. Esa rica biblioteca posee, verbigracia, además de la primera edición impresa de Comedia (Foligno, 1472), el Convivio (1490), Vita Nova (1576), también la edición florentina de la Comedia (1481). Esta edición, como es sabido, está ilustrada con los grabados que generalmente se estima son obra de Boticelli, pero algunos dudan de que podrían pertenecer a Bacci o Baldini. Mientras la edición del poema de Dante ilustrada con xilografías, o en otros términos, la segunda edición ilustrada. Este trabajo del maestro tipógrafo croata ocupa un lugar importante en la bibliografía de Dante y tiene carácter específico y valor histórico-cultural. Por otro lado, en el aspecto tipográfico precisamente estas ilustraciones de Dobricevic -pese a que muchos especialistas contemporáneos emitieron juicios negativos acerca de su terminación gráfica y el alcance artístico-artesanal- le conservaron no sólo el renombre en la posteridad como uno de los primeros impresos de la edición bibliófila de la Divina Comedia sino que fueron calurosamente acogidas por sus coetáneos. Además, imitadas y recopiladas "por largo tiempo encabezaban -según subraya el catálogo del Museo Británico- la moda en la ilustración del Poema (...set a long continued fashion in illustrated edition of that poem")[158]. Pues la siguiente edición de la Comedia (Venecia, B. Benalius & M. Capsaca, 1491), publicada cuatro años después de la de Dobricevic, reprodujo sus xilografías. Es verdad que fueron reproducidas en un formato mucho más pequeño e impresionan con mayor efecto, como pudimos averiguar al cotejar ambas ediciones en la Biblioteca Dantesca de la Universidad de Cornell.

En lo que concierne al texto y al comentario de la Comedia en la edición de Dobricevic, son mera transcripción de la edición florentina (1481), a cargo de Christophorus Landinus. El texto y el comentario son copiados tan cuidadosamente que, salvo algunos casos, incluyen todos los errores y omisiones del original florentino. Respecto a las ilustraciones, Dobricevic agregó en total 68 xilografías, es decir una por cada canto del Infierno y del Purgatorio y una inaugural con la figura del poeta. Si se toma en cuenta que tres xilografías son dobletes, entonces el total de las ilustraciones se reduce a 65. Es extraño que los cantos del Paraíso no hayan sido ilustrados. Antes se creía que el Paraíso contaba con una xilografía que se refería al primer canto. La causa de esa conclusión errónea fue la opinión de que las ilustraciones encabezaban cada canto, mientras de hecho se hallaban al final de cada canto (con excepción del canto XI del Purgatorio)[159].

En cuanto a la ejecución gráfica de dicha edición ilustrativa de Dobricevic, existen juicios divergentes, a veces diametralmente opuestos. Este hecho, empero, no disminuye el valor de su trabajo. Pues su nombre quedará en la posteridad por el simple hecho de haberse relacionado con la gloria del poema inmortal de Dante.


La batalla naval de Vis de 1866

Karlo Picinic, Buenos Aires

El 20 de julio de 1966 se cumplió el primer centenario de la batalla naval de la isla de Vis entre la escuadra del Reino de Italia y la del Imperio de Austria.

La isla de Vis dista unas 20 millas marítimas de la costa dálmata y más de 60 millas de la orilla opuesta de Italia; está ubicada casi a mitad del camino entre la Puerta de Otranto y el Golfo de Trieste. Por su posición geográfica, Vis fue durante dos milenios el importante centinela estratégico de la costa oriental del Adriático y como tal la clave del mismo mar. Por su posesión pelearon en el pasado las más grandes potencias europeas y cambiando sucesivamente de dueños, al término de la Segunda Guerra Mundial, fue reintegrada a Croacia, a su vez una de las "repúblicas socialistas" de Yugoslavia.

La isla de Vis y su pasado

En los albores de su historia, Vis fue independiente y habitada por ilirios. En el siglo V a.C. se menciona el rey Jonio (Jonius). A comienzos del siglo IV a.C., Dionisio Senior, tirano siracusano, tomó la isla y fundó allí una colonia griega denominada Issos (homónima a la misma isla en latín Issa, en croata Vis y en italiano Lissa). Los restos de dicha colonia se pueden apreciar todavía hoy cerca del lugar denominado Gradina.

Esa colonia, que producía excelente vino y cerámica, pronto se enriqueció y fundó sus propias colonias en la isla de Korcula (Corcyra Nigra), en Split (Spalatium), en Trogir (Tragurium), en Stobrec (Epetium) y en Solin (Salona). Issa actuaba como intermediario con su propia moneda en el intercambio de productos entre esas colonias y varias ciudades mediterráneas. En su moneda estaba acuñada una vasija de dos asas, adornada con la vid con racimos, símbolo de vino en u vaso de cerámica.

En la guerra de Roma contra Teuta, reina de los ilirios (230-228 a.c.), Issa era aliada de Roma. Los ilirios la asediaron en 230 al mando del comandante de Teuta, Demetrio de Pharos (Hvar en croata). Teuta, expandiendo su reino hacia el mediodía, había conquistado a Corcyra (Korcula en croata), refugio de piratas y hostigaba a los romanos. El cónsul Caius Fulvius Contumatus entró del Tirreno al Adriático con 220 naves y amenazó a Corcyra. Demetrio de Pharos, viendo que toda resistencia sería inútil, le entregó Corcyra y levantó el sitio de Issac.

Más tarde el ejército romano de 120.000 infantes y 2.00 ecuestres, embarcados en Brundusium (Brindisi), conquistó, sin encontrar gran resistencia, las tierras ilirias desde la península de Histria al norte hasta el río Norenta (Neretva) al sur, y con dicho territorio se constituyó al Estado vasallo ilirio, gobernado por Demetrio de Pharos (ya entonces había quislings). La reina Teuta conservó la pequeña parte del reino desde el río Neretva hasta Boka Kotorska y la parte septentrional de la Albania actual. Además, tuvo que pagar a Roma un oneroso tributo anual.

Issa permaneció fiel a Roma. Sus naves contribuyeron a la victoria romana sobre los cartagineses en la primera guerra púnica y luego en la guerra contra Felipe de Macedonia. En esa época, al amparo de Roma, Issa se enriqueció y edificó termas, teatro y foro. Dividido el Imperio Romano en 395 d.C. en la parte occidental y oriental, Issa quedó bajo el poder de Bizancio. Como Bizancio estaba demasiado lejos para protegerla de los godos orientales, éstos irrumpieron en 536 de Panonia y la destruyeron totalmente. Sus habitantes se dispersaron por el interior de la isla. Así terminó esa ciudad al cabo de nueve siglos de trabajo, riqueza y gloria

A mediados del siglo VII la población los croatas, sus actuales habitantes. La isla de Vis formó parte del Principado y del Reino de Croacia, sucesivamente. Su poblado principal fue Veloselo conquistado a fines del siglo X por los corsarios de Neretva. Hasta entonces los venecianos pagaban a Croacia y a los de Neretva un tributo anual en concepto de libre navegación por el Adriático y, en compensación, los corsarios no los atacaban. Croacia en ese tiempo quedó debilitada a raíz de las luchas internas en torno a la sucesión al trono. En cambio, Venecia, bajo el dux Pedro II Orseolo, se fortaleció y decidió liberarse del tributo a Croacia y de los corsarios de Neretva. El almirante veneciano Bragadin atacó a Vis en 1997, puso en fuga a los corsarios de Neretva, destruyó Veloselo y a sus pobladores los llevó al cautiverio. El dux Orseolo II partió en año 1000 de Venecia con una escuadra y obligó a todas las ciudades dálmatas, desde Krk hasta Dubrovnik, a reconocer la supremacía veneciana. Luego volvió a Venecia ostentando el título de "Dalmatiae atque Chroatiae Dux"[160]. Hasta entonces las ciudades dálmatas nominalmente reconocían la autoridad de Bizancio, pero, de hecho, desde los tiempos del rey Tomislav (920-29) gobernaban allí los reyes croatas en nombre de Bizancio, que les había cedido estas ciudades (tema dálmata).

Se operaron grandes cambios cuando en 1058 subió al trono croata el rey Petar Kresimir IV, quien reconquistó de los venecianos todas las ciudades e islas dálmatas, sometiendo a su poder toda el área croata desde Rasa (Arsa) en Istria hasta el Neretva y desde la costa hasta el río Drina. Bizancio reconoció su soberanía sobre las ciudades dálmatas. Entonces Pedro Kresimir asumió el título de "Rey de los croatas y los dálmatas" El Rey Demetrio Zvonimir, sucesor de Pedro Kresimir y aliado del Papa Gregorio VII, se consideraba rey de Dalmacia por derecho propio, desconociendo la soberanía del imperio bizantino.

Hasta 1102 Vis, como las demás islas y ciudades dálmatas, estuvo en poder de los reyes croatas, luego de los reyes croata-húngaros y sufrió mucho a causa de las luchas incesantes de los croatas con los venecianos y los normandos. En 1358 el rey croata-húngaro Luis I el Grande de la casa de los Angevinos, expulsó una vez más a los venecianos de las islas y ciudades croatas, mas esta situación duró sólo hasta 1420, cuando el último Angevino en el trono croata-húngaro, Ladislao el Napolitano, vendió a Venecia sus presuntos derechos sobre Dalmacia por 100.000 ducados de oro. Venecia entonces se apoderó de las islas y ciudades dálmatas, excepto el territorio de la República de Dubrovnik (Ragusa), independiente hasta 1809. En 1843 les tocó otro infortunio a los habitantes de Vis: Fernando I de Nápoles, en la guerra contra Venecia, atacó con sus naves a la isla y destruyó a Veloselo. Terminada la guerra y retirado el ejército de Fernando I, sobrevino un período de paz y bienestar. La población dispersa bajó a las costas y con gran esfuerzo edificó una nueva localidad en el mismo lugar donde se levantaba la antigua Issa. Allí, en el fondo de la pintoresca bahía de San Jorge, surgió la nueva localidad croata, homónima a la isla. En las playas de la cota occidental, donde antes se erguía l ciudad legendaria de Meum, se levantó Kómiza, pueblo de pescadores y navegantes. A sus espaldas, desde Hum, el monte más alto de la isla (587 m), se abre una maravillosa vista panorámica sobre las islas adyacentes: Solta, Brac, Hvar, Susac y Lastovo, y sobre las montañas del continente dálmata: Kozjak, Mosor y la loma de Peljesac. En la parte occidente se divisa, envuelto en tenue neblina, el Gran Sasso d'Italia.

En el interior de la isla sucédense pueblos y villorios, siendo los más grandes: Podhumlie, Podspilie y Veloselo, y a lo largo de la costa -además de Kómiza- se destacan Okljucna en la cota septentrional y Rukavac en el cabo suroriental de la isla. No lejos de Okljucna, sobre un montículo, 40 metros sobre el mar, se halla la Cueva Dura de casi 1.000 metros de superficie. A cinco millas marítimas del promontorio suroccidental de la isla, emerge del mar, en forma perpendicular, el islote de Bisevo, conocido por su Cueva Azul, comparable por su dimensión y belleza a la cueva de Capri en el Golfo de Nápoles.

Toda la toponimia de la isla es de origen croata, salvo el antiguo nombre griego de la isla, Issos, que fue croatizado en Vis. De igual modo han sido croatizado los antiguos nombres ilirios, griegos y latinos de todas las ciudades e islas desde el río Rasa en Istria hasta el río Bojana en Albania. Desde el siglo VII, las nuevas localidades, por supuesto, recibieron nombres croatas.

En favor del carácter croata de Vis habla, de modo peculiar, un acontecimiento histórico. En 1177, el Papa Alejandro III, perseguido por Federico Barbarroja, desembarcó en el pequeño y deshabitado islote dálmata de Palagruza (Pelagosa). Luego navegó 40 millas al norte, hasta Vis, donde lo esperaron el arzobispo de Split y todos los isleños, entonando cantos religiosos en su idioma vernáculo. El Papa se hospedó en una casa en el centro de la localidad anual de Vis, y a esta casa se la llama todavía "el palacio papal", "la casa del Papa", "papini". Luego, Alejandro III prosiguió a Zadar, acompañado por el arzobispo de Split. Allí también fue saludado por los feligreses, que cantaron en su idioma croata (...in eorum sclavonica lingua...). De allí se trasladó a Venecia.

Venecia, durante su larga dominación, en Istria y Dalmacia (1420-1797) no perseguía la desnacionalización de la población croata. Los venecianos denominaban a sus vecinos croatas con el nombre "Schiavoni" (forma vulgar latina de "Sclavi", en lugar de "Slavi"). y "Morlacchi" (Maurovalacos) a los inmigrantes balcánicos que a lo largo de los siglos XVI y XVII huían ante as embestidas turcas. Los venecianos no penetraban en las aldeas croatas, sólo exigían su lealtad. De ese modo se conservó la individualidad nacional y el idioma croata en los pueblos y hasta en la Iglesia. (Único privilegio dentro de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana). En las ciudades, administradas por los gobernadores, pretorios y empleados venecianos, la gente se comunicaba y entendía con las autoridades en el dialecto veneciano, que lo había aprendido. A fines del siglo XV, paralelamente con el Renacimiento italiano surge en Dalmacia una floreciente literatura en croata, base del resurgimiento nacional croata posterior. De acuerdo con la costumbre de los humanistas, nombres y apellidos de escritores, artistas y científicos se traducían al latín o italianos, y de allí dos versiones: Lucic o Lucius, Klovic, Clovius y Clovio; Tomasic y Tommaseo; Cetnic o Cettineo; Sisgoric o Sisgoreo, Martinic o Martinis, Jaksa o Giaxa, Gazarevic o Gazzari, etc. De esa manera en todas las ciudades ex romanas de Istria y Dalmacia, junto con los venecianos inmigrados, se formó un núcleo italiano. El italiano se usaba como lengua franca en la vida marítima, en comercio y la industria de la gran parte del Mediterráneo italiano, lo que dio pretexto al irredentismo italiano a pretender a Istria y Dalmacia como propias provincias auténticas.

La población de Vis vivía bien de vinicultura y pesca. La pescadería de Vis se menciona ya en el siglo XIV. El pecado conservado se exportaba en grandes cantidades a Venecia, principalmente con exención de las tasas aduaneras. La localidad de Vis se convirtió paso a paso en una pequeña ciudad.

Con la desaparición de la República de San Marcos en virtud de la paz de Campoformio en 1797, se quebraron todos los vínculos políticos y económicos entre Dalmacia y Venecia, fraguados durante 377 años de vida común. Sobrevino una mayor desorientación debido a los rápidos cambios de los nuevos dueños. Al desaparecer la República de Venecia, Dalmacia junto con Vis fue incorporada a Austria y, en 1806, en virtud de la Paz de Bratislava, Vis cayó en poder de los franceses. Un año después, la flota rusa al mando del almirante Sinjavin expulsó a los franceses y se apoderó de la isla. Pero, a raíz del acuerdo de Tilsit, las naves de Sinjavin abandonaron Vis, que nuevamente pasó a manos francesas. Entonces el puerto de San Jorge vio naves y barcos de todos los pabellones, contrarios a Napoleón, y más que ninguno naves inglesas. Los ingleses tomaron toda la isla, que en los tiempos del bloqueo contra Napoleón se había convertido en madriguera de contrabandistas. Había tantos extranjeros que la población isleña aumentó de 4.000 a 12.000. Sin suficiente vivienda, muchos recién venidos vivían en barcos.

En 1811 los franceses enviaron a Vis 9 naves de guerra y 7 barcos de auxilio con el propósito de retomarla. Las naves eran en parte francesas y en parte italianas, al mando supremo del almirante Dubourdieu. La escuadra italiana estuvo a cargo del almirante Pasqualigo. Los ingleses la esperaron en el estrecho entre Vis y Hvar con 4 fragatas medianas a las órdenes del vicealmirante Hoste. La potencia de las naves inglesas era varias veces menor que la del adversario, pero superior en coraje y destreza. Los ingleses penetraron como una cuña entre la escuadra francesa e italiana, incendiaron una fragata y captaron otra. El almirante Dubourdieu cayó en el combate y el almirante Pasqualigo fue hecho prisionero junto con otros tres comandantes de la escuela italiana. Las demás naves se dieron a la fuga unas a Hvar, otras a Ancona y Brindisi, y dos fragatas francesas alcanzaron Corfú. El pabellón inglés fue nuevamente izado en Vis. Para honrar a su almirante, los ingleses denominaron con su nombre el islote en la entrada a puerto de Vis, que aún se llama Hoste.

Los ingleses construyeron en Vis varias fortalezas: la George en honor de su rey; en la parte oeste de la entrada al puerto; el torreón Wellington en el monte Jurjev, del lado este de la entrada al puerto; el torreón Robertson cerca de la fortaleza George; la torre Bentink, fuera del puerto, en la colina sobre la bahía Rogacic. Levantaron un cuartel en el islote Hoste e hicieron un cementerio para sus caídos en el fondo del puerto de Vis, en la pequeña península de Sucurje, y pusieron una lápida conmemorativa con inscripción en inglés, italiano y croata. A los ingleses les gustaba la gente de Vis y apreciaban la posición estratégica de la isla, que llamaban el Gibraltar adriático.

El 13 de julio de 1815, por resolución del Congreso de Viena, Vis con toda Dalmacia ex veneta fue adjudicada al emperador austríaco Francisco I. Los austríacos reformaron las fortificaciones inglesas y construyeron nuevas, a saber: una amplia fortaleza en el centro de la localidad de Vis en el barrio llamado Kut, denominada la Batería de Nuestra Señora; la batería Mámula, a la orilla del mar, no lejos de la fortaleza George; la batería Sepúrine, sobre el mar, encima de Mánula; la batería de San Cosme y Andrés, en el fondo del puerto, sobre la ciudad; la batería Podstrazje, sobre Rukavac en la parte sureste de la isla; blockhaus Maximiliano, en el montículo de San Miguel, sobre Kómiza; la batería Knezrat, en la colina que cierra la bahía Kómiza en su extremo norte; la batería Dragomirkamik, en el monte Stazica, en el extremo sureste de la bahía de Kómiza y el polvorín Schmidt del este a la entrada al puerto de Vis.

Por los años 1830 surgieron el Risorgimento italiano y el movimiento nacional croata, dos movimientos de tendencia nacionalista. Italia aspiraba a su unión, y los croatas también anhelaban unir a todas sus provincias dentro del Imperio austríaco. Eso originó ásperas luchas políticas entre los italianos y los croatas e italianos y eslovenos, desde Goricia y Trieste hasta Boka Kotorska. Los italianos, aunque una reducida minoría, reclamaban la integración de Istria y Dalmacia a Italia. Como contrapeso, los croatas y los eslovenos empezaron a fundar sus instituciones político-culturales y sus escuelas para robustecer la conciencia nacional de su pueblo y prepararse contra el virulento irredentismo italiano. Los líderes máximos de la unión italiana, Mazzini y Cavour, eran contrarios a la incorporación a Italia de Dalmacia, Istria y Trieste, pues alegaban, y con justa razón, que en estas regiones, y en parte en las ciudades, la población era compactamente eslava ("slava"). Sin embargo, a medida que adelantaba la unión de Italia, entre los italianos se fortalecía la idea perimida sobre la renovación de las conquistas del Imperio Romano, sin reparar en medios y sacrificios de hombres y bienes.

La batalla de Vis

Sobrevino el año 1866, cargado de tormentas para Austria y para los croatas, entonces uno de los pueblos integrantes de la monarquía de los Habsburgo como reino asociado. En 1859 el imperio de Austria fue derrotado en Magenta y Solferino por las tropas italianas y francesas, por lo que perdió Lombardía, Parma, Módena, Toscana y Lucca. Estas provincias fueron incorporadas a Piamonte, que a su vez tuvo que ceder a Francia Niza y Savoia. De modo que fuera de las fronteras de Italia quedaban la Roma papal y la Venecia austríaca.

En 1864 Austria se había aliado con Prusia en la guerra contra Dinamarca por la posesión de Schleswig-Holstein, que tras la victoria de la flota germano-austríaca perteneció a Prusia. Pero no tardaron en enfriarse las relaciones pruso-austríacas a causa del propósito del Reino de Prusia de unificar a la entera Alemania bajo su cetro. Así, en 1866 estalló la guerra pruso-austríaca. Italia aprovechó esta ocasión excepcional para lograr su unión definitiva y declaró la guerra a Austria.

El 24 de junio Austria derrotó a las tropas italianas en Custozza, pero el 3 de julio a su vez fue derrotada por los prusianos cerca de Königsgrätz. Italia, para salvar el honor ante sus aliados, decidió atacar a Austria en mar con su poderosa flota. En caso de una victoria contra la vieja y más débil escuadra austríaca pudo esperar la expansión de su poder sobre la costa oriental del Adriático. La batalla de Vis declaró todos esos planes.

El almirante Conte Carlo Pelliondi Persano, comandante en jefe de la armada italiana, figuraba como el mejor estratega naval de Italia. Oriundo de Vercelli, Piamonte, tenía a la sazón 63 años. En 1861 conquistó con su flota a Messina de los Borbones españoles y a Ancona del poder papal. Fue designado diputado en el cuerpo legislativo y en 1862 ministro de la marina.

En 1866 la flota italiana se concentró en la amplia y abrigada rada de la ciudadela de Taranto. Persano esperaba la llegada del novísimo acorazado italiano, denominado Affondatore (Hundidor) e impartía a los comandantes de la naves instrucciones y órdenes para el inminente choque con la escuadra austríaca, pero, cosa extraña, nunca hizo ejercicios navales para aplicar sus instrucciones. Depretis, ministro de la guerra, le ordenó trasladarse con la flota al Adriático, al puerto de Ancona, de donde le sería más fácil atacar alas naves austríacas. Persano no se movió del puerto anconitano, esperando siempre la llegada del acorazado "Affondatore", recién construido en los astilleros Armstrong, en Támesis, que estaba navegando rumbo a Italia. Aunque el almirante italiano disponía de una flota muy superior a la austríaca, Persano no osaba librar el combate sin esta modernísima unidad. El ministro Depretis estaba impaciente; Austria estaba derrotada en Königsgrätz y circulaban ya rumores acerca de una pronta paz, y la flota italiana ni se movió para demostrar su fuerza y aliviar la derrota de Custozza. Por el contrario, una escuadra de unidades acorazadas austríacas, a las órdenes del contralmirante Tegetthof, atacó el 27 de junio y 6 de julio a Ancona, fuera del alcance de las baterías terrestre, con el propósito de provocar un combate con la flota italiana antes de la llegada del "Affondatore". Mas Persano no aceptó el desafío austríaco. Entonces, Depretis amenazó a Persano con destituirlo si no pasaba a la ofensiva.

Por fin, tras una sola maniobra naval, Persano decidió salir del puerto de Ancona y el 16 de julio impartió orden a todas las unidades, invitando a la tripulación a "salvar y restituir a Italia las tierras que le pertenecen". A la tres de la tarde del mismo día la flota italiana se puso en marcha rumbo a Vis, alejada de Ancona 120 millas marítimas. En total eran 11 acorazados, a saber: las fragatas de madera, con revestimiento de acero, Re d'Italia, con 32 cañones y Re di Portogallo, con 28 cañones, con 5.700 toneladas, ambas construidas en 1862 en Nueva York; la fragata de madera, en parte blindada, Príncipe de Carignano, de 4.086 toneladas, provista con 22 cañones; las corbetas blindadas Terribile y Formidabile, de 2.700 toneladas y con 22 cañones cada una; las fragatas, con blindaje parcial, Ancona, Castelfidardo, Maria Pía y San Martino de 4.250 toneladas y con 26 años cada una; las cañoneras blindadas Palestro y Varese de 2.000 toneladas y con 4 cañones cada una. Las naves de madera constaban de cuatro fragatas con el total de 14.375 toneladas y 208 cañones; tres corbetas con 42 cañones en total; seis buques de auxilio con 12 cañones en total y cuatro cañoneras con 36 cañones, en total 28 unidades.

Los 11 barcos blindados fueron armados con los cañones más modernos, a estría, pues disparaban balas de 74 a 300 libras de peso, con mayor precisión y a mayor distancia que los cañones sin ranura.

Al salir de Ancona, la flota tomó rumbo a Losinj con el fin de inducir en error al posible patrullero austríaco. De noche viró hacia Vis, disminuyó su velocidad y mandó aviso al Messaggiero para verificar el armamento de la isla. Persano evidentemente creía tomar la isla y allí establecer su base desde la cual las fuerzas italianas podrán abrirse el camino a toda la Dalmacia. No en vano Vis era considerada clave del Adriático.

Por la mañana del 17 de julio apareció Messaggiero en el puerto de Kómiza enarbolado el pabellón inglés. El comodoro D'Amico, jefe del estado mayor de Persano, observó la bahía y sus fortines y luego entró al puerto de Vis con el pabellón francés. Navegando despacio por el puerto, salió a todo vapor y a las cinco de la tarde se encontró con su escuadra. D'Amico comunicó a Persano que en la isla bahía de 2.000 a 2.500 soldados, en el puerto de San Jorge 4 fortalezas, en Kómiza y en Rukavac dos baterías, respectivamente. El almirante italiano y su estado mayor se convencieron ahora de que disponían de fuerzas más que suficientes para emprender la acción. La flota prosiguió rumbo a Vis. Únicamente el vicealmirante Albini era de opinión contraria y trataba de persuadir a Persano que Vis era el Gibraltar del Adriático y un hueso duro de roer para la flota italiana.

El escritor italiano Janni Mauro alega que Vis estaba bien fortificada con potente artillería y el historiador inglés Sir William Laird Clowes, en cambio, afirma que las fortalezas de Vis fueron construidas para enfrentarse con barcos de madera. De acuerdo con los datos austríacos, la guarnición de Vis constaba de 1.833 soldados y oficiales a las órdenes del coronel Urs de Margina. Los oficiales en su mayoría eran alemanes y los soldados principalmente croatas. Las fortificaciones, aunque bien mantenidas, eran anticuadas.

Persano, según el informe D'Amico, dividió su flota en tres partes:

1. El contralmirante Vacca con los barcos blindados Principe di Carignano, Castelfidardo y Ancona, y la corbeta Guiscardo atacará las fortificaciones de Kómiza y, una vez superadas, desembarcará las tropas para atraer la atención de toda la guarnición de Vis.

2. El vicealmirante Albini, con las fragatas de madera Maria Adelaide, Gaeta, Duca di Genova y Vittorio Emanuele y la corbeta de madera San Giovanni atacará las baterías de Rukavac y, una vez destruidas, desembarcará una parte de infantes.

3. Las unidades más fuertes, al mando del almirante Persano, o sea los 8 acorazados con los avisos Ettore Fieramosca y Messaggiero, entablarán el combate con las fortificaciones de Vis.

4. El capitán de fragata Sandri, con 4 cañoneras, se dirigirá a Hvar y cortará el cable telegráfico submarino entre Hvar y Vis.

5. Los avisos Esploratore y Stella d'Italia se colocaran al noroeste y noreste de Vis, respectivamente, a la vista del grueso de la escuadra y con sus señales comunicarán la llegada de la flota austríaca.

6. El transporte de víveres Indipendenza y el buque hospital Washington se quedarán cerca del islote Bísevo, prontos al llamado.

7. El ataque comenzará al apuntar el alba del 18 de julio.

Al amanecer de ese día los pescadores de Kómiza vieron pasar a la flota italiana rumbo al puerto de Vis. Las baterías de Kómiza dispararon una salva cada una sin bala y cuando las naves no izaron la bandera, dispararon con balas. Los barcos no contestaron y prosiguieron su marcha. Eran las once cuando toda la escuadra italiana ocupó sus posiciones y empezó el duelo entre las fortificaciones y las naves. El comandante de la guarnición de Vis telegrafió inmediatamente a la gobernación de Zadar, informando sobre el ataque y la potencia de la flota agresora, de modo que de la novedad se enteraron muy pronto todas las autoridades austríacas hasta Viena. Recién a las cuatro de la tarde llegaron al puerto de Hvar los torpederos al mando de Sandri. Este obligó a las autoridades de Hvar, bajo amenaza de cañonazos, a indicarle sin dilación donde estaba tendido el cable submarino que conecta Hvar con Vis y lo cortó. Pero se olvidó de cortar otro cable que conectaba Hvar con la tierra firme, de modo que desde Hvar se comunicaba a Zadar y Pola todo lo que estaba sucediendo en las aguas de Vis, espectáculo éste que cómodamente se podía observar desde Hvar con un largavistas a distancia de 10 millas marítimas.

Mientras frente al puerto de Vis arreciaba el combate con el grueso de la escuadra italiana, Albini regresó con sus unidades sin cumplir la misión encomendada, pues la batería de Podstrazje se hallaba muy alto para los cañones de los barcos y castigaba a las naves sin que éstas pudieron silenciarla. Por idéntico motivo regresó a Kómiza a las cuatro de la tarde Vacca con sus barcos, tras la inútil lucha con las baterías de Knezgrad, Dragomirkamik y Maximiliano. Ni pensar pudo desembarcar a los infantes. Ambas escuadras se unieron al grueso de Persano.

Frente al puerto de San Jorge se libraba el encarnizado combate entre 4 fortalezas y 8 acorazados. Hubo heridos y muertos también entre la población de Vis, que empezó a huir despavorida al interior de la isla y esconderse en las cuevas. Los jóvenes acudían en ayuda de los soldados extenuados y les acercaban las municiones. A eso de las tres de la tarde los italianos pudieron registrar su primer éxito: dieron en el polvorín Schmidt, que saltó al aire con 17 hombres de guarnición. Las naves italianas saludaron ese hecho con un clamoroso "hurra". Poco después, alrededor de las cuatro y media, sobrevino otro éxito: fue reducida a silencio la fortaleza George. Había en ella muchos heridos y nadie para cargar los cañones. Desde la escuadra italiana se prorrumpió un "hurra" más fuerte. Pero pronto la fortaleza recibió ayuda y abrió nuevamente el fuego contra el enemigo, que se retiró a altamar, en lugar de entrar al puerto como había calculado. Durante la noche, arriba de la localidad de Vis, estaba ardiendo el bosque, incendiado por las balas enemigas. Sólo el Re d'Italia había disparado 1.300 cañonazos.

Al día siguiente, 19 de julio, se reanudó el ataque a la isla. El vicealmirante Albini recibió orden de atacar con sus naves a Kómiza y desembarcar allí un contingente de infantes. Atravesando el fuego de las baterías de Knezrat y Dragomirkamik, los barcos de Albini se acercaron a las playas de Kómiza y bajaron botes repletos de soldados, quienes empezaron a remar hacia la localidad. Entonces el blockhaus Maximiliano empezó a cañonear los botes, y las naves, que con su fuego no pudieron alcanzarlo, pues estaba muy alto, en el montículo de San Miguel. Albini desistió de la acción y retornó frente al puerto de Vis, reuniéndose, igual que el día anterior, con el grueso de Persano.

Este día también la fortaleza George pagó un muy caro tributo de sangre, y al anochecer, ya muy debilitada, pudieron entrar en el puerto de Vis los acorazados Formidabile, Maria Pia y San Martino, paseándose por el puerto y disparando contra las casas. La tripulación de los barcos italianos pensaba que Vis había caído y vitoreaba "Visa Lissa". En eso los alcanzó el fuego cruzado de las baterías de San Cosme y Andrés, ubicadas sobre la localidad y la de la batería de Nuestra Señora, situada en el centro de la ciudad. Apuntaban tan bien que Maria Pia y San Martino salieron inmediatamente del puerto. El Formidabile, a las órdenes de su valiente comandante, Simeone di Saint Bon, aceptó el combate y ancló en el puerto. Quedando solo y luchando una hora entera contra las baterías que disparaban furiosamente perdió alrededor de 60 soldados entre muertos y heridos y estaban muy averiado. Eso provocó pánico entre la tripulación, que exigió de su comandante el retiro del puerto. Los marineros, en la prisa pánica, no levaron el ancla y la dejaron en el fondo junto con las cadenas. El Formidable se retiró a tiempo, pero por los daños sufridos estaba incapacitado para nuevos combates y Persano lo despacho a Ancona. Las fortalezas de Vis quedaron también maltrechas, pero no sucumbieron. En el curso de los días 18 y 19 de julio dispararon 2.733 cañonazos.

Este día, por fin, había llegado de Ancona a las aguas de Vis el nuevo acorazado Affondatore con tres fragatas de madera. Ese barco, de 4.700 toneladas, tenía la cubierta blindada, igual que dos torres sobre la cubierta con dos cañones de 230 mm de calibre, que disparaban balas de 150 kilos con alcance de 15 Km. Su coraza exterior tenía 17 cm de espesor y el pico de hundimiento 8 m de longitud.

Al alba del 20 de julio les llegó un nuevo auxilio a los italianos: el paquebote Piemonte, lleno de tropas para conquistar las islas. Persano ordenó nuevamente al vicealmirante Albini desembarcar tropas en la isla, a cualquier costo, y a los acorazados Terribile y Varese atacar las fortalezas de Kómiza. Albini probó esta vez la suerte en la parte norte de la isla, primero en la bahía de Rogacic, luego debajo de Gradac cerca de Okljucna, pero fue rechazado por las baterías Robertson y Bentink. Algunos contaban que los mismos italianos desde los barcos apuntaban con fusiles y revólveres a sus soldados en los botes para obligarlos a remar a la costa, pese al recio fuego proveniente de las baterías.

Alrededor de las 9 de la mañana un aviso italiano dio la señal a Persano: "Naves sospechosas al noroeste". Llegaba Tegetthof con su escuadra.

El contralmirante Wilhelm Tegetthof, nacido en 1827 en Maribor (Eslovenia actual), era retoño de una noble familia alemana de Westfalia. Cursó sus estudios en la Academia náutica de Venecia y en 1845 ingresó en la marina de guerra. Ya en 1854 era comandante del torpedero Elizabeth y luego, durante la guerra de Crimea, del patrullero Taurus. El comandante en jefe de la marina de guerra, el archiduque Maximiliano, le confiaba los cometidos más difíciles, que siempre cumplió con éxito. En 1864, siendo capitán de navío, con las fragatas de madera Schwarzenberg y Radetzky y tres cañoneros prusianos derrotó cerca de Helgoland (Mar del Norte) a la flota dinamarquesa. Esa victoria le valió el nombramiento, frisando los 27 años, como contralmirante. Cuando el archiduque aceptó la corona real de México, Tegetthof, por decisión imperial, y por sus méritos y talentos, asumió la jefatura de la flota naval austríaca.

Tegetthof recibió el 18 de julio la información telegráfica desde Vis acerca del ataque de la armada italiana. Antes que el cable fuera cortado llegó a contestar: "Aguanten, mañana estaré con vosotros". Luego los exploradores voluntarios de Hvar le informaban constantemente de los acontecimientos en curso frente ala isla, lo que le persuadió que la empresa italiana era seria. Pero por sí no podía disponer de la armada sin el consentimiento del Ministerio de Guerra en Viena y el archiduque Albrecht, comandante del ejército austríaco en Italia. El archiduque temía el ataque de la flota italiana en la retaguardia del ala izquierda de su frente en la llanura de Padova y opinaba que el ataque de la escuadra italiana en Vis era una maniobra para alejar la flota austríaca del campo de batalla italiano y del puerto de guerra de Pola. Por fin, al cabo de deliberaciones entre el archiduque, el Ministerio de Guerra de Tegetthof, la flota pudo salir del puerto de Pola, pero sólo hasta Vis, para que en caso de necesidad pudiera regresar sin tardanza al Adriático septentrional. Además, se recomendó a Tegetthof llevar a la batalla únicamente los barcos blindados y dejar los anticuados buques de madera en Pola. Pero Tegetthof estimaba que la selección de las naves de guerra le incumbía exclusivamente a él, y llevó consigo todos los barcos de madera, comunicando a Viena que él encontrará tarea para cada nave. En efecto, según veremos, la flota de madera austríaca, con su tripulación bien adiestrada, contribuyó notablemente al a victoria sobre la armada italiana. En las maniobras que Tegetthof con frecuencia realizaba en las aguas de Pola, los artilleros se perfeccionaron en el tiro y los señaleros en emitir y recibir señales, dos factores fundamentales de la táctica naval de entonces.

