Antun Gustav Matos reexaminado

Ante Kadic

Este año cuando el pueblo croata conmemora el primer centenario del nacimiento de Matos, cuando sus obras se publican en veinte volúmenes con apostillas eruditas, cuando se escriben muchos estudios sobre él, nos damos perfecta cuenta de que todavía vive y que la actual generación, culta, audaz, nacionalista y rebelde, lo considera uno de sus escritores favoritos.

Con anterioridad a 1914 Antun Gustav Matos -nacido en Tovarnik, Srijem, en 1873, hijo de un maestro de escuela- era la figura prominente de la literatura croata. Dos años después de haber nacido, su familia se trasladó a Zagreb, donde Antun cursó la escuela secundaría. En 1891 se fue a Viena a estudiar veterinaria; al no rendir los exámenes por motivos de salud perdió el año y fue llamado a servir en el ejército. Tras ocho meses de servicio desertó, y al cabo de varias y desagradables aventuras llegó a Belgrado (en 1894). Matos pasó más de tres años en la capital servia, un año y medio en Ginebra y cinco años en Paris.

Matos estuvo fuera del país en la primera década de este siglo, mientras se libraba una áspera batalla en Croacia entre las viejas y jóvenes generaciones; no quiso participar de la disputa. Tenía mucho en común con los "modernistas", pero no se les adhirió porque para él la tradición nacional era la base sobre la cual toda sana literatura debería edificarse.

La estada de Matos en París fue muy importante para él y, por consiguiente, para la literatura croata. Para Matos Paris era la única metrópoli y la cultura francesa, la mejor fuente de inspiración. Quedó hechizado con Baudelaire y Verlaine. Sin ser un decadente o pesimista, poco a poco abrazó los ideales de Stendhal y Barrès.

Gracias a la ayuda de algunos franceses (André Rouveyre y Edouard Champion) y con lo que obtenía por su colaboración literaria en varios periódicos croatas y servios, Matos continuó viviendo, aunque con estrechez, a orillas del Sena. Nadie mejor que Dobrisa Cesaric, en su notable poema El pregonero del Sena (1936), expresó la singular energía de Matos, sustentada por su justificada convicción de que era víctima de la lucha por una causa digna.

En 1904 vuelve a Belgrado y visita a Croacia varias veces. Condonado por fin en 1908, retornó a Zagreb. Viajó dos veces a Italia -a Florencia en 1911 y a Roma en 1913-, esperando encontrar la cura de su enfermedad en los climas más suaves. Murió en Zagreb de cáncer en la garganta en 1914.

I

Matos empezó su carrera literaria escribiendo cuentos cortos y esbozos, publicados en Iverje (Astillas, 1899), Novo Iverje (Nuevas astillas, 1900) y Umorne Price (Los cuentos cansados, 1909). Aunque después sobresalió en otros géneros literarios, siguió escribiendo cuentos hasta su prematura muerte.

Se puede dividir los "Esbozos e impresiones" de Matos en dos grupos[1]: los que se refieren al escenario nativo del norte de Croacia y los relacionados con la inteligentsia, que por regla general estaba alterada mental y psicológicamente. La serie "nacional" fue escrita en su mayor parte, primero, antes de que el autor se liberara de sus preocupaciones estrictamente patrióticas y de que recibiera el fuerte influjo de algunos escritores occidentales (particularmente Baudelaire, Poe y Barrès).

Su sketch popular "Un retrato de la Patria" (1895) se representó en la plaza Jelacic.* Es un breve diálogo en el que intervienen dos vendedores, marido y mujer; la caballería húngara le da muerte a ésta en el mismo lugar, y el marido, dolorido, bebe en exceso, muere y lo entierran con ella. El autor logra en sólo tres páginas expresar el disgusto de los croatas con los húngaros, que se comportan cruelmente con quienes no obedecen sumisamente sus órdenes.

La narrativa de Matos sobre sus reminiscencias juveniles (Hace tiempo..." 1900) trata, por la menos, de separar la temática. Primero describe a sus colegas, con los cuales solía visitar la curia del sacerdote católico, su pariente; siendo todos partidarios fervientes de Kvaternik y Starcevic,** hablan constantemente de política y de la miserable situación del pueblo croata. Luego, el autor confía, mediante un apropiado vocabulario lírico, cuán hondamente estaba interesado en la muchacha Smiljka, mentalmente trastornada, para quien escribió su primer poema en su nativo dialecto kajkavski (Nocturno de Hrastovec). Smíljka murió mientras él estaba estudiando en Viena, y cinco años después, en el cementerio del pueblo, evoca su personalidad inocente e inspiradora.

En dos de esos cuentos "locales" Matos expresa su desdén por los nobles, tanto nativos como extranjeros: mientras que en Mejores deseos (1896) un viejo e imprudente noble con su vergonzosa conducta causa la muerte de una supersensible y orgullosa chica, en otro cuento, Frescos Prezels (1897), un engreído conde alemán, comandante del ejército, debido a su crueldad y deshonestidad pierde su puesto y se ve obligado a vender la garrapiñada barata; por otro lado, un estudiante-soldado, algo vago pero de buen corazón y valiente, a quien el conde había a menudo humillado e incluso encarcelado, encuentra la dicha casándose con una maestra. Este fin es insólito para Matos, pues hay tan poca alegría en sus cuentos que regularmente tienen un final dramático e inesperado.

Matos con frecuencia describe a los intelectuales neuróticos en el punto culminante de su colapso. A esta serie pertenece uno de sus cuentos anteriores, titulado El Ratón (1899): Milinovic, joven estudiante de medicina en Viena, conoció a la institutriz Ljubica (Violeta), muy delicada y culta, en la quinta de su tío. Él estaba aburrido y buscó su compañía. La apodó "mi ratoncita" y tuvo relaciones con ella, dejándola embarazada; vuelto a Viena, muy pronto la olvidó e insistió en que debía abortar. Sin poder ahogar su sentimiento maternal, consciente de que su amante no se interesaba ni por ella ni por el chico, Ljubica se suicidó. Aunque ella había destruido toda la evidencia de su relación, poco a poco empezaron a atormentarle toda clase de dudas. Para olvidar a Ljubica llevó una vida todavía más desordenada; sin embargo, no podía dormir y lo irritaba un ratón que hacía mucho ruido alrededor de su cama y bailaba con sus ojos abiertos a la luz de la luna. Totalmente exhausto, Milinovic decidió tender una trampa al ratón: un revólver con una cuerda con bastante tocino. Cuando el ratón glotón tiró de la cuerda, el cañón del revólver apuntaba a Milinovic y el tiro mató a los dos, a la pequeña víctima y a su asesino. Todos esos elementos -recuerdos de Ljubica como su "ratita", la alterada conciencia del estudiante y la rata real que por sí sola es capaz de excitar a cierta gente hasta volverla loca- se hallan bien tramados en este cuento espectral, que era una novedad en Croacia[2].