La primera división de la flota de guerra austríaca estaba compuesta de 7 naves de madera, blindadas, encabezada por la fragata Erzherzog Ferdinand Max de 4.500 toneladas, provista de 16 cañones. Luego venían las fragatas: Habsburg, 4.500 toneladas, dotada con 16 cañones; Salamander, de 3.400 t. y 26 cañones; Kaiser Max, de 3.800 t. y 28 cañones; Don Juan de Austria, de 3.800 t. y 32 cañones. La segunda división estuvo encabezada por el viejo navío de madera Kaiser y contaba de las siguientes fragatas de madera: Adria, Donau, Novara, Radetzky, Schwarzenberg y la corbeta Erzherzog Friedrich, en total 7 barcos de 2.000 a 2.700 toneladas, y con 314 cañones en total. En la tercera división figuraban los torpederos Dalmat, Hum, Reka, Seehund, Velebit, Sreiter, Vall, Kraka, Norenta y buques de auxilio con ruedas a paleta: Andreas Hofer, Elizabeth y Greif (El yate imperial), en total 12 unidades de 10.350 t. y con 46 cañones.

En la tabla que sigue se puede apreciar la relación de fuerzas de ambas escuadras respecto a cañones, blindaje y velocidad de sus mejores unidades. Debe tomarse en cuenta sólo los cañones con estría que se cargaban por atrás. Los cañones sin ranura, que se cargaban por delante, no eran peligrosos para los buques blindados, a no ser desde muy cerca. Austria no pudo reemplazar en todos sus navíos los cañones anticuados por modernos, por cuanto Prusia, aliada de Italia, impedía el transporte del armamento de las fábricas Krupp a través de su territorio. De modo que de los buques de madera austríacos, sólo el viejo Kaiser, poseía, arriba de su museo de 96 cañones, un cañón a estría, colocado delante del palo de proa.

 

Cantidad cañones

Peso de bala

disparo salva

Erzherzog Ferdinand Max

(cañones lisos, sin estría)

Habsburg

(cañones lisos, sin estría)

Kaiser Max

14

6 libras

896 libras

Prinz Eugen

14

64 libras

896 libras

Don Juan de Austria

14

64 libras

896 libras

Drache

16

64 libras

1.024 libras

Salamander

16

64 libras

1.024 libras

Total:

74

4.736 libras

Affondatore

2

296 libras

590 libras

Re d'Italia

2

160 libras

300 libras

Re d'Italia

16

100 libras

1.600 libras

Re d'Italia

14

74 libras

1.036 libras

Re di Portogallo

14

300 libras

4.200 libras

Re di Portogallo

14

74 libras

1.036 libras

Total

62

8.762 libras

Blindaje de los navíos austríacos: 12 cm.

Blindaje de los navíos italianos: 10-17 cm.

La velocidad de los navíos austríacos: 10 mm.

La velocidad de los navíos italianos: 12 mm.

Conforme a esos datos, tomados del autor inglés John Richard Hale, se infiere que los tres navíos italianos más poderosos pudieron, en teoría, destruir toda la flota austríaca. El autor italiano Franco Garofalo da la siguiente relación de fuerzas:

Italia

Austria

Tonelaje

2.64

1

Cañones

1.66

1

Potencia motriz

2.57

1

En el esquema precedente se considera la relación de cañones según su número y no el calibre.

Según el plan estratégico de Tegetthof la escuadra austríaca tuvo que abrirse camino, mediante intenso fuego, a través de la línea de combate enemiga, ubicarse debajo de las fortificaciones de Vis y batir al enemigo desde la tierra y el mar. A tal propósito la línea de combate fue dispuesta en forma de tres cunas, semejante al vuelo de golondrinas. La primera cuna estaba integrada por la primera división, o sea, por los buques blindados; la segunda cuna estaba compuesta de la segunda división, las fragatas de madera, y con la tercera cuna cerraban la línea de combate las cañoneras de madera y los buques de auxilio. La flota estaba encabezada por el paquebote del Lloyd austríaco Stadium que, por su velocidad de 12 millas, servía de aviso.

A eso de las 10 por la mañana del 19 de julio la escuadra empezó a levar anclas y salir del canal de Fasana, cerca de Pola. Una vez en alta mar, Tegetthof telegráfico al Ministerio de Guerra sobre su partida y por tierra se trasladó al extremo meridional de Istria desde donde en un embarcación pasó a la fragata Erzherzog Ferdinand Max, su buque insignia. Desde el Kaiser, su comandante, comodoro A. von Petz, dio señal a las naves para que saludasen a Tegetthof con la bandera y mientras éste pasaba por entre los barcos se oía un "hurra" espontáneo de la tripulación a su contralmirante de 39 años.

Navegando rumbo a Vis la flota fue sorprendida por una fuerte tormenta con sudestada y lluvia que cubría al horizonte. El día siguiente, alrededor de las 9, cesó la lluvia y de golpe se divisó Vis y la escuadra italiana. Tegetthof, viendo la bandera austríaca en Vis se alegró porque sus defensores habían cumplido la consigna dada de aguantar y porque él mismo pudo cumplir la promesa dada "llegaré mañana"; pues esa promesa, si bien cumplida con día de atraso, infundió coraje y espíritu de sacrificio a los defensores.

A la señal del aviso sobre la llegada de buques sospechosos, Persano dispuso que las unidades de Albini desistiesen del desembarco de tropas y se integraran al grueso de la flota. Luego dispuso sus tres divisiones de barcos blindados en línea de estela para impedir a la escuadra austríaca unirse a las fortificaciones de Vis en la defensa conjunta. Los navíos italianos, pues, impedían con cañonazos de sus flancos izquierdos el acceso de Tegetthof a Vis. La primera división estaba al mando del contralmirante Vacca en el Principe di Carignano, la segunda del comodoro Faá di Bruno en el Re d'Italia y la tercera a las órdenes del capitán de navío Ribotty en el Re di Portogallo. Esas tres divisiones entraban en combate sin el Formidabile, enviado a Ancona y sin el Terribile, que estaba con Albini. De esa manera Tegetthof fue enfrentado por sólo 10 buques italianos. Poco antes de librarse la batalla, Persano abandonó su buque insignia Re d'Italia y subió al Affondatore, el navío más moderno, más rápido y apropiado para dirigir la lucha. Affondatore fue, en efecto, el antecesor de los modernos monitores y dreadnaughts. Mas el momento de cambiar de buque insignia era inadecuado, pues mientras Persano subía a su nuevo buque, la segunda y la tercera división tuvieron que detenerse, lo que aumentó la distancia entre la primera y la segunda división, que se había alejado bastante, ignorando ese cambio en el momento de empezar la lucha. El curso de la batalla mostró que ese traslado de Persano fue perjudicial para la flota italiana.

El Erzherzog Ferdinand Max no disponía (tampoco el Habsburg) de modernos cañones a estría, pero Tegetthof prefirió marchar con él a la batalla por llevar el nombre de su protector y amigo, el malhadado emperador mexicano. Desde ese barco dio la primera señal para la lucha: "Atacad al enemigo y hundidlo". Los italianos hicieron caso omiso a esta señal, pues creían que Tegetthof todavía estaba en el Kaiser y tiraban especialmente contra ese barco. Otra señal preparada: "Esta ha de ser la victoria de Vis" no fue dada, porque el humo de cañones ya cubría el horizonte. Esas señales dejaban las manos libres a todas las unidades para el combate individual de acuerdo a la iniciativa de cada comandante.

Ya antes de salir de Fasana, Tegetthof había reunido a sus comandantes y les había explicado el plan de combate, prohibiéndoles terminantemente abrir el fuego antes de acercarse al enemigo al alcance de sus propios cañones. Los buques italianos hicieron las primeras cargas a las 10.43 hs. por la mañana cuando el Principe di Carignano y el Castelfidardo abrieron el fuego contra el Salamander y gravemente le averiaron el puente de mando. Poco después el ala izquierda de la primera división austríaca atacó a los tres buques de la primera división italiana al mando del contralmirante Vacca, apoyada por el Schwarzenberg, el Donau y el Radetzky desde el ala izquierda de las fragatas de madera, y ambos acorazados italianos tuvieron que replegarse. El ala derecha de los acorazados austríacos entabló entonces el combate con la segunda división italiana, a las órdenes de Faá di Bruno. Las demás naves de madera austríacas de la segunda y luego de la tercera división entraron en combate con la tercera división italiana al mando de Ribotty. Ya al comienzo de la batalla fueron aprovechados al máximo el valor y la fuerza de los buques de madera austríacos en el choque en que dos divisiones austríacas, en total 14 unidades, aguantaron por su número y no por su armamento la carga de las tres divisiones italianas, es decir, de 10 navíos equipados, pertrechados y construidos según las exigencias de la técnica moderna.

Tras el primer choque sobrevino la confusión que los buques austríacos aprovecharon para realizar audaces hazañas individuales. Pasando por entre la formación italiana de Erzherzog Ferdinand Max embistió dos veces con su proa a la popa del Palestro y lo envolvió con el fuego de su batería de proa. En eso, el cabo Nikola Karkovic de Hvar vio que la bandera del Palestro estaba tocando la proa de su buque, saltó allí y la arrebató. Tegetthof vio y gritó en medio del infernal ruido: "¿Quién tiene la bandera?" Krakovic la entregó al contralmirante. El Palestro logró sortear este peligro, mas la suerte le fue adversa. Tan pronto se había alejado del buque insignia austríaco, lo esperó otro acorazado austríaco cargando contra él una fuerte andanada y provocando el incendio en su cubierta.

El acorazado Re d'Italia sufrió avería en el timón y ya no pudo maniobrar. En mal momento lo sorprendió el Erzherzog Ferdinand Max, al mando del barón Sterneck, quien decidió hundirlo con el caltillo de su pico. En un santiamén llegó al palo de proa, subió a su garza, más arriba del humo de los cañones y desde allí con la mano daba señales a los timoneles. Muy pronto el pico del buque austríaco perforó el costado izquierdo de su adversario. El Re d'Italia se inclinó a estribor, luego a babor y en tres minutos se hundió. Su comandante, conde Faá di Bruno, sacó algo del bolsillo, acaso un recuerdo querido, lo miró y tiró al mar. Acto seguido se disparó un tiro en el tímpano. Dos marineros croatas saltaron a la popa del buque que se hundía para tomarle la bandera, pero lo impidieron los oficiales italianos Rasetti y Del Santo. Rasetti se envolvió la bandera a la cintura y saltó al mar. Los otros gallardetes de combate quedaron en sus estandartes y el buque se hundió con honor con sus 560 hombres. Lamentablemente el Erzherzog Ferdinand Max no pudo detenerse para salvar a la tripulación, ya que el ataque de los navíos italianos en todas las direcciones imponía urgente ayuda para la defensa propia. Después, terminada la guerra, Tegetthof se interesó por el oficial Rasetti y le dirigió una encomiable carta de felicitación.

En el momento del choque con el Re d'Italia el Erzherzog Ferdinand Max había retorcido una lámina de su blindaje y el escudo dorado de su proa había caído sobre la cubierta del buque italiano y se hundió con él. Tras el choque el Ancona trató de embestirlo con la proa sin lograrlo. A causa de las maniobras, ambos buques se encontraron en línea paralela y se cubrían con fuego recíprocamente. El Ancona, cosa extraña, cargaba sus cañones con pólvora, sólo así el Erzherzog Ferdinand Max salió de este suelo sin averías, mientras el Ancona perdió varias planchas de su coraza. Más tarde se supo que el oficial artillero del Ancona había consultado a su comando si debía cargar con balas incendiarias o demoledoras y a la espera de la respuesta, la tripulación disparaba con la pólvora para "arredrar al enemigo". Terminada la guerra, ambos beligerantes admitieron que costaba mucho retener a la tripulación cerca de los cañones durante ese mortífero combate.

Contra el navío de madera Kaiser primero arremetió el Re di Portogallo y le infirió bastante daño. Luego, lo agredieron cuatro acorazados que le quebraron el mástil de proa, la chimenea y el palo, dando muerte a 21 hombres e hiriendo 70. El mástil quebrado se acostó sobre la chimenea. Su comandante Antonio v. Petz, sin esperar, embistió con la proa al Re di Portogallo y al mismo tiempo de todos los costados disparó una salva de 96 balas, poniendo a prueba la solidez del buque y el coraje de su tripulación. La tripulación reaccionó enseguida al golpe y prosiguió la carga abriendo así el camino a su buque y a su división. El Re di Portogallo perdió a causa del golpe 20 metros de su blindaje. El Ancona, queriendo ayudarlo, chocó con el Varese. El Kaiser, todo averiado, se encaminó al puerto de Vis, acompañado por la cañonera Elizabeth. A la entrada del puerto se encontró con el Affondatore, que no quiso atacarlo. En la investigación, que se hizo más tarde, Persano declaró que no consideraba noble ni caballeresco hundir un barco puesto fuera de combate. Por otra parte, se supo que el comandante del Affondatore, capitán de navío Martini, alentaba a Persano para que hundiera al Kaiser embistiéndolo con su pico. Persano, se comentaba, se negó a hacerlo por temor a irse a pique junto con el pesado buque austríaco.

Por la tarde, al menguar el furor del combate y enrarecerse el humo de los cañones, Persano, desde el Affondatore, levantó la señal preguntando: "¿Dónde está el Re d'Italia?". Los buques le contestaron que estaba hundido. El Palestro estaba ardiendo, pero con máquinas en marcha y poco a poco se alejaba rumbo al oeste. Tegetthof ordenó a un barco suyo cortarle el camino, pero el comandante le replicó que era arriesgado acercarse a ese barco en llamas. Entonces acudieron los barcos auxiliares italianos el Governolo y el Indipendenza al acorazado incendiado para salvar la tripulación. Pero Alfredo Capellini, su comandante, no quiso abandonarlo, rechazó el auxilio diciendo que la tripulación iba a apagar sola el incendio.

Ese espectáculo y el hundimiento del Re d'Italia debió impresionar, a buen seguro, al almirante italiano y a la tripulación de su escuadra. Además, incesantes entredichos de Persano con el vicealmirante Albini contribuyeron al fracaso de la empresa italiana. Apenas, al comienzo de la batalla, Albini regresó de su frustrado desembarco, Persano le dio la señal desde el Affondatore para que entrara con sus unidades en el combate. Pero el vicealmirante no prestaba atención a la señales del Affondatore, pues no sabía que ahora éste era el buque insignia, sino que esperaba las órdenes del Re d'Italia. Recién en la fase final de la batalla, cuando el grueso de la flota empezó a replegarse hacia el oeste, cubriendo al Palestro en llamas, las unidades de Albini dispararon alguna carga desde 3 o 4 millas de distancia. De esa manera, por insuficiente iniciativa del vicealmirante, en la batalla no participaron el acorazado Terribile ni los buques de madera, en total 300 cañones.

A las dos de la tarde fueron disparadas las últimas cargas y, acto seguido, los italianos interrumpieron la batalla. En el Palestro el fuego se extendió hasta la Santa Bárbara (depósito de municiones) que explotó a las 2.30 horas. El buque se fue a pique con su comandante y 250 hombres.

Tegetthof ya había reunido a sus unidades en la formación anterior, pronto a reanudar el combate si así le quería el enemigo. Persano, empero, tras salvar a 20 hombres del hundido Palestro, prosiguió con su escuadra rumbo al oeste. Tegetthof no lo persiguió, ya que la velocidad de sus unidades era inferior a la de los modernos navíos italianos. Por lo demás, había liberado a Vis y cumplido con su cometido.

Los buques austríacos empezaron a entrar al puerto de Vis en orden inverso, es decir, primero los más débiles, los de madera y luego los más potentes. El último en entrar a las 7.30 de la tarde fue el Erzherzog Ferdinand Max con el contralmirante, saludado entusiastamente por las demás naves y por todos los habitantes de Vis, congregados en el desembarcadero. Frente al puerto patrullaba un aviso, y en el puerto Tegetthof inspeccionaba todas las unidades averiadas para cerciorarse de su estado. En la noche se reparaban los daños de la mejor manera posible. Quedó averiado, según dijimos, el puente de mando del Salamander. Por el casco de las fragatas Erzherzog Friedrich y Schwarzenberg filtraba el agua, que sus bombas estaban absorbiendo. Un cañonazo de 300 libras retorció una plancha del blindaje del acorazado Don Juan de Austria. Con peores averías en la cubierta salieron el navío de madera Kaiser y la fragata de madera Adria. En la batalla cayeron 38 hombres y hubo 138 heridos, de los que sólo en el Kaiser 99 entre caídos y heridos; incluso quedó levemente herido su comandante, comodoro von Petz. Cayó también el comandante del acorazado Drache, v. Moll y el comandante de la fragata de madera Erich von Klint, inglés de origen. Klint quería a los marineros croatas y le gustaba oírles recitar sus cantos heroicos. Antes del combate los animaba y les recordaba los héroes de su pasado glorioso y él mismo cayó como héroe en pleno combate.

Las pérdidas italianas fueron más graves. Al final de la batalla chocaron los acorazados San Martino y Maria Pia y el primero quedó fuera de combate. El Maria Pia perdió en la lucha una plancha de su coraza y recibió en su casco 14 cañonazos que le provocaron incendio. Además, resultaron averiados el Principe di Carignano y el Castelfidardo. Nunca se supo qué daños había sufrido el Affondatore. Tal vez ese navío había sufrido alguna grave avería en su casco, ya que el 3 de agosto, durante una tormenta, se hundió en la rada de Ancona. Esta valiosa unidad de la flota italiana fue puesta a flote luego del fin de las hostilidades. En total, la escuadra italiana perdió dos acorazados y otros tres fueron puestos fuera de combate. Aparte de las pérdidas humanas en el Re d'Italia y el Palestro, las demás unidades italianas tuvieron 5 muertos y 39 heridos. A la costa norte de Vis llegaron 13 náufragos del Re d'Italia.

A las 3.30 horas de la madrugada del 21 de julio, la entera flota austríaca estaba pronta a salir al mar, a entablar nuevo combate, inclusive el viejo Kaiser. Pero a la vista no había enemigo alguno. La escuadra italiana, tras el combate, navegaba al oeste de la isla de Vis hasta las 10.30 horas de la noche y luego viró hacia Ancona.

El 23 de julio entró al puerto de Vis un bergantín con el pabellón italiano, cargado con pólvora y víveres, en la creencia que Vis estaba en manos italianas. En efecto, en los primeros momentos circuló por Italia la noticia sobre la victoria de la flota italiana. Probablemente la había traído a Ancona el acorazado Formidabile, que el 20 de julio regresó a Ancona, puesto fuera de combate. Su tripulación con justa razón esperaba la inminente caída de Vis, pero no sabía que Tegetthof había acudido en ayuda de la isla. La noticia de la derrota de la escuadra italiana suscitó estupor general y un hondo furor contra su desgraciado almirante.

Pero la culpa del fracaso no recae sólo sobre Persano. Italia necesitaba una victoria marítima antes de concertarse la paz (el armisticio empezó el 25 de julio). La flota italiana estaba integrada por unidades sardo-piamontesas y venecianas, que debieron realizar juntas ejercicios para formar una unidad integral como lo fue la escuadra austríaca. Y para ello se requería tiempo.

Después de la batalla

La armada austríaca levantó a sus combatientes caídos un modesto monumento de mármol en el centro del cementerio de Vis. El monumento tenía forma de paralelepípedo con encima un sarcófago, sobre el cual descansaba un león-centinela con la bandera en sus garras y en el frente del paralelepípedo una placa de bronce con la dedicatoria y la fecha de la batalla; del lado opuesto había un bajorrelieve de bronce con una escena del combate en las lápidas laterales fueron esculpidos los nombres de los caídos en la batalla. El monumento estaba circundado por la cadena del ancla que el Formidabile había dejado en fondo del puerto de Vis, recuperada por sus habitantes. Junto a ese monumento había otro, menor, en forma de escaque, a la memoria de los oficiales y soldados de las fortificaciones de Vis, caídos el 18 y 19 de julio, previamente a la batalla naval.

Al término de la Primera Guerra Mundial, la marina italiana, durante su ocupación de Vis 1918-1920, se llevó el monumento mayor a Livorno y lo colocó en la amplia plaza entre los edificios de la Academia naval. Allí está como un testimonio a los cadetes italianos de "una derrota vengada". Pero con llevarse el monumento no se rectifica ni se respeta la historia.

Todos los historiadores de las guerras navales -salvo los italianos- califican la batalla de Vis entre los más memorables combates marítimos, desde Salamina hasta Jutlandia. Fue -afirman unánimemente- el primer choque entre buques acorazados, el cual evidenció que los blindajes no podían aguantar la fuerza perforadora de la artillería, sino sólo en cierta medida disminuir sus efectos demoledores. El embestimiento con la proa todavía superaba a la artillería en la perforación y el hundimiento de los barcos. Pero el perfeccionamiento en la construcción y armamento de los navíos de guerra trajo aparejada una nueva táctica en la guerra naval.

Ya en la batalla de Vis los buques italianos disparaban balas de cañón cuyo peso duplicaba, triplicaba y cuadruplicaba él de las balas austríacas. Idéntica relación guardaba el poder de alcance de los cañones italianos en comparación con los austríacos. En muchos lugares de la isla de Vis se encontraron balas enormes (para aquel tiempo) de 150 kilos de peso, extraviadas allí desde el lugar de la batalla, una distancia de 10 km. (Como "curiosidad", una de esas balas fue remitida al Ministerio de guerra en Viena).

Además, conforme lo indicamos anteriormente, las unidades italianas poseían blindaje más grueso que las austríacas y, lo que es muy importante, eran más veloces. Con estas ventajas pudieron mantenerse a salvo de la artillería austríaca y atacar al enemigo con sus cañones de largo alcance. En cambio, trataron de abordar con sus picos a los buques austríacos, pero sin éxito. Es asombroso -manifiestan los historiadores de la batalla de Vis- que la escuadra italiana no haya recurrido a su superioridad en artillería y que, por el contrario, adoptase el método de lucha más propicio para el bando menos armado.

Tegetthof tuvo en cuenta esa superioridad y por ello ordenó a sus unidades no abrir el fuego contra el enemigo antes de poder alcanzarlo con sus cañones. Sabía que podía ganar la batalla únicamente desde cerca. Al almirante italiano, hombre de viejo cuño, no le interesaba, por cierto, la nueva táctica y en primer lugar trató de cerrar el acceso de Tegetthof al puerto de Vis y luego entabló el duelo naval en la forma que convenía a Tegetthof.

En la lucha de dos días con las fortificaciones de Vis, Persano no debió acercarse más a la isla de lo que requerían sus cañones. Quedando fuera del alcance de la artillería de Vis, pudo destruir todas las fortificaciones y conservar, valga la expresión, intactos sus buques y tripulantes. Esa táctica fue aplicada por primera vez en la historia de las guerras navales por la flota de los Estados Unidos en la guerra con España, en 1898. En la batalla de Manila las naves norteamericanas, bajo el mando del almirante Dewey, destruyeron toda la escuadra española sin una sola pérdida.

El mencionado J. R. Hale destaca que la batalla de Vis mostró lo que puede conseguir una escuadra, mal armada, en manos de una tripulación excelente. Hale cree que los marinos en las naves austríacas eran hijos de los antiguos ilirios, célebres navegantes (y corsarios, N. del A.) que resistieron largo tiempo la invasión romana (de 179 a.C. a 50 d.C.). Compartimos íntegramente el juicio de Hale, con el agregado que esos hijos de los antiguos ilirios hoy hablan el croata y que, igual que sus antepasados ilirios, están dispuestos a defender sus costas de la invasión italiana. Lamentablemente, todavía muchos en Italia piensan que sus fronteras deben quedar protegidas en las montañas dináricas, o sea, en el corazón de Croacia. Los croatas a su vez piensan que las fronteras naturales entre Italia y Croacia están limitadas por la planicie del Carso y que Italia no corre y nunca corrió peligro alguno del lado de su vecino de la costa oriental del Adriático.

De los historiadores italianos unos tienden a minimizar la importancia de la batalla de Vis y recalcan la operación de ese fracaso con la victoria de 1918 sobre Austria-Hungría. Otros registran la batalla como un pequeño éxito de Tegetthof, "un piccolo successo", y la califican "lagloriuzza di Lissa" (la pequeña gloria de Vis), no reconociendo virtud alguna a los marinos croatas ni a los oficiales austríacos. Ese conflicto, alegan, logró prolongar el poder de Austria en Istria y Dalmacia por sólo 50 años, o sea, hasta el fin de la Primera Guerra Mundial.

Pero ya durante la guerra de 1866, los marineros y artilleros croatas, que combatieron en Vis contra la invasión italiana, sabían muy bien, como toda la población costera croata desde Trieste hasta Boka Kotorsk, que bajo el dominio de Italia perderían los derechos nacionales fundamentales, respetados por Austria. Ese sentimiento patriótico de la tripulación contribuyó en gran parte a la victoria sobre la fuerza superior de Italia. Que Tegetthof conocía esos sentimientos y contaba con ellos, se desprende con claridad de su respuesta a la felicitación del alcalde de Vis, Pedro Dojmi por la victoria: "¡Es fácil vencer con vuestros leones croatas!". Además, los italianos no han conseguido el dominio de Dalmacia ni después del ocaso de Austria-Hungría.

Los oficiales italianos aseguraban a sus tripulantes que la flota austríaca era débil y que era fácil vencerla. Por eso, al ver las naves austríacas que acudían en ayuda de Vis, empezaron a bromear y mofarse: "¡Allí vienen los pescadores!" (Vengono i pescatori). Tanto mayor fue su decepción y depresión al retirarse del campo de batalla. Un oficial del Affondatore, escribió: ..."La flota austríaca no es lo que deseaban que pensáramos. Tres veces intentamos encallar y hundir el navío Kaiser y otros buques, pero esos con habilidad lo eludían y nos cubrían con una lluvia de balas mortíferas, su estrépito nos ensordecía: todos estábamos maltrechos, de la cabeza a los pies..."

El almirante Persano fue acusado y llevado ante el tribunal supremo de Italia. Antes de iniciarse el proceso él publicó en su defensa un fascículo titulado I fatti di Lissa (Los hechos de Vis), inculpando a algunos de sus oficiales superiores de la derrota y de desobediencia. Entre otras cosas, afirmó: "Las naves italianas tuvieron el orgullo de dar caza al enemigo cuando volvía a sus tierras y -no pudiendo alcanzarlo antes de estar al abrigo- de permanecer dueñas de las aguas de la batalla".

Giuseppe Fumagalli, en su libro Chi l'ha detto? (¿Quién lo dijo?, p. 162), acota al respecto: "Empero, son palabras más bien para llorar que para reír, pero son palabras históricas, son palabras del almirante conde Carlo Pellion di Persano en el telegrama oficial despachado al gobierno inmediatamente después de la desafortunada batalla de Vis del 20 de julio de 1866. El inepto comandante trataba de consolarse del luto de la jornada con la circunstancia de que sus naves, diezmadas y maltrechas, habían permanecido dueñas de las aguas".

El juzgado declaró a Persano incapaz y pusilánime ante el enemigo, lo degradó y destituyó. Murió en 1883, en total olvido.

El emperador Francisco José I ascendió telegráficamente a Tegetthof al grado de vicealmirante y le confirió la cruz del orden militar de María Teresa. También fueron promovidos y condecorados todos los comandantes y muchos oficiales de las fortificaciones de Vis y de la flota, entre ellos 7 croatas. De 431 condecorados cadetes, suboficiales, soldados, marineros y fogoneros, 162 eran croatas. Cada participante en la batalla recibió una medalla recordatoria. Nikola Karkovic fue recibido por el emperador en Viena, quien le puso una medalla de oro sobre el pecho y lo promovió a contramaestre.

El viejo buque de madera Kaiser, que en la batalla recibió más cañonazos (y disparó más), tras arreglar su chimenea y los costados en el arsenal de Pola, llegó al puerto triestino, invitado por la municipalidad de Trieste. Toda la ciudad lo esperó con grandes festejos y entusiasmo. A bordo fue organizada una velada danzante "para la gente bien y las bellezas triestinas", según reza una crónica.

El municipio de Trieste designó a Tegetthof ciudadano de honor y en esta ocasión le preparó una espléndida acogida. Lo mismo hizo Zadar, capital de Dalmacia. En cambio, cabe decirlo aquí, el contralmirante no gozaba de simpatía en los círculos palaciegos de Viena ni en el Ministerio de Guerra. Era soldado y estratega más que diplomático y no tenía pelos en la lengua. Quiso, a toda costa, enfrentar al enemigo con la flota y tuvo que convencer a los burócratas del ministerio que era mejor perder peleando una batalla que, como cobarde, permanecer con las naves en el refugio, ya que -decía- en las negociaciones de paz para el prestigio de un país valen más los buques hundidos con gloria que los que deben entregarse al vencedor en virtud del acuerdo de paz.

Pese a todas las intrigas, Tegetthof fue nombrado en 1867 miembro de la Cámara Alta y, en 1868, por carta autógrafa del Emperador, designado jefe de la sección naval del Ministerio de Guerra y al mismo tiempo conservó el cargo de comandante en jefe de la marina de guerra austríaca. Murió en 1871 a la edad de 44 años, dejando a su anciana madre. Un monumento le fue erigido en Pola (removido e instalado en Viena después de la Primera Guerra Mundial), otro en Viena y el tercero en Maribor (Eslovenia actual).

En 1873 el gobierno austro-húngaro desarmó totalmente a la isla de Vis, trasladó su guarnición y destruyó todas las fortificaciones, salvo la amplia y hermosa Batería de Nuestra Señora, convertida en sede de beneficencia local. Vis dejó de ser el Gibraltar adriático. Su puerto se hizo pequeño para las necesidades de una moderna base naval y no pudo ya brindar refugio y abrigo a las naves de guerra, nuevas y más grandes. Por otra parte, la armada italiana no era ya peligrosa para Austria-Hungría y ese peligro diríase que desapareció en 1881 al concertarse la triple Alianza entre Alemania, Italia y la monarquía danubiana.

Pese a las relaciones políticas alteradas, Italia tras la batalla de Vis, se recuperó de las pérdidas sufridas y siempre fue más fuerte en el mar que su aliada Austria-Hungría. Por lo demás, incluso la opinión pública italiana consideraba provisoria y circunstancial la Alianza tripartita. Por eso, la plana mayor de la flota austro-húngara consideró con escepticismo su aliado italiano. En cambio, los círculos gobernantes de Viena no comprendieron en sus verdaderos alcances la necesidad vital de disponer de una fuerte armada cuyo objetivo sería garantizar en la guerra y en la paz la salida libre de la monarquía por la puerta de Otranto. El monarca austríaco, de por sí conservador, vacilaba en modernizar los armamentos e incurrir en gastos, aunque ello fue funesto para el ejército austríaco en 1859 en Magenta y Solferino, y en 1866 en Sadova (Königsgrätz). Recién el 20 de enero de 1866 el emperador aprobó la partida de un millón y medio de florines para la fabricación de nuevo fusiles, que estaban listos apenas el 31 de julio y la guerra había terminado el 26 de julio. El 23 de agosto fue concertada la paz según la cual Austria pagó 31 y medio millones de florines en concepto de reparación. Las victorias ganadas en Custozza y en Vis, en 1866, contra fuerzas italianas muy superiores se debieron a la incapacidad de los dirigentes italianos, al valor y la pericia de los estrategias austríacos y al fervor patriótico del ejército y de la marina.

Los croatas y la batalla de Vis

Los croatas en general consideraban la victoria de Vis como un éxito nacional. Los restos del idioma italiano y de los empleados italianos en las oficinas estatales, en los tribunales y escuelas, heredados desde la época del dominio de Venecia por las autoridades austríacas que hasta entonces gobernaban con Italia véneta, tuvieron que desaparecer a medida que se expandía el movimiento nacional croata. Después de la batalla de Vis prosiguió la lucha en el campo cultural y político y cesó recién al derrumbarse la monarquía danubiana, que no permitió la incorporación de Dalmacia en el reino de Croacia. El gobierno de Viena y de Budapest temía desmedidamente el movimiento de la solidaridad de los pueblos del grupo lingüístico eslavo, que involuntariamente habían fomentado al disgustar a los croatas dividiéndolos entre Austria y Hungría según el viejo lema: divide et impera. A los insistentes reclamos croatas de reunificación de sus tierras bajo el viejo título Regnum Chroatide, Dalmatiae et Slavoniae, el gobierno imperial de Viena, pese a la lealtad y abnegación de los croatas en los turbulentos años de 1848 y 1866, no llegó a la solución en el sentido del movimiento nacional croata.

Recién con la designación del archiduque Francisco Fernando como heredero del trono se vislumbró la esperanza de que ese hombre perspicaz unificaría todas las provincias del antiguo reino de Croacia y crearía con ello dentro de la monarquía danubiana una Croacia en igualdad de los derechos con Austria y Hungría. Bajo su influencia empezó a fortalecerse la flota de guerra, incorporando 4 dreadnoughts. Para superar a la armada italiana, el consejo imperial d Viena votó a principios de 1914 la suma de 300 millones de coronas para la construcción de 6 nuevos superdreadnoughts. Mas todo era demasiado tarde. El archiduque y su esposa Sofía fueron asesinados en Sarajevo y la política de la monarquía retomó el viejo cauce, encontrándose envuelta en la guerra en julio de 1914 bajo el impacto del Drang nach Osten germano y la errada política austro-húngara hacia los demás pueblos de esta comunidad plurinacional.

Después de la batalla, Visse recuperó muy pronto. Al comienzo de esta reseña hemos dicho que en Vis, desde tiempos antiguos, prosperaba la vinicultura. En nuestra época también el excelente vino de Vis, de mucho cuerpo, llamado "opol", se vendía muy bien en Trieste y en el exterior. Los franceses lo compraban todos los años "para sus necesidades", sobre todo cuando la cosecha de vino en Francia no era buena. Legumbres, hortalizas y verduras, que ya en febrero maduran bajo el soleado cielo de Vis, se exportaban a Split y luego a Zagreb, cuando fue tendida a la vía férrea.

Los habitantes de Vis seguían las viejas tradiciones de sus antepasados y se dedicaban a la pesca y la navegación. La pesca era abundante y se hacían conservas en las fábricas de Komiza. El vino y el pescado se transportaban en barcos de Vis a los puertos adriáticos. La compañía de navegación de Serafín Topic cubría regularmente el servicio de pasajeros y carga de Trieste a Boka Kotorska. Después de la Primera Guerra Mundial, esta compañía amplió sus servicios con barcos de carga de ultramar y al cabo de la segunda conflagración mundial se trasladó a los Estados Unidos, desde donde dirige su flota de modernos cargueros transoceánicos.

Dada su posición estratégica durante la última guerra mundial, Vis fue escenario de importantes sucesos. En 1943-44 fue base de los aliados contra el Tercer Reich. En dicha isla y bajo el amparo de la flota y la aviación anglo-norteamericana, los jefes de los guerrilleros comunistas yugoeslavos encontraron seguro refugio cuando ya no pudieron sostenerse en tierra firme. Durante varios meses, Vis fue sede del comando supremo de los guerrilleros, como asimismo del gobierno de Tito, que luego se trasladó a Belgrado cuando el Ejército Rojo conquistó esa ciudad. Desde 1945 la isla Vis, con las provincias de Dalmacia e Istria, forma parte de la "República Socialista de Croacia" dentro de la "República Socialista Federal de Yugoslavia".

Después de un siglo de la encarnizada batalla de Vis a los croatas les quedó sólo un grato recuerdo. Los ingleses y los alemanes se liberaron del odio recíproco acumulado con motivo de las dos terribles guerra mundiales. El 31 de mayo del año en curso, se encontraron en las aguas de combate cerca de Jylland (Juglandia), los veteranos de la mayor batalla naval que registra la historia. Los ingleses arribaron con dos destructores y los alemanes con dos fragatas. Después de un breve desfile al mismo tiempo bajaron sus ofrendas florales en reconocimiento a sus compañeros que en 1916, hace exactamente 50 años, cayeron por la libertad de sus respectivos países. Ello indica que en el Occidente se abre una nueva época en la que lo humano dominará sobre la fuerza, sobre el odio entre pueblos y clases, superará la subversión y la destrucción pérfida y oculta de la vida y de la paz.

Sería un gesto noble y hermoso si pudiesen encontrarse nietos y bisnietos de los combatientes italianos y croatas y, siguiendo el ejemplo conmovedor de los ingleses y alemanes, dedicasen a sus heroicos antepasados ofrendas florales como prenda de paz, amistad y respeto mutuo. Y, para mayor grandiosidad del acto, la marina italiana podría traer de Livorno el monumento de Vis y colocarlo en el cementerio donde lo encontró en 1918. Entonces los croatas podrían respetar más a su gran vecino allende el Adriático azul.

Literatura consultada: John Richard Hale: Famous Sea Fights; Franco Farola: Da Nelson a Togo; Petar Kuicic: Viski boj (La batalla de Vis); Janni Mauro: Rostri e Siluri; Sir William Laird Clowes: Four Modern Naval Campaings; Freiherr Alphons von Czibulka: Die Grossen Kapitäne; Pmorska Enciklopedija (La enciclopedia marítima). Zagreb, 1936, vols. VI y VII; Nikola Zic: Istra, Zagreb, 1936, parte 2da., Mardesic Pater: Viska bitka (La batalla de Vis), Zagreb 1966.

 

 


DOCUMENTOS:

Declaraciones de los obispos de Croacia en relación con el Protocolo
sobre la "Reglamentación de las relaciones" entre la Iglesia Católica y Yugoslavia comunista

El Protocolo firmado en Belgrado el 25 de junio de 1966 sobre las relaciones entre la Iglesia Católica y la República sociales Federativa de Yugoslavia tuvo amplia repercusión en la prensa del mundo con comentarios harto variados. Sobre el Protocolo hemos publicado un amplio comentario en el vol. 20-21, pp. 143-152 de nuestra revista. Sin embargo, hasta recién llamó la atención la falta de comentarios o declaraciones sobre el Protocolo de parte de los obispos de Croacia, los más interesados en todo este asunto. Por ello consideramos del caso reproducir in extenso las reflexiones que sobre el mismo tema publicó el destacado miembro del episcopado católico croata, monseñor Francisco Franic, obispo de Split-Makarska en la revista Crkva u svijetu (La Iglesia en el mundo, nro. 6, año 1, Split, pp. 3-8), edición de las milenarias diócesis de Dubrovnik, Hvar, Kotor, Split-Makarska y Sibenik, y cuyo director responsable es el propio autor del comentario que nos ocupa y que a continuación transcribimos en párrafos íntegros a título de documento, omitiendo únicamente la introducción, por cierto muy interesante, pero que contienen tan sólo las reflexiones generales sobre el marxismo en la teoría y la práctica.

A renglón seguido transcribiremos sendos párrafos de las declaraciones que después del prolongado silencio hizo el arzobispo metropolitano de Croacia, S. E. cardenal Francisco Seper al periódico católico Glas Kocila (La voz del Concilio) de Zagreb, publicadas el 22 de enero de 1967. Dichas declaraciones se refieren más bien al aspecto práctico del protocolo.

Artículo de Mons. Franic, obispo de Split

"Considero que el Protocolo sobre los diálogos entre la República Socialista Federativa de Yugoslavia y la Santa Sede reviste gran significado histórico. Ese Protocolo podría significar una nueva época de la Iglesia en nuestro país, acaso también en el mundo, en cuanto a la relación de la Iglesia con el marxismo, sistema en que se basa la vida social pública en nuestro país y en otros Estados con análogo ordenamiento social...

"Las normas jurídicas (en Yugoslavia) no pueden asegurarnos la vida `tranquila', por cuanto la vida está en permanente evolución y comporta nuevas situaciones, erizadas de riesgos, que las viejas normas y `acuerdos' no pudieron prever.

"Por ello, las normas jurídicas de nuestra Constitución y de nuestras leyes, incluso las cláusulas de este Protocolo, que contienen términos como éstos: la libertad de conciencia, la libertad de religión, la separación de la Iglesia del Estado, la igualdad y la paridad de todas las comunidades religiosas, la igualdad en los derechos y los deberes de todos los ciudadanos con prescindencia de su credo religioso y la profesión de fe, la libertad de fundar comunidades religiosas, el reconocimiento de la personería jurídica a las comunidades religiosas -todos esos términos y las normas jurídicas están sujetos a las presiones de la práctica diaria y con ella experimentan su evolución unas veces más difícil y más larga que otras. En el futuro pueden presentarse más dificultades de los que esperamos, la evolución puede tardar más de lo esperado, pero con este Protocolo la Iglesia Católica demostró creer en la posibilidad de esta evolución. (Los subrayados en el original: N. de la R.). Este sería el primer alcance histórico y el de mayor envergadura del Protocolo.

"El punto más importante del Protocolo parece ser el segundo. Me parece que podemos considerarlo como la inauguración de la nueva orientación de la filosofía marxista, por lo menos en la práctica, y con ello poco a poco en la teoría también.

"En esa parte, verbigracia, se reconoce `a la Santa Sede su competencia sobre la Iglesia Católica en Yugoslavia y sobre las cuestiones espirituales y las de carácter eclesiástico y religioso...' Eso vale decir que la Santa Sede tiene y puede ejercer su jurisdicción espiritual-religiosa sobre los católicos en Yugoslavia. La amplitud que tiene esa jurisdicción papal en la Iglesia en archisabida. Cuán amplia es esa jurisdicción, basta recordar los órganos mediante los cuales el Papa ejerce su autoridad suprema en la Iglesia, es decir, todas las congregaciones romanas y sus asuntos. Si el Papa pudiera dar cumplimiento a través de esas congregaciones a todos los asuntos que son de su incumbencia en la Iglesia Católica en Yugoslavia, eso sería una inesperada evolución en nuestras circunstancias religiosas y generalmente sociales.

"Según vemos, el principio está planteado con toda corrección y reconocido por el Estado, mas resulta discutible su aplicación. Sin embargo, dicho principio evolucionará en la práctica, por supuesto siguiendo una línea quebrada, y por fin influirá en ese desarrollo no sólo el juego diplomático y la evolución científico-filosófica del pensamiento marxista y cristiano sino también la vida diaria de nosotros los católicos, sacerdotes y laicos.

"El Estado, pues, en principio reconoció con el Protocolo el primer principio de la organización de la Iglesia Católica, es decir, la autoridad papal sobre sus feligreses.

"En la segunda parte del Protocolo la Iglesia, en retribución, reconoce al Estado el primer principio de su organización, o sea que la política, de acuerdo a la doctrina marxista, constituye el dominio exclusivo del Estado en el cual ni la Iglesia ni nadie puede interferir.

"Ese principio queda expresado en el Protocolo en el lenguaje tradicional, adoptado por el Concilio Vaticano II, es decir que la actividad de los sacerdotes católicos se desarrollará en los marcos religiosos y eclesiásticos y que, por lo tanto, los sacerdotes no pueden abusar de su función religiosa y eclesiástica a fines que, de facto, tendrían carácter político.

"Se comentó que con ello la Iglesia se retira de la actuación política.

"Mas aquí debemos distinguir bien. La Iglesia no renuncia a su papel religioso y eclesiástico incluso en el campo político en cuanto le competen los derechos y los deberes de predicar la moral que debe valer para la política e incluso para la economía. Tal será el deber primordial de nosotros los obispos, aunque tendremos que cumplirlo no sólo con gran celo apostólico sino también con especial prudencia.

"Más aun, el Protocolo no suspendió los derechos nacionales de nuestro clero, por ejemplo, sentirse integrantes de su pueblo croata. Los sacerdotes sólo se comprometen, por intermedio de su jefe supremo, a no pasar a la actividad política en el ejercicio de sus deberes sacerdotales y no abusar de la religión a los fines políticos.

"Claro, en la práctica pueden surgir desacuerdos, como surgieron hasta ahora, sobre qué es, en rigor, `la política'. Por eso se agregó que la Santa Sede y no sólo el Estado dará su veredicto en los casos concretos. De esa manera podemos recibir instrucciones de la Santa Sede en cuanto a nuestra actividad para no lesionar el avenimiento.

"En el punto segundo de esta segunda parte la Santa Sede condena 'todo acto, cometido por quien sea, de terrorismo político y de otras formas criminales de violencia' y todo eso `conforme a los principios de la moral católica'.

"Incluso en los casos de terrorismo políticos, como en los ya mencionados, no fallará sólo el Estado ni un acto es criminal o terrorista sino también la Santa Sede.

"Por consiguiente, el derecho reconocido en principio por la Santa Sede al Estado será restringido en la práctica mediante el control de la Santa Sede y, por supuesto, por las leyes naturales, divinas y eclesiásticas.

"Cierta prensa católica en el Occidente, y de gran prestigio, comentó, a raíz del Protocolo, que es evidente que dicho avenimiento fue hecho porque en el pasado de la Iglesia Católica en Yugoslavia eran frecuentes los casos de actividad política y criminal del clero.

"La inexactitud de semejantes comentarios se infiere de la declaración que monseñor A. Casaroli formuló con motivo de la firma del Protocolo, es decir que esos puntos nos e refieren al pasado sino al futuro.

"Precisamente en ello vemos la tercera importancia histórica de la avenencia en cuestión.

"La Iglesia en principio reconoce al Estado, según queda dicho, el derecho a ocuparse de la política; al actividad política relacionada con el derecho penal, en rigor, queda reservada al Estado.

"Claro que también la aplicación de ese principio quedará supeditada a la evolución que a su vez dependerá del desarrollo ulterior de las condiciones religiosas, culturales, económicas y las demás.

"Si ese principio se aplicara a la luz de la actual doctrina marxista, entonces la Iglesia debería desaparecer paulatinamente, ya que la palabra `política', en el vocabulario actual marxista, comprende todos los fenómenos sociales, y por ende los fenómenos religiosos en cuanto pasan a ser fenómenos sociales. Por consiguiente, la religión se convertirá en fenómeno 'privado' y no 'social', lo que implicaría su fin, por cuanto la religión, o sea, la Iglesia es, en su esencia, un fenómeno social.

"Pero ya ese Protocolo considera a la Iglesia como un fenómeno social y como tal firma con el acuerdo, pues se negocia con el jefe de ese fenómeno social organizado.

"De todo eso se colige que con el Protocolo comentado se abre una nueva perspectiva para el desarrollo futuro de la Iglesia y del Estado en nuestro país, y tal vez en el mundo. En ese proceso se desarrollarán y cristalizarán muchas concepciones marxistas y también muchas concepciones nuestras. El diálogo que se abre con el Protocolo procurará un futuro mejor a ambas partes en la medida en que ese diálogo se efectúe en el respeto mutuo y en la libertad, sin los cuales no cabe un diálogo fructuoso.

"Pondrá fin a mis reflexiones con el punto de vista que expresé en mi `intervento' en el Concilio, el 23/10/1963:

"La Iglesia debe vivir hoy de la limosna de sus fieles como vivió San Pedro, o del trabajo de sus manos como vivió San Pablo; debe renunciar a todas las posesiones que fructifican a la manera capitalista. Todo emolumento que perciban los obispos, sacerdotes o monjes de cualquier Estado que sea, socialista, capitalista o católico, reduciría la libertad de la Iglesia en el diálogo con el Estado respectivo y menoscabaría el respeto del pueblo hacia la Iglesia. La pobreza evangélica es necesaria hoy día a los obispos y los sacerdotes para reformarse, con su ayuda, en la santidad. En vano nos llamaremos `la Iglesia de los pobres', si no renunciamos a los bienes y emolumentos superfluos que tenemos o nos ofrecen. Si no nos atengamos a esas normas en la vida práctica, la gente no nos creerá que pertenecemos a su Iglesia, a la Iglesia de los pobres."

Declaraciones del cardenal Seper

S.E. Dr. Francisco Seper, arzobispo metropolitano de Croacia y presidente de la Conferencia del Episcopado de Yugoslavia formuló sus declaraciones en forma de diálogo con motivo de la visita protocolar que hizo el enviado del gobierno yugoslavo al Santo Padre el 22/12/1966.

En la primera pregunta se sugiere el pensamiento del Papa que los católicos en Yugoslavia, viendo que están mejor asegurados y garantizados sus derechos y libertad de acción, se sentirán alentados para trabajar con mayor empeño por el bien del país. El cardenal F. Seper contestó:

"En el espíritu del Segundo Concilio Vaticano, como en otras partes del mundo también aquí, la Iglesia desea cumplir con su misión de servir que le fue asignada por su divino Fundador. Dicha misión es espiritual, mas sus frutos pueden manifestarse en todas las esferas de la vida humana y social. Tampoco en Yugoslavia la Iglesia Católica vaciló en ayudar a todo el mundo dentro de sus posibilidades, a servir para el bien de todos. No busca privilegios especiales y no ansía dominar, ni desea influir con fuerza o maniobras, sino que quiere contribuir al crecimiento de la libertad y de las mejores relaciones humanas y sociales entre todos los ciudadanos de este Estado."

"La Iglesia cree que sus experiencias y la fuerza que posee podrían beneficiar a todos, particularmente aquí, en este sector donde viven varios pueblos, varios grupos confesionales, donde se encuentran distintas tendencias ideológicas."

"No cabe duda que los católicos aquí trabajaron hasta ahora, igual que los demás ciudadanos, a favor del desarrollo general de su país, pero desde ahora, al firmarse el Protocolo y establecerse las relaciones entre el Gobierno Federal y la Santa Sede, esperamos que ese trabajo será aun más evidente y realizado con mayor organicidad. La comunidad católica no rehuirá el compromiso. Para ello, por supuesto, necesita marcos más amplios de la libertad. Esperamos que ese espacio de la libertad, tanto para la Iglesia Católica como para los demás grupos sociales, crecerá constantemente, pues apreciamos los esfuerzos desplegados en ese sentido."

Aclarando el concepto de "espacio de la libertad", el cardenal dijo que después de la guerra se edificaron muy pocos templos, mientras que la población aumentó notablemente. Surgieron nuevas poblaciones, nuevos barrios, pero a la Iglesia no le fue posible levantar nuevos templos, lo que se siente sobre todo en las grandes ciudades. "En los últimos tiempos -subrayó el cardenal- empezó el deshielo también ese aspecto. Creemos y esperamos que las cosas se encaminen en forma más vigorosa y radical."

Luego prosiguió: "Lo grave es que mucha gente que por motivos muy distintos observa una actitud inamistosa hacia la Iglesia, mira de reojo esta ampliación del espacio de la libertad para la Iglesia como si se tratara de un aflojamiento, de un retroceso ante el adversario. Tal sentimiento carece de fundamento real. Que comprendan que la Iglesia no es un enemigo ni adversario. No fue instituida para odiar sino acercarse a todo el mundo con amistad y libertad. Quiere educar a sus miembros en el espíritu de la verdadera libertad para todos, lo que en el último Concilio proclamó al mundo entero. Reconocer la realidad estimulará la voluntad para el esfuerzo mancomunado."

A continuación el cardenal se refiere a la prensa católica que últimamente "progresa bastante, pero subsiste la necesidad de su crecimiento cuantitativo y cualitativo". En ese sentido pide la igualdad con otra prensa. Luego expresa la esperanza que los católicos podrán hacer oír su voz a través de otros medios de información. "Eso es, creemos -dijo-, cuestión de tiempo. Tal vez existe buena voluntad por ambas partes, pero no se hallaron aún las modalidades para concretarlo". Espera que se podrán dar conferencias fuera de los templos, en las salas públicas. Especialmente abriga la esperanza de que la Iglesia no será impedida en su actividad humanitaria, pues ésta es su misión de amor. Cifra su esperanza que "las cosas mejorarán" también en lo que se refiere a la educación y la escuela.

Aboga por que el "espacio de la libertad" sea extendido a todos los miembros de la comunidad católica y o sólo al clero, ya que quienes actúan en la educación "deben ocultar sus creencias y prácticas religiosas, o temen las consecuencias si manifiestan que son creyentes."

A continuación el cardenal prosigue: "No se trata sólo de los docentes, sino también de los alumnos. Con razón esperamos que las autoridades competentes tomarán serias medidas con el fin que no se repitan los procedimientos que impedían a los niños y los jóvenes atender la doctrina cristiana y no humillarlos por ello. En general, que en todos los problemas se procederá con más realismo. Este, por lo demás, es el problema de los demás sectores de la vida social y no sólo del sector docente. Nosotros deseamos sectores de la vida social y no sólo del sector docente. Nosotros deseamos que cada creyente de facto tenga igual posibilidad para desarrollar su capacidad y ponerla al servicio de la comunidad conforme a su aptitud profesional, lo que, por lo demás, le garantiza la misma Constitución (art. 33 y 36).

A la pregunta del interlocutor si es necesaria la modificación de las leyes, el cardenal puntualizó que se trata más de la situación concreta y de la práctica que de la legislación. "Es más bien cuestión de ciertas personas que piensan que están aplicando las leyes, mientras que todavía se mueven en un clima tenso, del que deberíamos salir lo más pronto posible con un esfuerzo conjugado. Por eso debemos saludar a los hombres que contribuyeron a la apertura mutua y que se esfuerzan por despejar la atmósfera general. Creemos que esos esfuerzos, conducidos con madurez y si cobran mayores dimensiones, pueden significar gran contribución de experiencias y orientación también en la solución de los problemas contemporáneos en el plano internacional."

Preguntado si las iglesias pueden sentirse satisfechas con la legislación vigente en Yugoslavia, el cardenal respondió: "Usted sabe que los mismos Estados se dan cuenta de que ciertas leyes no son eternas ya que, de hecho, las leyes son provisorias y que en determinadas circunstancias sirven de instrumento para realizar el bien mayor de los ciudadanos. Por ello, las leyes cambian para adecuarse mejor al progreso de la comunidad. La Iglesia Católica en el Protocolo de Belgrado aceptó la legislación vigente en Yugoslavia como punto de partida. Ello, por cierto, presupone la posibilidad de evolución en la legislación relativa a los problemas religiosos para que no quede en zaga el desarrollo de la misma realidad y se torne en un anacronismo. Así, por ejemplo, hoy, después del Concilio Vaticano II y su posición claramente definida acerca de la libertad religiosa, sería un anacronismo, desprovisto del fundamental real, si las leyes sobre los asuntos religiosos arrancaran del punto de partida que el Estado con esas leyes debe proteger a los ciudadanos no creyentes de la injerencia de las comunidades religiosas."

A la última pregunta del interlocutor: "Por lo tanto, ¿su Eminencia se siente optimista?", el cardenal Seper contestó:

"Pues, nos empeñaremos y haremos todo lo posible para justificar este optimismo. Creemos que las comunidades católicas del pueblo croata y esloveno, como de los demás pueblos de Yugoslavia, desplegarán con madurez y empeño los esfuerzos para que se realice lo que el Santo Padre expresó en su discurso al enviado del gobierno de la República Sociales Federativa de Yugoslavia el 22 de diciembre de 1966: que la actividad de los católicos que, por cierto, en primer lugar tiende al bien espiritual de los creyentes a la vez `influya de modo más feliz sobre el desarrollo y el progreso de la comunidad total en sentido de la justicia, la libertad y la concordia'."

 

Declaración de la Organización Patriótica Macedonia

La 45ª Convención Anual de la Organización Patriótica Macedonia (MPO) de los Estados Unidos y Canadá que tuvo efecto en Cleveland, Ohio, del 3 al 6 de septiembre de 1966, al pasar revista de la situación de los pueblos subyugados de Yugoslavia, adoptó unánimemente la siguiente declaración:

Los acontecimientos ocurridos en Yugoslavia desde el comienzo del año en curso evidencian con toda claridad entre otras cosas:

1) Que el chovinismo serbio se sirve de todos los medios a su alcance para preservar la integridad de Yugoslavia.

2) Los comunistas serbios recurren a las maniobras más dispares en su intento para consolidar su dominio sobre otras nacionalidades esclavizadas.

3) La policía secreta (UDBA) es dueño absoluto de la situación en el país. Lo admitieron el mismo Tito como asimismo sus esbirros y partidarios.

4) Las diferentes nacionalidades resisten cada vez más la hegemonía serbia comunista.

5) Esta resistencia de las nacionalidades se refleja en el mismo Partido Comunista. Afecta su unidad o su carácter "monolítico", como Tito solía calificarlo. Ahora tal unidad resulta ser un mero mito.

6) Tito y su camarilla seguirán con sus "reformas" con el propósito de asegurar la posición privilegiada del Partido Comunista y mantener el país bajo su dominio.

7) La destitución de Rankovic, la purga en el partido, la rivalidad por el poder constituyen una pequeñísima parte de la larga serie de eventos desde 1912, que prueba que la idea de una Gran Serbia, bajo el rótulo falaz de Yugoslavia, trajo únicamente la perturbación en los Balcanes. Amenaza la paz mundial y termina con la devastación y el sacrificio de todos, incluso del pueblo serbio.

8) Las diferentes nacionalidades están decididas a conquistar su libertad e independencia por todos los medios y nada ya puede detenerlos de esa meta.

Tomando en consideración todos esos factores y otras series de factores pertinentes, la 45ª Convención de MPO apela a todos los pueblos oprimidos y a sus colectividades emigradas en el mundo libre para proseguir la lucha por la libertad e independencia de Croacia, Eslovenia, Montenegro, Voivodina, Macedonia y Servia y por la incorporación a los países respectivos de las regiones arrebatadas por fuerza por Belgrado.

Los croatas, los eslovenos, los montenegrinos, la población de Voivodina, los albaneses, los búlgaros macedonios, etc., deben colaborar para derrocar la dictadura comunista de Belgrado. El establecimiento de Estado libre e independiente para cada uno de dichos pueblos es el único camino seguro para facilitar una paz genuina y el entendimiento fraternal en este sector del mundo.

Nadie debe dejarse engañar por las falsas ideas de los comunistas servios. Nos hablan de una clase de la "libertad" económica, mientras que el Partido Comunista lo domina y controla todo. Mientras oímos y leemos acerca de una especie de "repúblicas", al mismo tiempo somos testigos de cómo se hacen grandes esfuerzos para serbizarlo todo en general. Los búlgaros macedonios saben eso mejor que otros. Las escuelas, los cuarteles militares y todas las instituciones en Macedonia en poder de Yugoslavia tienen como tarea principal desde hace 22 años sofocar la conciencia nacional búlgara en el pueblo y recurriendo a la llamada nacionalidad "macedonia" lograr su servización. Según el mismo modelo, los croatas musulmanes en Bosnia y Herzegovina fueron clasificados oficialmente como "de nacionalidad indefinida" con el fin que un día puedan con mayor facilidad declararse servios.

Estas falacias chovinistas servias deben ser rechazadas para asegurar la paz y la libertad de todos en los Balcanes.

¡Adelante con la creciente resistencia contra la dictadura de Belgrado!

¡Que haya libertad e independencia para Croacia, Eslovenia, Voivodina, Montenegro, Macedonia y Servia en aras de una verdadera y duradera paz y entendimiento entre los pueblos!

Tal el deseo de la 45ª Convención Anual de las Organizaciones Patrióticas Macedonias.

Cleveland, Ohio, 6/9/1966.

 

Notas y comentarios

In memoriam Ernest Pezet

Milan Blazekovic, Buenos Aires

El 21 de noviembre de 1966 falleció, en París, a la edad de 79 años, Ernest Pezet, parlamentario francés y escritor político. Fue uno de los más grandes amigos de Yugoslavia en Francia, conforme lo declaró él mismo. Pero, conociendo a fondo las condiciones políticas y las relaciones entre los croatas y los serbios tanto en la Yugoslavia monárquica como comunista, Pezet fue un auténtico amigo de los croatas, sin el sentimentalismo perjudicial que a menudo se manifiesta en la amistad de los franceses con Serbia y los serbios y en detrimento de las víctimas del pequeño imperialismo panserbio.

Ernest Pezet nació el 6/12/1887 en Rignac (Aveyron). Antes de la Primera Guerra Mundial inició su actividad política cuando, tras dictar cátedra en las escuelas privadas, se adhirió al político católica Marc Sagnier en el periódico "Democratie" y luego, en 1917, fue designado redactor en jefe de L'Ame Française, órgano del Rassamblement Démocrate Chrétien. En 1919 fue director de La Voix du Combattant. Fue uno de los promotores de la democracia cristiana en Francia (Parti Démocrate Populaire) y desde 1928 diputado por la provincia Morbihan. De 1932 a 1940 se desempeñó como informante y secretario permanente de la comisión parlamentaria para asuntos exteriores de la Europea central y oriental, y antes de estallar la Segunda Guerra Mundial fue nombrado vicepresidente de dicha comisión. En el mismo cargo continuó en el período 1945-1958. Al terminar la guerra se afilió al Movimiento Republicano Popular (M.R.P.), fundado en noviembre de 1944. Fue elegido diputado para la asamblea constituyente, y en los comicios de 1946 fue elegido senador de los franceses residentes en el extranjero. Fue también vicepresidente del senado y delegado de Francia ante las Naciones Unidas y en la conferencia de paz. En 1959 fue elegido miembro honorario del parlamento. Se lo honró y distinguió al conferirle al orden de Commandeur de la Légion d'honneur.

Pezet escribió una treintena de libros. Los que datan del período 1922-1930 son más bien de carácter político-partidista; los publicados entre 1930 y 1959 tratan temas de interés europeo general o se refieren a los problemas de determinados países europeos. Edouard Herriot, Henri de Jouvenel, A. Tardieu y J. Péricard escribieron los prólogos de algunas de sus obras.

Siendo especialista para el Sureste europeo y al mismo tiempo un político, no dependió tan sólo de las informaciones oficiales serbias, puesto que tuvo acceso a los círculos croatas y eslovenos de orientación católica. Pezet conoció muy bien la situación imperante en Yugoslavia desde su constitución y los peligros que las tensiones existentes entrañaban -sobre todo durante la dictadura del rey Alejandro Karageorgevic- no sólo para la existencia de Yugoslavia sino también para la paz en Europa, pese al optimismo de la prensa yugoeslava y francesa de inspiración oficialista. Pezet visitó varias veces a Yugoslavia, mantenía correspondencia con destacadas figuras políticas de todas las corrientes y confesiones en Serbia, Croacia y Eslovenia, salvo -como dice expresamente- con los socialistas y los separatistas. Recogía el material en que dijo la verdad cruda acerca de la realidad yugoslava, procurando prevenir a sus compatriotas contra eventuales e ingratas sorpresas y señalar a la prensa, al parlamento y a la opinión pública de Francia el grave peligro que se cierne sobre Yugoslavia, vista con tantas ilusiones y esperanzas infundadas.

Deseoso en primer lugar de informar a sus connacionales y luego de salvar la unidad de Yugoslavia, unidad que debería fundarse no en la fuerza y la violencia sino en la conformidad de todos los pueblos que la integran, Pezet escribió su libro La Yougoslavie enpéril?, en colaboración con el profesor Henri Simondet, quien se ocupó de la parte histórica. El libro fue publicado en 1933 (Librairie Bloud & Gay, París 1933, pp. 281). Esta significativa advertencia a los factores políticos responsables de Francia y Yugoslavia no sólo implicaba una crítica abierta del panservismo en todos los sectores de la vida pública en Yugoslavia, sino a la par entrañaba la defensa de los derechos y postulados nacionales croatas. No es de extrañar, pues, que este libro de Pezet, aunque escrito con la evidente intención de conservar la unidad de Yugoslavia, parte integrante de la Pequeña Entente como pilar del sistema francés de seguridad política centro-europeo, haya sido prohibido en Yugoslavia. Igual suerte correrán sus obras posteriores sobre Yugoslavia.

Después del atentado de Marsella en 1934, Pezet publicó su estudio Le drame de Marseille et ses conséquences centro-européennes (Vie intellectuelle, 1934) en el que expuso no sólo la actividad y la estructura de las organizaciones revolucionarias croatas (ustasha) y macedonia, las implicaciones en el plano externo del problema croata y macedonio, sin que nuevamente señaló que Yugoslavia es insostenible a menos que a tiempo sobrevenga su total reforma en base federativa y en espíritu de auténtica democracia y la libertad de sus nacionalidades. Como en Yugoslavia después del atentado de Marsella rigió una censura aun más rigurosa, este estudio quedó casi desconocido a la opinión pública de ese país. Después del atentado de Marsella su libro La Yougoslavie en péril? cobró gran actualidad en Francia y fue citado por los defensores en el proceso en Aix-en Provence como prueba de que los atentadores tuvieron por móvil motivos patrióticos.

Cuando el 21 de diciembre de 1958 en la cripta de Sainte Odile el R. P. Teodoro Dragun entregaba al público su libro Le Dossier du cardinal Stepinac, Ernest Pezet disertó en esta ocasión y ubicó al "affaire" Stepinac con l'Affaire Dreyfus, fue publicada en 1959 como un fascículo bajo el título Stepinac-Tito, contextes et éclairages de L'Affaire (Nouvelles Editions Latines, París 1959, pp. 30), y en 1960, en una versión un tanto abreviada en castellano, publicada en Studia Croatica (Buenos Aires, 1960, año I, nro. 1, pp. 10-20).

Pezet, pues, se ocupa tres veces de la situación política en Yugoslavia y de su problema central, la relación serbio-croata, y teniendo en cuenta las tendencias irredentistas de algunos de sus vecinos aboga por la federalización y la auténtica democratización del país. Idénticas ideas sostuvieron algunos otros internacionalistas, los paladines de la unidad yugoeslava como Wickham Steed y Seton Watson, cuyas cartas de 1932 Pezet publicó en el anexo de su primer libro junto con el manifiesto de prestigiosas figuras británicas, publicado en Manchester Guardian el 24/12/1932. Pese a conocer a fondo el problema Pezet, empero, como otros abogados de la unidad yugoeslava no apreció con acierto la incapacidad de los serbios para convivir en el mismo Estado con cualquier otro pueblo no serbio. Pues, además de tantas otras diferencias entre croatas y serbios, resalta el hecho de que los croatas -con gusto o no- convivieron durante siglos en mancomunidad con otros pueblos de la misma órbita cultural, mientras los serbios, casi al mismo tiempo, o fueron subordinados al poder extranjero o vivieron en su Estado unitario autocrático y nacionalmente homogéneo y no se acostumbraron a distinguir la nacionalidad del Estado y compartir democráticamente el poder con cualquier otro pueblo. Por ello fracasó la tentativa de consolidar a Yugoslavia mediante la creación de Banovina Hrvatska (autonomía de Croacia) en vísperas de estallar la segunda conflagración mundial, sino que, por el contrario, estimuló a los serbios para acelerar el derrumbe de Yugoslavia. Por la misma razón, el sistema seudofederativo actual de la Yugoslavia comunista no resolvió ni puede resolver su problema nacional.

Este hecho no lo percibieron en su tiempo ni muchos políticos croatas, de manera que no se puede reprochar a Pezet sus ilusiones que fueron creadas, en circunstancias diferentes incluso, por algunos croatas. En la línea de tal Yugoslavia ideal, por mucho que hoy por hoy nos parezca paradojal, Pezet, en su condición de político honesto y prudente, se convirtió en un sincero amigo del pueblo croata.

Tito y la guerra árabe-israelí

Jure Petricevic, Brugg, Suiza

Nueva situación para los croatas y demás pueblos oprimidos en Yugoslavia a raíz del incondicional apoyo de Tito a los soviéticos contra los israelitas.

La breve guerra israelí-árabe de junio de 1967 significa un vuelco importante en las relaciones de Yugoslavia con los países democráticos occidentales, encabezados por los Estados Unidos, como asimismo en cuanto a las relaciones de fuerzas en el plano interno de Yugoslavia. Al condenar en forma radical a Israel y al romper las relaciones diplomáticas con ese Estado, luego al compartir la actitud de la Unión Soviética y al tomar parte en la conferencia del bloque de la Europa oriental (excepción hecha de Rumania), Tito perdió el apoyo de influentes factores en los Estados Unidos que hasta hace poco lo respaldaron política y económicamente. Ya desaparecieron los últimos vestigios de la comprensión y simpatía de que gozaba en la opinión pública occidental la anterior política de Tito encaminada a independizarse de Moscú. Tito y Yugoslavia perdieron el respaldo y la ayuda en los círculos oficiales del occidente democrático y de la opinión pública que durante años contribuyeron a su supervivencia. Eso tendrá largos alcances para la posición internacional de Yugoslavia, internamente desgarrada. Como Tito a causa del pendiente problema de la resistencia de las nacionalidades opuestas a la supremacía granserbia fue arrastrado por la oposición croata-esloveno-macedonia en el Partido Comunista, se enfrentó con las fuerzas del Rankovic soviética, tramaron planes para dar un vuelco y asumir el poder. La víctima de ese putsch habrían sido no sólo los opositores comunistas en Croacia, Elovenia, Macedonia y Kosmet, sino el mismo Tito. Con la adhesión pública a la política soviética con motivo de la guerra árabe-israelí. Tito mejoró su situación personal; con esa maniobra paralizó a las fuerzas granserbias, las que para asumir el poder por la fuerza podían contar únicamente con la ayuda soviética. Ese salto de Tito afianzó transitoriamente su tambaleante posición, puesto que para los jerarcas soviéticos él tiene hoy mucho más importancia y valor que los desplazados extremistas granserbios de Rankovic. En el plano internacional Tito, al solidarizarse con Nasser, rinde a la Unión Soviética, como potencia, gran servicio, facilitando a la vez el fortalecimiento de la influencia soviética en Yugoslavia. Mas, Tito en ese juego con los círculos granserbios actúa como guardián de Yugoslavia. Pero sigue con su vieja política de improvisaciones sin fundamentos sólidos. El fin primordial de esa política es siempre igual: ejercer el poder y mantenerse a flote a toda costa. Tito, en el plano interno, debe ser ascenso y su mantenimiento en el poder a las fuerzas granserbias. Destituido Rankovic, cayó en desgracia en esos círculos. Al censurar la Declaración sobre el idioma literario croata y al repudiar a los intelectuales croatas que la firmaron, en parte Tito mejoró su posición ante los serbios. Ahora, adoptando la línea moscovita en la guerra árabe-israelí quiere asegurarse la espalda en el plano internacional frente a los círculos granserbios.