Otro cuento[3] similar y fatal es sobre el loro Camao (1900): un apuesto y virtuoso músico croata, Alfred Kamenski, conoce a un banquero judío en Ginebra. El banquero no sólo llega a ser su benefactor sino que le presenta a Fanny, una aristócrata polaca desdichada en su matrimonio con un rico norteamericano. Pasan juntos deliciosas tardes y se convencen de que están predestinados uno para el otro; trazan planes para huir y preparan las valijas de Fanny, pero la sirvienta informa al marido ausente y éste debe volver apresuradamente a casa. Cuando vuelve el marido, la sirvienta cree que todo seguirá como antes. Entonces el loro Camao empieza a repetir las dulces palabras que susurraban aquella noche Kamenski y Fanny ("Fanny, mi gatito, misterio de la vida... Alfred, querido Tannhauser, alma mía"). Cuando el marido celoso le pega a Fanny, Kamenski sale detrás de la cortina para defenderla, pero es fácilmente derrotado por el "gorila americano"; con los brazos rotos es echado afuera. Luego ve como el marido mata a su esposa, la sirvienta, dos perros y, por fin, se ahorca. Los vecinos oyendo al loro repetir una y otra vez las mismas palabras y sintiendo el olor a cuerpos muertos, llaman a la policía y juntos rompen la puerta de hierro del viejo chalet.

El cuento Balcón (1902) es generalmente considerado el logro máximo de Matos. Un joven, abandonado por su amada, se fue al exterior; los padres de la muchacha empobrecieron y para encubrir su pobreza se mudaron a una gran ciudad. De regreso a casa, todavía amándola, el desafortunado enamorado la visita; al estar a solas advierte un gran cambio en su actitud para con él y le cuneta un cuento. En él le dice que en sus viajes por tierras extrañas había encontrado un parque solitario, con una vieja casona y un balcón que por alguna razón especial lo había fascinado tanto que volvía día tras día para admirarlo. Un día apareció en el balcón una mujer desnuda, mejor plantada que la legendaria diosa; en éxtasis le expresó su total devoción, pero la arrastró adentro la mano de un hombre fuerte. Desencantado, empezó a vagar de nuevo; sin poder olvidar el balcón volvió, pero no lo vio más hasta que un día lo encontró despedazado en un montón de basura. Oyendo este cuento, la hermosa pero pobre muchacha comprende que la había comparado con el balcón, una cosa ordinaria que en su imaginación había elevado a un grado excepcional. Ella le contesta que pese a su evidente pobreza no la verá degradada; lo que le ocurrió a su balcón "ideal" no le ocurrirá a ella[4].

El mismo año en que aparece El balcón y en el mismo periódico (Nada, Sarajevo), Matos publicó otro de sus cuentos lírico-sentimentales, La flor del cruce de caminos (1902). El narrador ha estado viajando de nuevo, esta vez por las regiones sureñas de Francia. En el bosque, cerca de un hermoso castillo y una fuente de agua, cayó dormido. Lo despertaron finos dedos femeninos y quedó deleitado al sentir el perfume del cuerpo de una mujer joven; al abrir los ojos comprendió que esta delicada criatura estaba ciega. Le encantaron su voz y su espíritu independiente y ella le propuso quedarse por siempre juntos; aunque la encontró más atractiva de lo que se pudiera imaginar en el sueño, supo que como pobre vagabundo no podía brindarle la protección necesaria y que los demás nunca comprenderían su afecto. Cuando llegó el padre, le advirtió que muchos tipos peligrosos estaban merodeando por la comarca y la alejó por fuerza; el protagonista quedó atrás y en la desesperanza clavó sus ojos en el castillo blanco.

Ivo Franges menciona de pasada que los mejores cuentos de Matos pertenecen a su primer período; si bien su erudición se fue ampliando con el correr de los años, disminuyó su poder creativo[5]. Comparto esta opinión, puesto que en los últimos cuentos de Matos se encuentran muy pocos elementos conmovedores o interesantes; a muchos les falta el rasgo novedoso, la estructura o el lirismo tan característicos de su prosa anterior.

Desde 1902 hasta la primavera de 1913, cuando algunos de sus últimos esbozos aparecieron en Obzor (tales como Paraíso, Vecino y La galera), hay tal vez un cuento, Amor y Abismo (1911) que agrega algo a su prestigio como narrador.

Mientras en algunos de sus cuentos anteriores Matos manifestaba ciertas similitudes con Poe y Baudelaire, en Amor y Abismo habla del culto a la energía, revelando así la influencia de su nuevo maestro, Barrès. Aunque contiene una trama interesante, la desavenencia entre dos jóvenes que se tenían afecto, su final es abrupto y no convence; parecería que Matos "mata" a sus héroes cuando la intriga alcanza el clímax. Un joven, muy pobre y feo pero inteligente y ambicioso, llega a ser preceptor de una rica y hermosa muchacha; creyendo que ella no lo podría amar, escribe una carta a su amigo acusándola de egoísmo y crueldad. Intrigada por sus secretos, la joven entra en su pieza, encuentra la carta y cuando se reúnen lo increpa por escribir tales tonterías. Ambos sienten que queda establecido un lazo entre ellos. La muchacha, excitada y sin reflexionar, arroja su chalina al río y él, para dar prueba de su coraje y devoción, salta al agua y se ahoga. Ella luego se acusa de haber matado a su enamorado.

La narrativa de Matos, con buenas facetas (descripciones vívidas e ingeniosas) y otras no tan felices (tramas no convincentes y exageraciones), fue una novedad en Croacia por los años 1900. Hoy parece que esos cuentos son más apreciados por los estudiosos de las letras croatas y de la innovación estilística que por los exigentes lectores que suelen buscar bajo la linda superficie pensamientos más profundos y que aprecian la unidad artística, lograda mediante una armoniosa conjunción de una estructura y la sustancia.

II

Con sus libros de ensayos, reseñas, folletines y viajes (Ogledi -Ensayos, 1905-, Vidici i Putevi -Perspectivas y Caminos, 1907-, Nasi ljudi i krajevi -Nuestra gente y Regiones, 1910-, Pecalba -Trabajo de los Migrantes, 1913), Matos produjo un decisivo impacto sobre la literatura croata.

Con sus sólidos conocimientos de las literaturas occidentales y eslava, con su innato sentido por el ritmo y la musicalidad del verso, su capacidad de captar lo que es importante, su espíritu independiente, su celo combativo, Matos llegó a ser figura más prominente (después de 1908) y "el rabino" del grupo de los literatos. Muchos escritores jóvenes escuchaban sus palabras como el oráculo de Delfos, le permanecieron fieles hasta después de su muerte y, en el período entre las dos guerras, publicaron en colecciones de ensayos sus recuerdos y remembranzas[6].

Matos poseía un adecuado conocimiento de los escritores europeos y norteamericanos contemporáneos (por ejemplo, Poe, a quien consideraba como el escritor "americano más típico"), pero lo que mejor conocía era la literatura francesa[7].