Dicha situación implica para los croatas y otros pueblos no serbios en Yugoslavia nuevos aspectos en la política interna y externa en su lucha contra el granservismo. Pero, ante todo huelga analizar la actitud soviética y norteamericana en la guerra árabe-israelí y en una eventual pequeña guerra local de los pueblos no serbios de Yugoslavia contra Serbia, es decir en una guerra local balcánica que se vislumbra en el horizonte como una de las posibilidades como secuela de la continuada crisis en Yugoslavia. La guerra árabe-israelí, igual que la vietnamita, está signada por la política de coexistencia de las grandes potencias: los Estados Unidos y la Unión Soviética. La relación entre esas dos potencias, esos dos imperios, está determinada por la decisión recíproca de eludir un conflicto bélico entre ellos que inevitablemente desembocaría en la guerra atómica y probablemente los llevaría a la destrucción mutua. Ante ese postulado primario fenecen todas las consideraciones ideológicas y de otra índole. Ese postulado cobra vigor e importancia al aparecer China como nueva gran potencia, enemiga tanto de los Estados Unidos como de la Unión Soviética. La reinvindicación china de vastas áreas a expensas de la Unión Soviética y la tendencia de Pekín de eliminar la influencia de Moscú en Asia y Africa determinan en primer la estrategia política soviética que, en vista del peligro chino, impone gradualmente el arreglo de las relaciones con Washington y una coexistencia permanente del imperio soviético y norteamericano, pese a los contrastes ideológicos y otros.

La bomba atómica y el peligro común chino hacen imposible hoy una nueva guerra mundial, lo que regirá muy probablemente también en el futuro. Por cierto, el temor a la guerra atómica juega también en los planos chinos un papel decisivo, de modo que en el Vietnam las tres potencias -los EE.UU., la Unión Soviética y China comunista- evitan cuidadosamente un conflicto bélico directo. Esta norma la observaron estrictamente Washington y Moscú en el conflicto árabe-israelí. Los árabes recibieron armas soviéticas e Israel las occidentales y podían pelear hasta el exterminio mutuo, pero los superiores intereses estatales de Norteamérica y de la Unión Soviética no han permitido ni permiten que esa guerra, local desde el punto de vista de las grandes potencias, se extienda a una guerra mundial. Parece que los árabes contaban seriamente con la intervención militar de su aliado soviético. Según distintas noticias procedentes de Yugoslavia se infiere que ciertos círculos comunistas de Belgrado contaron también con la agresión militar soviética contra Israel y que se sintieron decepcionados al no producirse la agresión esperada. Sin embargo, ponderando la situación política actual global, ni los norteamericanos pudieron intervenir militarmente. Las potencias de segundo orden, como Francia y Gran Bretaña, se han distanciado con toda claridad de cualquier intervención militar, a diferencia de los sucesos ocurridos en 1956 cuando esos dos países atacaron al Egipto como aliados del Israel.

Es preciso tener en cuenta dichas relaciones entre las grandes potencias al apreciar el desarrollo ulterior en Yugoslavia. Las posibilidades que vislumbraban ciertos resistentes al granservismo y comunismo en la "intervención norteamericana" palidecen gradualmente. Cada día prevalece más la persuasión de que los pueblos cautivos de Yugoslavia no serán liberados con la ayuda militar norteamericana o de quien sea sino con sus propias fuerzas en determinada coyuntura internacional. Ahora es sumamente importante que los círculos hegemonistas serbios se den cuenta que su dominio sobre los croatas y otros pueblos no serbios y minorías nacionales no será preservado y mantenido por la intervención militar soviética sino que en primer término la verdadera relación de fuerzas en Yugoslavia será el factor determinante del resultado final de la lucha.

Empero, la situación en el sureste europeo y en Yugoslavia difiere de la situación que impera en el Cercano Orienta o el Asia Oriental. Aunque la actitud principista de Moscú y de Washington permanece inalterable, cabe tomar en cuenta las circunstancias específicas en la Europa Suroriental, especialmente con respecto a Yugoslavia.

Mediante un acuerdo tácito entre Washington y Moscú, Yugoslavia, terminada la última guerra mundial, fue incluida en la zona de interés soviético. Por otra parte, se sabe que los soviéticos todavía mientras negociaban en Yalta a principios de 1945 contaron con el reparto de las zonas de influencia respecto a Yugoslavia en la mitad oriental y occidental y que Stalin y Churchill habían llegado a un acuerdo sobre el particular. Hasta parece que Stalin estaba dispuesto a reconocer al Estado Independiente de Croacia, o sea la creación del Estado de Croacia, incluso el régimen de Pavelic. Esa vacilante política soviética igual que el actual proceso disgregador del Estado de Yugoslavia señalan que los soviéticos aceptarían la repartición de Yugoslavia según el criterio nacional en caso de no poder conservarla como un todo bajo su influencia y si los contrastes nacionales internos originan su desintegración. Los jefes soviéticos, como políticos realistas que son, no quieren la guerra mundial y atómica. Procurarán asegurarse en la nueva situación la mayor influencia posible en dicho territorio.

A favor del proceso señalado habla también el hecho de que Yugoslavia no es miembro del Pacto de Varsovia, que comprende a los países comunistas de la Europa Centro-oriental, dirigido por la Unión Soviética. Si la Unión Soviética interviniera militarmente en el caso de producirse conflictos internos en Yugoslavia, entonces formalmente saldría del marco del bloque de los Estados que integran el Pacto de Varsovia, con lo que chocaría con los intereses de los Estados Unidos y de Francia. Por otra parte, las dificultades políticas dentro del bloque de Varsovia no favorecerían semejante intervención. Por supuesto que ni los Estados Unidos ni la NATO ni cualquier otra potencia podrían intervenir en caso de producirse conflagraciones internas en Yugoslavia, desde que Yugoslavia es un país neutral frente a los actuales bloques militares (la NATO y el Pacto de Varsovia).

Es muy probable que en el caso de perturbaciones internas en Yugoslavia, la Unión Soviética y el Occidente, respectivamente, apoyarían de modo indirecto política y militarmente a sus protegidos. Con esa posibilidad cabe contar sobre todo si los Estados vecinos en Yugoslavia, como ser: Albania, Bulgaria y Rumania, intervienen en esos sucesos. La actual situación política labil en Yugoslavia y en los Balcanes fácilmente puede desembocar en conflictos armados de carácter local. Los pueblos oprimidos de Yugoslavia deberían ya extraer conclusiones, habida experiencia de su reciente pasado, de no seguir ciegamente a líderes y rígidas posturas y programas ideológicos sino guiarse por los intereses propios y generales. Eso vale especialmente hoy para los comunistas croatas, eslovenos y macedonios que ocupan puestos clave en la fase actual de la liberación nacional.

Tito y Yugoslavia perdieron simpatías y amigos en Occidente

La declaración contra Israel que formuló Tito el 5 de junio de 1967, su participación el 9 de junio de 1967 en la reunión en Moscú que congregó a los jefes de los partidos comunistas y gobiernos de los Estados de la Europa Centro-oriental, la intensa acción de Yugoslavia en la asamblea extraordinaria de las Naciones Unidas, convocada con motivo de la guerra israelí-árabe, y el papel especial que desempeñó Tito en el proceso de dicho conflicto constituyen en doble sentido un vuelco importante en la posición internacional de Yugoslavia.

Por un lado, Tito sin muchas reservas se alistó en el bloque comunista oriental bajo la égida soviética, poniendo virtualmente término al conflicto que tuvo con Stalin y a las posteriores tensiones surgidas con los sucesores de Stalin. Tito en el último decenio gradualmente dejó de ser el cismático en el bosque soviético y ahora en el plano internacional se subordinó públicamente a la política de la Unión Soviética en un conflicto de gran envergadura. De ese modo Tito inauguró la fase final de la política del bloque de "los no alineados", que en forma teatral trató de llevar a cabo con sus amigos Sukarno, Nasser y Nehru (ahora con Indira Gandhi), quienes a la vez le certificaban y lo lisonjeaban por haber supuestamente resuelto con éxito los problemas internos políticos, económicos, sociales y religiosos.

Por otro lado, Tito y Yugoslavia con su actitud en la guerra árabe-israelí perdieron en Occidente apoyos muy importantes. Se trata de distintos círculos liberales, intelectuales y judíos, en primer lugar en los Estados Unidos. Bajo la influencia de dichos grupos de gobierno de Washington practicaba durante años una política amistosa hacia Tito y Yugoslavia. Dicho curso político por cierto tiempo perjudicó a los pueblos oprimidos y las fuerzas democráticas en Yugoslavia. Esa política norteamericana cambiaba gradualmente en los últimos años. Ahora finalmente está terminada e imposibilitada. Incluso perdió todo justificativo formal.

La mayor parte de la opinión pública en el Occidente hasta la guerra árabe-israelí favorecía a Tito. Mas, como esa opinión pública se inclinó a favor del Israel. Tito con su acción radical contra Israel no sólo perdió las simpatías restantes sino que suscitó desagrado y sentimientos hostiles en la Europa occidental y en América. No es necesario probar que los círculos judíos, muy influyentes, se trocaron en acerbos adversarios de Tito y de Yugoslavia.

Este vuelco en la actitud de los países occidentales será un factor importante en el acontecer político interno de Yugoslavia. Los reclamos de los pueblos oprimidos a ejercer el derecho de autodeterminación y a la liberación nacional muy despacio fueron atendidos con comprensión en el mundo democrático occidental. Ahora en ese aspecto la situación cambia a favor de los croatas y otros pueblos no serbios en Yugoslavia. En los ulteriores e inevitables conflictos y choques que se producirán, esos pueblos contarán con la simpatía y el apoyo de los círculos oficiales y la opinión pública de los países democráticos occidentales. Ya cabe hablar y con justa razón del vuelco psicológico, y particularmente político, en la actitud del Occidente para con los pueblos oprimidos de Yugoslavia. La resistencia nacional de los croatas, eslovenos, macedonios y otros se vuelve más fácil y entra en una nueva fase.

Al pasarse Tito al bloque soviético se fortalecen las tendencias democráticas y se debilitan las fuerzas golpistas granserbias

Cuando destituyó a Rankovic, Tito apoyó a la oposición en el Partido Comunista y en los Briones actuó como su portavoz. Para consolidar su posición vacilante entre los serbios, quienes le facilitaron la toma del poder y lo respaldaron hasta la caída de Rankovic, Tito muy pronto, después de las conclusiones de Brioni, se volcó contra la oposición integrada por los comunistas croatas, eslovenos, macedonios y albaneses. Su primer paso en ese sentido fue el indulto de Rankovic y Stefanovic, o sea la suspensión del proceso penal contra ellos y sus cómplices granserbios. El repudio que manifestó Tito contra la "Declaración sobre la posición de la denominación del idioma literario croata" y contra sus firmantes es otra gran concesión a los granserbios o al "yugoeslavismo" afín con la concepción granserbia. Mas Tito, en presencia de las fuerzas de Rankovic, no se sentía seguro. Esas fuerzas, al parecer, preparaban un golpe de Estado y las víctimas serían no sólo los reformadores y los comunistas de orientación democrática sino el mismo Tito. Como esas fuerzas, con o sin Rankovic, elaboraban vínculos muy estrechos con los soviéticos y, con o sin fundamento, contaban con la ayuda soviética, Tito no se sentía seguro.

Probablemente esta debilidad suya jugó papel importante en su acción activa y radical y su alineación incondicional con la política soviética durante el conflicto bélico israelí-árabe en junio último. Tito se dio vuelta en favor de los chovinistas serbios que ahora se ven obligados a anteponerlo a la camilla golpista de Rankovic, puesto que ella podría resultar una hipoteca para la Unión Soviética con el riesgo de no vencer a sus enemigos internos sin la intervención directa soviética que, dadas las complicaciones internacionales, constituiría un riesgo demasiado peligroso. De ese modo quedó paralizada, por lo menos por algún tiempo, la camarilla golpista granserbia, en su esfuerzo por asumir el poder.

Con ello se dieron condiciones favorables para la oposición en las filas comunistas. Su adversario más peligroso momentáneamente está debilitado y relegado. Tito debe proseguir con el juego del equilibrista y no puede ir hasta el fin en la contención de la oposición, mientras sigue desempeñando el papel del guardián de la compelida unión yugoeslava con el poder central granserbio, pero sin Rankovic y sus elementos golpistas. Para permanecer en el poder Tito nuevamente dio satisfacción a los serbios, si bien a medidas. Esta nueva relación de fuerzas brinda a la oposición tanto comunista como democrática mayores posibilidades de acción, de modo que puede nuevamente agruparse y apuntar a nueva acciones. La nueva situación favorece ese proceso y posibilita la salida del estancamiento, surgido tras la acción contra los firmantes de la Declaración respecto al idioma literario croata.

La creación artificial de la psicosis bélica

En Yugoslavia se está creando oficialmente y en forma sistemática la psicosis de guerra en las vastas capas populares. El motivo principal de esa acción es la debilidad del régimen que, suscitando el temor a la guerra y a los enemigos externos, tiende a consolidar su posición y desviar la atención pública de las dificultades internas. No cuesta inventar motivo para semejante psicosis. Yugoslavia señala hábilmente a dos países como peligro de guerra: Grecia e Italia. La dictadura militar en Croacia es interpretada en ciertos círculos yugoslavos o sólo como el fracaso del régimen democrático y la implantación de la dictadura sino como un plan premeditado de las potencias occidentales bajo el amparo de Washington para amenazar a los países comunistas vecinos y particularmente a Yugoslavia. Un peligro similar si no mayor se ve en Italia. Dentro del bloque defensivo del Atlántico Norte, los Estados Unidos de América, a raíz de las dificultades con Francia, supuestamente habría asignado a Italia un papel especial en el Mediterráneo. Como en Italia últimamente hubo voces y acciones en pro de la incorporación de Istria y Dalmacia a Italia, estas manifestaciones irredentistas de los elementos extremistas y chovinistas italianos fueron útiles al grupo granserbio en Yugoslavia, deseoso de debilitar a sus adversarios creando la psicosis bélica. Aquí nuevamente coinciden los esfuerzos de los chovinistas italianos y serbios en detrimento de los croatas y los eslovenos. Es la tradicional política anticroata de Serbia y Italia, ahora bajo nueva forma.

Si bien es obvio que las fuerzas irredentistas en Italia empezaron a actuar con mayor libertad insistiendo en sus reclamos de la costa oriental adriática, esas acciones no pueden atribuirse a la política norteamericana. Los Estados Unidos, juntamente con Gran Bretaña y Francia, son responsables del trazado y la garantía de la frontera ítalo-yugoslava. Bajo su influencia se arregló la cuestión de Trieste. Ni la política estadounidense ni la de la NATO tienden a alterar esas fronteras, lo que tendría graves consecuencias frente a la Unión Soviética. Eso significaría un intento violento de cambiar las fronteras desde afuera. Semejante acción no condice con la concepción norteamericana, que no quiere conflicto bélico con la Unión Soviética. El gobierno de Washington no puede, por tanto, correr la aventura bélica ni en forma directa ni por intermedio de algún aliado en el bloque militar atlántico. Por ello, el respaldo norteamericano de la campaña militar italiana contra las costas croatas y eslovenas sería contrario al curso político posbélico de Washington. Eso lo saben bien Tito y sus amigos granserbios, que intencionalmente explotan los excesos extremistas en Italia con el fin de atemorizar a los pueblos no serbios y de modo especial a los croatas y eslovenos, que son la espina dorsal de la resistencia al granservismo, disfrazado del unitarismo yugoslavo.

De modo diferente se plantea el problema de los grandes cambios políticos en Yugoslavia y la eventual disgregación del multinacional Estado yugoslavo en varios Estados nacionales en virtud de los contrastes internos y del derecho a la autodeterminación nacional. En ese caso los cambios se producirían sin la injerencia militar de Grecia e Italia como miembros del bloque atlántico bajo la égida de los Estados Unidos. Tales cambios se operaría bajo el impacto de las fuerzas internas y ese postulado, por motivos ya expuestos, estimula tanto a la Unión Soviética como a los Estados Unidos abstenerse de la intervención militar. La evolución actual en Yugoslavia sigue ese rumbo.

Paralelamente con la creación artificial de la psicosis bélica los chovinistas serbios tratan de reavivar los viejos contrastes entre los croatas y la minoría serbia en Croacia. Se lanza en las regiones croatas y especialmente en Banija y Kordun volantes en los que se amenaza a la minoría serbia en Croacia con matanzas. Aunque es difícil averiguar y comprobar quién los escribe y difunde, lo más probable es que los redacte y difunda UDBA (la policía secreta) con la objeto de aglutinar, en la precaria situación actual, a la minoría serbia con el régimen granserbio y el Estado, llevándolos así al polo enemigo a los croatas, eslovenos y macedonios. Según este cálculo, la minoría serbia en Croacia, Macedonia y Kosmet sería el puntual más seguro del centralismo granserbio para reprimir los anhelos y acciones en favor de la liberación nacional. Con ello, el régimen de Tito instiga artificialmente viejos conflictos y busca en las minorías serbias sus últimos defensores y salvadores.

Sin embargo, esos cálculos están condenados al fracaso. Ni los extremistas croatas más acerbos sostienen programas de exterminio de la minoría serbia. Incluso esos grupos aislados extrajeron conclusiones del exterminio recíproco serbio-croata y hoy día abogan por la cooperación. Aun en el caso increíble de que tales programas tomaran cuerpos, tropezarían con el severo repudio de la opinión pública croata y de los factores influyentes en Croacia y en el exilio. La política y la lucha de los pueblos oprimidos de Yugoslavia por la liberación nacional no puede basarse en lucha contra las minorías serbias y en la guerra hasta el exterminio. Tampoco Serbia y los serbios pueden llevar una política de exterminio de los croatas, según los planes anteriores. La experiencia de la última guerra obliga tanto a los serbios como a los pueblos oprimidos a buscar soluciones permanentes, respetando los derechos y la existencia recíprocos dentro de sus respectivos Estados nacionales.

 

Los primeros resultados de la reforma económica en la República Socialista Federativa de Yugoslavia

Tihomil Radja, Friburgo, Suiza

Desde que se inició hace dos años en la Yugoslavia comunista la llamada reforma económica, tanto en Occidente como el Oriente aparecieron abundantes comentarios más o menos críticos, más o menos elogiosos. Los comentarios oficiales yugoslavos, tras la experiencia de dos años, son optimistas, mientras que los círculos económicos y las masas populares miran esta reforma con bastante criticismo y la comparan abiertamente con la reforma de 1962, fracasada rotundamente.

El período transcurrido de dos años es suficiente para poder apreciar, desde el punto de vista netamente económico, los resultados obtenidos y contestar dos preguntas fundamentales:

Primero: ¿Se logró detener el alza rápida de los precios y ajustarlos a las relaciones de la oferta y la demanda, uno de los objetivos primordiales de la reforma?

Segundo: ¿Se pudieron equilibrar de alguna manera las relaciones económicas con el extranjero y crear de esa manera las condiciones favorables para que la economía de la Yugoslavia comunista se vincule normalmente con las economías de los países desarrollados en base a la convertibilidad de su signo monetario (dinar), lo que constituye otro objetivo de la reforma?

I

Recurriendo a los datos oficiales cabe afirmar que el alza de los precios es todavía demasiado rápida. Según los datos de junio de 1967, la tasa del aumento de los precios oscila alrededor del 8% por año, que podemos calificar como el crecimiento inflacionario de los precios. Además, en los primeros meses de aplicación de la reforma los precios habían aumentado hasta el 40%, tasa característica de la llamada inflación galopante.

Es menester recalcar que los precios aumentan aunque la cantidad de los ocupados disminuya y por tanto se reduce el poder adquisitivo de la totalidad de la población. En los últimos dos años quedaron cesantes más de 200.000 obreros y empleados, lo que provocó y sigue provocando numerosas "suspensiones de trabajo", vale decir huelgas. A causa del crecimiento natural de la población aumenta, por supuesto, "el ejército de los desocupados": a fines de mayo fueron registrados 263.000 desocupados y sólo siete mil nuevos puestos de trabajo. Esta situación afecta en mayor medida a los jóvenes que terminan sus estudios, mientras que los mayores van al extranjero en busca de trabajo y de pan. Se calculó que se número a fines del año 1967 alcanzaría 400.000, lo que equivale al 12 o al 15% de todos los empleados en el sector estatal de la economía yugoeslava. Si se toma en cuenta que tan sólo 9 millones de habitantes viven del sector privado (campesinos, artesanos, profesiones libres), cuesta creer que el régimen puede llevar a cabo con éxito una reforma económica sin la participación y la voluntad de la mayoría del pueblo. Con muchas otras, ésta es una de las fundamentales contradicciones económico-políticas del actual régimen comunista.

Un aumento acusado y constante de precios prueba que la oferta de bienes y servicios no satisface la demanda. La producción industrial -sin hablar de la agricultura- no aumenta, aunque sería lógico que siga el aumento de los precios y la población. Hay dos razones principales para ello. La primera es que, pese a todas las medidas de descentralización y de proclamada autogestión obrera, las empresas económicas en el fondo no se han independizado, lo que es imposible allí donde reina la confusión general sobre el papel del Estado en la economía, sobre las relaciones de la propiedad y la libertad de hacer negocios. Basta mencionar que las empresas, después de la reforma, disponen como promedio apenas del 60% del ingreso total, no de las ganancias, para que tengamos una idea cabal sobre la participación del Estado en la economía. La segunda razón es que muchas empresas se enfrentan con el problema de la venta de sus productos tanto en el mercado interno como, en mayor grado aun, en el mercado externo. Nadie compra los artículos de las llamadas "fábricas políticas", lo que termina en el quebranto de numerosas empresas, levantadas con valiosos fondos extranjeros.

II

La escasez de la mercadería reclamada se subsana en mayor parte con la importación, que aumentó el año pasado el 22%, mientras la exportación creció mucho menos. Esa es la razón del desequilibrio entre la importación y la exportación; la exportación alcanzó en 1965 el 85% del valor de la importación; y en 1966 al 78%, mientras que en el primer trimestre de 1967 llegó a 75%, lo que incrementa notablemente la deuda exterior.

A fines de 1966 la deuda externa de la Yugoslavia comunista totalizó 2.177 millones de dólares, aumentando en relación al año 1965 en 858 millones de dólares. Esa suma representa más de un tercio del ingreso total anual nacional y es 24 veces superior a las reservas oficiales en oro y divisas extranjeras, las que -dicho de paso- no pueden cubrir ni un mes de la importación normal de mercadería. A corto plazo, en un año, la deuda exterior aumentó últimamente en 160-70 millones de dólares. El gobierno comunista yugoslavo consiguió prorrogar ciertas deudas, pero -en opinión de los especialistas- el pago de la deuda exterior en los años próximos debería llegar a 200 millones de dólares en concepto del capital y otros 60 millones en concepto de intereses devengados, lo que quiere decir que todos los años habrá que separar la cuarta parte de la exportación para el pago de las viejas deudas externas. A ello deberán sumarse los intereses que devengan las nuevas deudas que el gobierno de Belgrado contrae diariamente en el extranjero, tanto en el Oeste como en el Este. En estas condiciones la convertibilidad del dinar podrá esperar un decenio más.

* * *

Todos esos hechos indican que la reforma de 1965 es una medida fallida igual que la reforma de 1962. De otra manera no puede ser en las condiciones del "socialismo estatal", basado en el monopolio del poder político y económico. Sin embargo, la reforma de 1965 constituye un importante progreso en la desintegración del sistema comunista y de Yugoslavia como comunidad estatal. Las fuerzas reaccionarias comunistas, los privilegiados ex guerrilleros y la política lo presienten al reclamar, con mayor o menor disimulo, el retorno a lo viejo y "el fortalecimiento de los vínculos comerciales con nuestros pares". Empero, no hay retorno a lo viejo, pues tal retorno suscitaría la rebeldía general de las masas trabajadoras, ni tampoco sería favorable desde el punto de vista de la situación internacional. Cabe -en el plano económico- una reforma más como la de 1965 y el sistema económico comunista será enterrado para siempre y con él su "superestructura ideológica", la llamada República Socialista Federativa de Yugoslavia.

 

Acto de solidaridad con Vinko Nikolic

(El 14 de julio de 1967 el prestigioso diario "La Nación" publicó una extensa información sobre el acto público, organizado en Buenos Aires relacionado con la prohibición de la renombrada publicación de los exiliados "La Revista Croata" -Hrvatska Revija- y expulsión de su director profesor Vinko Nikolic por el gobierno de Francia. A continuación transcribimos el texto íntegro del respectivo reportaje).

El Centro de Estudios San Ignacio efectuó un acto público de homenaje al escritor croata Vinko Nikolic y de condenación al comunismo, en los salones del City Hotel, Bolívar 160.

Abrió el actor el señor Héctor A. A. Danelli, que se ocupó de los fines de la institución nombrada, diciendo que "la creó un grupo de ciudadanos que comparten sentimientos o ideales comunes, inspirados en los valores irrenunciables que forman el patrimonio del pueblo argentino y responden al honor y a las más sanas tradiciones de la patria". Añadió que tiene por finalidad contribuir al perfeccionamiento moral, cívico y cultural de la población mediante conferencias quincenales en su sede de Bolívar 225. El lema de la entidad, expresó, es "fe con justicia y libertad", anteponiéndose la patria a todo interés partidario, personal o sectario. Además, entre otras cosas, combate "al comunismo internacional en toda forma y lugar y con cualquier nombre u organización que actúe".

Le siguió en la tribuna el presidente de la entidad, doctor Alejandro Dusssaut, que se refirió al origen y la evolución del pueblo croata. Luego de describir los sucesos que dieron origen a la llegada del comunismo a esas tierras, habló de los ciudadanos croatas que emigraron a nuestro país, formando una colonia que cuenta con cerca de 140.000 personas, radicadas en su mayor parte, en Chacabuco, Salto, Rojas y Pergamino, en la provincia de Buenos Aires; en Córdoba y Mendoza, y en Chovet, provincia de Santa Fe.

Como representantes más prominentes de la colectividad croata en la Argentina desde sus primeros tiempos, recordó a Nicolás Mihanovich, empresario naviero; Juan Vucetich, inventor del sistema de identificación dactiloscópica, y otros. De estos momentos, recordó a diversos profesores universitarios y técnicos, así como a artistas y a quienes formaron entidades culturales croato-argentinas.

El presidente del Club Cultural Croata Argentino, profesor Antonio Gazzari, habló posteriormente para reseñar la vida y obra del poeta Vinko Nikolic, que tuvo que elegir el camino del destierro al no compartir el ideario político comunista. Nikolic vino a la Argentina en 1947 -refirió-, e ingresó como bibliotecario en el Ministerio de Obras Públicas. En 1966 decidió ir a París para seguir estudios en La Sorbona, pero antes de terminar ese año debió salir de Francia por orden del Gobierno. De allí pasó a Alemania, donde edita actualmente la "Revista Croata".

El doctor Alejandro Vázquez, que ocupó la tribuna después, criticó a las autoridades francesas por la expulsión de Nikolic, subrayando el carácter de ciudadano argentino del poeta. Expresó, asimismo, que traía al acto la adhesión de "Voces de la Historia de los Hombres Libres", institución que propugna el afianzamiento de las libertades, difunde los principios de la democracia representativa y propicia la elevación cultural de los pueblos.

Cerró el acto Carlos Alberto Erro, en representación de la Sociedad Argentina de Escritores, recordando que la entidad había publicado una declaración de protesta y solidaridad con motivo de la medida tomada en Francia con el escritor croata. Dijo que se aprecian el sacrificio y el esfuerzo de Nikolic y que se valora muy de veras el significado trascendente de su actitud. Terminó manifestando: "Vinko Nikolic no está solo".

 

Contra la complacencia diplomática

(Discurso del doctor A. J. Vázquez en el acto público en homenaje al profesor Vinko Nikolic)

La expulsión del profesor Vinko Nikilic constituye una afrenta a la cultura, una amenaza para la libertad y una actitud desconsiderada para la Nación Argentina. El maestro croata adoptó nuestra ciudadanía de acuerdo a los términos de la ley346 y al hacerlo asumió responsabilidades, pero también adquirió derecho que no pueden discutirse. Entre éstos el de protección de la República para que, en cualquier lugar del mundo donde resida pueda gozar de los atributos esenciales que nuestro régimen jurídico reconoce a todos los habitantes. Esta potestad de los países, de proteger a sus nacionales -se trate de nativos o naturalizados- hace a la propia soberanía de sus pueblos y su ejercicio debe aparecer rigurosamente respetado entre naciones que aceptan las normas del derecho internacional consagradas en los tratados bilaterales o multilaterales, y que emanan del derecho de gentes. Al disponer la expulsión de su territorio de este destacado ciudadano argentino, el gobierno de Francia ha cumplido un acto inamistoso para nuestro país. La influencia ejercida sobre el gobierno del general de Gaulle por los representantes del comunismo internacional que mantienen sometido al noble pueblo croata para que la expulsión se concretara, constituye un grave antecedente. Se impone, ante esta injusticia, la imperiosa necesidad de que nuestro país efectúe la adecuada reclamación. La gestión diplomática debe ser lo suficientemente enérgica y rápida para que este nuevo atentado a la libertad y a la cultura merezca adecuada reparación. Nada perdurable construiremos en Occidente si los derechos de los ciudadanos no se respetan como corresponde y no empleamos el lenguaje de la verdad. La diplomacia es un signo de civilización únicamente cuando se actúa con energía y con franqueza. Si para evitar conflictos somos proclives a la complacencia frente a la arbitrariedad o aceptamos el diálogo infecundo de la intriga y de la mentira, los pueblos perderían su fe y con ello facilitaremos la penetración de la tiranía comunista. Resulta inconcebible que un argentino por naturalización, que honra a la causa de la dignidad del hombre y a las letras, haya sufrido la afrenta de la expulsión, cuando estaba dedicado a perfeccionar en la Sorbona sus vastos conocimientos sobre los orígenes del idioma croata y de la milenaria cultura de su pueblo. La medida adoptada obedece al propósito del gobierno títere de Yugoslavia de acallar la voz viril de un ilustre pensador. Tal pretensión no puede sorprender porque hace a la esencia del totalitarismo rojo; pero lo que no admite explicación alguna es que la medida la haya dispuesto el gobierno de Francia, cuna de la libertad de expresión y centro indiscutido de la cultura occidental. Este atropello ofende al propio pueblo francés; vulnera claros preceptos de la Carta de la Naciones Unidas, sancionada en París en 1948; los postulados de la Revolución Francesa de 1789 y los precursores enunciados del memorable decreto del 6 de agosto de 1790 que proclamó: "La Francia libre debe abrir su seno a todos los pueblos de la tierra, invitándolos a gozar bajo un gobierno libre, de los derechos sagrados e inviolables de la humanidad". Principio que consagra en forma indubitable la Constitución vigente de la República. Nuestro país debe reclamar por vía diplomática y con la energía que la situación exige, por esta actitud inamistosa del gobierno francés, que carece de precedentes por lo insólita y por lo injusta. Tengo el honor de traer a este acto la adhesión de "Voces de la Historia de los Hombres Libres", institución que propugna el afianzamiento de las libertades, difunde los principios de la democracia representativa y propia la elevación cultural de los pueblos.

Dr. Alejandro J. Vázquez

 

 

Saltos de Milovan Djilas de Marx a Njegos

Bogdan Radica, Nueva York

La prisión y las persecuciones dieron la oportunidad a Milovan Djilas de concentrarse y extraer de su fuero interno lo que la actividad política no le habría hecho posible. Ortega y Gasset, en uno de los perspicaces ensayos sobre Mirabeau dijo que los políticos, militares y hombres activos, impedidos por las circunstancias para actuar políticamente, debían volcar su enorme energía en los escritos. Así obraron Julio César, Napoleón y yo agregaría: Clemenceau especialmente. Lo hizo también el rebelde antistalinista León Trotsky. Ahora lo hace el más reciente rebelde contra la tiranía stalinista-titoísta: Milovan Djilas.

Milovan Djilas hizo su primera aparición con el conocido tratado Nueva Clase, que le dio popularidad y lo introdujo en todos los textos del marxismo. Junta a Carlos Marx, Lenin, Stalin y Trotsky, en dichos textos hoy figuran también fragmentos de Nueva Clase. En otros términos: también Djilas se torna un clásico del marxismo. Después de este tratado ideológico, Djilas se hizo presente con un análisis grave, diríamos trágico, de su Montenegro, en la conocida Tierra sin Justicia, que fui el primero en leer en su original y la dí al prestigio editor Williams Jovanovich, presidente de la casa editora Harcourt, Brace, World and Comp. Jovanovich dispuso inmediatamente su traducción y publicación. Lo hizo impulsado por cierto sentimentalismo, por cuanto el mismo es de origen montenegrino, nacido en las montañas de Colorado sí, pero de padre montenegrino y madre polaca. Luego Jovanovich visitó a Djilas en Belgrado durante el corto intervalo de su libertad y se llevó muchos manuscritos de Djilas. Hasta ahora publicó un libro de cuentos de guerra que se refiere a las guerrillas comunistas y que lleva por título El leproso y otros cuentos. En esa colección de cuentos cortos el más horrendo es el titulado La guerra, describiendo cómo los guerrilleros comunistas matan a un joven cuyos padres lo transportan en un cajón mortuorio para sacarlo de la guerra y conservarlo vivo. La narración El leproso se refiere al mismo Djilas, a quien el tirano de la aldea, obvia alusión a Tito, para impedir la infección de la gente pone en una celda solitaria donde muere de llagas y hambre. Por fin, Djilas escribió también sus sensacionales Diálogos con Stalin, en los cuales desenmascaró al sátrapa del Kremlin, usando el el lenguaje de Maquiavelo, para quedar como advertencia a quienes permitieron ser mero juguete de la habilidad stalinista para engañar, extorsionar y chantajear. Stalin, que antes para Djilas era el sol que ilumina la tierra, aquí está colocado en el plano de César Borgia, Iván el Terrible y Pedro el Grande. Acaso nadie como Milovan Djilas trazó el carácter y la figura de ese déspota asiático, de modo que ese pequeño libro puede figurar al lado de El Príncipe de Maquiavelo.

El libro más reciente, editado por Harcourt, Brace, World & Comp., es el extenso estudio sobre el poeta, obispo y príncipe montenegrino Pedro Petrovic Njegos. Su título en inglés reza Njegos-Poet-Prince-Bishop. La introducción la escribió Williams Jovanovich, a quien fue dedicado el libro. Micheal B. Petrovich, profesor de historia eslava en la Universidad Wisconsin, norteamericano de origen serbio, escribió el prólogo y tradujo la obra. El profesor Petrovich agregó al libro una serie de notas y al final una extensa bibliografía sobre Njegos, obras escritas casi exclusivamente por autores serbios. Djilas escribió su obra en la prisión de Srijamska Mitrovica, de 1957 a 1959, según figura en el final del texto. Se desprende del libro que Djilas lo escribió de memoria sin disponer de la bibliografía que, probablemente, en la cárcel, no le era accesible ni permitida. No obstante errores y omisiones, sobresale la poderosa memoria de Djilas para reproducir los hechos y los versos de Njegos. Se siente que Djilas llevó dentro de sí a Njegos, tal vez desde su temprana edad, como ocurre con la mayoría de los montenegrinos.

El ensayo de Djilas no es completo y, lo peor, es desigual. Por un lado se esfuerza por presentar a Njegos en forma atrayente e intensa. A veces describe sugestivamente el origen de la familia de Njegos, su nacimiento, niñez, juventud y la edad madura. La imagen de Montenegro con gobierno teocrático del príncipe-obispo y de su sociedad divina en tribus es impresionante al comienzo. Los empeños de autócrata Njegos por crear un Estado moderno de las divididas tribus son muy significativos para comprender ese misterioso y atrayente ambiente balcánico. Son francamente sugestivas las bajadas de Njegos a Boca de Cataro (Dalmacia) y sus viajes a Viena vía Trieste, luego a Petersburgo, sus encuentros con el emperador ruso Nicolás I y con la ortodoxia rusa. Asimismo con tratados hábilmente y a veces con señorío, sus estadas en Viena y sus conversaciones con Metternich, sus encuentros con los prohombres serbios Vuk Karadzik, Taija Ban y por último su viaje por Italia en compañía de Ljubomir Novakovic. Todo ese material pudo servir al autor para brindarnos una auténtica biografía novelada de ese poeta romántico, obispo ortodoxo y estadista, como en Occidente lo hacen André Maurois o Strachey o como en Croacia lo hizo Josip Horvat con Lj. Gaj y F. Supilo. Djilas no tomó ese camino: la materia la dividió en capítulos y fragmentos, eludiendo ser ameno y narrativo, descendiendo constantemente de la superficie atrayente a las profundidades de la tragedia montenegrina, una de las más sangrientas en los Balcanes, intercalando sus pensamientos, a menudo oscuros y nebulosos.

La parte principal del libro está dedicada al problema de "la desgracia cósmica serbia", tal como está concebida en las tres obras principales de Njegos, en la Guirnalda de la montaña, en la Antorcha del Microcosmos y en Esteban el Pequeño (Scepan Mali). Djilas, autodidacto como Njegos trató de sacar a la luz todas las contradicciones interiores, religiosas, nacionales, políticas y sociales de Njegos. En lugar de esclarecerlos, los complicó y enredó aun más, de manera que su análisis resulta asaz incomprensible incluso para los conocedores de Njegos y totalmente incomprensible para los lectores que no lo conocen y no lo han leído en su original. Su filosofía de la vida, en el fondo la filosofía "del sentimiento trágico de la vida en los hombres y las naciones", como la definió magistralmente Miguel de Unamuno, resulta contradictoria. Njegos no es cristiano en el sentido ritual y ortodoxo del término; es más bien un maniqueo y tal vez un patareno (bogomil). Está desgarrado entre Oriente y Occidente: de Oriente, de Rusia está decepcionado; en Occidente, en Italia y en Viena, añora sus montañas montenegrinas donde el hombre está más cerca de Dios y la naturaleza, héroe y hombre. Mas, ¿qué es la "hombría y el heroísmo" (cojstovo i junastvo) que tanto ostentan los montenegrinos, nadie lo sabe con certeza. Un reto constante a Dios y los hombres que se hallaron en estas montañas donde aullan los vientos a través de los bloques de piedra. Por fin todo eso Djilas lo fundió en una "filosofía" montenegrina, de ella la trasvasó en la filosofía del servismo para terminar en una extraña filosofía panserbia del yugoeslavismo, inesperada en Djilas. El yugoslavo es quien es primero montenegrino y luego serbio. Njegos es el poeta montenegrino-serbio-yugoslavo, es decir un triángulo, donde no caben los que no son ortodoxos ni "racialmente serbios".

Djilas en su libro sobre Njegos se refirió, para no decir glorificó, a la grandeza "de la raza serbia", que desafía a todo a todos, las asperezas del medio en que aparece, las inclemencias del tiempo en que alcanza el grado de Estado. La ortodoxia es el rasgo principal de la "raza serbia" y del Estado serbio; la concepción ortodoxa bizantino-rusa y incluye en el Estado a todos los serbios. Los demás que no son ortodoxos, están excluidos, en primer lugar los musulmanes, los cristianos islamizados que deben ser exterminados biológicamente por haber trocado al cruz en la media luna, traicionaron no sólo la fe de sus antepasados sino que deshonraron su sangre. La sangre es la base del racismo granserbio de Njegos y de Djilas. La sangre pura es la base de la raza pura. Hablar actualmente de la raza y de la sangre al cabo de los tremendos genocidios que Europa y los Balcanes soportaron no hace mucho, no sólo es científicamente inexacto sino que resulta humanamente respulsivo. Para un marxista, que sigue siéndolo, eso significa el regreso, el retorno a las nieblas y la inconciencia. Pero lo exige la concepción bizantino-ortodoxa como fundamento del Estado. Djilas, lejos de condenarla, la abraza y en muchos lugares la justicia.

Por cierto, Djilas ahora abraza y adopta todas las interpretaciones perimidas que dieron a Njegos en primer lugar el obispo serbio ortodoxo Velimirovic, partidario de la concepción ortodoxa de Njegos, e incluso Izidora Sekulic (escritora serbia) que Djilas antes censuraba. En su Leyenda sobre Njegos, publiciada en Belgrado en 1952, Djilas censuró a todos los escritores, desde Velimirovic, Sekulic y hasta la comunista Radovan Zogovic, quienes veían en Njegos un poeta de pura raza serbia. Aquí no hay ni mención de esa condena, que se extinguió completamente, y Djilas presenta a Njegos y a sí mismo en su carácter de apologista granserbio; lo que es peor, esta concepción granserbia la pone como fundamento de la idea yugoeslava. Pasa por alto todos los hechos comprobados: glorifica a Garasanin y su Nacertanie (plan expansionista granserbio) como base del "imperio serbio", que aceptaba también Njegos, y del cual dice que quedó como base para la unificación no sólo de todos los serbios sino de todos los eslavos meridionales. De haber leído los comentarios de Stranjakovic y sobre todo de Vasa Cubrilovic, debió advertir que el propósito de Garasanin era unificar únicamente a todos los serbios "estén donde estén", y luego atar como anexo de su concepción granserbia a los croatas, macedonios y eslovenos. Empero, nosotros los croatas hemos vivido siempre en la ilusión de que Njegos no compartía esa idea. Sus cartas a Jelacic ban (prorex) de Croacia, no lo evidencian. Glorificando a Garasanin como gran estadista no de los serbios sino de los eslavos del sur, Djilas muestra que sabe muy poco o nada de ese tema, o que él también retorna a la anticuada tesis del hegemonismo granserbio bizantino-ortodoxo. Sus observaciones esporádicas sobre el poeta y estadista croata, Mazuranic y Jelacic son defectuosas e inexactas. Aunque sostiene la tesis de que el poema de Mazuranic "La muerte de Smail-aga Cengic" no es plagio de Njegos, como sostenían muchos serbios, no hace ningún distingo entre La guirnalda de la montaña y el poema de Mazuranic, lo que evidencia también su poco conocimiento del espíritu de Mazuranic. Romanticismo en ambos casos, pero bien diferente: uno surgió del concepto racista del exterminio de los hermanos de sangre por motivos religiosos; el otro elude el racismo en la medida por lo que en que es dable en un poema romántico. Djilas se ahogó en la pasión de sus emociones igual que Njegos, sin darnos justificación alguna. El conflicto de las ideas occidentales que a veces asaltaban a Njegos, sobre todo el progreso de las ciencias y del racionalismo, este conflicto en un intelecto que plásticamente recibe todo pero a menudo no profundiza, en el análisis de Djilas no encontró solución alguna. Todo ello deja al atento lector vacío y decepcionado.

Donde mejor se refleja el desconocimiento de Djilas es en su breve reflexión sobre Tommaseo. Primero, Tommaseo no nació en Azar sino en Sibenik, lo que es muy importante para su obra. Tommaseo se sentía muy orgulloso de su origen sebeniciano. Quería a su ciudad natal, sus alrededores, a Tijesno, en el que siempre soñaba y por el cual lloraba de nostalgia. Tommaseo quería más, podríamos decir, a los serbios que a los croatas. (Sobre ese tema escribí un extenso trabajo en Journal of Croatian Studies, tomo V-VI, Nueva York). A Tommaseo no le gustaba Njegos, ya que creía que el obispo montenegrino había vendido Montenegro a Rusia, permitiendo de ese modo que la Rusia bizantino-ortodoxa impusiese la hegemonía sobre todos los eslavos meridionales y católicos. Tommaseo aboga por la "Eslavia Católica" conducida por Polonia y su guía cultural debió ser Dalmacia. En su plan él había asignado a Sibeni el papel de capital de los eslavos católicos. También atacaba a Njegos por no comportarse como cristiano, por no vivir la vida digna de un obispo. Todo eso lo escribió con toda claridad en su mensaje Ai popoli Slavi (1840). Es evidente que Djilas nunca lo leyó. Tommaseo incluso dice que en Trieste, Njegos anduvo con las bailarinas, derrochaba mucho dinero en Europa, dinero que le daba Rusia, mientras su pueblo sufría en Montenegro. Aunque Tommaseo sabía exagerar en sus invectivas contra los que no le gustaban, como en el caso de Leopardi, el cuadro de Montenegro tal cual lo describió en ese tiempo no dista mucho de la realidad. El mismo Djilas a veces nos brinda testimonios aun peores sobre la situación imperante en el Montenegro de entonces. La idea básica de Tommaseo era que los eslavos católicos no podrían ni deberían compartir una concepción que los sometiese a la hegemonía rusa. Si bien Tommaseo recalcaba "que todos somos eslavos y cristianos", por ser el mismo un cristiano sincero y profundo, preveía que entre la ortodoxia y el catolicismo en una comunidad eslava no habría concordia ni paz. Según sabemos, no se equivocó en ese punto. En ese sentido lo persuadió totalmente más tarde el prócer croata Eugenio Kvaternik, que compartía una concepción análoga.

Ubicado en nuestro tiempo, este libro de Djilas es contraproducente, pues choca con todas sus ideas anteriores sobre el recto enfoque del problema nacional en un Estado complejo como es Yugoslavia. Si de veras tal es al concepción "de la visión cósmica del mundo" de los serbios, entonces es evidente que en semejante Estado multinacional y multiconfesional, conforme lo concibieron Njegos y Garasanin, no puede haber lugar ni felicidad para los católicos croatas, los eslovenos católicos, y menos que menos los musulmanes de Bosnia. El proceso actual de Yugoslavia lo demuestra con toda claridad. La Yugoslavia anterior y la actual lo demuestran en forma concreta: ni la burguesía de la preguerra ni el marxismo actual eran capaces de resolver este problema, por cuanto Yugoslavia se está quebrando en la trágica línea de Occidente y Oriente. Si existe una visión trágica de la vida entre los serbios, ella existe también entre las croatas. Esas dos visiones trágicas quiebran hoy el marxismo también, que, encabezado por Djilas, creyó poder superar y resolver todas esas contradicciones trágicas. Esperamos que no seguirán los exterminios y que la separación será solucionada de un modo digno no de los "héroes" sino de los hombres.

Como ya lo acoté al comienzo, ese libro pudo publicarse por haberlo editado un hombre de origen montenegrino. Ningún otro editor norteamericano lo hubiera publicado. Su traductor fue también un norteamericano de origen serbio. La traducción es muy buena si se toma en cuenta el lenguaje de Djilas y sus formulaciones nebulosas y a menudo oscuras. Aunque no vi el original, me cuesta cree que Djila haya podido escribir todo eso, esa glorificación del racismo serbio, sin hacer reservas de muchos conceptos. El profesor Petrovic fue muy parco y a menudo parcial en sus notas. Jelacic no fue sólo el general austríaco, sino algo más. Tampoco Mazuranic fue una figura mediocre. Aunque Djilas no mencione los encuentros de Gaj con Njegos en Viena y en Cetinje, se debió dejar constancia en las notas. Esos encuentros eran mucho más importantes que tantos otros, aducidos por Djilas. La bibliografía de Petrovic es unilateral, exclusivamente serbia. Es significativo que en la bibliografía no figura la Leyenda sobre Njegos de Djilas que Petrovic debió conocer. Por último, debió rectificar que Tommaseo no era oriundo de Zadar sino de Sibenik y no debió dar dos formas de nombre para la misma ciudad: a veces Zadar y otras veces Zara. El paralelo que hace Petrovic de Djilas con Silone es artificial para que pueda sostenerse. Su prólogo debió ser más concreto, explicando al público americano la relación entre Djilas y Njegos. Por último, aunque estamos de acuerdo con Petrovic, que Djilas es el escritor de mayor envergadura después de Njegos que dio Montenegro, pues así lo afirmamos hace varios años había que ubicar a Djilas en el marco de sus ideas acerca de los problemas nacionales de Yugoslavia. ¿Por qué no se hizo así? La repuesta es clara: tanto el editor Jovanovic como el profesor Petrovic no omitieron la ocasión para destacar en sus prólogos que son serbios. De todo ello cabe concluir que el libro debió ser una manifestación de la idea granserbia ante el público americano. Al ser así, es obvio que los demás que no somos serbios debemos mirar ese libro con desconfianza. No podemos compartir el juicio de Petrovic de que el valor de Njegos en la literatura mundial es igual al de Dante, Goethe y Puskin. Puede ser para los serbios, pero de ningún modo para el mundo. Por lo demás, que ese Njegos no suscitó la sensación esperada lo demuestra el hecho de que la crítica norteamericana escribió poco o nada sobre dicho libro. Así, por ej., el New York Times no lo reseñó en su edición diaria y, lo que es significativo, nada se ha dicho todavía en la reseña semanal de los nuevos libros de Times, aunque su publicación se remonta a varios meses atrás. Times suele reseñar las obras más importantes tres días después de su publicación o por lo menos tres semanas después de su aparición en el suplemento dominical. El libro sin duda alguna será reseñado y evaluado en las revistas especializadas dedicadas no al público lector sino a los especialistas. Con todo respeto que el autor de estas líneas tiene por Djilas y sus sufrimientos, debe reconocer que este salto lo sorprendió en sumo grado. Esperaba una amplitud de miras y sobretodo que Djilas renunciaría a los criterios perimidos y arcaicos y que presentaría a un Njegos aceptable por todos los eslavos meridionales.

Es verdad que Djilas terminó su voluminoso libro rindiendo homenaje a Ivan Mestrovic diciendo que ese escultor fue el más apropiado para hacer la estatua de Njegos, por cuanto surgió de la misma conformación pedregosa de Karst que el poeta montenegrino. Pero Mestrovic esculpió a Njegos como poeta romántico, dolorido y emocionado, que llora frente al destino de todos los pueblos sufridos, lo que, lamentablemente, Djilas no hizo. No nos resta otra cosa sino, a través de Njegos de Mestrovic, conservar vivo el recuerdo de ese bardo, tráfico y quebrado, de la tragedia humana y enfocar la tragedia montenegrina de los tiempos antiguos con el mismo amor que siempre sentimos hacia esas montañas abruptas donde "sólo el águila gris vuela en lo alto".

 

En memoria del Dr. Rodolfo N. Luque

El día 20 de noviembre de 1967, como consecuencia de un grave accidente de tránsito al principio del mes, ha fallecido el ilustre periodista, inalterable defensor de la libertad y democracia, hombre de vasta cultura, jurisconsulto y redactor de "La Prensa", profesor Dr. Rodolfo N. Luque.

Deja una trayectoria recta y limpia durante 63 años dedicados al periodismo. Era un hombre que ha luchado toda su vida por los principios sagrados en busca de la verdad y justicia. Defendió firmemente el derecho del hombre y del a sociedad. Ha cultivado toda su vida comprensión entre los hombres y los pueblos. Ha dejado por eso muchos amigos, tal vez la mayor herencia que pudo dejar.

Ha sido gran amigo del pueblo croata. A nuestra revista la honró con su colaboración ("El capítulo contemporáneo de la lucha por la libertad", vol. 3-4, p. 115).

El curriculum vitae del Dr. Luque demuestra el continuo ascenso por los escalones naturales de una profesión. Subió por sus propios méritos desde el más modesto puesto del Archivo de la Redacción en "La Prensa" hasta el cargo de editorialista en jefe, función que desempeñó más de treinta años.

El Dr. Luque nació en Villa del Rosario, en diciembre de 1888. Después de cursar sus estudios primarios y secundarios en Rosario, llegó a Buenos Aires al principio de 1904.

Por inclinación al periodismo y el deseo de su padre quien era muchos años corresponsal en Santiago del Estero, entró en el diario "La Prensa". El mismo año que empezó en Archivo pasó a desempeñarse como reportero, luego cronista. Ocupó interinamente la dirección de noticias y en el año 1910 fue designado secretario de la redacción, desempeñando esta función hasta el año 1922 cuando se inició como editorialista. Se destacó en sus temas de diversos sectores.

El año 1910 se había recibido de doctor en leyes en la Facultad de Derecho de Buenos Aires y como joven abogado trata temas de política, económicos y financieros, como también de derecho constitucional y público. Ejerce hasta el año 1931 su profesión de abogado sin dejar el periodismo. Ejerció también la docencia en colegios secundarios como profesor de historia e instrucción cívica.

Por sus dotes sobresalientes en el periodismo tres veces fue presidente del Círculo de la Prensa de Buenos Aires; presidente del Colegio de Abogados en el año 1930. Por tres períodos presidió también el Rotary Club de Buenos Aires y después fue gobernador del distrito 138 del Rotary International durante el período 1995/56.

Por sus méritos recibió varias distinciones importantes, entre estas algunas de jerarquía internacional. Merece destacarse el premio de María Moors Cabot por la contribución a la hermandad interamericana.

Paralelamente con su extensa labor de redactor de "La Prensa" publicó los siguientes trabajos: El profesionalismo político y el impuesto a la renta; Impresiones sobre el estado actual de Italia; El trabajo, la fortuna fácil y la suerte; Por qué no son más cordiales las relaciones entre los países americanos; La libertad civil y las garantías constitucionales; De Carlomagno a Roosevelt y, por último, Menos gobierno y más libertad.

Con la personalidad del Dr. Rodolfo N. Luque pierde "La Prensa" un prestigioso colaborador, la República Argentina uno de sus luchadores incansables por la libertad y el orden jurídico y América uno de sus más fervientes sostenes de la hermandad.

J. R.

 

In memoriam de tres distinguidos amigos de Croacia

Giuseppe Dalla Torre (1875-1967)

El 17 de octubre del año en curso, en Roma, Giuseppe Dalla Torre del Tempio, dignatario de la corte papal y ex director del diario L'Osservatore Romano. Dalla Torre se destacó muy temprano como periodista y organizador de la prensa católica en Italia, razón por la cual el papa Benedicto XV le confió la dirección de "L'Osservatore Romano", cargo que ocupó durante 40 años. Además de las intensas tareas diarias Dalla Torre es autor de notables trabajos sobre el movimiento católico en Italia. Son conocidas sus memoria relativas a los papas Benedicto XV, Pío XI, Pío XII y Juan XXIII. Adversario de todos los regímenes totalitarios, fue claro y preciso en la exposición y defensa de las doctrinas sociales papales. Por mucho años se desempeñó como presidente de la federación internacional de la prensa católica.

Aquí quisiéramos, en primer lugar, referirnos en forma sucinta a sus relaciones con Croacia, especialmente con la Croacia sojuzgada por el comunismo y con el proceso montado en 1946 contra el arzobispo de Zagreb, mons. Aloysius Stepinac. Durante este "tristísimo proceso" (Pío XII), el conde Dalla Torre el primado de Croacia, demostrando que el comunismo yugoslavo en la persona de Stepinac había puesto al banquillo de acusado al pueblo croata, negándole los derechos y las libertades individuales y nacionales. Durante meses y años L'Osservatore Romano publicaba, por regla general en la primera página ecos, reconocimientos y elogios al arzobispo Stepinac que llegaban a su mesa de director de todas partes del mundo, incluso de los no católicos, de los protestantes, judíos, musulmanes y ateos. Hace dos años, con motivo del cumplirse el quinto aniversario de la muerte de Stepinac, Dalla Torre publicó un meduloso artículo sobre el significado de la lucha y el sacrificio del cardenal presidiario, titulado Silenzio que non tace (El silencio que no se calla) en la revista Novi Zivot que los sacerdotes croatas editan en Roma.

Mons. Joseph Patrick Hurley (1894-1967)

Este prelado norteamericano nació en Cleveland (Ohio, EE.UU.) donde está radicado un nutrido grupo de inmigrantes croatas y eslovenos. Sirvió en la diplomacia vaticana. Al terminar la última contienda mundial y siendo titular de la diócesis de St. Augustine, Florida, el papa Pío XII lo nombró, en circunstancias extraordinarias y harto difíciles, representante de la Santa Sede ante el gobierno comunista de Belgrado. Mons. Hurley, en aquellos años trágicos, hizo grandes esfuerzos por aliviar, por lo menos en algo, la precaria situación de la Iglesia Católica en Croacia y Eslovenia, expuesta a la implacable y sistemática persecución de los comunistas que intentaban suprimirla. Mons. Hurley estuvo presente en todas las audiencias públicas del proceso contra el arzobispo Stepinac. Al entrar y salir de la sala saludaba con reverencia y ostensible respeto al gran inocente. También hizo conocer a las autoridades comunistas yugoeslavas que todos los implicados directamente en este injusto y monstruoso proceso estaban excomulgados por el papa Pío XII.

Cumplida su misión en Belgrado, mons. Hurley regresó a los Estados Unidos de América donde no escatimó esfuerzos en difundir la verdad sobre el mártir de Croacia y de la Iglesia Católica. En sus discursos, alocuciones, epístolas y artículos ensalzaba el ejemplo de Stepinac, su sacrificio, su inconmovible fe y sus méritos. Trató de socorrer en la medida de lo posible a los obispos y sacerdotes croatas, como asimismo a los refugiados de la misma nacionalidad. Trabó amistad con el escultor croata Ivan Mestrovic, gran admirador de Stepinac. Su nombre quedará grabado por siempre en el grado recuerdo de la nación croata.

 

El cardenal Francis Spellman (1889-1967)

El cardenal Francis Spellman, figura interesante y polifacética, arzobispo de Nueva York (falleció 2/11/1967) fue uno de los principales y más dinámicos forjadores del catolicismo norteamericano. De origen humilde y vocación sacerdotal tardía, por propios méritos escaló los peldaños de la jerarquía eclesiástica. De 1925 a 1932 trabajó en el Secretariado del Estado Vaticano y durante varios años su superior inmediato era el cardenal Eugenio Pacelli, luego papa Pío XII. Contrario a todas corrientes totalitarias y materialistas llegó a ser una figura muy popular en los Estados Unidos, de modo especial con vicario castrense del ejército norteamericano. Principalmente a su habilidad y empeños se debe el establecimiento de relaciones durante la última guerra entre el presidente Roosevelt y el papa Pío XII.

Spellman nunca ocultaba sus simpatías por la nación croata y por sus justa causa, pues conocía los sacrificios del pueblo croata y sus aspiraciones. Junto con el cardenal E. Pacelli se oponía a la política dictatorial, anticatólica y anticroata de la Yugoslavia monárquica, lo que se refleja fielmente en el libro Huit ans au Vatican, escrito por F. Charles-Roux, representante diplomático francés ante la Santa Sede.

A Spellman le preocupaba especialmente el destino de los pueblos católicos centro-europeos en vista de la inminente invasión soviética. Sus inquietudes las hizo conocer al presidente Roosevelt, quien lamentablemente carecía de una visión histórica para apreciar en toda su dimensión y alcance lo que significaba la presencia de las tropas soviéticas en la Europa Centro-oriental y cuáles eran las aspiraciones imperialistas del Kremlin.

Spellman, a la vez, fue uno de los defensores más esforzados y decididos del primado de Croacia, arzobispo Stepinac, y de su nación. Puso el nombre de Stepinac a uno de los colegios más modernos de la arquidiócesis de Nueva York, en White Plains. Encargó al escultor Ivan Mestrovic la estatua del mártir croata y de la Iglesia Católica. Encabezó la campaña en Norteamérica encaminada a aliviar la situación del presidiario Stepinac, gravemente enfermo. Por otra parte, la Iglesia perseguida en Croacia y Eslovenia le debe considerable ayuda material y moral, igual que numerosos refugiados políticos croatas.

Los croatas no olvidan a sus amigos, especialmente a quienes en trances difíciles les brindaron comprensión y apoyo.

 

Prof. Leopoldo Ruzicka, premio Nobel de química, cumplió 80 años

Leopoldo Ruzicka, premio Nobel de química de 1939, profesor jubilado de la Eidgenössische Technische Hochschule (Alta Escuela Técnica Federal) de Zurich, ahora ciudadano suizo, cumplió el 13/9/67 sus 80 años. Studia Croatica se adhiere, con sus más sinceros votos, a numerosas felicitaciones, augurando al insigne científico y profesor emérito todavía muchos años de vida feliz y fecunda.

El prestigioso diario suizo Neue Zürcher Zeitung en la edición matutina del 13/9/67 publicó un cálido artículo, firmado por A. Eschnmoser acerca de Ruzicka, su vida y su obra, del cual reproducimos algunos pasajes.

Ruzicka nació en Vukovar, Croacia. Cursó los estudios primarios y secundarios en su patria y la Facultad de Química en Karlsruhe (Alemania). Luego pasó a la Alta Escuela Técnica de Zurich donde se doctoró. A continuación se desempeñó como profesor adjunto y titular en la misma escuela, para encargarse luego de la dirección de un importante laboratorio para los materiales olorosos. Cierto tiempo dictó cátedra de la química orgánica en la Universidad de Utrecht. En 1929, a invitación de las autoridades suizas, reasumió su cátedra y la dirección del laboratorio de la química orgánica de Zurich donde permaneció hasta 1957, cuando se jubiló. Ruzicka fue gran investigador científico, excelente profesor y creador de un instituto de carácter especial. Desde 1959 vive y trabaja en su hogar en Zurich como una de las "eminencias grises" de la química suiza.

Importantes descubrimientos en el campo de la química orgánica quedarán para siempre unidos al nombre de L. Ruzicka (terpinas, esteroides, compuestos de hidrato de carbono de alto peso molecular en materias olorosas, primera síntesis artificial de las hormonas esteroides sexuales masculinas androsterona y testoterona). Sus trabajos pioneros constituyen hoy el punto de partida para las nuevas investigaciones en el campo de la medicina y la bioquímica.

Paralelamente con este vasto y fructífero trabajo en el ámbito científico e industrial, Ruzicka creó el instituto químico-orgánico en la Alta Escuela Técnica de Zurich, una de sus grandes obras. En cuanto a la construcción, estructuración y organización de dicho instituto Ruzicka abrió nuevas sendas. Recién ahora concepciones similares se adoptan en otras partes de Europa. Su sucesor en la cátedra y en el instituto es el profesor Vladimir Prelog, croata, quien también goza, como investigador, de la reputación internacional.

Ruzicka, muy aficionado a las bellas artes, a lo largo de los años logró formar una valiosa colección de cuadros de maestros holandeses del siglo XVII. Esta colección bajo el nombre de "Fundación Ruzicka" la regaló en 1948 al Pabellón Artístico (Kunsthaus) de Zurich. Desde entonces es accesible al público.

A. Eschenmoser termina su nota sobre Ruzicka en Neue Zürcher Zeitung así: "Croata de nacimiento, Ruzicka muy pronto adquirió la ciudadanía suiza. Con ello no se convirtió en lo que se denomina un suizo típico. Pero como fue un hombre extraordinario, así fueron excepcionales sus méritos en la universidad, la ciencia, la industria y la vida artística de nuestro país".

Ruzicka en 1967 agregó a sus numerosos títulos científicos uno nuevo: fue elegido miembro honorario del instituto científico Weizman de Rehovoth (Israel). Su máxima distinción es el premio Nobel de química que le fue otorgado en 1939. Además es doctor honoris causa de varias universidades y altas escuelas, miembro honorario de famosas academias e institutos, como por ejemplo de la Academia de Ciencias Pontificia y Soviética, respectivamente.

Como complemento a esa breve reseña de la vida y obra de Ruzicka, reproducimos algunos datos interesantes que proporcionó Ruzicka al semanario ilustrado suizo Schweizer Illustrierte (17/4/1967). Dicho semanario entrevistó a seis célebres ciudadanos suizos naturalizados y entre ellos figuraban Ruzicka y el conocido escritor de origen austríaco, Carl Zuckmayer. La entrevista lleva por título "Willkommener Zuzug" (Afluencia bienvenida).

El profesor Ruzicka manifestó entre otras cosas:

"Me crié como huérfano en Croacia y fui un fervoroso patriota, razón por la cual ya no pude aguantar más la situación imperante en el ex Imperio austríaco. Mi patriotismo, que transferí a Suiza, se exteriorizó en una forma prudente y útil: empeñé todas mis fuerzas en capacitar a buenos químicos que rendirán a nuestra industria, o sea a nuestro país, grandes servicios. La naturalización, como es sabido, está ligada a diversos trámites, a veces ridículos".

"Empero, quisiera subrayar que me gusta Suiza, que los suizos son gente bien educada, realistas y razonables... Fui un alpinista apasionado. Soy apasionado coleccionista de cuadros. Cuando me fue adjudicado el premio Nobel, toda la suma recibida la invertí en la compra de los cuadros de los pintores holandeses, cuya autenticidad pude establecer yo mismo gracias a mis minuciosos conocimientos de materia. Hubiera tenido que pagar 350.000 francos en concepto de impuesto, lo que me indujo a crear la fundación y hacer que esas obras de arte sean accesibles al público".

 

Reseña de libros

Documents on German Foreign Policy 1918-1945, Volume XIII, the war Years, June 23 - December 11, 1941; Ed. Government Printing Office, Washington, 1964, pp. L - 1035.

Los editores de los "Documentos relativos a la política alemana" (que se publican paralelamente en Washington, París y Londres) subrayan en el prefacio su afán científico de veracidad histórica y su total objetividad en la selección de los documentos diplomáticos hallados en los archivos de la cancillería del Tercer Reich. Es obvio que la omisión premeditada o involuntaria de ciertos documentos y la inclusión consecuente de otros pueden alterar totalmente el cuadro de determinadas relaciones o circunstancias políticas. Con todo, no dudamos de la buena fe de los editores de los documentos sub examen.

Studia Croatica en su apreciación del complejo problema yugoslavo en general y de las relaciones croata-serbias en particular está guiada por el mismo principio de la veracidad, en rigor científico y la objetividad, único camino que lleva a conocer la verdad. En lo político repudia igualmente al nacionalismo exagerado, sea serbio sea croata, y sostiene que las envenenadas relaciones croata-serbias pueden sanearse únicamente con los métodos democráticos, mediante la aplicación del principio de autodeterminación de cada pueblo. El cáncer del Estado yugoslavo es que los serbios, como pueblo dominante, nunca permitieron comicios libres. La intensidad de la disconformidad es tan profunda que incluso las elecciones celebradas bajo el terror y la corrupción entre las dos guerra mundiales demostraron que el pueblo croata quiere vivir en su Estado independiente y democrático.

Ciertos autores e historiadores presentan la creación del Estado Independiente de Croacia en la segunda conflagración mundial como obra de Hitler y Mussolini, lo que contrasta con la verdad histórica. Hitler no persiguió la desintegración del Reino de Yugoslavia; todo lo contrario, se mostraba muy contento con la estrecha cooperación económica entre Yugoslavia y el Tercer Reich. Eso se infiere en forma evidente de los documentos publicados en el tomo XII de la misma serie (Cf. Studia Croatica, nros. 1-2, 1964, 168-169). En un encuentro con Ante Pavelic, entonces jefe del Estado de Croacia, Hitler le dijo sin rodeos que "no pensaba tomar acciones contra Yugoslavia" y que en su programa no figuraba la creación de una Croacia independiente. En su entrevista del 27 de noviembre de 1941 con el Dr. Mladen Lorkovic, ministro de Relaciones Exteriores de Croacia, Hitler insiste en el mismo tópico (p. 866).

La revolución croata fue llevada a cabo los primeros días del mes de abril de 1941 cuando el pueblo croata se alzó y desarmó al ejercicio. La revolución croata tuvo un solo fin: liberarse del yugo serbio. Era un acto plebiscitario y revolucionario mediante el cual se expresó la voluntad del pueblo croata. Por lo tanto, no es correcto ni veraz sostener que la creación del Estado croata fue obra del Eje. El gobierno croata que luego se formó, fue el aliado del Eje, mas ese hecho no desvirtúa la voluntad popular expresada con anterioridad de romper la unidad estatal con Serbia. Es objetable, pues, cuando los editores en su breve prefacio indican que bajo el rubro "Yugoslavia" se hallan también los documentos concernientes "al gobierno establecido por el Eje en Croacia y al régimen de ocupación en Serbia".

De los documentos, insertos en este tomo, se infiere también que Alemania se negó a refrenar los apetitos imperialistas de la Italia fascista por el territorio nacional croata (doc. 219, p. 343).

El valor histórico de los documentos diplomáticos seleccionados a que nos referimos es inapreciable para los historiadores. Incluso para quienes no tienen un interés profesional su lectura brinda un cuadro vibrante y real del período trágico de una generación y tiene el impacto de una película de suspenso ininterrumpido. Al mismo tiempo constituyen un repudio al totalitarismo monstruoso y el lector se estremece viendo hasta qué punto puede degradarse la dignidad humana cuando todo el poder se halla concentrado en manos de un solo hombres, idolatrado y deificado, llámese Adolfo Hitler, Alejandro Karageorgevic, José Stalin o José Broz Tito.

Angel Belic

John C. Campbell: American Policy toward Comunist Eastern Europe: the Choices Ahead, Minneapolis, The University of Minnesota Press, 1965, p. 136.

Desde el término de la última guerra, el destino de la Europa oriental comunista ha sido la mayor preocupación de los factores responsables de la política exterior norteamericana y del pueblo norteamericano. Antes de caer China bajo el comunismo, el anticomunismo en los Estados Unidos apuntaba a la Europa oriental. Adquirió dos formas. Como ciertos grupos étnicos norteamericanos son originarios de la Europa del Este, la presión pública y el sentimiento popular se dirigía a la Europa oriental comunista. Esta disposición, con frecuencia altamente emocional, afectó a la prensa y al Congreso norteamericanos y de esa manera formó la opinión pública. Mas los diplomáticos norteamericanos desecharon el emocionalismo de semejante sentimiento popular y practicaron una político más "objetiva" y distante, tendiente a evitar un enfrentamiento directo con la Unión Soviética y el bloque de sus satélites. Hubo, por tanto, contradicción entre actitudes y presiones populares y quienes tomaban las decisiones oficiales. Sin embargo, una sociedad democrática estimula el criticismo de su política interior y exterior. Para la mayor parte de los centro-europeos orientales resulta todavía difícil comprender esa contradicción. Los europeos consideran que los Estados Unidos, estiman que su política hace concesiones a los gobiernos comunistas en la Europa oriental. Para algunos eso significa confusión, para otros ingenuidad, falta de realismo e ineficiencia.