Desde el día de su llegada a Ginebra (1898) y hasta el segundo centenario del natalicio de Jean Jacques Rousseau (1912), con frecuencia escribió acerca de éste y examinó su enorme influencia y el valor cuestionable de algunas de sus obras: para él la Nouvelle Héloise, que dio más origen a la literatura sentimental que Werther de Goethe, era difícil de leer e impresionaba "como el agua bendita transformada en sopa"[8]; estimaba que Rousseau, como un verdadero plebeyo, reaccionó con razón contra la vida en las ciudades, contra la civilización, y observó que Jean Jacques, incapaz de llevar una vida normal, saludable y virtuosa, la predicó a los demás con incomparable celo[9].

Matos escribió desde París (en 1901) un largo estudio sobre Stendhal; si bien lo juzgaba poco objetivo, sin embargo, debido a su culto de energía, personalidad y belleza, creía que las obras de Stendhal siempre serían queridas por los ermitaños, aristócratas y artistas, por cuanto ellos son el mejor remedio contra el escepticismo desmoralizante, la indecisión hamletiana y la tiranía de las masas[10].

También admiró a Baudelaire; varias veces se refirió a su obra, discutiendo su personalidad, su mórbida sensibilidad, el catolicismo, el pesimismo, su aversión al amor normal y su fascinación por la muerte. Matos estaba persuadido que Fleurs du mal era una de las mejores obras del siglo XIX; para él Baudelaire significaba una reacción contra el barbarismo antiestético y expresó maravillosamente la condición latente del hombre moderno[11].

Barrès, más que Taine, Brunetière y Lemaitre, ejerció un papel principalísimo en la formación de Matos. Al principio Matos pensaba que Barrès estaba dotado de escasa imaginación y le reprochó la falta de originalidad, pero teorías posteriores de Barrès acerca del nacionalismo, regionalismo (la tierra y los muertos) y el paisaje se hicieron tan visibles en los escritos de Matos que algunos críticos lo acusaron de plagio; se defendía alegando que él había madurado ciertos puntos de vista antes de leer "al nuevo" Barrès[12].

Matos escribió también sobre Zola y Anatole France, primero en relación con el "affaire" Dreyfus y luego evaluando sus respectivas obras. Mientras que consideraba al naturalismo de Zola como una "doctrina estrecha", apreciaba ciertas obras de France, particularmente su "maravillosa" Les dieux ont soif (Los dioses tienen sed)[13].

Matos no era bien recibido en ciertos cenáculos literarios de Belgrado; por el contrario, como colaboraba en Nada (Sarajevo) y otros periódicos y revistas croatas fue detractado en los peores términos e incluso acusado de ser espía al servicio de Austria.[14] Reaccionó violentamente contra estas falsas acusaciones y atacó sin piedad a ciertos escritores servios. Al mismo tiempo evidenció sólidos conocimientos de la literatura servia, ponderando a los escritores en la mayoría de los casos con objetividad, aplicando sus juicios estéticos y criterios europeos. Incluso cuando ponía en ridículo a notorios monopolistas culturales, su snobismo e intolerancia, les acreditó sus logros literarios.

Las letras servias y la vida cultural en general al comienzo de nuestro siglo, estaban dominadas por Bogdan Popovic, Jovan Skerlic y Jovan Ducic; estos tres hombres tenían mucho en común con Matos, pues también estaban influenciados por la cultura francesa, a menudo apreciaban a los mismos autores franceses y todos eran renombrados como buenos estilistas. Su diferencia básica con Matos no se debía tanto a su carácter o nacionalidad como al hecho de que este trío era la "autoridad", el poder, estimados e influyentes más de lo que merecían, mientras que Matos era un bohemio, un extranjero que a menudo escribía para poder subsistir y que solía apoyar a los que no estaban reconocidos o se minimizaban injustamente.

Matos estaba acertado cuando escribió que Popovic, renombrado como profesor y "causeur", no era el fundador del criticismo literario servio; primero porque lo precedieron otros críticos (tales como Ljubomir Nedic y Marko Car); y en segundo lugar porque no había escrito mucho sobre los autores servios. Reseñando su famosa Antología de los líricos servios (1911), Matos lo criticó por omitir "al inspirador lírico" Njegos, al poeta interesante Dis-Petkovic y por haber incluido algunos poemas malos pero patrióticos de Milan Curcin.[15]

Mientras Popovic y Skerlic elogiaban la poesía de Ducic, Matos trataba de encontrarle defectos y señalaba alguna de sus debilidades[16]: vocabulario e imaginación limitados, egocentrismo, snobismo, desdén por las masas y su interés en la alta sociedad, persuasión de que un día nobles y hermosas mujeres se enamorarían de él con sólo leer su poesía, la falta del verdadero amor por las mujeres y por su gente (aunque en este último aspecto Matos estaba equivocado, puesto que Ducic era un nacionalista ultraservio).

Como lo observó Mate Ujevic en su extremadamente juiciosa y valiosa selección de escritos y opiniones de Matos, Skerlic y Matos no se entendieron, sin darse cuenta de que eran muy similares. El crítico servio era preciso, claro, lógico pero no objetivo para con los escritores de diferentes tendencias sociales y políticas[17]. Hasta cierto punto, lo mismo cabe decir de Matos. Además, ambos asumieron diferentes actitudes en sus agrias relaciones: mientras Skerlic raras veces mencionaba a Matos por su nombre e hizo su estada en Belgrado casi imposible, Matos atacaba a Skerlic directamente, ridiculizaba y aminoraba sus significativos aportes.

Skerlic era muy productivo y poseía (según decía Matos) "sentadera y energía", cualidades raras en los Balcanes, donde los intelectuales por regla general se sientan en los cafés y discuten sobre cualquier cosa. Skerlic regularmente reseñó los libros recién publicados y luego recogió estos escritos en diez tomos (Escritores y Libros). Matos hizo lo mismo pero en dos tomos. Primero dijo que él y Skerlic eran opuestos: mientras Skerlic decía que era socialista, "yugoeslavo" y realista, Matos se declaró nacionalista, croata, no realista sino bohemio[18]. Luego lo definió afirmando que su inteligencia sobrepasaba su gusto, que era más dogmático que escéptico, que entendía más prosa que poesía y que su partidismo dominaba sus escritos[19].

El crítico croata expresó su juicio sobre los escritores servios más o menos importantes: para él Lazarevic no era realista sino un lírico de la vida familiar; Sremac era un autor desparejo, más poeta que pensador; Nusic era muy productivo y popular, pero lo acusó de superficialidad y sensacionalismo. Matos concedió que el cielo de Rakic sobre Kosovo era tan perfecto como las estatuas de Mestrovic, pero señaló sus frecuentes préstamos de los poetas franceses; Pandurovic, en términos generales, era buen versificador; Sekulic era original y de una gran introspección, mas Matos deploraba su a menudo estilo bizarro ("la danza de palabras") ... [20]

Matos era más directo y objetivo con los escritores franceses y servios que con los croatas. Si un autor era un buen patriota y combatía a los intrusos extranjeros, Matos se mostraba algo indulgente para con él: en estos casos oscilaba entre los valores estéticos y los objetivos nacionales.