La perspectiva histórica nos ayuda a comprender esta confusión y el criticismo. La errada apreciación de la política soviética inmediatamente después de 1945 determinó que los Estados Unidos hicieran a los comunistas concesiones, de hecho, innecesarias e imprudentes. El poderío norteamericano fue manejado en forma inadecuada cuando el revolucionario ejército soviético destruyó los acuerdos, como el de Yalta, e impuso un sistema ajeno sobre 120 millones de habitantes. La subsiguiente política de contención consideró permanente la autoridad comunista en la Europa oriental y fue apreciada por la generación anterior de los europeos orientales como un poco más que el débil y vago cordon sanitaire, establecido después de la Primera Guerra Mundial. Las presiones internas sobre el gobierno de Washington para que apoyara la liberación de la Europa oriental resultaron incapaces de modificar la política de contención. Los Estados Unidos no sacaron ventaja alguna de las frecuentes debilidades del poder comunista. Los planificadores políticos temieron que el apoyo militar debilitaría a la Europa occidental y consideraban que la estabilidad de esa área era más vital que la liberación de la Europa oriental. El liberalismo falaz insistió en que, excepción hecha de Checoslovaquia, los pueblos de la Europa oriental carecen de la genuina tradición democrática y que, por consiguiente, necesariamente se adaptarían al autoritario marxismo soviético. En 1948, cuando Moscú rompió con Tito, el gobierno norteamericano apoyó a Tito sin pedir modificaciones de su régimen totalitario y aclaró que su ayuda se dirigía sólo contra el imperialismo soviético y no contra el marxismo-leninismo de Tito. Los levantamientos anticomunistas de 1953 en Alemania oriental y Polonia no hallaron una respuesta seria de los Estados Unidos. Se consideró que semejante respuesta era innecesaria. Tres años más tarde, durante la revolución húngara, Estados Unidos permaneció como espectador y no como partícipe, aunque una ayuda directa norteamericana hubiera sido menos costosa y más eficiente estrategia anticomunista que la subsiguiente intervención en el sureste asiático. La contención -pese a su retórica de la "liberación"- significó la aceptación de la legitimidad del poder comunista en la Europa oriental. Los pueblos de la Europa oriental se enteraron de que la política norteamericana supone la permanencia del poder comunista en sus países. El hablar de la "liberación" despertaba falsas esperanzas y estas esperanzas se truncaron a medida que la realidad de la política de Washington se hacía más clara y evidente.

Los planificadores de la política norteamericana argüían que los inevitables cambios estructurales en la Europa oriental comunista satisfacían a los pueblos cautivos y servirían a los intereses norteamericanos al debilitar la influencia soviética. Para los comunistas, empero, esa política significó una rotunda victoria y les permitió sostener que la predicación norteamericana acerca de la "liberación" era ilusoria. Las teorías abstractas de los científicos políticos y expertos norteamericanos -despojados de toda obligación moral- mostraron claramente a los europeos orientales que los discursos sobre la "liberación" eran palabras ociosas. El idealismo anterior de la política exterior norteamericana había palidecido y fue reemplazado por el maquiavelismo de poder, apoyado tanto por los liberales como los conservadores que tomaron como un hecho firme la permanencia del poder comunista. "El tender los puentes" a la Europa oriental no quiso decir un cambio estructural del poder comunista. Como resultado y por ausencia de la organizada oposición interna, las autoridades comunistas estaban libres de hacer ajustes internos con el propósito de fortalecer su poder y prepare mejor para los futuros enfrentamientos con el Oeste.

La grave crisis que mientras tanto está sacudiendo al mundo comunista encontró desprevenido a Estados Unidos. La crisis demostró que el marxismo ofrecía una solución inadecuada a los inveterados problemas nacionales y socio-económicos de la Europa Centro-oriental. Los comunistas fracasaron en solucionar los mismos problemas que los partidos políticos "burgueses" de antes de 1939 había forcejeado sin eficacia. Lo que la inteligentsia marxista de la preguerra creyó factible resultó imposible. En cambio, las viejas contradicciones se agudizaron aun más. En Yugoslavia, por ejemplo, los líderes comunistas fueron incapaces de solucionar orgánico problema nacional. Además, la crisis económica obliga a la clase gobernante a recurrir a los métodos dictatoriales de los repudiados regímenes de la preguerra. Eduardo Kardelj, Vladimir Bakaric y el mismo Tito admitieron en muchas declaraciones recientes que la crisis nacionales tan aguda como lo fue antes de 1941. El último Congreso del Partido, convocado primeramente para resolver este problema, fracasó. Los conflictos entre naciones amenazan la misma existencia del poder socialista. Sin embargo, la política exterior de Washington permanece renuente a sacar ventajas derivadas de la crisis en Yugoslavia (y también en otras naciones de la Europa oriental) y de esa manera desalienta el repudio del poder comunista.

Estas reflexiones surgen de la lectura del reciente libro del Dr. John C. Campbell "originalmente preparado para servir como base de discusión" en el Séptimo Seminario de Midwest sobre la política exterior de los Estados Unidos, seminario que tuvo efecto los días 15 y 16 de mayo de 1964 en Wisconsin. El Dr. Campbell es un experto distinguido en los asuntos de la Europa oriental y de Medio Oriente, ex funcionario del Departamento de Estado encargado de los asuntos balcánicos, ex director de la Oficina para los Asuntos de la Europa Oriental y miembro del plantel planificador de la política (Policy Planning Staff). Actualmente miembro senior investigador del Consejo de Relaciones Exteriores (Senior Research Fellow of the Council on Foreign Relations), Campbell posee profundos conocimientos de la zona, es totalmente objetivo en sus enfoques y escribe lucidamente. Reseña el desarrollo histórico de la región recalcando sus similitudes y diversidades internas y clara a los norteamericanos el reciente proceso político y económico en la Europa oriental. La parte más valiosa de la obra de Campbell es su perspicaz exposición del quebranto del poder monolítico soviético en las últimas dos décadas en la Europa oriental. Pone en claro las consecuencias de dicha quiebra en los países respectivos y las complejidades del "comunismo nacional".

Para examinar en su totalidad ese desarrollo, el autor analiza detalladamente dos casos, el de Polonia "dentro del bloque" y el de Yugoslavia "fuera del bloque". Al tratar el fenómeno polaco destaca más la geografía que la ideología y sostiene que la posición de Polonia está determinada fundamentalmente por su relación hacia la Unión Soviética y Alemania. El futuro de Polonia dependerá de su ubicación y la política occidental debe conformarse con esta circunstancia primaria. En cambio, Yugoslavia, distante de Rusia y más accesible al Occidente, es más permeable a la presión e influencia ideológica occidentales. Se da, sin embargo, el caso curioso que la inteligentsia marxista polaca desarrolló un revisionismo más impresionante que la yugoeslava. Salvo el rompimiento total de Milovan Djilas con el stalinismo dogmático, el revisionismo yugoslavo permanece estrechamente local. (El autor no pudo conocer la posterior y muy notable posición crítica de la revista Praxis de Zagreb). Las relaciones entre los grupos nacionales y étnicos preocupan a la mayoría de los intelectuales marxistas yugoslavos y, por consiguiente, traban el desarrollo de un significante pensamiento revisionista. Los intelectuales polacos, aunque en una posición geográfica menos envidiable, han desarrollado una crítica más sistemática de la ortodoxia stalinista, incluso la marxista.

La parte más candente del estudio de Campbell, aunque la más discutible, es la que se refiere a las "alternativa" que encaran los factores responsables norteamericanos en la formación de la política exterior hacia la Europa oriental. Campbell no prevé cambio dinámico alguno en esa política. Reseña las facetas anteriores de la política estadounidense (modelada por la Carta del Atlántico, la Declaración de las Naciones Unidas y el acuerdo de Yalta) que implicaba que las naciones liberadas de la dominación nazi "deberían restaurar su independencia bajo los gobiernos de su elección". Se esperaba que esos gobiernos fueran "ampliamente representativos" y que se celebrarían elecciones libres. Esta posición para los Estados Unidos adquiría carácter principista. El derecho a la autodeterminación garantizaría la libre elección y la independencia a estas naciones. Pero el Ejército Rojo penetró en esa zona y desechó los principios sobre los cuales la nueva Europa debía reconstruirse. Campbell considera que los Estados Unidos no habían establecido "acuerdo real alguno con Stalin" y que no había "política firme alguna del Occidente sobre si se debían y cómo prevenir la dominación soviética". Los Estados Unidos y Gran Bretaña permanecieron pasivos presenciando la implantación de la "permanente hegemonía soviética". Más tarde, al avanzar el proceso de sovietización, los Estados Unidos se enfrentaron con varias alternativas. Una fue prevenir que los soviéticos se apoderen de Europa entera, lo que requirió una reforzada posición militar. Los Estados Unidos aumentaron su poder militar, pero con todo llegaron a aceptar la realidad de la autoridad comunista en la Europa oriental. Washington no empleó su acumulado poderío militar para alterar esta realidad y no tomó iniciativa alguna de importancia sin considerar previamente la actitud de las naciones de la Europa occidental no dispuestas a seguir "automáticamente" la política norteamericana. Los cambios en la Europa oriental, como por ejemplo el conflicto Stalin-Tito y la rebelión húngara, eran el resultado de su "propia dinámica" y no de las presiones ejercidas por el poder occidental. En consecuencia, Campbell sostiene que cualquier mejora o cambio operado en la Europa del Este derivó de las fuerzas dentro de ese área y no impuestos por la política occidental. Las "limitaciones" de la política de Washington y de la Europa occidental hicieron que así fuese.

Los Estados Unidos cambiaban meramente su táctica a medida que cambiaban las condiciones en la Europa oriental, más no modificaron su estrategia. A veces, Washington alentó a las naciones satélites a exhibir mayor "independencia" de Rusia; otras veces aconsejó al gobierno soviético una política más conciliatoria. Cuando los gobiernos del Este europeo, alentados evidentemente por el gobierno soviético, asumieron una actitud más libre y flexible para con el Occidente, quienes dirigían la política norteamericana suplantaron entonces la táctica de recalcar el poderío militar por la de estimular los contactos económicos y culturales, esperando que esos gobiernos serían menos dependientes de la Unión Soviética. Los contactos más estrechos entre los Estados Unidos y las naciones del Este europeo mejoraron las relaciones entre los Estados, pero no modificaron radicalmente el status ni incrementaron la libertad de los pueblos de la Europa oriental.

Este libro útil de Campbell termina con un tono pesimista. El autor no espera cambios agudos en la política norteamericana. Los del Eje europeo pueden mejorar sus condiciones gradualmente con sus propios medios y métodos internos. La política norteamericana no les ofrece una panacea fácil, únicamente les brinda esperanzas y paciencia. Estados Unidos no obrará -por las razones históricas que moldearon su política y actitudes- como hubiera actuado en circunstancias similares una potencia de Europa occidental del siglo pasado. Los Estados Unidos no iniciarán una estrategia militar o diplomática más amplia para liberar a la Europa oriental del comunismo, por limitados que sean, para habérselas con las autoridades comunistas y modificar sus condiciones. Las ilusiones de "la retórica norteamericana" no deben confundirse con las realidades de la política de Washington. El libro de Campbell pone en claro ese punto de los pueblos de la Europa oriental deben tener en cuenta y comprender. Por demasiado tiempo estos pueblos fueron las víctimas de la lucha por el poder entre grandes naciones. Sus propios líderes nacionales les ofrecieron poco y erraron con mucha frecuencia. Y ellos habían esperado demasiado a causa de su ilusoria fe en el Occidente. Tarde o temprano encontrarían su propio camino para liberarse de su trágica condición. El estudio de Campbell constituye una prueba convincente de que la solución de sus dificultades depende en primer lugar de ellos mismos.

Bogdan Radica

Farleigh Dickinson University, New Jersey

 

Dr. O. Dominik Mandic: Etnicka Povijest Bosne i Hercegovine (La historia étnica de Bosnia y Herzegobina), Ed. El Instituto Histórico Croata, Roma 1967, pp. XVI-554.

El presente es el tercero y, al parecer, último tomo de la serie "Bosnia y Herzegovina. Investigaciones histórico-críticas". El primer tomo, titulado "Pertenencia estatal y religiosa de Bosnia y Herzegovina" fue editado en Chicago en 1960 (ver reseña de Studia Croatica, vol. 7-8, pp. 241-42). El segundo tomo, "La iglesia patarena de los cristianos bosníacos" (Bogomilska crkva bosanskih krstjana), fue publicado también en Chicago en 1962. Luego y hasta la publicación del tercer tomo D. Mandic publicó varios estudios valiosos, en parte relacionados con los problemas de Bosnia y Herzegovina, y los más importantes de esos trabajos fueron publicados en el libro titulado "Estudios y aportes a la vieja historia croata". (Reseñado en Studia Croatica, vol. 10-21, pp. 178-179).

Los datos bibliográficos sobre este meritorio estudioso croata de la vieja generación, que vive y actúa en el extranjero desde hace más de 30 años, fueron consignados en las reseñas y sobre todo en la edición especial de nuestra revista dedicada a "Bosnia y Herzegovina" (vol. 16-19, p. 344) que contiene su extenso estudio titulado "Bosnia y Herzegovina - Provincias croatas" (pp. 153-223). En ese trabajo Mandic anticipó varios datos y consideraciones del tercer tomo de su trilogía sobre Bosnia y Herzegovina.

Partiendo de un criterio correcto de que tanto en la historia como en la realidad actual el problema de la composición nacional de dichas provincias es de capital importancia, el autor dedicó atención especial a su historia étnica. Resumió los resultados de sus vastas y pacientes investigaciones en este libro, digno de atención también por cuanto hasta ahora nadie abordó a fondo el problema nacional de Bosnia desde el punto de vista histórico y sabemos en qué grado ese problema se reflejó no sólo en las relaciones croata-serbias, sino también en el plano internacional. Las pretensiones del Reino de Serbia en el período previo al atentado de Sarajevo y a la Primera Guerra Mundial (1914-1918) figuran entre las causas principales de la crisis europea que todavía perdura. Como es sabido, los países de la Entente en su confrontación con las potencias centrales dieron por justificado el criterio de Serbia sobre su derecho a Bosnia, por tratarse presuntamente de un territorio étnicamente serbio. En efecto, esa posición fue apoyada por la Rusia zarista y luego por sus aliados occidentales sin investigación adecuada. Con ese tenor se publicaron muchos libros y artículos propagandísticos, de modo que la opinión pública internacional fue informada en forma deficiente sobre ese problema.

Trátase, pues, de uno de los casos en que el enfoque erróneo de la composición nacional de un territorio es de suma importancia en el proceso general. Podemos decir sin pecar de exagerados que la opinión pública mundial, tras el atentado de Sarajevo en 1914, cuando la decisión sobre la guerra o la paz dependía de un hilo tenue, hubiera reaccionado de otra manera de haberse esclarecido con estudios científicos serios el problema de la composición étnica de Bosnia y Herzegovina, es decir si ya entonces se hubiera establecido inequívocamente que las expansionistas pretensiones serbias no eran justificadas ni fundadas, pues no se trataba de territorio étnico serbio sino predominantemente croata, lo que tiene gran importancia si le agregamos el hecho de que Bosnia está unida geográfica y económicamente a las demás provincias croatas.

En otro lugar de relieve, lo que hace también Mandic en su libro, que la responsabilidad de la confusión respecto a la pertenencia nacional de Bosnia, la comparten también los círculos políticos y científicos oficiales de Viena y Budapest. La ocupación de Bosnia y Herzegovina, hasta entonces vilayeto turco, por parte de Austria-Hungría en virtud de la resolución de las potencias europeas reunidas en el Congreso de Berlín (1878), se produce en la época en que la comunidad multinacional danubiana fue constituida como monarquía dualista de Austria-Hungría. Estas, con el fin de mantener su predominio sobre los demás pueblos de la monarquía que constituían la mayoría y para conservar el equilibrio precario entre sí, no quisieron que se fortaleciese Croacia, a la que debió unirse Bosnia por sus derechos históricos y nacionales, sino que buscaron una salida manteniendo y ahondando los contrastes existentes de orden nacional, cultural y religioso. Los húngaros, sobre todo, para debilitar la resistencia croata a su supremacía, favorecieron la propaganda granserbia por intermedio de la Iglesia ortodoxa y más tarde sostuvieron una extraña teoría acerca de la presunta nacionalidad bosníaca. Se quiso paralizar o por lo menos demorar el proceso natural del despertar de la conciencia nacional croata, sobre todo entre los musulmanes, clase dirigente en la era otomana, explotando las diferencias religiosas y culturales, operadas a causa del proceso histórico, entre los croatas católicos musulmanes y fomentando la formación de la conciencia nacional serbia entre la minoría ortodoxa. Eso era sumamente importante en un territorio tan sensible, del que Mandic dice "que la filiación religiosa en ningún lugar cambiaba tanto ni influyó tanto en la filiación nacional... En un plazo menor de mil años los antepasados de la mayor parte de los aborígenes actuales en Bosnia y Herzegovina cambiaron cinco veces en forma fundamental su confesión, lo que trascendió en su filiación nacional".

El autor trata de investigar y dilucidar en forma más completa esos cambios basándose en las fuentes contemporáneas desde la llegada de los croatas a dichas regiones en la primera mitad del siglo V hasta nuestros días.

En la primera parte (El cuadro étnico de Bosnia y Herzegovina en la Edad Media) Mandic establece, recurriendo a los documentos contemporáneos, que Bosnia y Herzegovina fue poblada en la temprana Edad Media por los croatas; que Bosnia -que entonces abarcaba la pequeña parte de su territorio actual, mientras que las demás partes integraban otras provincias croatas- en el curso de Medievo primero formaba parte del Reino de Croacia, y luego fue sucesivamente banato y reino vasallo del Reino croata-húngaro. En lo social y cultural Bosnia entonces no difería de las demás regiones croatas que cultural y políticamente se desarrollaban en la esfera del mundo occidental, mientras que en Serbia prevalecían los influjos político-culturales de Bizancio. En el plano religioso, la población de Bosnia era católica y patarena (bogomili). En la Bosnia medieval hasta la invasión turca no hubo ortodoxos ni serbios. Mandic, según queda dicho, trató en el segundo torno de la trilogía bosníaca el fenómeno de la herejía bogomil, análoga a los patarenos del norte de Italia y del sur de Francia.

En la segunda parte Mandic considera el problema de la "islamización de Bosnia y Herzegovina". Este problema es importante porque hoy Bosnia y Herzegovina tienen cerca de un millón de musulmanes, casi un tercio de la población de esta "república socialista" dentro de la Yugoslavia comunista. La teoría oficial del régimen dominante -pese al federalismo aparente que en lo nacional favorece la concepción de Yugoslavia como si fuera una Serbia engrandecida- dice que los musulmanes de Bosnia y Herzegovina no son croatas, sino un grupo "nacionalmente indefinido". De ese modo se eludió la inclusión de Bosnia y Herzegovina en la "república socialista" de Croacia, donde deberían estar por su mayoría étnica croata. Unicamente Bosnia entre las seis "república socialistas" que integran la federación yugoeslava y que fueron constituidas, en principio, según el criterio nacional, tiene el carácter de una unidad federal nacionalmente "mixta". Eso fue posible únicamente en virtud de la teoría sobre los musulmanes "nacionalmente indefinidos".

De la exposición de Mandic sobre la islamización de una parte de la población tras la caída del Reino de Bosnia (1463) se infiere que los musulmanes de Bosnia proceden casi ciento por ciento de los aborígenes croatas, católicas y patarenos, quienes durante el dominio turco que duró hasta 1878 abrazaron gradualmente el islam. Mandic describe con detalles cómo y por qué se operó la islamización de Bosnia y Herzegovina en el Imperio otomano, que cierto tiempo tenía ocupados los dos tercios del territorio croata. Cuando los turcos se replegaron gradualmente a la Bosnia actual, con ellos vinieron numerosos musulmanes de las demás regiones liberadas de Croacia, oficialmente país católico. La parte de los musulmanes de origen asiático y arumano importa apenas el 4-5%. Los serbios ortodoxos que en el Imperio otomano gozaban de autonomía religiosa con privilegios de carácter político, no pasaban al islam. En cambio, los católicos, solidarios con el Occidente cristiano, del que esperaban su liberación y donde se refugiaban en masa, soportaban gran presión turca.

En la tercera parte Mandic expone que incluso durante el gobierno turco existía conciencia acerca de la composición étnica croata de la población musulmana y católica de Bosnia y Herzegovina. Lo prueba aportando numerosos datos y documentos históricos de las fuentes nacionales y extranjeras, inclusive turcas. Sobre el subtrato de esta tradición se desarrolló en el siglo pasado entre los católicos y musulmanes de Bosnia el movimiento nacional croata que incluyó a todos los católicos y la gran mayoría de los musulmanes, no obstante las dificultades comprensibles.

En la cuarta parte "El origen y la llegada de los serbios a Bosnia y Herzegovina", Mandic constata que los serbios aparecen en el territorio de la actual Bosnia-Herzegovina en la Edad Media en su mínima parte, en un número muy exiguo y ello debido a la expansión de Serbia. Los serbios empezaron a emigrar a las entonces étnicamente puras provincias croatas de Bosnia y Herzegovina recién durante la dominación turca. Empero, es preciso distinguir entre los ortodoxos y los serbios étnicos. Según Mandic, quien extrae sus conclusiones en base al riguroso estudio de los documentos, la actual población ortodoxa d Bosnia y Herzegovina que importa algo más del 40% consta de elementos étnicos heterogéneos, mayormente de los arumanos no eslavos (50-52%), luego de los católicos que fueron obligados a abrazar la ortodoxia (30-32%), de los patarenos bosnio-herzegovinos que pasaron a la ortodoxia (2-3%), de los inmigrados griegos, armenios, albaneses y zinzaros (6-7%) y de los inmigrados étnicamente serbios sólo 8-10%. Resultan particularmente interesantes las consideraciones de Mandic sobre los motivos y las modalidades del pase, obligatorio en la mayoría de los casos, de los católicos a la ortodoxia. Su conclusión es que Bosnia y Herzegovina, hoy también, en lo étnico son regiones croatas.

Mandic aclaró también el delicado problema de la servización de los ortodoxos por intermedio de la Iglesia nacional serbia que, comparada con la católica, fue favorecida no sólo durante el Imperio otomano sino también en el período de la ocupación por parte de la mayoría de los Habsburgo, no obstante los méritos históricos de la Casa de Austria en pro de la Iglesia Católica.

En el suplemento Mandic consigna más datos sobre la extinción de la secta patarena (bogomili).

El libro ofrece una extensa bibliografía, dos mapas e índice de nombres y materías.

Aunque se trata de problemas que suscitan polémicas nacionalistas, Mandic en su forma y contenido mantiene siempre la altura adecuada de sólido investigador histórico. Siempre argumenta con documentos, de modo que sus conclusiones son dignas de fe. Arroja nueva luz sobre el problema nacional de Bosnia y Herzegovina. El virulento nacionalismo serbio, volcado contra los derechos de la mayoría croata en Bosnia y Herzegovina, carece de fundamento y justificativo histórico a la luz de las rigurosas investigaciones de Mandic. La mayor parte de los ortodoxos bosníacos, que bajo el impacto de la propaganda granserbia y, lamentablemente, por conducto de la Iglesia ortodoxa en servicio de la idea nacional serbia, son fervorosos partidarios de la tesis insostenible sobre el carácter serbio de Bosnia, pues por su origen no son serbios sino arumanos (remanentes de la población de los tiempos romanos) o son congéneres de los croatas católicos. Cabe esperar que con el correr del tiempo, cuando esta verdad haga mella entre las masas, habrá menos fricción entre los croatas y los serbios, dos pueblos vecinos, y que las pretensiones serbias a Bosnia desaparecerán y con ellas desaparecerá la piedra de escándalo. Los católicos y los ortodoxos que conviven en Bosnia adquirirán la conciencia de su origen e intereses comunes. El estudio de Mandic, indudablemente, puede servir también como estímulo para afirmar la idea ecuménica y obrar de ese modo a favor de la eliminación de los contrastes que agudizaron el carácter cruel de los conflictos nacionales entre los serbios y los croatas en la época contemporánea, particularmente durante la última guerra, conflictos que tan hábilmente aprovecharon los comunistas.

Ivo Bogdan

Buenos Aires

 

Arthur Conte, Yalta o el reparto del mundo, Madrid 1964, pp. 446 (Título original en francés: "Yalta, ou la partage du monde", trad. por Juan Francisco Torres).

El autor, sirviéndose de los documentos diplomáticos norteamericanos, de obras memoriales, de la literatura en general y de los informes periodísticos (pp. 43-441) describió en su libro, dividido en tres partes y subdividido en veintidós capítulos, los momentos políticos y militares de envergadura en todo el mundo durante los primeros días de febrero de 1945 (la primera parte: El Universo, con 11 capítulos), la organización de la Conferencia de Yalta, sus tres protagonistas con las respectivas delegaciones (la segunda parte: Las Delegaciones, en cuatro capítulos) y, por último, describió la misma conferencia, día por día, hora por hora del 5 a 11 de febrero de 1945, relatando tanto las reuniones de los jefes de los estados mayores y de los ministros de relaciones exteriores como las sesiones plenarias en que Roosevelt, Churchill y Stalin resolvían todos los asuntos y problemas pendientes, los que se habían reservado o aquellos en los que los militares y los diplomáticos disentían (la tercera parte: La Conferencia, con ocho capítulos). El autor, Arthur Conte -ex ministro francés, ex presidente de la Asamblea de la Unión de la Europa Occidental, delegado en la Asamblea Parlamentaria de la OTAN- describió en forma sintética los sucesos y sus protagonistas en torno a un solo día, el 1 de febrero de 1945, del que Churchill pudo decir con razón "que jamás el destino de tantos hombres ha dependido de tan pocos" y que culminó en el protocolo final de la reunión plenaria tras las deliberaciones en sesiones de las que no se labraban actas. Conte dice expresamente: "En ninguna sesión durante toda la semana hubo el menor informa taquigráfico de los debates y, por consiguiente, como es lógico, ninguna aprobación de las actas. La Conferencia, que sin duda es la más importante de toda la Historia, no dispondrá de otros textos oficiales que las pocas frases de su comunicado final y las pocas páginas de su protocolo secreto" (p. 313).

De ahí la indescriptible de los que estaban ausentes y eran tema de las deliberaciones, luego el descontento y la crítica, especialmente de los franceses y los polacos en el exilio, cuando las conclusiones de Yalta fueron en parte publicadas. En 1955 cundió la alarma cuando los norteamericanos a mediados de marzo de 1955 publicaron su versión sobre al Conferencia sin consulta previa con sus aliados (véase Buenos Aires Herald del 18/3/1955, La reserva del gobierno de S. M. Británica en el Parlamento después que los norteamericanos publicaron el protocolo hasta entonces secreto).

El autor observa una actitud harto crítica para con Roosevelt y la delegación norteamericana, cuyo afán principal era terminar lo más pronto posible la guerra con Alemania, sacarle a Europa la responsabilidad por los sucesos mundiales y establecer un acuerdo sólido y duradero con los rusos. Conte subraya tres fases de las divergencias algo-norteamericanas: la primera cuando Roosevelt, guiado por la idea de una pronta terminación de la contienda bélica con los alemanes y oponiéndose al criterio de Churchill, manifestó a los periodistas su idea sobre la capitulación incondicional el 24/1/1943 en Alfa después de la conferencia de Casablanca, cuando fue decidida la capitulación incondicional. Ni Stalin ni Churchill pudieron en repetidas ocasiones modificar la actitud de Roosevelt respecto a los "satélites" alemanes. La segunda fase de los desacuerdos a principios de 1943 versó sobre el lugar del desembarco en Europa. Churchill abogaba por Italia, Yugoslavia, Grecia y Bulgaria -subraya el autor- a fin de que los aliados occidentales llegasen antes que los rusos a Belgrado, Viena, Praga y otras capitales de la Europa Centro-oriental. No lo logró. En la tercera fase, tras el desembarco en la Normandía (operación Overlord) en junio de 1944, al tratarse de envolver a las tropas alemanas, Roosevelt y el Pentágono proponían un desembarco en Provenza (operación Anvil), una solución relativamente modesta de la "pequeña tenaza", mientras que Churchill y Alan Brooke, apoyados sólo por Norstadt, general norteamericano de aviación, insistieron en la idea de una ofensiva masiva contra Italia, Dalmacia y Grecia" (p. 89), es decir la operación de la "gran tenaza". Nuevamente prevalecieron los puntos de vista de Roosevelt. El autor apunta que la frontera ruso-polaca debería llamarse "la línea Ribbentrop-Molotov" (p. 96) y no la "línea de Curzon" ya que hasta el 28/9/1939 nunca sirvió de frontera sino después y en virtud del pacto Molotov-Ribbentrop, y después de al Conferencia de Yalta que la sancionó en su comunicado del 11/2/1945 (p. 409). Es interesante notar que el autor describe al mariscal Petain con imparcialidad o con cierta simpatía, sin la ironía ni los detalles que arrojan una luz incómoda sobre su persona, como a menudo ocurre con otras figuras políticas de esa época, lo que contribuye la amenidad narrativa pero no siempre a la verdad histórica.

Por supuesto que no son errores crasos cuando del embajador nipón el general Oshima dice un nipón muy alto" y el gran muftí de Jerusalén, Hadj Mohamed Amín el Husseini que era "de larga barba" (p. 54), ni cuando expresa en el capítulo sexto de la primera parte bajo el título "Campo de la muerte" y "Huéspedes singulares", que en Kitzbül" se hallan evacuados todos los ex amigos balcánicos de Alemania", especialmente "Neditch que acaba de abandonar Belgrado con las tropas alemanas, y Pavelitch, que acaba de huir de Zagreb" (p. 78), ya que ni Oshima era alto, ni el gran muftí llevaba una barba larga, ni Pavelitch abandonó Zagreb durante la conferencia de Yalta, sino el 6 de mayo de 1945. Es importante, sin embargo, rectificar que la República de Eslovaquia no fue fundada el 6 de octubre de 1938, unas horas después de Munich (p. 172), sino el 14 de marzo de 1939, mientras que la conferencia de Munich se celebró el 29 de septiembre. No obstante un considerable número de inexactitudes y muchísimos errores en la transcripción de lugares y apellidos alemanes, rusos, etc., la lectura de este libro es muy amena y se tiene la impresión que el autor, excepción hecha de Francia, trató de ser al máximo objetivo y concienzudo. Parece, empero, que su imparcialidad conoce los límites del oportunismo político. Cuando habla de los crímenes de guerra aliados, el autor se queda a mitad de camino. Aquí van dos ejemplares concretos. En el capítulo V, bajo el título "La jornada en Alemania", Conte escribe (p. 693): "Dresde se encuentra invadida por hordas de decenas de militares fugitivos. Los refugiados acampan en el Gran Jardín, en el Palacio de las Exposiciones o a orillas del Elba". En teoría, su relato termina con el día de la conferencia de Yalta, lo que puede tomarse como excusa técnica de no haber anotado que dos días después, es decir el 13/14 de febrero de 1945, fue atacada Dresde y especialmente los refugiados por los bombarderos aliados. Entonces se calculaba que habían muerto entre 80.000 y 200.000 personas. Los historiadores alemanes estiman hoy en día que en aquella ocasión perecieron 60.000 personas (Ploetz: Auszug der Geschichte, ed. 26a., Würzburg 1960, p. 116). Otro ejemplo se refiere a Croacia. En la p. 175, cap. 10, titulado "Europa Oriental", el autor termina el pasaje sobre la situación militar en Yugoslavia: "En el valle de Bosna, los partizanos se apoderan de Siroki Brijeg". Es más que seguro que la gran mayoría de los lectores no saben que en dicho lugar existe un monasterio franciscano con conocido liceo y que los guerrilleros comunistas, a mediados de febrero de 1945, invadiendo la localidad mataron a 28 franciscano, de los que 15 fueron quemados vivos. (Cfr., Martyrium Croatiae, Typis Staderini, Roma 1946, p. 13: The Croatian Nation in its struggle for freedom and independence, Chicago 1955, el trabajo del Dr. K. Draganovic "The biological extermination of Croats in Tito's Yugoslavia", p. 305; La Tragedia de Bleiburg, ed. de Studia Croatica, Buenos Aires 1963, p. 203). En cambio, el autor no dejó de mencionar el crimen cometido en el bosque de Katyn cerca de Smolensk y su influencia en las relaciones del Kremlin con el gobierno polaco exiliado en Londres. Aquí ni la fecha del anuncio del crimen ni la cifra de las víctimas concuerdan con los datos que figuran en las obras históricas (según Conte: 11.000 cadáveres; según Ploetz: 4.143, mientras que durante la guerra se manejaba la cifra de 10.000 oficiales asesinados).

Aunque este libro no está concebido como un trabajo rigurosamente científico, histórico o político -lo que facilita su lectura al lector común-, la falta de referencias y de la mención de la literatura clasificada por lo menos en los casos en que el autor cita palabras textuales, quita la posibilidad de verificar y profundiza algunos temas controversiales. Así, por ejemplo, en las pp. 127-129 describe el ánimo del papa Pío XII el día de la conferencia de Yalta, basándose en el informe que le envió el cardenal Spellman sobre su conversación con Roosevelt, "la misma tarde de su regreso de la Conferencia de Quebec, el 2 de septiembre..." (lo que es imposible por cuanto esta conferencia tuvo efecto del 11 al 16 de septiembre de 1944), ocasión en que Roosevelt le expuso su plan de reparto del mundo, plan que dejó asombrado y perplejo a Spellman. A la pregunta directa de Spellman: "¿Austria, Hungría y Croacia caerían bajo un protectorado similar soviético?", Roosevelt contestó: "Sí". Luego el autor cita: "Winston es partidario del status quo ante. Yo me declaro en contra de la resurrección de Yugoslavia, y a favor de un Estado croata independiente y de un Estado esloveno independiente". (Acaso este pasaje esté citado según "The Cardinal Spellman Story" de rev. Gannon, New York Herald Tribune del 16/3/62, artículo que figura en la bibliografía). En la tercera parte del libro se revela la actitud asumida por Roosevelt en la conferencia de Yalta. Aunque el primer día, el 4/2/1945, Roosevelt en el banquete brindó "por el respeto de los derechos de las pequeñas naciones", tropezando con la oposición de Stalin, y aunque los Tres Grandes en la Declaración sobre la Europa liberada manifestaron su disposición a prestar ayuda... "y a los pueblos de los antiguos Estados satélites del Eje en Europa para resolver, mediante procedimientos democráticos, los problemas políticos y económicos urgentes de tales Estados", en la conferencia Yugoslavia figuró como la única realidad, de modo que los aliados occidentales se preocupaban únicamente, tras la liberación de Belgrado por el Ejército Rojo el 20/10/1944 y la formación del gobierno encabezado por Tito, de poner en práctica el acuerdo Tito-Subasic del 1/12/1944, después que Tito obtuvo el placet de Moscú, con la condición de que los ex miembros del Parlamento sean incluidos en el AVNOJ y que sus resoluciones fueran confirmadas por la Asamblea constituyente, elegida con voto universal y secreta. Stalin aceptó estas condiciones y esta resolución entró en el capítulo VII de Comunicado y en el capítulo VIII del Protocolo sobre la labor de la Conferencia de Crimea, firmados el 11/2/1945 por los Tres Grandes o como expresa el auto en la página 401: "...entre caviar y rosbif... apartando vasos y platos, firman uno de los documentos más importantes de la historia".

No obstante esos reparos y omisiones, que abundan por cierto, el libro que comentamos contribuyen a la comprensión del reciente pasado y acaso más aun del presente que el mundo vive a la sombra de Yalta.

Milan Blazekovic

Buenos Aires

 

Ernest Nolte: Die faschistischen Bewegungen (Los movimientos fascitas), Deutscher Taschenbuch Verlag, Munich 1966, pp. 306.

Roberto Koehl, en su estudio "Zeitgeschichte and the new German conservatism" (Journal of Central European Affairs, vol. XX, nro. 2/1960) se refiere al "Institut für Zeitgeschichte" (Instituto de la historia contemporánea), su origen, organización, propósitos e ideas de los principales colaboradores. De estos últimos y en conexión con el nacionalsocialismo, dice que para ellos el narcionalsocialismo y sus fenómenos afines "son las secuelas de los errores estructurales en la organización de los Estados europeos, tanto en el orden interno cuanto como comunidad, y que son igualmente -acaso más sustancialmente- la consecuencia del modo de pensar y de valorar de los europeos".

El Dr Ernst Nolte, profesor titular de historia moderna en la Universidad Philipps de Marburg-an der Lahn, se ocupó de este problema enfocándolo como un fenómeno general europeo en su libro "Los movimientos fascistas", evoca la idea antes aludida de R. Koehl. Editores de la "Dtv-Weltgeschichtedes 20, Jahrhunderts", Martin Broszat y Helmut Heiber publiacron este libro como cuarto tomo de los 15 previstos. Martin Broszat es miembro del mencionado "Institut für Zeitgeschichte" y junto con Ladislaus Hory publicó Der kroatische Ustascha-Staat 1941-1945 (Stuttgart 1964, pp. 183; ver reseña en Studia Croatica, nro. 20-21, año VII, pp. 185/6). Dicho libro, junto con la obra de Gilbert In der Maur ("Die Jugoslawen einst und jetzt", Viena-Leipzig 1936), el libro de Werner Markert ("Jugoslawien", Osteuropa Handbuch, vol. 1, Colonia-Graz-Viena 1954), la obra de Rudolf Kiszling ("Die Kroaten, Der Schikalsweg eines Südslawenvolkes", Graz-Colonia 1956) citados en la abundante bibliografía (pp. 317-324) y el Archivo Político del Ministerio de Relaciones Exteriores del Tercer Reich (Yugoslavia, informes del 1/6/1932 y 20/12/1934), como asimismo "Deutsche Aeitung in Koratien" del 24/8/1941, citados en las notas (pp. 306-316), sirvieron al profesor Nolte de fuente y referencia en las partes de su libro relativas a Yugoslavia y Croacia.

De acuerdo al epílogo del autor, su obra no es extracto ni complemento de su libro Der Faschismus in seiner Epoche, publicado en 1963, traducido y publicado en Inglaterra, Italia y los Estados Unidos. Se trata de una exposición independiente, hecha con riguroso método científico de las interdependencias históricas en general. Su primer libro le proporcionó solamente la estructura metodológica y las bases histórico-espirituales.

El libro en cuestión consta de dos partes: la primera -El esbozo de la historia de Europa en la época del fascismo- con preámbulo (La precaria "victoria de la democracia" y la posibilidad interna del fascismo), se subdivide en cuatro capítulos. El primer capítulo trata sobre las inmediatas premisas del fascismo; el segundo se ocupa de los comienzos de los movimientos fascistas; el tercero lleva por título "El fascismo y el antifascismo desde 1933", y el cuarto "La guerra y el colapso del fascismo".

En la segunda parte Nolte escribe sobre "Los movimientos fascistas nacionales" y a la vez da una reseña sintética de la situación política, económica y social de cada país en que apareció, en forma distinta, el movimiento "fascista". Esta parte -subdividida también en cuatro capítulos- en vista de su carácter específico resulta más interesante que la primera y seguramente será sometida a crítica y discusión más que la primera.

El primer capítulo comprende la Europa suroriental (Grecia, Bulgaria, Albania, Yugoslavia, Croacia, Hungría y Rumania); el segundo capítulo se extiende a la Europa oriental y los Estados bálticos (Rusia, Polonia, Lituania, Estonia, Letonia y Finlandia); el capítulo tercero involucra la Europa central (Suiza, Checoslovaquia, Austria, Italia y Alemania), mientras que el cuarto se refiere a la Europa septentrional y occidental (países escandinavas, Bélgica, Holanda, Inglaterra, Francia, España y Portugal).

Mientras que en la primera parte se sigue el criterio cronológico y valorativo de los movimientos fascistas, en la segunda parte se aplicó el criterio geográfico, que al mismo tiempo refleja, a grandes rasgos, el proceso de la industrialización creciente con la correspondiente disminución de la población rural (en Albania y Yugoslavia por los años 1930, el 80 %, mientras que en Inglaterra apenas había el 10%). El autor afirma que, en general, en los dos primeros grupos no se daban los presupuestos sociales para el fascismo y en el cuarto grupo ya no existían; únicamente en el tercer grupo (corazón de la Europa central) el fascismo encontró los supuestos básicos para su desarrollo total.

El fascismo, como un fenómeno nuevo entre las dos guerras mundiales, acusa, en opinión del autor, las seis siguientes características: 1. Surge en el terreno de la hasta entonces más grave crisis del sistema liberal cuando los grupos históricos se combatían mutuamente en el parlamento y se desgastaban mientras que la prematura extensión del sufragio universal imposibilitó la imprescindible adaptación; 2. El fascismo nació de la guerra y sus primeras formaciones son las asociaciones de los veteranos de guerra que reivindican los postulados de la primera contienda mundial (en Italia, la cuestión de Fiume que intentaron resolver por la fuerza); 3. Frente a la burguesía el fascismo está en relación de "identidad no idéntica", es decir se convirtió en el abanderado de la intención básica burguesa: combatir los intentos revolucionarios marxistas con las fuerzas y los métodos ajenos al modo burgués de vivir y pensar; 4. Se nota una visible afinidad entre el fascismo y su adversario debido a la gran afluencia de socialistas y sindicalistas y su influencia en la relación del fascismo hacia las masas; 5. Enarbola el nacionalismo o lo lleva hasta el paroxismo (no el nacionalismo de un Mazzini sino el de Enrico Corradini, que no conoce escrúpulos respecto al Tirol meridional e Istria, y en el Mediterráneo ve sólo "il mare nostro"); 6. La propensión hacia la ideología, surgida de la necesidad de crear su propia interpretación del marxismo y de poner, en lugar del sistema liberal, campo abonado para el adversario, su antimarxismo, que se remonta al pasado para acercarse al antisemitismo y cierto catolicismo anticristiano.

Todas esas características acaso no sean italianas, sino europeas en general; el fascismo como tal no se reduce a las condiciones específicas italianas, sino principalmente por su temprano triunfo en este país. Por supuesto, caben diferencias en cada caso, pero mientras se manifiestan dentro de las seis características consignadas, la aplicación del concepto "fascista" puede considerarse justificada. Según estos criterios se califican como fascistas todos los partidos, movimientos y tendencias que están a la derecha, es decir en relación con el surgimiento del comunismo son más radicales que los partidos derechistas antes de la Primera Guerra Mundial, pero que contienen en mayor grado elementos izquierdistas que los partidos de derecha de la preguerra.

Visto desde el exterior y pragmáticamente -escribe Nolte- estos partidos y movimientos se reconocen por su inclinación a los uniformes, al principio caudillista y por su franca simpatía hacia Mussolini e Hitler, o ambos. Cuando algunos de estos rasgos están netamente delineados, se habla del filofascismo o semifascismo; cuando en un partido que tiene otra raíz se manifiesta un solo rasgo (por ejemplo, el principio del ejército partidario armado), puede ser una característica apropiada del seudofascismo. Pero donde los elementos esenciales se dan sólo en sus comienzos, se recomienda el término protofascismo y semifascismo que, pasando por distintas graduaciones, culmina en el fascismo totalmente desarrollado, hasta el filofascismo tibio, aunque en la realidad esas relaciones no son sencillas (por ej., en Rumania había un movimiento fascita, bastante fuerte e independiente que no existió en Yugoslavia afín por su estructura).

En los capítulos que tratan las distintas formas de los movimientos fascistas en cada país no figuran Serbia y Eslovaquia, sino se las trata en el marco más amplio yugoeslavo y checoeslovaco respectivamente. Mientras que esa omisión es lógica en cuanto a Serbia, que no era Estado en la época de que se trata, no lo es en cuanto concierne a Eslovaquia, que fue Estado, por lo menos en el tiempo de guerra, o sea en el período de cambio en el sistema europeo de Estados. Discurrir sobre Eslovaquia en el marco de Checoslovaquia no se justifica ni por otro motivo: existió un movimiento fascista checo diferente del eslovaco por su aparición cronológica y por sus características. Por ello, el autor con justa razón separó a Croacia de Yugoslavia, aunque, a nuestro parecer, no definió netamente el carácter nacional de los movimientos fascistas yugoeslavos, o de las organizaciones nacionalista extremistas yugoeslavas, como lo eran la Acción Yugoslavia y Zbor (Asamblea). Esas organizaciones tenían todas las características del yugoslavismo al servicio de la idea granserbia, de modo que la participación de los croatas en dichas organizaciones era excepción rarísima. De esa manera las tendencias y organizaciones fascistas serbias quedan cubiertas con el manto yugoslavo. No es fácil, por cierto, resumir en tres páginas el proceso de las corrientes políticas y jurídico-estatales en Yugoslavia entre las dos guerras. En principio, y visto el espacio limitado del libro, Nolte salió airoso por cuanto enfocó el problema de la Yugoslavia de entonces como la búsqueda "de un compromiso entre las aspiraciones hegemónicas granserbias y los esfuerzos croatas por independizarse". No es del todo exacto que las tentativas de una transacción fracasaron también por culpa del "irresponasble" Radic y que la avenencia de 1939 satisfizo la mayor parte de las aspiraciones croatas. Nótase una fuerte influencia del libro Hory-Broszat cuando Nolte concluye sus reflexiones sobre Yugoslavia afirmando "que en el Estado ustacha de Croacia apareció por corto plazo la primera y única formación fascista irrestricta en los Balcanes".

A la misma conclusión llega el autor, pero en forma implícita, en el capítulo relativo a Croacia, en el que expone la historia, el origen, la evolución y las características del movimiento ustacha, del que dice "no poderlo prima facie de modo alguno claramente calificar como fascista". Sería una organización nacional revolucionaria terrorista secreta como la "Mano negra" serbia o la IMRO macedonia, que aspiran a crear su propia nación, lo que no es el caso del fascismo y el nacionalsocialismo, que tratan de salvar a la nación existente de la agresión internacionalista del comunismo y la plutocracia. Estas organizaciones son secretas, les falta el elemento público que fue la savia vital de los movimientos fascistas. Estas organizaciones no pudieron quedar inmunes a los influjos de Europa que por los años 1930 no fueron ni más democráticas ni más humanitarios que hace 100 años.

El movimiento ustacha -expresa Nolte- sufrió la influencia del clima fascista de entonces mucho más que la IMRO macedonia. El autor a continuación consigna algunos rasgos del movimiento ustacha que lo diferencian del fascismo totalmente desarrollado. Dice que en Croacia no hubo una "revolución nacional", ninguna cooperación con las fuerzas políticas anteriores, sino que el Estado desde el principio fue concebido y estructurado como el "Estado ustacha".

Eso es exacto en su punto primero siempre y cuando la colaboración del fascismo italiano y del nacionalsocialismo alemán con los existentes partidos conservadores en la lucha contra la bolchevización o el comunismo, y el triunfo del fascismo con el apoyo de dichas fuerzas, se denomina "revolución nacional". En Croacia no había semejantes fuerzas organizadas. Todas desaparecieron y se fundieron en el movimiento nacional croata no estructurado, encabezado formalmente por el líder del Partido Campesino croata, Dr. Vladko Macek, quien por ello con más razón ostentaba el título del "líder de la nación" que el mismo Esteban Radic antes del atentado en la Skupstina (Parlamento) de Belgrado en 1928. El hecho de la restauración del Estado de Croacia en abril de 1941, cuando aún no estaba definida la posición de Italia y del Tercer Reich hacia el futuro de Croacia y su jefatura política y estatal, apunta a una verdadera revolución nacional con la participación de todas las organizaciones paramilitares del Partido Campesino croata (la Guardia Urbana y Campesina), con la total abstinencia, por supuesto, de sus dirigentes. También es evidente la colaboración posterior de dos tercios de los diputados nacionales de dicho partido en el Sabor (Parlamento) croata. Podrían esgrimirse argumentos, lo que aquí no viene al caso, de que el Estado de Croacia y su estructuración ustacha" resultó ser, lamentablemente, una gran improvisación bajo el impacto de las circunstancias bélicas y de las relaciones de Croacia con sus aliados de guerra. En estas condiciones, "los principios ustacha", basamento del movimiento homónimo, se convirtieron en la ley fundamental del Estado de Croacia con una velocidad récord, lo que no corrió en Italia y Alemania, según lo constata correctamente el autor y califica ese hecho como un rasgo peculiar del prematuro totalitarismo estatal del partido en Croacia. Tampoco es exacto que al principio en los actos públicos dominaban los uniformes ustacha y los del ejército regular aparecieron poco a poco después. En la organización de las fuerzas armadas al principio tuvo ventaja precisamente el ejército regular (domobrani) gracias a la influencia de su comandante en jefe, Slavko Kvaternik, ex coronel del estado mayor del ejército austro-húngaro. No hay que dejarse engañar por tantos uniformes ustacha en semejantes actos, pues a menudo eran los uniformes de los funcionarios del partido, de carácter no militar.

Como otro rasgo diferencial el autor aduce la íntima relación con el catolicismo que se manifestó en la decisiva cooperación de frailes franciscanos y otros sacerdotes. Si todo fascismo -afirma el autor- puede determinarse con los rasgos del "catolicismo anticristiano", entonces el fiel, es decir el católico cristiano, no puede ser un fascista. Nolte duda de que Pavelic y sus adherentes hayan sido católicos. Para ello el catolicismo en primer lugar fue la parte integrante del carácter nacional, de modo que sin mediar interpretaciones teóricas, se alejaron de la doctrina religiosa. "Por ello, el movimiento ustacha sólo con suma cautela puede ser calificado como fascismo católico", concluye Nolte. Si esta deducción y conclusión son exactas, entonces resulta ilógico hablar de los "combatientes por la fe" que Europa durante siglos no había visto. Más lógico sería llamarlos combatientes por la causa croata o por la nacionalidad. Pero si Croacia debía estar habitada sólo por los croatas y a la vez tuvo que ser la Gran Croacia del rey Zvonimir, entonces es inexacta la insinuación de Nolte de que casi la mitad de la población entre serbios, musulmanes, ortodoxos y judíos debió pasar al catolicismo o ser exterminada. Todavía más inexacto es un aserto, que recuerda la obra de Hory-Broszat como su fuente, que "Croacia durante la guerra de hecho se convirtió en un enorme templo de bautización y a la vez en un gigantesco matadero". En primer lugar, los musulmanes de Bosnia y Herzegovina son croatas en su gran mayoría y no se conoce ni un caso de que un musulmán fuera bautizado o fuera perseguido. En segundo lugar, ningún ortodoxo, salvo los serbios que en esas circunstancias excepcionales consideraron oportuno voluntariamente, o bajo presión, pasar al catolicismo, no tuvo que cambiar su confesión. El solo hecho de haber existido la Iglesia Ortodoxa Croata -oficialmente reconocida- desmiente la afirmación contraria. En tercer lugar, la persecución de los judíos en Croacia debe atribuirse más al aliado germano que al movimiento ustacha, ya que varios de sus dirigentes principales estuvieron casados con judías o semijudías, sin mencionar que en Croacia el antisemitismo racista no tuvo arraigo popular ni fue virulento.

Croacia, por cierto, se convirtió en un matadero, pero no a causa de la locura religiosa o nacionalista, sino por el hecho de haberse transformado, por concurso de circunstancias, en un campo de batalla de ocho ejércitos regulares, irregulares y partidistas (croatas, alemanes, italianos, serbios y comunistas), que lucharon por distintos sistemas e ideologías políticos y sociales. Nolte no destacó en forma adecuada este factor importantísimo.

Según hemos indicado, resulta insostenible la tesis del autor en lo que se refiere a los musulmanes (p. 177): "En Croacia para los ustachi la lucha contra los judíos viene mucho después de la lucha contra los serbios y los musulmanes bosníacos", como asimismo su afirmación en la p. 202: "Igualmente en forma violenta pero no tan perfecta como Hitler solucionó el problema judío, Pavelic solucionó el problema serbio y musulmán". Si bien Nolte reconoció al autor de esta nota (en la carta del 2/6/67) que lo dicho sobre los musulmanes era un "lapsus pennae" que rectificará al presentársele la primera oportunidad, queda abierto el interrogante: ¿Dónde encontró Nolte este dato si en esta forma no figura en las fuentes de que se sirvió? ¿De dónde, por ejemplo, una afirmación similar en la p. 109 de la edición 24a. de "La historia de la Segunda Guerra Mundial" (Geschichte des Zewiten Weltkrieges, A. G. Ploetz-Verlag, Bielefeld 1951), rectificada en la edición 26a. de la misma obra (año 1960, p. 1242). Aquí sin duda alguna influye la insistente propaganda de guerra y posguerra contra la cual no quedan impunes en ciertos casos ni los escrupulosos historiadores hasta que se le suministre la contraprueba, que desgraciadamente siempre viene "post festum", después de publicarse la obra.

Cabe acreditar al autor el haberse referido al "horrendo destino" de las unidades militares croatas en manos de los guerrilleros comunistas al finalizar la guerra. Mas ni este destino, ni todas las dificultades con que tropezaba el Estado de Croacia durante la guerra, junto con su régimen ustacha, no justifican el status geográfico-político creado con la imposición de la unión croata-serbia en 1918-19, si en él el pueblo croata no tuvo la posibilidad de expresar por vía legal su derecho de autodeterminación, como realmente ocurrió en Yugoslavia.

Considerando las características del movimiento ustacha y su evaluación a la luz de los rasgos del fascismo que consigna Nolte, luego teniendo en cuenta que las distintas imitaciones del fascismo y nacionalsocialismo sirvieron principalmente a Pavelic como táctica en la rivalidad germano-italiana respecto a Croacia, no nos parece del todo adecuado incluir a ese movimiento -como tampoco algunos otros movimientos, partidos y tendencias- en el rótulo común del fascismo, como hace el autor. Acaso sea más apropiado incluir al movimiento ustacha en el concepto general del "autotarismo" y dentro de éste distinguir tres grupos: regímenes militaristas, dictaduras monárquicas y movimientos extremistas, como lo hace Taylor Cole (European Political Systems, Nueva York 1961, pp. 762/7) y C. E. Black R. L. Braham que redactaron la sexta parte del libro titulado "La esfera soviética: las democracias populares de la Europa oriental". Estos autores dividen el último grupo en movimientos autonomistas y fascistas; entre los autonomistas incluyen al movimiento ustacha, al IMRO y al movimiento autonomista eslovaco, mientras que el Lapua finlandés, la Guardia de Hierro rumana y Las Cruces Flechadas húngaras serían movimientos fascistas.

No obstante esos reparos y nuestra divergencia en ciertos detalles, el libro del profesor Nolte es muy instructivo, constituye un trabajo científico sin tendencia prefijada y merece toda consideración y un análisis amplio y objetivo.

Milan Blazekovic

Buenos Aires

Angelo Tamborra: Imbro Tkalac e Italia. Ed. Instituto per la Storia del Risorgimento Italino (Serie II: Memorias, vol. XXIV), Roma 1966.

Hace poco apareció la monografía del epígrafe, muy importante para los croatas, escrita por el conocido historiador italiano. Angelo Tamborra en los últimos años atrajo la atención con sus notables estudios y monografías sobre las relaciones entre el Risorgimento italiano y las figuras principales de la Europa central y los Balcanes. Su obras clásica se titula Davour e i Balcani (Turín, 1958). Me referí a ese importante libro en una reseña publicada en Journal of Central European Affairs, de modo que lo hice conocer a los círculos especializados norteamericanos. Ya en ese libro Tamborra prestó especial atención a Tkalac y Kvaternik y a la política que siguieron primero Cavour, luego los demás estadistas italianos, especialmente Visconti Venosta y Garibaldi frente a la situación imperante en la ex monarquía de los Habsburgo y en los Balcanes. En ese libro, como en la monografía que reseñamos, Tamborra se sirvió, principalmente, de la fuente de los archivos estatales italianos, lo que les confiere una importancia especial.

En esta monografía, Tamborra se circunscribió a Imbro-Emerik Ignjatijevic Tkalac, nacido en Karlovac el 6 de mayo (24 de abril) de 1824. Tkalac pasó su primera juventud en Croacia hasta que fue a estudiar a Alemania, luego vivió en Austria, donde por cierto tiempo colaboró en la revista vienesa Ost und West. Expulsado por razones políticas, Tkalac se radicó en Italia, donde murió en 1912, en Roma, como empleado del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia. Tkalac escribió muchísimos folletos en varios idiomas, mayormente en alemán, francés e italiano. También escribió gran número de estudios y artículos políticos y literarios, con su propio nombre y apellido o con distintos seudónimos, publicados en periódicos y revistas alemanes, austríacos, franceses y croatas. Cierta atención suscitaron sus recuerdos juveniles de Croacia, publicados bajo el título Jugenderinnerungen aus Kroatien (1749-1823; 1824-1843) e impresos en Leipzig en 1894. En croata Tkalac escribió su conocida disertación: Pitanje Alstrijisko, Kome Kako i Kada valja resiti ga? Poslanica braci Hrvatima i Srbina (La cuestión austríaca, ¿quién, cómo y cuándo debe solucionarla? Un mensaje a los hermanos croatas y serbios). Este folleto fue impreso en París, siete años después de haber aparecido La Croatie et la ConfédérationItalienne de Kvaternik, con el prólogo del publicista francés L. Léuzon Le Duc, quien presentó ese libro al público francés en la época en que el París de Napoleón III se interesó por los problemas nacionales en la monarquía de los Habsburgo. En los años en que Tkalac actuó en Italia, primero en Turín, luego en Florencia y por último en Roma, en Turín y Florencia se hallaba también el revolucionario croata Eugenio Kvaternik quien, igual que Tkalac, viajó entre italia, Petersburgo y París, luchando por el Estado nacional de Croacia independiente, mientras que Tkalac bregaba por la creación de la unión sureslava. Tkalac murió en Roma como empleado de la Consulta italiana, mientras que Kvaternik cayó como un auténtico revolucionario en 1871 en Rakovica. No hubo dos croatas tan opuestos como Tkalac y Kvaternik; el primero: un diplomático mesurado, comedido y culto, de erudición enciclopédica, que escribía perfectamente en francés, italiano y alemán; cauto, nacido para ser diplomático; el segundo: plebeyo, auténtico rebelde, muy interiorizado del derecho constitucional croata, gran lector, escribió en francés a su modo, en forma agresiva pero vivaz. Diría que Tkalac se semejaba más al agudo Cavour a Visconti Venosti, mientras que Kvaternik se acercaba a Garibaldi. Para Tkalac la diplomacia lo era todo y para Kvaternik la lucha por la liberación nacional era el alfa y el omega de su visión del mundo. En lo político, Tkalac sostenía la idea de la liberación de todos los eslavos meridionales y la creación de su Estado común, mientras que Kvaternik luchó por el establecimiento del Estado independiente de Croacia desde Albania hasta las montañas Karavanke. Kvaternik pensaba que con la liberación de Italia del yugo austríaco, en forma paralela se podría crear en la costa oriental del Adriático el Estado de Croacia. En sus cartas y diálogos con los estadistas italianos Kvaternik sostenía que la creación de la unión de Croacia con Serbia, conduciría la ortodoxia bizantino-serbia al Adriático, amenazando así a todos los eslavos católicos meridionales y occidentales con la hegemonía rusa, y de hecho haría peligrar la seguridad de Italia, del Mediterráneo y del Occidente. Mientras Tkalac creía en los conceptos expresados en Nacertanie de Garasanin (programa secreto de expansión granserbia), que anunciaba la creación del Imperio serbio en el que los serbios serían el factotum y los croatas apenas un apéndice, Kvaternik refutó esa tesis y abogó consecuentemente por la creación del Estado de Croacia independiente.

Analizando, pero superficialmente, el conflicto Tkalac-Kvaternik, Tamborra afirma que la diplomacia italiana estaba totalmente a favor de Tkalac y rechazaba la tesis de Kvaternik. La diplomacia italiana supuestamente abogaba por la unificación de los eslavos meridionales, apoyándola dentro de sus posibilidades, y desestimó la tesis de Kvaternik sobre la creación de un Estado independiente de Croacia. "Los hombres que realmente pesan en Italia -escribe Tamborra- como el rey, Visconti Venosta, Cerrutti, etc., están en favor de la tesis sobre la reconciliación entre los serbios y croatas, planteada anteriormente, con premisas yugoeslavas, por Tkalac". Por consiguiente, concluye Tamborra, al ser adoptada tal tesis, Kvaternik registra ese encuentro en su Diario en términos amargos: "Estaba en la antesala de Cerrutti (secretario general del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia) cuando vi al odioso Tkalac. Me dolió en el alma mirar a ese animal, a ese ser desleal. Pasábamos uno al lado de otro sin hablarnos y mirándonos como el león y el tigre en la jaula... Somos hijos del mismo pueblo y tan hostiles...". Al preguntarle Cerrutti por Tkalac, Kvaternik respondió: "No lo conozco. En Croacia, además de Strossmayer, Jankovic, Starcevic y yo, no conocemos a otra persona que tenga derecho a hablar en nombre de Croacia... Ya veré quién es éste". (Todo eso figura también en el Segundo exilio de Kvaternik, que ahora no tengo a mano y traduzco del italiano del texto de Tamborra). Para nosotros, los exiliados actuales, esos incidentes no son desconocidos y, por lo tanto, no nos sorprenden.

Pero es de lamentar que Tamborra, si bien las captó, no profundizara esas alternativas croatas que no son de ayer o de hoy sino que constituyen las constantes de toda la política croata desde el principio del siglo pasado. Traté de exponer el punto de vista de Kvaternik en otro lugar. En el último volumen de Journal of Croatian Studies (V-VI) traté, por primera vez, en idioma inglés, de resumir los puntos de vista de ambos personajes a través de encuentros de Kvaternik con Tommaseo y debo reconocer que me vinieron bien los hallazgos anteriores de Tamborra sobre Tkalac, extraídos de los archivos estatales italianos, conforme lo anoté detalladamente en mi trabajo. La historiografía contemporánea croata deberá prestar mucha atención a este problema, pues me parece que precisamente ahora llegó el momento de esclarecer dichas alternativas a la luz de la trágica experiencia de Yugoslavia.

El caso Kvaternik está presente en las luchas actuales de los jóvenes croatas, incluso nuestros marxistas hablan de él. Precisamente en el tomo reciente de la revista norteamericanaForeign Affairs el Dr. R. Bicanic publicó un artículo sumamente interesante sobre la reforma en Yugoslavia y al subrayar el papel de los comunistas croatas en la conducción de la reforma, refirióse también a la crisis nacional, recalcando que el Partido Comunista de Yugoslavia había admitido que la idea yugoeslava era impracticable. Al final de su artículo Bicanic advierte que la acción decisiva de los comunistas croatas tendiente a conseguir mayor independencia no debería tomar el camino del "heroísmo enloquecido" de Eugenio Kvaternik que en 1871, tras la trágica Rakovic, impidió la federalización del Imperio de los Habsburgo. Como esa interpretación de la gesta de Kvaternik no coincide con la verdad histórica, pues el año 1867 demostró inequívocamente que los croatas no podían obtener bajo la hegemonía austríaca y húngara su independencia estatal, es signficativo que un Bicanic, siempre tan cauto y hombre de compromiso, recurriera precisamente al ejemplo de Kvaternik y con ello reconoció que ese ejemplo cunde también entre la oposición actual de los marxistas croatas al Belgrado serbia. Bicanic, de quien se sabe que está allegado a Bakaric (principal figura comunista en Croacia), debió tener plena conciencia de lo que escribió. No haría semejante formulación de no estar convencido que se trate de una idea que está rondando las mentes de los marxistas croatas. Los teóricos marxistas saben cómo y cuándo deben emplear ciertas fórmulas, pues para ellos eso es fundamental.

Empero, una cosa tenemos que destacar: el valor de esa monografía sobre Tkalac se acrece debido al hecho de que Tamborra agregó a su trabajo los informes que Tkalac enviaba desde Roma al Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia en Florencia durante el Concilio Vaticano I. Dichos informes fueron redactados del 20 de enero al 25 de julio de 1970, es decir cuando Roma no era todavía la capital de la nueva Italia y cuando Florencia era la sede del gobierno italiano. Tkalac remitía desde Roma sus misivas por vía diplomática por temor a la policía papal. Fueron dirigidas directamente al ministro de Relaciones Exteriores de Italia, Visconti Venosti. Resultan muy interesantes y evidencian la extensa vinculación que tenía Tkalac, como antes Kvaternik también, luego el espíritu excepcionalmente crítico de Tkalac. Esas cartas configuran una pequeña obra maestra del arte diplomático de Tkalac. ¿Por qué fue Tkalac enviado a Roma y no otro? La respuesta puede ser múltiple. En primer lugar por no ser italiano sino extranjero y así no se lo notaría tanto en los círculos de la Curia romana. yo creo que la razón principal estribaba en la amistad de Tkalac con el obispo Strossmayer. En efecto, en su primera carta Tkalac subraya que transmitió a Strossmayer los saludos del gobierno italiano y le felicitó por su comportamiento en el Concilio. Strossmayer ya era no sólo conocido sino popular en los círculos liberales italianos y europeos a causa de su actitud contra los "infalibilistas", y por otra parte con él simpatizaban muchos obispos europeos, sobre todo franceses y alemanes, opuestos a la proclamación del dogma sobre la infalibilidad del Papa.

Strossmayer, emocionado por los saludos de Visconti Venosta, destaca que su intención era "combatir el mal que amenaza a la Iglesia y la sociedad y que no se cansará defendiendo los derechos de la humanidad contra toda tiranía tanto espiritual como secular". Al mismo tiempo recalca que nadie menos que él, "líder de al oposición nacional y liberal de su país", aprecia "los servicios prestados por Italia a todos los pueblos oprimidos escribiendo en su bandera la palabra de la libertad y de la independencia nacional".

Tkalac describe que la oposición, encabezaba por Strossmayer, era muy fuerte entre los obispos, que cada discurso suyo en el Vaticano contribuye al incremento de su enorme prestigio. Se sabe que después de cada intervención suya sobre todo los obispos franceses exclamaban "Vive Strossmayer" y "Vive la Croatie", particularmente mons. Dupanloup, obispo de Orléans, brazo derecho del obispo de Djakovo. Con Strossmayer estuvieron también el obispo Darboy, los cardenales Rauscher y Schwarzenberg, arzobispo de Praga. Mas la oposición de Strossmayer menguaba poco a poco. Tkalac registra que en una sesión del Concilio cayeron también estos insultos a cuenta de Strossmayer: "Ecce hereticum, ecce protestantem, condamnemus eum, anathema sit", etc. El Papa Pío IX no simpatizaba con Strossmayer, lo llamaba socarronamente "Croatino" y "caposetta croatino". Eso ocurrió cuando Strossmayer, mediante el conocido historiador inglés Lord Acton, estableció contacto con el líder del Partido Liberal inglés, Gladstone. Pío IX llamaba a Lord Acton "ce misérable d'Acton (...quel briccone di Actonuccio)". Lord Acton, católico y libertad, estaba totalmente de lado de Strossmayer, lo que él recalca también su conocido análisis del Concilio, Tkalac, empero, no cree que Acton fuera un hombre honrado", lo que no responde a la verdad.

Vista en la perspectiva actual, después del Concilio Vaticano II, la posición de Strossmayer en el Concilio Vaticano I (1869-1870) resulta profética y más que intuitiva. Si la Iglesia hubiera aprovechado sus consejos, no habría demorado todo un siglo en su "aggiornamento", al menos en parte. Sea cual fuera la opinión que nos merece Strossmayer, no cabe duda que era un eclesiástico genial que miraba un siglo adelante en el futuro del mundo y de la humanidad. Las cartas de Tkalac lo evidencian palmariamente. Por lo demás, el mismo Tommaseo en su Cronichetta se confiesa hondamente impresionado por la personalidad de Strossmayer. Es el primer croata que le dejó la impresión de gran prelado y político europeo. Tildado de liberal y paneslavista, de lo que Strossmayer no se avergonzaba, dejó huellas profundas en una época en que se decidía el destino de un nuevo mundo. Vencido por fin en el Concilio -de lo que hablan mucho las cartas de Tkalac- Strossmayer explicó en los siguientes términos su caso al amigo Racki en 1870:

"En el Concilio no hay libertad alguna... Tengo que atenerme a mis convicciones y salvar ante Dios y el mundo mi conciencia y mi honra". Luego prosigue: "...hoy alguien se proclama Dios y nosotros tenemos que firmarlo. No puedo soportar esa vergüenza".

Tamborra no investigó mucho las fuentes croatas aunque trabajó en los archivos de Zagreb. Su monografía con el suplemento de las cartas de Tkalac sobre el Concilio, escritas en francés, revisten enorme valor para nuestra orientación actual. Por lo demás, quien lee Glas Koncila (La voz del Concilio), la lectura más interesante que nos llega de Croacia, puede orientarse fácilmente y levantar el ánimo.

Bogdan Radica

Nueva York, N. Y.

 

Mandicev Zbornik ("El compendio mandichiano" en homenaje al R. P. Dr. Domingo Mandic con motivo de su 75 natalicio). Ed. Studia Instituti Chroatorum Historici Romae,vol. I-II, Romae MCMLXV, p. 320.

El R. P. Domingo Mandic ocupa en la vida nacional y sobre todo en la historiografía de Croacia un lugar destacado. A la orden franciscana dedicó los mejores esfuerzos y desvelos de su larga vida y sus estudios relativos al pasado milenario de Croacia lo acreditan como un de los más perspicaces y profundos conocedores de la historia nacional.

Las tinieblas que parcialmente cubren las épocas más remotas de la nación croata y las distorsiones intencionales de los hechos para menguar u oscurecer sus derechos son dos factores que impiden el cabal conocimiento del destino y el acontecer histórico de los croatas. Contra esos dos factores se levantó el R. P. Mandic, cuya lucidez y erudición hicieron retroceder las tinieblas, enriqueciendo nuestros conocimientos históricos con nuevos datos fidedignos, con interpretaciones claras y enfoques acertados. Tenaz e incansable, dotado de un espíritu analítico poco común, Mandic supo deshacer la maraña de falsificaciones y semiverdades, convirtiéndose en un seguro guía para cuantos tienen la verdad histórica por anhelo supremo.

Mandic, nacido en 1889 en el pueblo de Lise, cerca de Siroki Brijeg, importante centro cultural de la provincia craota de Herzegovina, ingresó a la orden franciscana en 1906 y en 1912 fue ordenado sacerdote en Friburgo, Suiza, donde estaba cursando los estudios teológicos superiores.

Sus extraordinarios talentos, la erudición y el carácter firme lo hicieron sobresalir muy pronto. De 1928 a 1934 fue el superior provincial y de 1934 a 1939 el director del liceo clásico franciscano en Siroki Brijeg. La asamblea general de la orden franciscana reunida en Asís en 1939 lo designó consejero general de la Orden, confiándole al mismo tiempo el importantísimo cargo de ecónomo de la misma.