Cuando se enteró de la muerte de August Harambasic (1911), quien terminó sus días en manicomio, Matos escribió uno de sus mejores ensayos, describiendo al desaparecido con todo el calor de su corazón, con el deseo de despertar a sus adormecidos compatriotas, destacando que fue siempre humano y nunca olvidó que el amor es más fuerte que cualquier argumento político. Pese a sus pensamientos poco profundos, el poeta espontáneo y trágico es querido todavía por sus lectores, ya que (como lo subraya Matos) "la libertad es el objetivo más apreciado del hombre desde los días de la Bastilla".[21]

Matos colaboró en Nada, de Kranjcevic, se carteó con él y siempre admiró esta figura solitaria, que por la originalidad de sus pensamientos y la sinceridad de su pesimismo cósmico fue un fenómeno excepcional. Matos fue a Sarajevo (en 1908) a visitarlo, pero lo halló muerto. Luego escribió su necrología "En la sombra de un gran nombre", en la cual comparó a Kranjcevic con los poetas europeos contemporáneos, destacando que era un verdadero puente entre el pasado croata y los tiempos modernos. Sin ser genio, encarnaba. la lucha croata contra los opresores[22].

El conflicto entre el principal modernista Milan Marjanovic y Matos era inevitable: mientras el primero usaba la cultura como medio de propaganda, considerando la literatura corno un instrumento utilitario, Matos era un esteta que vivió para su diosa "bellas artes". Además, Marjanovic era pragmático, fiel alumno de su maestro Masaryk, mientras que Matos insistía que los croatas no deben abandonar su identidad étnica con el fin de lograr la unión política con los demás sureslavos.

Todos los historiadores literarios están de acuerdo hoy con la afirmación de Matos en el sentido de que Marjanovic era buen periodista y célebre publicista pero mal crítico literario[23].

Como escribía rápidamente, persuadido de que podía distinguir inmediatamente una perla literaria de la producción mediocre u hojarasca, y sin darse cuenta de semejante afirmación categórica, Matos redactó algunas reseñas negativas sobre buenos autores y elogios sobre los de un valor secundario. Así sostuvo que la poesía de Vidric era la de un aficionado, que sus poemas representaban "un gran intento con muy poco éxito", que sus "adjetivos eran banales y convencionales"[24], -todo eso dijo acerca del renombrado poeta que era mejor que él-. Matos conocía bien a la familia Mazuranic y le agradaba que incluso las mujeres de este noble linaje eran activas en las bellas artes; esa era razón suficiente para escribir un panegírico sobre los mediocres versos de Ivana Brlic-Mazuranic y proclamar su cuento Las extrañas aventuras del aprendiz Hlapic como "una obra grande, clásica" [25].

Pobre, económicamente dependiente, físicamente inatractivo, enfermo, hipersensitivo, lleno de contradicciones ideológicas y reales, escribiendo con inusitada rapidez y a menudo contradiciendo sus propias afirmaciones, Matos se convirtió en blanco de ridículas bajezas. En parte era responsable, ya que con frecuencia usaba vocabulario y métodos que estaban bajo su nivel; se dejaba arrastrar a las sucias y se sentía provocado para lanzar agresivos reproches a sus adversarios. Las polémicas literarias, diatribas y persiflage se hicieron moda tanto en Croacia como en Servia. Leían ansiosamente folletines quienes tenían muy poco o nada de interés en las discusiones puramente estéticas[26].

Aunque algunos escritores elogiados por Matos están ya olvidados, pues algunos de sus defectos son hoy en día evidentes, cabe afirmar que Matos sigue siendo uno de los más fascinantes críticos croatas. Escribió con su sangre, con pasión y sinceridad, con tal maestría que a menudo olvidamos lo que dijo hechizados por el modo cómo lo dijo.[27]

III

Aunque no nació en Zagreb, Matos se tenía por hijo nativo de la capital de Croacia. Cuando estaba obligado a vivir en el extranjero creía que iba a ser feliz si pudiera pasearse de nuevo por Gric, el barrio más viejo de la ciudad, donde se encontraba la casa de su familia. Al volver compuso numerosas poesías, sketches, cuentos y folletines acerca de Zagreb. La quería porque era la ciudad de su niñez, el centro de la vida política y cultural croata, la plaza fuerte de la identidad nacional croata. Como los franceses están orgullosos de París, los griegos de Atenas, los norteamericanos de Washington, así los croatas quieren a Zagreb, incluso antes de visitarla. Matos estaba convencido que no podría ser "un buen croata" quien no amara a Zagreb[28].

Como hacía ya varios siglos que Zagreb dependía política y militarmente, primero de Budapest, luego de Viena y finalmente de los dos centros, había allí poca alta sociedad, sin el cuerpo diplomático, sin grandes empresas bancarias e industriales, sin la opulencia material y, por consiguiente, escasas oportunidades para una carrera brillante. Zagreb tuvo su historia medieval, viejas casas y familias nobles (en su mayoría extranjeros), recuerdos del movimiento ilirio y de banus Jelacic, encantadoras colinas y una amplia área que se extendía desde las suaves lomas del monte Sljeme hasta las riberas del raudo río Sava.

Matos la pintó tal cual era, graciosa en su contorno natural y "la más hermosa residencia entre los sureslavos", pero a la vez mezquina y provincial, burocrática y militar, un burgo donde el elemento extranjero ocupaba los puestos clave (el comercio estaba en las manos de los judíos, mientras que los húngaros administraban el ferrocarril y los austriacos controlaban el ejército y la policía secreta) y disfrutaba de la vida agradable de la clase privilegiada. Matos había insultado a menudo a Zagreb y a sus habitantes, les echó en cara palabras amargas, expreso que hubiera sido mejor vivir en cualquier otra ciudad que en medio de ellos[29], pero quiso a esa ciudad, la quiso tiernamente como una madre cuida de su hijo. De hecho, él vivió para Zagreb y Croacia, "y su corazón hubiera dejado de latir" de no haberse ocupado de su patria; únicamente deseaba que por fin pudiera ser testigo del día feliz en que su pueblo reconquistaría su status medieval de independencia y estuviese en pie de igualdad con las demás naciones.

Como Matos había comparado a Zagreb con otras famosas ciudades, también a menudo la contrastó con Belgrado. Había pasado casi siete años (octubre 1894 - enero 1898; agosto 1904 - enero 1908) en la capital servia, de los cuales los primeros tres años fueron bastante felices; tenía varios íntimos amigos y se sentía en casa en Belgrado, como si fuera retoño de alguna vieja familia belgradense. Regresado a Servia en 1904, escribió que quería ese país, ya que le brindó el primer refugio, era libre y su rey era un hijo nativo[30].