Su múltiple obra historiográfica se remonta al lejano 1909 cuando publicó los notables trabajos sobre la historia de la orden franciscana y ya entonces también unas notas sobre la historia de las provincias de Bosnia y Herzegovina, que con el tiempo será el tema central de sus estudios e indagaciones históricas. Las pretensiones del imperialismo enano serbio a estas provincias croatas sirvieron de estímulo a Mandic, oriundo de Herzegovina, para ahondar en la investigación del pasado de su provincia natal y con su obra monumental sobre Bosnia se erigirá en el símbolo viviente de la integridad del patrimonio nacional croata. Al cumplir Mandic 75 años de su fecunda vida, el Instituto Histórico Croata de Roma publicó el Compendio Mandichiano (Mandicev Zbornik) en el que reunió trabajos históricos de historiadores croatas y extranjeros. Algunos de ellos fueron alumnos y colaboradores del homenajeado. La redacción del compendio estuvo a cargo de los historiadores Ivan Vitezic, Basilio Pandzic y Atanasio Matanic.

En la introducción el R. P. Basilio Pandzik suministra un escueto curriculum vitae de D. Mandic y la bibliografía completa de sus obras. Sigue el estudio redactado en inglés por Vladimir Markotic, catedrático en la Universidad de Alberta Cargary, EE.UU., intitulado Ho Ton Hraboton Theos (El Dios de los croatas) de C. Porphirogenitus, en el que esclarece varios aspectos de la cristianización de los croatas en conexión con la obra del emperador e historiador bizantino Constantino Porfirogeneto, cuyo libre De administrandi Imperio constituye una de las fuentes más importantes para los primeros siglos de la historia croata.

El eruditísimo jesuita croata Esteban Sakac está presente con su trabajo, redactado en croata Ljutovvid, strateg Srbije i Zahumlja i njegova lokrumskka povelja, en el que analiza una controversia histórica acerca de la autenticidad de un importante documento del siglo XI que se refiere a los benedictinos de Lokrum en los alrededores de Dubrovnik.

El trabajo siguiente, redactado también croata, intitulado Isprave kralja Zvonimira i Stjepana II. splitskim benediktinkama pertenece al prestigioso historiador Aurelio Tanodi, actualmente profesor de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.

Marko Japundizic, Roma, en su interesante disertación Istocno-bizantinski obred u hrvastkim krajevima (El rito oriental-bizantino en las regiones croatas) analiza algunos aspectos de la penetración del rito ortodoxo en Croacia.

Rudolf Bonic, Roma, en su estudio Srednjovjekovni grad Krusevac u Humu (La fortaleza medieval de Krusevac en Hum) examina la ubicación y la importancia histórica y militar de la antigua plaza fuerte de Krusevac.

Alexander V. Solovjev (Ginebra) en su colaboración, redactada en francés Le testament du Gost Radin, trata de un dignatario de la secta bogomili (una derivación de la secta de los patarenos en la provincia croata de Bosnia), cuyo testamento arroja cierta luz sobre la vida y la decadencia de este brote cismático en el suelo croata.

Das Demilov-Kreuz bei Kucinari (Herzegovina) es el título del trabajo de Herman Gruber, Stuttgart, redactado en alemán. El estudioso germano trata de descifrar y analizar los signos y los símbolos encontrados en la célebre Cruz de Kucinari perteneciente al culto de los bogomili (patarenos)...

Marin Tadin, París, en su estudio en francés Un nouvel exemplaire du Carême attribué á Saint Bernardin de Sienne relata la curiosa aventura de un texto cuaresmal, escrito en glagolitsa, antigua escritura croata, que se halla en la biblioteca de Porto, Portugal.

Atanasio Matanic, O.F.M., Roma, contribuyó con su interesante trabajo, redactado en croata Apostolska vizitacija dubrovacke nadbiskupije god. 1573/4. Terminado el concilio ecuménico de Trento (1545-1563), se realizó una visitación apostólica a la arquidiócesis de Dubronik. El autor narra las características y pormenores de este importante suceso.

El franciscano Basilio Pandzic en su estudio, redactado en latín, Relatio de provincia Bosnae Argentinae O. F. M. an. 1623. S. Congregationi de Proapganda Fide exhibita se refiere a las misiones franciscanas en Bosnia y a la asistencia prestada por la Congregación de la Propagación de la Fe.

José Buric, en su trabajo, escrito en croata, que lleva por título Ilirski Kolegij u Garganskom Gorju u 17. stoljecu, se ocupa de las vicisitudes de un colegio fundado en el siglo XVII para los seminaristas croatas en los Montes Gárganos, en el sur de la península itálica.

Mirko Covic adhirió al homenaje con su trabajo, escrito en croata, Borda oko sinjske franjevacke gimnazije, u beckom carevinskom vijecu godine 1865, en que detalla la lucha que se libró en el Consejo Imperial de Viena en torno al subsidio al conocido colegio franciscano de Sinj (Dalmacia, Croacia).

También en croata está redactado el aporte de Ivan Vitezic, Viena, Poceci organizacije katolicke crkve u modernoj srbiji i talijanski barnabita Ceare Tondini, en el que se refiere a interesantes aspectos de los comienzos de la organización de la Iglesia Católica en la Serbia moderna y al poco feliz papel que desempeñó el barnabita italiano Cesare Tondini.

En el apéndice del compendio se hallan índice analítico y reproducciones de varias fotografías y dibujos.

La cantidad y calidad de las obras consultadas por varios autores del compendio dan testimonio cabal de la erudición y la seriedad científica con que fueron tratados los temas elegidos. Hechos nuevos, datos ignorados, pruebas terminantes, enfoques acertados, nuevas deducciones y conclusiones hacen que el compendio en cuestión sea un aporte valioso a la historiografía croata. El Rdo. padre D. Mandic puede sentirse orgulloso por esta obra, que él alentó e inspiró con su ejemplo de abnegado y riguroso investigador.

Daniel Crljen

Buenos Aires

Journal of Croatian Studies, V-VI, 1964-65, Annual Review of the Croatian Academy of America, Inc., Nueva York, pp. 220.

Gracias al trabajo tesonero de sus directores Jerome Jareb y Karlo Mirth se publicaron no hace mucho el volumen doble V-VI, del anuario de la Academia Croata de América correspondiente al bienio 1964-1965. El presente tomo, aparte de notas, reseñas de libros e informaciones, abarca exclusivamente dos extensos y documentados trabajos que a continuación pasamos a resumir.

Bogdan Radica, profesor de la moderna historia europea en la Universidad de Farleigh Dickinson, Nueva Jersey, en su trabajo de carácter histórico-político, titulado Risorgimento and the Croatian Question - Tommaseo and Kvaternik, aporta nuevos datos sobre la actividad del malogrado revolucionario croata Eugenio Kvaternik (1825-1871). Dichos datos, algunos publicados por primera vez, el autor los halló en los archivos de Niccoló Tommaseo (II Fondo Tommaseo) que se guardan en la División de Manuscritos de la Biblioteca Nazionale Centrale de Florencia.

En la primera parte de su estudio Radica subraya la influencia política e ideológica del Risorgimento italiano en el movimiento nacional en Croacia. "Desde su centro, el vecino Piamonte, el Risorgimento resultó sumamente atractivo para los sureslavos; él y sus prominentes figuras, Mazzini, Cavour y Garibaldi sirvieron a menudo como ejemplos a los croatas y los serbios, decididos de desvincularse de los Imperios decadentes otomano y el de los Habsburgo". Para los croatas, sin embargo, la unión con Serbia era tan sólo una de las numerosas alternativas políticas. En la segunda mitad del siglo pasado el interés principal y primordial de los políticos croatas se centraba en la unificación de todas las provincias étnico-históricas croatas para ser regidas por el ban y el parlamento de Zagreb.

El líder revolucionario más destacado en Croacia fue Eugenio Kvaternik, quien luchó en el exilio por la separación total de Croacia del imperio de los Habsburgo. Radica destaca que "Kvaternik se oponía al mismo tiempo y con igual decisión a la integración de los intereses croatas con el paneslavismo, ilirismo y similares movimientos yugoeslavos. Rechazó toda forma de unión serbio-croata y su único objetivo era la formación del Estado independiente de Croacia". Tres veces en el período 1858-1867 buscó asilo en el extranjero. En 1861 fue elegido diputado, junto con el Dr. A. Starcevic, para el parlamento croata (Sabor). En el exilio desplegó intensa actividad política, abogando por la causa croata en Rusia, en París, en Zurich, en Turín y Florencia, solicitando comprensión y ayuda para sus planes revolucionarios, bastante románticos y desprovistos de realismo político. Radica ilustra sus esfuerzos por granjearse el apoyo del conocido escritor italiano Nicolás Tommaseo, de origen croata, a quien consideraba el nexo espiritual entre el eslavismo y el romanismo. Tommaseo intercambiaba cartas con las figuras más destacadas en Croacia hasta su muerte acaecida en 1878.

Radica también relata interesantes datos sobre el origen de Tommaseo, nacido en Sibenik (Croacia) en 1802, de padres croatas. Según el historiador veneciano V. Mikelli, "su apellido original era Tomasic y Tomasevic. La correpondencia y otras relaciones con Venecia persuadieron acaso a la familia a dar terminación italiana al apellido". Tommaseo incluso escribió una preciosa obra en croata en 1841-42, Iskrice (Chispas), aunque su obra principal forma parte sustancial de la literatura italiana de su época. Radica pone de relieve que grandes escritores y críticos literarios italianos (Prezzolini, Croce, Papini) encuentran en Tommaseo elementos diferentes, peculiares, rasgos distintivos, derivados de su origen croata. En Tommaseo sorprende, por un lado, su terca oposición a que Dalmacia, cuna de la tradición política y cultural de Croacia, se integre a su madre patria y, por el otro, su admonición profética en el sentido de que los países católicos eslavos nada pueden esperar de Rusia que se presenta como su supuesta protectora. Tommaseo abogó por la unificación confederal de la Europa central. Radica, al sintetizar la semblanza de Tommaseo, analiza sus relaciones con Kvaternik y los esfuerzos de éste por convencerlo, y por su intermedio a Cavour y Garibaldi y otros líderes del Risorgimento, que la unión y la liberación de Italia sería más eficiente si Italia contribuyera a la solución la "cuestión croata". Kvaternik, en su opúsculo "La Croatie et la Confédération Italienne" (París 1859), criticó al Congreso de París de 1856 por olvidarse de Croacia y de sus intereses.

A renglón seguido Radica destaca las dificultades con que tropezaba Kvaternik, ya que el nombre craota en Italia y en París estaba injustamente manchado, pues todos los horrores y la opresión de las tropas de ocupación austríaca en Italia se atribuían a los soldados croatas. Esta opinión no la compartió Cavour, quien una vez dijo a Kvaterkik: "Desafortunadamente, aquí no saben distinguir a los croatas de los austríacos. Todo lo que hicieron los bárbaros austríacos se atribuyó a los croatas". El autor pormenoriza las relaciones entre Tommaseo y Kvaternik en base a la documentación hallada, y esclarece el papel de Imbro Ignatijevic Tkalac, otro exiliado croata en Turín, destacando sus diferentes temperamentos y sus divergentes concepciones políticas respecto al futuro de Croacia. En opinión de Kbvaternik, que resultó ser perspicaz, un Estado yugoeslavo conduciría inevitablemente a Rusia al Adriático, constituyendo una seria amenaza para Italia y el Occidente". "No es mi intención -escribe Kvaternikk a Tommaseo- que los croatas sean traidores de su raza eslava sino que promuevan a través de su independencia y libertad una sabia civilización cristiana, llegando a ser la gloria del a raza eslava igual que los franceses son la gloria de la raza latina".

Radica luego resume las ideas esbozadas por Kvaternik en su tratado "La Nation croate et son avenir au point de vue de línviolabilité des traités, pretendue par l'Autriche", y recapitula el contenido del primer número del periódico Glas Prvi (La Voz Primera), que Kvaternik publicó en Florencia (en diciembre de 1859), con la ayuda de N. Tommaseo y el gobierno italiano, para ser distribuido entre las tropas croatas estacionadas en Italia y la inteligentsia nacionalista en Croacia. Kvaternik acota en su diario que se editaron cuatro números de este periódico revolucionario d cuatro páginas, mas Radica pudo encontrar sólo el primer número traspapelado entre varias cartas y papeles en el Archivo de Tommaseo.

Los últimos años (1866/67) del exilio de Kvaternik en Italia fueron sumamente amargos. Decepcionado, incomprendido, sin apoyo alguno, sin fondos, en sus cartas a Tommaseo se queja e implora ayuda. No obstante ello, Kvaternik no perdió la esperanza en la posibilidad de un cambio político. "Con una visión realmente profética -recalca el autor- delinea el futuro de Italia y de Croacia en medio del fortalecimiento del mundo eslavo. Italia tiene sólo dos alternativas: o tendrá como buen vecino en Isonzo a una Croacia libre e independiente, con todas sus provincias histórica y nacionales unificadas... o tendrá, para su desventaja, a Rusia dominando desde el Adriático hasta el Mar Negro".

A Tommaseo, que murió en Florencia en 1874, no le sorprendió Rakovica, la insurrección trágica y abortiva de Kvaternik en 1871, pues estaba convencido que el craota era un auténtico revolucionario que un día ofrecería su vida por su causa y sus ideales.

El trabajo de B. Radica constituye un valioso aporte al esclarecimiento de las relaciones entre Kvaternik y Tommaseo. Su estudio mereció el reconocimiento de los historiadores norteamericanos, profesores Kann, May y Hans Kohn, impresionados por la personalidad de Eugenio Kvaternik, Leo Valiani, conocido historiador y publicista italiano, subraya en L'Expresso de Roma del 25/9/1966 que el estudio de Bogdan Radica tiene gran importancia para la historiografía italiana. "Bogdan Radica -prosigue Leo Valiani- se formó al lado de Gaeatano Salvemini y Guglielmo Ferrero". Su valor documentario está corroborado por las reproducciones y los facsímiles, con el resumen en inglés de 8 cartas de Kvaternik a Tommaseo, del esbozo de su tratado "La Nation Croata et son...", redactado en croata, el memorándum de Kvaternik enviado a Tommaseo en respuesta a un artículo publicado en Ill Risorgimento del 11/12/1959. En el anexo figura también la reproducción de los borradores de varias cartas que Tommaseo remitió a Kvaternik, al coronel exiliado húngaro Esteban Türr y la carta de Andrés Torkvat Berlic a Tommaseo, escrita en Viena el 24/3/1848.

Cuadra acotar que Radica dedicó su importante estudio "a la memoria del rev. Querubín Segvic, historiador del movimiento nacional croata, muerto por los comunistas en 1945 a causa de su lealtad a los ideales de la independencia de Croacia".

En el segundo trabajo que figura en el volumen que reseñamos y que se titula "El Círculo Croata 19028-1946, cronología y reminiscencias, aporte a la historia de los croatas en Norteamérica", José Kraja expone la actividad de esta importante organización de los inmigrantes croatas en los Estados Unidos que, a la vez, refleja la dura lucha del pueblo croata contra la dominación y la explotación económica de Croacia por parte de Serbia.

Según el autor, al estallar la Primera Guerra Mundial, en EE.UU. estaba radicado más de medio millón de croatas. Hasta entonces disponían únicamente de organizaciones sociales y de socorros mutuos. Se agrupaban en torno a sus parroquias; había numerosas asociaciones deportivas y vocales de carácter local. Recién en 1912 se constituyó la Liga Croata, una asociación cultural, en escala nacional, vale decir abarcaba a todos los Estados Unidos.

La amarga decepción que experimentó Croacia en su compelido convivencia son Serbia, repercutió ampliamente entre los grupos emigrado en Norteamérica. Apenas dos meses después del alevoso asesinato en el recinto del parlamento de Belgrado (20/6/1928), cometido contra los diputados nacionales croatas, se fundó Hrvatsko Kolo (El Círculo Croata) y su propósito principal era: promover la cultura entre los croatas radicados en los EE.UU. y prestar ayuda a sus connacionales en la patria de origen contra la opresión extranjera.

Así Kraja nos informa que en la Segunda Convención, celebrada en 1930 en Ohio, el Círculo Croata dio a conocer una importante declaración repudiando los crímenes del rey dictador Alejandro y reclamando el derecho de autodeterminación nocional y las libertades individuales. El autor relata el caso de detención en Nueva York en 1930 del ingeniero August Kosutic, víctima de las intrigas del gobierno dictatorial yugoeslavo y su inmediata liberación, gracias precisamente al empeño del mismo autor y de Ivan Kresic, otro abnegado patriota. En abril de 1931 se publicó el primer número de Hrvatska Smotra (Croatian Review) en inglés y croata.

Con el propósito de unir y agrupar a todos los inmigrantes croatas se celebró en octubre de 1931 el Congreso Croata, que adoptó una importante resolución en pro de la independencia de su patria de origen y dirigió un vibrante llamado a la Liga de las Naciones, a los gobiernos de las naciones libres y a todos los hombres, amantes de la libertad, para que contribuyan a la cesación de los padecimientos de la nación croata, exigiendo que le sea reconocido el derecho de autodeterminación. El Congreso a la vez protestó contra la cruel y exterminadora política del régimen fascista de Italia contra la población croata de Istria y Rijeka, que, pese a constituir la mayoría abrumadora de la población total, fueron incorporadas a Italia al término de la Primera Guerra Mundial.

En el Congreso se formó el Consejo nacional Croata que en 1933 organizó el plebiscito en los EE.UU. y Canadá entre los inmigrantes croatas y presentó sus resultados en forma de un memorándum a la Liga de las Naciones en Ginebra y a los principales estadistas del mundo. Dicho documento, refrendado por 250.000 firmas, contenía un breve resumen de la historia de Croacia, de su status colonial en Yugoslavia y de las aspiraciones nacionales y los derechos inalienables del pueblo croata. En la parte resolutiva del memorándum se exigía el restablecimiento de Croacia como nación libre, soberana e independiente.

José Kraja, figura prominente en la actividad de la numerosa colectividad croata en los EE.UU., ofrece, a renglón seguido, una sucinta reseña de la acción del Círculo Croata hasta su disolución, que tuvo efecto en septiembre de 1946 a raíz de la llegada a los EE.UU. del reconocido líder del pueblo croata, presidente del Partido Campesino croata, el Dr. Vladko Macek, a la sazón exiliado político.

El trabajo interesante y documentado de Kraja viene acompañado por el texto íntegro de los documentos más importantes y de mayor envergadura, expedidos por el Círculo Croata. El autor, que es impresor, contribuyó en gran medida a al difusión y la defensa de la causa croata en Norteamérica y colaboró en forma intensa y múltiple en la organización cultural, económica y política de los inmigrantes croatas en la Unión del Norte y Canadá.

En la sección Book Review, Bogdan Radica reseña el libro de John C. Campbell, American Policy toward Communist Eastern Europe: The Choice Ahead, y Matthew M. Mestrovic se refiere al trabajo de Víctor Meier, Yugoslav Communism. Siguen las notas e informaciones de distinta índole.

Este nuevo volumen del Journal of Croatian Studies es una prueba más de la vitalidad de los exiliados croatas y de sus esfuerzos.

Branko Kadic

Buenos Aires

 

CIRIL A. ZEBOT: Eslovenia ayer, hoy y mañana (Slovenija vceraj, danes, jutri), Klagenfurt, Austria, 1967; edición del autor, libro escrito en esloveno, pp 172.

El autor, oriundo de Eslovenia, una de las seis "Repúblicas socialistas" que integran la Yugoslavia comunista, dicta actualmente la cátedra sobre los sistemas económicos comparativos en la Georgetown University, Washington, con referencia especial a Yugoslavia y la Europa oriental. Durante la última guerra Zebot emigró a Italia y desde 1947 se desempeña como profesor en los Estados Unidos de América. Entre los exiliados políticos eslovenos se lo conoce como uno de los ideólogos del Movimiento Emancipador Esloveno, cuyo iniciador fue Dr. Lambert Ehrlich, profesor de teología en la Universidad eslovena de Ljubljana en el período entre las dos guerras mundiales y figura muy influyente entonces entre la juventud intelectual de su país. Ehrlich fue muerto en un atentado comunista en Ljubljana el 36/X/48. Los comunistas quisieron conjurar sus planes sobre la formación de la resistencia nacional eslovena contra la ocupación de los nazis alemanes y los fascistas italianos (1941-1945). Dicha resistencia contaría con el apoyo de la organización clandestina del mayoritario Partido Popular de inspiración democrática. Zebot destaca que ello hubiera impedido que los comunistas, so pretexto de la lucha libertadora, se impusiesen como portaestandartes de la resistencia nacional eslovena, esgrimida como mero instrumento para llegar al poder.

Zebot dedica su libro a la memoria del profesor Lambert Ehrlich con motivo del 25 aniversario de su violenta muerte. La obra consta de doce capítulos, y algunos pueden tomarse como artículos independientes. El autor, sin el respeto riguroso a la cronología, se ocupa de los acontecimientos previos a la revolución comunista y somete a examen crítico el régimen comunista. En forma especial trata de las perspectivas de Eslovenia por afirmarse como Estado nacional. En los anexos (pp. 139-168) son reproducidos algunos artículos de Zebot sobre el proceso yugoslavo posterior al conflicto Stalin-Tito, que fueron publicados sucesivamente en el New York Times y otros periódicos norteamericanos. En las últimas páginas hallamos los datos biográficos del autor.

Si bien Zebot en su juventud militó en las filas del vigoroso movimiento católico esloveno que a través de sus organizaciones de orden religioso, cultural, educativo, económico y sindical y especialmente a través del Partido Popular Esloveno, era el factor principal en la vida pública eslovena, asume ahora una posición negativa respecto a la conducción de la preguerra, la guerra y la posguerra de este partido mayoritario que todavía tiene vigencia en vista del deseo de mantener la concordia en el plano nacional y religioso. Aunque el Movimiento Emancipador Esloveno está integrado, mayormente, por gente de movimiento católico, mantiene una actitud crítica para con sus líderes políticos. Zebot les reprocha el oportunismo durante la Yugoslavia monárquica y que incluso en última guerra siguieran el mismo camino respecto a las autoridades italianas de ocupación.

Como se sabe, la Italia fascista, al desintegrarse Yugoslavia en 1941, anexó la mayor parte de Eslovenia (provincia de Lubiana), mientras que el Tercer Reich anexó principalmente la parte eslovena de Estiria y tomó medidas propias del régimen nazi para la deportación masiva de la población aborigen con el propósito de germanizar lo más pronto posible las regiones anexadas. La ocupación italiana en parte era menos severa, lo que también determinó la actitud oportunista de los líderes políticos eslovenos que trataban de salvar lo salvable, esperando además su liberación del gobierno yugoslavo exiliado en Londres, en el cual los eslovenos estuvieron representados. Como es sabido, eso no se realizó, puesto que los Aliados occidentales optaron poco a poco por respaldar únicamente a los guerrilleros comunistas, prescindiendo de sus propósitos finales.

Zebot, íntimo colaborador de Ehrlich, estima que esa táctica fue errada igual que la vinculación actual con los exiliados monárquicos serbios. En cambio, el Movimiento Emancipador Esloveno que él inspira, persigue el establecimiento del Estado independiente de Eslovenia. Sus partidarios objetan a la dirección del Partido Popular Esloveno el no haber planteado con claridad el problema de la instauración del Estado nacional esloveno y, si fuera necesario, rompiendo la tramazón de Yugoslavia: El Estado común con los serbios al estallar la última guerra no cumplió con su deber de defender el territorio nacional esloveno, y en la Yugoslavia comunista de la posguerra Eslovenia se ve tremendamente explotada económicamente en favor de Serbia y de las regiones meridionales de Yugoslavia que pertenecen a la esfera de intereses de Serbia. Sobre el particular Zebot aporta pruebas irrefutables, citando además autores extranjeros competentes que estiman que Eslovenia, en vista de su adelantada organización económica, aunque una de las más pequeñas "repúblicas socialistas" de Yugoslavia, sería capaz de alcanzar un nivel de vida superior al de sus vecinos occidentales, Austria e Italia.

Zebot acusa a los comunistas eslovenos de actuar como instrumento de la política granserbia. Sin embargo, dado el proceso reciente, sobre todo después de la destitución de Alejandro Rankovic, portavoz de los métodos stalinistas y del incondicional apoyo de Serbia en la Unión Soviética para asegurar su predominio sobre los croatas, los eslovenos, los macedonios y la compacta minoría albanesa, Zebot no excluye la posibilidad de una evolución en cuanto a las reformas económicas y políticas. Requiere de los comunistas eslovenos, por detentar el poder, el cumplimiento de su deber nacional, es decir impedir la despiadada explotación económica de Eslovenia y actuar en favor de la democratización y la emancipación nacional. A ese fin los comunistas deberían: 1) respaldar enérgicamente la descentralización de la economía sirviéndose de la autogestión, institución tan propagada pero existente solamente en el papel; 2) dar por terminado el monopolio del partido comunista en aras de la democratización, y 3) las relaciones entre Serbia y otras "repúblicas socialistas" de Yugoslavia deben arreglarse sobre el principio de la confederación. Con vista a una democratización gradual Zebot exige el cese del control de la Alianza Socialista del Pueblo de Yugoslavia por parte del partido (Liga Comunista yugoeslava).

La posición de Zebot, favorable al logro de las libertades democráticas y nacionales por vía evolutiva, difiere de como piensa la mayor parte de los exiliados, inflexibles adversarios del comunismo, quienes conciben la liberación únicamente mediante una lucha ideológica total. Por ello, la actitud de Zebot es criticada, especialmente por los círculos políticos eslovenos, a los que el Movimiento Emancipador Esloveno reprocha el oportunismo en el sentido nacional por no haberse declarado abiertamente a favor del Estado nacional esloveno. Ahora objetan a Zebot, quien entre otras cosas no vaciló en recomendar la ayuda norteamericana al régimen de Tito, su flojedad para con los jerarcas comunistas que ahora prohibieron el ingreso de su libro a Yugoslavia. Entre los eslovenos existe una larga tradición de frentes ideológicos, netamente trazados, en la vida nacional, una vez entre los católicos y los liberales y hoy entre los partidarios y los adversarios del comunismo. En ese ambiente, el intento de Zebot de dialogar con los comunistas eslovenos partiendo desde una plataforma patriótica, humanitaria y pluralista, parece como una tendencia a transar en detrimento de una clara orientación anticomunista. De allí a poner en tela de juicio incluso el radicalismo nacional de Zebot hay solo un paso.

Por cierto, no es fácil comprender por una parte la posición de Zebot como ideólogo del movimiento en pro de la independencia nacional eslovena, siguiendo la línea de la tradición occidental y cristiana, y por otra parte el intento del diálogo con los comunistas y sus colaboradores en Eslovenia con el fin de forzar la evolución que terminaría con el monopolio político-partidista de los comunistas y desembocaría en la confederación de seis "repúblicas socialistas". De ese modo. -opina Zebot- se avanzaría en la democratización y se eliminaría la supremacía serbia en detrimento de los demás pueblos de Yugoslavia.

De esa posición de Zebot cabe inferir su táctica política encaminada a presionar a los comunistas eslovenos por un lado y por el otro les acredita el mérito de haber reconocido a Eslovenia, por lo menos en teoría, el derecho a poseer su Estado nacional. Es menester recordar que los eslovenos son uno de los pueblos centro-europeos que, durante siglos carecieron del Estado propio. Durante la monarquía de Austria-Hungría los eslovenos fueron divididos en varias unidades administrativas dentro de la mitad austríaca, sometidos a una acentuada germanización, desarrollando una vigorosa resistencia en lo cultural y económico. Derrumbada la Monarquía danubiana y constituido el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos (luego llamado Reino de Yugoslavia) al término de la primera guerra mundial, los eslovenos en su gran mayoría se vieron libres de la presión germana y pudieron desarrollar la educación en su propio idioma y perfeccionar su organización económica y cultural. Con todo, Eslovenia fue tratado como una unidad administrativa sin los atributos de Estado nacional. Recién los comunistas le reconocieron ese derecho, si bien teóricamente, e insisten en que la "República de Eslovenia" tiene carácter del Estado nacional esloveno y hasta le asiste el derecho de separación. "La liberalización" gradual del régimen comunista tras el conflicto Stalin-Tito hizo posible que los eslovenos realizaran una parte de los derechos de autonomía que figuran en la constitución de la República Socialista Federal de Yugoslavia, pues bajo el peso de los hechos y de la opinión pública los mismos comunistas eslovenos tratan de acelerar esa evolución.

Mas en ello les favorece el hecho de que Eslovenia junto con Croacia posee la mayor parte de la industria yugoslava y que entre Eslovenia y Serbia está ubicada Croacia, que por su fuerza cultural y la tradición estatal es el pilar principal de la resistencia al panservismo y el comunismo y, por consiguiente, Croacia debe soportar la mayor presión del panservismo y del sistema comunista, encontrándose los eslovenos "resguardados" en cierto sentido. Por otra parte, es preciso reconocer que la creciente resistencia de los comunistas eslovenos al centralismo granserbio favorece también a Croacia. Cada día se perfila más el frente común de los croatas, eslovenos, macedonias y los albaneses de Kosmet contra las tendencias centralistas granserbias, según las cuales Yugoslavia es la Serbia engrandecida. El exponente visible de esa tendencia era Alejandro Rankovic y precisamente su caída, entre otros factores, influyó en las especulaciones de Zebot respecto a la posible evolución hacia la democratización y la confederación de la Yugoslavia comunista.

Los croatas siguen con atención y satisfacción toda resistencia eslovena al panservismo, si bien los exiliados croatas tomados en conjunto no creen en la posibilidad no sólo de la democratización del régimen comunista, sino tampoco en la realización de la confederación yugoeslava que ni siquiera desean. El fin de la resistencia nacional croata es restablecer el Estado de Croacia conforme a los anhelos tradicionales del pueblo croata y vincularlo con los países europeos de la cultura occidental. En vista del movimiento europeo contemporáneo se abren perspectivas halagüeñas para realizar dichas aspiraciones mediante doble liberación: de la tiranía comunista y de la supremacía serbia.

Ivo Bogdan, Buenos Aires

 

PRVISLAV WEISSENBERGER RAGANZINI: "Relaciones entre Austria-Hungría y Chile", Parte 1: año 1900; separata de los Anales de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Pontificia Universidad Católica de Chile, 1967, pp. 40.

El estudio del epígrafe se relaciona con el trabajo anterior del mismo autor "El destino de los pueblos de la cuenca del Danubio", publicado en Anales en 1965 (Véase en Studia Croatica, v. 20-21, p. 208). El Dr. Weissenberger es catedrático de Filosofía de la Historia y subjefe del Departamento Alemán en la Facultad de Filosofía y Ciencias de Educación de dicha Universidad. Se trata de la primera parte de un trabajo más amplio que abarca las relaciones entre Austria-Hungría y Chile hasta el estallido de la Gran Guerra de 1914-1918. El autor se circunscribe a la época anterior al establecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países. Extensamente se ocupa de las repercusiones suscitadas por el Compromiso (Ausgteich) austríaco-húngaro de 1867 -que hace 100 años fue la piedra fundamental del dualismo de la monarquía de los Habsburgo- y en forma especial de las reacciones de la colonia croata en Chile. Pues los croatas, súbditos de Austria-Hungría, constituían el contingente principal, casi decisivo, de los inmigrantes procedentes de la monarquía danubiana. Por ese motivo el autor busca las razones que causaron el descontento de los croatas con la situación imperante en la. Monarquía, sirviéndose también bastante de la literatura política croata, citando entre otros los trabajos publicados en nuestra revista. Como en 1968 se cumple el centenario del Compromiso húngaro-croata, el estudio del Dr. Weissenberger cobra mayor actualidad.

 

BOGDAN RADITZA: "The Disunity of the Slavs", ORBIS Nº 4, vol. 10 (Instituto para la Investigación de la Política Exterior, University of Pennsylvania.

Este número está dedicado, como una edición especial, al profesor Hans Kohn. Entre 26 colaboradores de más reconocido prestigio en el mundo libre -como C. Dawson, H. Butterfield, Carl J. Friedrich, etc- figura nuestro colaborador, profesor y publicista B. Radica.

La publicación del libro de Kohn "Pan-Slavism" en 1953 marca un punto decisivo en el enfoque de los problemas del mundo eslavo en su conjunto por los historiadores occidentales. Hasta entonces, muchos se contentaban con un conocimiento sumario sin entrar en lo esencial de los problemas. Hans Kohn, nacido en Praga y después de haber pasado largos años en Rusia, reúne todas las condiciones para desprenderse de esta tradición, dedicándose con profundo conocimiento a los más variados aspectos de los problemas culturales del mundo eslavo, incitando a la reflexión y a profundizar los estudios.

La tormenta intelectual y cultural de los rusos y eslavos en general comenzó cuando se decidieron ellos mismos a tomar la posición frente al Occidente y sus problemas políticos, culturales, económicos y sociales. Los eslavófilos versus Occidente. El impacto que este mundo con su imponente progreso industrial ha dejado en la mente de A. Herzen fue la semilla del desarrollo ulterior general, especialmente en Rusia. Su libro "Mi Pasado y Pensamientos" ha planteado el problema en toda su actualidad. Herzen formula interrogantes que preocupan a los espíritus en su país y en muchos otros países eslavos. A Herzen no le gustó la democracia burguesa ni el compromiso entre el poder legislativo y el ejecutivo. Él, como muchos otros de la "inteligentsia" terrateniente pero ilustrada, se entusiasmaba por una solución populista, mientras los burgueses occidentales trataban de crear un nuevo mundo de legitimidad, obligando a los obreros y campesinos a regresar a sus puestos de trabajo, aterrados por una revolución permanente y más amplia. Por eso Herzen pregunta, si fue acertada la introducción de los conocimientos industriales occidentales por el Pedro el Grande o por Kluchevski, cuando intentó conciliar los frutos de una sociedad abierta con la sociedad rusa todavía en la fase de la esclavitud.

"De Tocqueville versus Rousseau, Proudhon versus Marx, el orden contra la revolución, el orden en oposición a la anarquía", estas confrontaciones y preguntas, dice Raditza, las encontramos en todas las páginas del libro de Herzen. ¿Por qué sendero debe marchar la inteligentsia: por el que va hacia el Occidente o aquel que la conduce de regreso a Rusia?

Los eslavófilos, especialmente Dostoievski, contestan estas "malditas preguntas" rechazando al Occidente. Pero esta posición era más fácil en la teoría que en la vida efectiva. Muchos adolecían de nostalgia del Occidente. La incertidumbre sobre qué curso habría que seguir ha dividido a los espíritus, engendrando los conflictos, guerras y revoluciones. Estos hechos han demostrado durante los últimos 50 años -sostiene Raditza-, que no existe una unitaria "civilización eslava", como la presentaban los historiadores occidentales, buscando categorías limpias y claras de sus conocimientos.

"La división política y cultural entre Polonia y Rusia, por ejemplo, no ha cambiado su sentido desde los días de la controversia entre Mickiewicz y Puskin. Todas las influencias básicas del occidente europeo (desde el catolicismo medieval, pasando por el Humanismo y el Renacimiento), que nunca alcanzaron a Rusia, fueron vivas y vitales para Polonia. La vieja convicción de haber sido