Paragonando "las dos ciudades", Matos tuvo la impresión que Belgrado, encerrada por dos grandes ríos y ubicada sobre las onduladas colinas, tenía más linda posición natural, mientras que Zagreb se distinguía con sus pintorescos alrededores. En esa época Zagreb poseía edificios más modernos y elegantes, salas de concierto, era más limpia y ordenada, mientras que Belgrado era una "gran aldea" con su propia dinastía, que desempeñó cierto papel en la política internacional[31]; Zagreb parecía una ciudad occidental pero no disfrutaba de la libertad, y Belgrado era una típica ciudad oriental con su gobierno democrático. Belgrado era crisol de varias razas, donde incluso los gitanos se sentían servios, mientras que en Zagreb la minoría aborigen nacida ortodoxa no quería identificarse con los croatas[32] Belgrado era más rica y Zagreb, más civilizada y elegante.

Matos paseó con frecuencia por Zagreb y sus alrededores, sobre todo por la vieja ciudad de Samobor (la comparó con Tivoli, Versailles y Schönbrunn), viajó por Hrvatsko Zagorje y visitó el castillo en Lobor. Varias veces viajó de Zagreb a Belgrado y admiró la catedral de Djakovo, pero le asombró el hecho que Strossmayer no hizo nada por su ciudad[33]. Se trasladó a Rijeka donde la gente simple se sentía croata, mientras que los encumbrados eran las minorías italiana y húngara.

A menudo escribió sobre los ríos croatas (le gustaba nadar en el Sava), lagos y las montañas boscosas; se extasiaba mirando las nubes, escuchando el murmullo del agua y las caricias del viento en los campos; se refería a la fragancia de la fruta y el gusto del vino, pasaba horas y horas en la sombra de los tilos y robles, le gustaba soñar y acostarse en el pasto.

Matos viajó por varios países europeos y en sus cartas a diarios o en sus folletines describió sus impresiones de algunas importantes ciudades; le atraían más las bellezas naturales y los viejos edificios que los rasgos característicos de sus habitantes.

Matos abandonó Belgrado a principios de 1898 y tras una breve estada en Munich, llegó a Ginebra, donde permaneció un año y medio. Quedó fascinado por la suave y lechosa superficie del lago Leman y los gigantes y nevados montes, "hechos de luz"[34]. Le disgustaban los turistas y el aspecto cosmopolita de Ginebra, pero le deleitaba mirar el rincón del lago donde el Ródano divide la vieja ciudad en dos partes. No le atraía Calvino, que le parecía austero, pero admiraba los soberbios parques de Ginebra y pensaba a menudo en Rousseau, quien fue "el primero en introducir la naturaleza como personaje en la poesía[35]. Matos visitó el chalet en Cologny donde vivió Byron, su poeta y héroe favorito, y la pequeña ciudad de Ferney, desde donde escribió "una carta" elogiando a Voltaire como defensor del racionalismo, pero señalando también muchos de sus rasgos indeseables, tales como su alma de lacayo, la condición de mal poeta y todavía peor dramaturgo[36].

Durante su prolongada estada en París (agosto 1899- julio 1904) Matos escribió centenares de cartas a su familia y amigos, muchos folletines en los periódicos croatas y servios, varios cuentos y esbozos retratando París en su vida diaria, con sus casas grises y la gente esforzada, sus amplios bulevares pero también sus malolientes calles laterales, y en medio de todo eso el Sena moviéndose como "una serpiente plateada"; únicamente a cierta distancia se ve Montmartre con Sacré-Coeur, brillando como "un cáliz de marfil", y el Bois de Boulogne, verde y refrescante, en contraste con el Sahara parisiense de techos idénticos[37]. Como Paris tiene un clima malo y es centro de reunión de los peligrosos aventureros, Matos primero dio un cuadro poco halagüeño de esta Babilonia de los tiempos modernos. Pero poco a poco, olvidándose de los problemas personales o totalmente sumergido en la vida cultural, vio en París la Ciudad Luz y la verdadera metrópoli universal. Su admiración incluso aumentó después que la dejó.

Viajó a través de la Suiza "amante de la libertad", el "primitivo 'Tirol", Viena, "nido de los empleados gubernamentales, oficiales del ejército y cafés", y Hungría, que puede únicamente ostentar a sus aristócratas que fueron antes cocheros, ganado y muchachas seductoras, transmisoras de sífilis"[38]. Matos regresó a Belgrado y pronto describió su viaje.

Estaba convencido de que la vida humana fuera de París era provinciana, pobre y vacía. Escribió que si por desgracia París quedara destruida por un terremoto como lo fueron anteriormente Dubrovnik y Lisboa, el mundo perdería su corona más hermosa, el estímulo cultural más energético y la humanidad retrocedería por varios siglos a la Edad Media[39].

No le sorprendió que Bismarck, siendo alemán, llamara a París "un manicomio en el que viven los monos", pero observó que preferiría ser un mono francés antes que un profesor germano[40].

Su afecto por París no aflojó con los años, pues escribió en 1913 que la ciudad era una combinación feliz de fina tradición y de tendencias modernas, de refinada aristocracia y de la democracia inteligente; para él era una síntesis visible de todos los extremos imaginables; hasta la torre Eiffel llegó a ser el símbolo del progreso científico[41].

Pero la vida sigue y Matos descubre otras ciudades, especialmente Florencia y Roma. En la primavera de 1911 Matos viajó, vía Rijeka y Ancona, a Florencia; allí permaneció menos de un mes. Sobre esta ciudad "de flores" escribió tres interesantes informes, describiendo su llegada, su estada en la morada de Dante y Miguel Angel y su melancólica salida vía Venecia.

Al final de su cansador viaje desde Zagreb hasta "el lirio rojo" (Florencia), Matos descubrió un milagro en las riberas del Arno, lugar donde "la sencillez ateniense encontró su más perfecta expresión"; quedó embelesado con los palacios, los mármoles -"seda fina y blanca"-, el Puente Viejo, techos, cementerios, cipreses y las nubes coronando las bien formadas colinas. Creía que había ciudades y mujeres que, a primera vista, convencen a uno que únicamente con esa mujer o en esa ciudad podría vivir. Florencia fue para él esa ciudad, algo extraordinario, "una donosa señora dormida en los brazos de un héroe"[42].

En Florencia le robaron la cartera y tuvo miedo de caminar de noche por las calles estrechas y desiertas; los italianos (y los griegos) le parecían míseros, comparados con sus célebres antecesores, le disgustaban los bizarros turistas anglosajones, puesto que no viajaban por el amor al arte sino porque se aburrían en casa, tenían mucho dinero y de esa manera podían escapar de su hipocresía puritana. Sin embargo, este "Infierno" le resultaba más agradable que todos los paraísos terrenales[43]. Se sentía contentísimo viendo que Florencia entera era un gran museo, una profusión de magníficos palacios, galerías, iglesias, campanarios, monumentos y pinturas, y le entristecía la idea de que "en adelante no iba a ver nada más hermoso..."[44].

Dos años después, en 1913, escribiendo en Savremenik sobre "esta pequeña ciudad que es la más grande en el mundo", confiesa: "Creía que París era la corona y la maravilla del mundo. Ahora tengo la impresión que la metrópoli francesa, comparada con Florencia, parece una piedra enorme y tosca, comparada con un diamante cincelado... No hay lugar en la Tierra que hable más elocuentemente del poder del genio humano y de su obra. Florencia es la escuela de energía y de autoconfianza" [45].

No obstante su encantamiento con Florencia, Venecia le pareció "una maravilla del otro mundo"; había leído lo que Téophile Gautier y otros célebres viajeros habían dicho acerca de esta "venus marina", pero contemplando varios palacios en el Canal Grande encontró, inevitablemente, que todas esas descripciones eran inadecuadas. Y cuando al anochecer oyó el eco de las campanas derramarse por las plazas y los canales le pareció oír algo argentino, fino y puro, pero muy penoso. Disiente con Gautier, para quien Florencia era especialmente triste, pues no podía imaginar nada tan lóbrego como "este maravilloso sueño de agua y mármol" [46].

Matos pasó casi dos meses en Roma (octubre 16 - diciembre 13, 1913). Una semana después de su llegada escribió a su hermana que se sentía embriagado por la belleza y el esplendor acumulados allí durante tantos siglos; vagaba por la ciudad "donde se hizo la historia del mundo", mas sus ocho folletines remitidos desde Roma al diario Obzor no figuran entre los mejores: estando incurablemente enfermo, viviendo en una pieza fría y tosiendo constantemente, le faltaban su acostumbrado humor y entusiasmo. No llegó a la "ciudad eterna" sin preparación, ya que desde la escuela secundaria conocía bien el Foro, el Capitolio y el Vaticano.

A menudo se preguntaba por qué él, que escribió sobre la corrupción y el espíritu no cristiano de la curia papal, todavía se reconocía católico. Estaba orgulloso de ser miembro de la Iglesia romana por considerarla depositaria de la tradición y de la cultura; sabía bien que él y su pueblo no eran "católicos particularmente fervientes", pero creía que tenía una mentalidad típicamente católica y que durante varios siglos se irguió como el principal bastión de la civilización latina contra las invasiones del este[47].

Le fastidiaban los guías (ciceroni) italianos, los agresivos vendedores de las tarjetas postales y las entradas exorbitantes, especialmente a los museos vaticanos; le disgustaba la adoración de los santos y de la Virgen que le recordaba los tiempos paganos; le sublevaban las míseras condiciones de la clase trabajadora y campesina conviviendo con los ricos aristócratas, cuyos palacios (por ejemplo, Doria Pamphili, D'Este) le parecían soberbios y exquisitos, y las fuentes romanas, tan refrescantes que las consideraba incomparablemente superiores a los edificios franceses similares. Pensaba que mientras la Atenas moderna era "sólo una ruina, con los habitantes que llevan sólo el nombre griego", y París, centro de la cultura moderna, conquistó ese status después del Medioevo, Roma, por el contrario, era desde los tiempos antiguos el punto focal de la civilización clásica, que incluso el cristianismo se vio obligado a aceptar para poder sobrevivir[48].

En sus descripciones detalladas molesta la ostentación de nombres y sus comparaciones a veces totalmente fuera de lugar. Sin embargo, hay pasajes en sus viajes que describen magníficamente el carácter y los rasgos atractivos de renombradas ciudades europeas; ciertos fragmentos de sus "impresiones" están escritos por un poeta, impregnados de cultura, refinamiento, de armonía entre la naturaleza y los edificios y sobre todo con la atmósfera del ocaso del sol; entonces sentía a su alrededor como caminaban y susurraban todavía los antiguos constructores y amos, especialmente si eran las mujeres reinantes y desgraciadas.

Influenciado por Taine y Barrès, Matos pensaba que por la vivienda se podía reconocer el carácter de sus habitantes y por el paisaje el alma del pueblo, pues para él eran idénticos[49].

IV

Cuando ya no podía tocar el violoncelo (durante quince años tocó en varias orquestas y de esa manera ganaba algún dinero) porque su mano derecha se puso rígida ("crampe á la main") debido al excesivo trabajo, Matos empezó a escribir poesía regularmente (en 1906 y después), para satisfacer, a través de sus versos, su necesidades musicales[50].

Si bien compuso dos poesías antes de 1906 ("Nocturno desde Hrastovac" y "En casa", ambas incluidas en sus cuentos), Matos empezó a escribir versos sistemáticamente después de ese año, cuando en Savremenik apareció su hermoso soneto "Solaz del cabello". En su sueño ve a su amada muerta; no llora, acepta el triste destino y el hecho de que sus ojos inspiradores y sus manos están sin vida, que no respira más; únicamente su cabello vive todavía y tiernamente le susurra: "Paz; únicamente en la muerte soñamos". Este soneto perfecto expresa conmovedoramente el profundo afecto y emoción del poeta, la inexorabilidad de la muerte y el darse cuenta de que precisamente las cosas que simbolizaban la vida (como los ojos) dejan de vivir instantáneamente, mientras que su cabello sobrevive y es capaz de consolarlo. Antun Borac, no muy entusiasmado con la poesía de Matos, escribe que hay pocas poesías donde la congoja es tan profunda y el estímulo tan plácido como en "Solaz del cabello", cree que Matos logró expresar tanto el misterio de la muerte como la grandeza del alma[51].

Matos era un payaso de corazón muy sensible; lo dice en el poema dedicado a Ljerka, hija de su amigo Milan Ogrizovic ("A la niña en lugar de muñeca", 1907): siendo todavía chiquita no entiende el sentido de un soneto triste; su alma cándida no puede imaginarse lo que le puede ocurrir en los años venideros. Pero un día, habiendo bailado en muchos carnavales, cansada de donjuanes y falsos admiradores, recordará sus versos y llorará sabiendo que está ya muerto. El poeta reconoce aquí que se sabe a veces bufón.

El soneto de Matos "Tarde otoñal" (1910) originó muchos comentarios[52]. Aunque otros escritores (por ejemplo los poetas Vidric y Domjanic y el pintor Vanka) describieron Hrvatsko Zagorje, el "paisaje" resulta soberbio en su exactitud: primero notamos nubes soñolientas, luego las sombras monótonas sobre el río amarillo y las casas escondidas detrás de los campos húmedos; todo está oscuro, frío; en la penumbra a duras penas se distinguen los senderos que inmediatamente se sumergen en las distancias ciegas de la ansiedad humana. Unicamente el orgulloso álamo, con sus hojas secas, susurra sobre la vida como si estuviera solo en el mundo[53].

A través de su poesía Matos expresó sus sufrimientos, desengaños, soledades y el amor desdichado, como asimismo su ardiente nacionalismo croata. En sus poemas patrióticos esbozó la gloria y la miseria del pasado croata, la opresión política húngara y germana, la explotación de la gente pobre, obligada a emigrar a América mientras los extranjeros se radicaban en su tierra, los paisajes de Croacia, y la convicción mística de que su patria sobrevivirá[54].

Una de las primeras poesías patrióticas de Matos (rechazada por el director de Savremenik[55] y publicada en Hrvatsko Kolo, 1906) es "Campana": estando exilado y viviendo bajo cielos extraños (entonces en Belgrado) oye una campana quejumbrosa que le recuerda a otra campana que canta la miseria de su ciudad natal. Aunque tiene la impresión de que la oscuridad lo circunda, que sus nervios están postrados y que su corazón está a punto de estallar, desea con toda su alma convertirse en una tempestad, en una trompeta o en una campana que llama a la rebelión. Como la mayoría de las poesías de Matos, ésta también primero suena con acentos melancólicos y de repente expresa la decisión del poeta de romper las cadenas y cambiar su situación precaria. No es de extrañar que este poema, aunque no de los mejores de Matos, se halle incluido en varias antologías y sea citado por los exilados.

Durante su segunda estada en Belgrado, en 1907, Matos ilegalmente visitó Zagreb; oyendo la campana de San Marcos, en la parte vieja de la ciudad, vio como otros iban al templo, pero no se atrevió, sabiendo que allí sería presa fácil para los gendarmes. Se queja "que es difícil ser un croata libre"; por esta razón estaba vagando, sin un objetivo definido, como el sonido de la campana en el bosque.

Amnistiado, volvió a Zagreb en 1908, pero su tristeza no menguaba. En 1909 escribió "La vieja canción", en la que se lamenta que los croatas están oprimidos, privados de todo poder, los menos importantes entre todas las naciones, condenados a desaparecer sin honor. El mismo año se publicó una de las poesías más tristes de Matos, simbólica y efectiva, titulada "1909". Vio en la horca a cierta señora cuyo rostro parecía el de su madre; la fosa ya estaba cavada para su cadáver, y él saltó a la tumba y lavó su cara con el sudor mortal de su extenuado cuerpo. En otra poesía "En la catedral de San Esteban" (1910) el poeta ve a una mujer llevando la pesada cruz de toda una nación yendo a la catedral para encontrar consuelo; uno de los anteriores gobernantes (banus) insiste en que debe preservar la independencia nacional (regnum regno non praescribit leges), y luego concluye con los famosos versos: "Mientras haya corazón, Croacia vivirá".

Matos quería tanto a su madre como a su patria esclavizada, y no es de extrañar que en una de sus más conocidas y tiernas poesías "Señora María" (publicada post mortem, en 1923 [56]), no las separe, sino que, al mencionar "a la vieja y pequeña señora María", sus pensamientos lo llevan espontáneamente a Croacia. Enumera las razones por las que quiere tanto a su madre (porque fue la primera en alimentarlo, en llevarlo de la mano, en rezar por él, en enseñarle su hermoso idioma...); luego, repentinamente, quebrando la unidad temática y entregándose al patos, habla de su nación, que es su verdadera inspiración, a la que quiere con todo su corazón y a la cual servirá lealmente hasta su último momento.

Matos con este sincero arranque, siendo un hombre desdichado pero cariñoso y visionario, escribió un apropiado epitafio para sí y para su obra.

Matos exhibe en su poesía, como en otros géneros, sus básicas cualidades y defectos. Estaba tan interesado en los aspectos formales de sus composiciones líricas que algunas de sus poesías fueron escritas después de haber armado y creado su estructura externa. El contenido importaba muy poco. Algunas de sus poesías contienen imágenes inconexas: la unidad de la estructura interior nunca fue su fuerte.

Pese a todo no es difícil coincidir con Antun Barac, uno de los primeros críticos de la poesía de Matos, quien afirmó que Matos ante todo era un lírico: en su corazón abrigaba cálidos sentimientos; todas las apariencias externas de sarcasmo, amargura y asperezas ocasionales eran una máscara con la que quiso protegerse, sobre todo cuando tenía ganas de llorar[57].

Hay un viejo dicho que dice que incluso el gran Homero a veces escribió malos versos (Quandoque dormitat et bonus Homerus); alguien ha escrito que para poder lograr pocas obras duraderas, resulta necesario, durante la vida entera, acumular material del cual saldrán tales obras.

Aunque murió cuando tenía cuarenta años, trabajo en condiciones harto desfavorables, a menudo hambriento y enfermo, y a veces fue guiado más por su hipersensitivo temperamento que por consideraciones estéticas, Matos, sin embargo, dejó algunos cuentos bien construidos y por lo menos una docena de poesías que figuran entre las mejores de la literatura moderna Croata. También es su mérito el haber asentado el criticismo croata sobre bases más sólidas y literarias; compuso impresiones fascinantes sobre tierras extranjeras y sobre ciertos personajes, sobre todo describió el paisaje croata de tal modo que leyéndolo olemos la fragancia de la tierra, las flores y los árboles, paseamos por las suaves colinas y contemplamos las montañas boscosas, oímos como corren ríos y murmuran las olas en el afectuoso contacto con las costas; sobre todo miramos las nubes, el sol, la luna, las estrellas y distintas estaciones y en contacto con ellos nos convertimos en parte del universo. En síntesis, Matos levantó las banderas croatas, obligó a sus compatriotas a mirar hacia el occidente y en la mayor parte de sus escritos dejó el testimonio de su alma tierna y de su talento lírico. ¡Hizo tanto en tan poco tiempo!

Es verdad, hay mucha hojarasca en las páginas de Matos, no todo es grano puro, pero un lector sagaz puede encontrar en su poesía versos que eleven su mente y estimulen su imaginación para habitar en un mundo mejor, creado por Matos y por otros escritores selectos.

(Tradujo del inglés: Branko Kadic)

 



[1] Cfr. Sime Vucetic, en A. G. Matos, Pripovijetke (Zagreb, 1951), p. 261-79.

* La principal plaza de Zagreb.

** Dos hombres políticos, líderes del Partido de Derecho.

[2] Sonja Basic, en su sólido estudio sobre Matos y Poe, sugiere que en este cuento particular el autor norteamericano se refleja más en la intención de Matos de impactar a sus lectores que en la manera como lo hace; además, de modo similar como los protagonistas de Poe, Milinovic lee sobre alquimia, astrología, cábalas y misticismo (en Hrvataka Knjizevnost prema europskim knjizevnostima, ed. Flaker y Pranjic, Zagreb, 1970, p. 407).

[3] S. Basic encuentra aquí "más spleen de Baudelaire y dandysmo de Wilde que el horror de Poe" (o. c., 412).

[4] Ivo Franges, en su detallado estudio dedicado a este cuento, subraya que su estructura más que su contenido crea una honda impresión en el lector. La armazón está formada por la disposición y el trazado de cinco personajes-retratos: la muchacha Cvijeta (Flora), el enamorado inatractivo, la dama del balcón, el hombre invisible que la domina y, por fin, el narrador. Franges cita ciertos pasajes de la correspondencia de Matos, por la cual nos enteramos que este cuento simbólico no sólo tiene mucho de autobiografía, sino que expresa el concepto básico del autor sobre el amor. Matos estaba convencido de que todo gran amor, siendo producto de la imaginación, es y debe ser inalcanzable "como fue la dama en el balcón del sueño". (Franges, Studije i eseji, Zagreb 1967, pp. 176-85).

[5] Op. cit., p. 177.

[6] A. G. Matos In Memoriam, Zagreb, 1934; Uspomeni A. G. Matosa, ed. Br. Ivakic, Zagreb, 1938. Marijan Matkovic, quien escribió un ponderado y agudo estudio sobre Matos como crítico, con razón destaca que incluso Miroslav Krleza no escapó a su influencia; asimismo puede considerárselo continuador de Matos (en Hrvatska knjizevna kritika, IV, Zagreb, 1962, 23).

[7] Josip Tomic, "A. G. Matos i francuska knjizevnost", en Hrvatska knjizevnost prema europskim knjizevnostima, pp. 365, 79.

[8] Cfr. Hrvatska knjizevna kritika, IV, 376.

[9] Op. cit. 371.

[10] Op. cit., 324.

[11] Op. cit., 361, 359.

[12] Matos, Dragi nasi suvremenici, Zagreb, 1940, pp. 272-73.

[13] En Hrvatska knjizevna kritika, IV, 389-90.

[14] Matos, Eseji i feljtoni o srpskim piscima, ed. E. Finci, Belgrado, 1952.

[15] Matos, Kritike, eseji..., en Pet stoljeca hrvatske knjizevnosti, III, ed. Tadijanovic y Matkovic, Zagreb, 1967, 130; en Hrvatska knjizevna kritika, IV, 257-58.

[16] Matos, en Pet stoljeca hrvatske knjizevnosti, III, 41-51; en Hrvatska knjizevna kritika, IV, 129-39, 258.

[17] Mate Ujevic, Misli i Pogledi A. G. Matosa, Zagreb, 1955, p. 816.

[18] Hrvatska knjizevna kritika, IV, 165,

[19] Matos, Eseji i feljtoni o srpskim piscima, p. 206.

[20] Eli Finci es correcto cuando manifiesta que Matos era el único crítico que conocía muy bien tanto la literatura croata como la servia (en Matos, Eseji o srpkim piscima, p. 319).

[21] En Pet stoljeca... III, 111.

[22] Hrvatska knjzevna kritika, IV, 210, 220.

[23] Op. cit., 196; A. Kadic, Contemporary Croatian literature. La Haya, 1960 p. 20.

[24] Op. cit., 197-206.

[25] Op. cit., 282-86. El único libro de Brlic-Mazuranic que goza hoy día de una fama moderna son sus Cuentos de antaño (Price iz davnine), publicados en 1916, dos años después de la muerte de Matos.

[26] Cfr. Antun Barac, en Hrvatska knjizevna kritika, VII, Zagreb, 1962, 131; M. Matkovic, en Hrvatska knjizevna kritikaevna kritika, IV, 12.

[27] Matkovic, o. c., 20.

[28] Oko Zagreba i po Hrvatskoj, Zagreb, 1939, p. 111.

[29] Cfr. en Pet stoljeca..., III, 375.

[30] En Pet stoljeca... III, 262-63; Matos, Izabrana dela, ed. Tode Colak, Belgrado, 1968, p. 200.

[31] Matos, Oko Zagreba i po Hrvatskoj, p. 89.

[32] Op. cit., p. 89.

[33] Op. Cit., 19; en Pet stoljeca..., III, 272.

[34] Matos, Dojmovi, Zagreb, 1938, p. 93.

[35] Op. cit., 77.

[36] Op. cit., 95.

[37] Op. cit., 163-64.

[38] Matos, Izabrana dela, ed. T. Colak, p. 199.

[39] En Pet stoljeca..., III, 260.

[40] En Pet stoljeca ..., III, 262; Matos, Izabrana dela, ed. T. Colak, p. 199.

[41] "La torre de Eiffel es el símbolo del modernismo de hierro, científico" (Matos, Pecalba, kaprisi, feljtoni, Zagreb, 1939, p. 69.

[42] En Pet stoljeca..., III, 286-87.

[43] Op. cit., 292.

[44] Op. cit., 306.

[45] Op. cit., 317, 323.

[46] Op. cit., 332; Mirko Zezelj (Tragajuci za Matosom, Zagreb, 1970, p. 434.

[47] "En Roma como hijo de un pueblo católico y de la cultura latina me siento un poco en mi casa... Mis antepasados recibían de aquí su contenido espiritual, convirtiéndose en la primera muralla de la civilización latina contra el Oriente (En Pet stoljeca..., III, 401, Izabrana dela, ed. T. Colak, p. 228).

[48] En Pet stoljeca..., III, 402; Matos, Izabrana dela, p. 229.

[49] "Las regiones son hombres y los hombres las regiones... Si nuestra alma es el resultado de las impresiones... La impresión del paisaje no es sólo científica, sino estética y moral, creando nuestra voluntad y obrando sobre nuestra actividad" (En Pet stoljeca..., II, 110-13).

[50] Empezó tarde a escribir poesía, especialmente sonetos, cuando debido al trabajo forzado le atacó un calambre en Belgrado y tuvo que escribir con la izquierda y renunciar al violoncelo; esa manera con los versos satisfacía sus necesidades musicales, escribiéndolos para los oídos y para los "buenos oídos" (Matos, Sabrana djela, I), ed. D. Tadijanovic, Zagreb, 1953, 401.

[51] En Hrvatska knjizevna kritika, VII, ed. P. Lasta, Zagreb, 1962, p. 138.

[52] Cfr. Ivo Franges, Stilisticke studije, Zagreb, 1959, p. 241-70.

[53] El poeta servio Ducic, contemporáneo de Matos, y luego Tin Ujevic, uno de los máximos poetas croatas, también escribieron sobre los álamos, exaltándolos como símbolo de individuos independientes y pensantes.

[54] Barac, en Hrvatska knjizevna kritika, VII, 135.

[55] Cfr. Tadijanovic, en Sabrana djela de Matos, I, 397-98, 413.

[56] Matos, Izabrane pjesme, ed. D. Tadijanovic, Zagreb, 1954, p. 95.

[57] En Hrvatska knjizevna kritika, VII, 138-39. -Franges escribe: "Por ello Matos es más grande cuando con la fuerza de su inspiración se libra de toda consideración y canta, con sinceridad, con lo profundo de su dolor y de su entusiasmo" (Stilisticke studije, p. 269).